Capítulo X: Lucha entre demonios. Segunda parte

Las manos le dolían y seguramente estaban a punto de sangrarles, pero aun así, no se detenía. Tenía que soltarse. No importaba si perdía las manos en el proceso, pero no podía permitir que ese hombre la volviera a tocar.

-Ves lo que me hiciste hacer por ser tan escandalosa –dijo dándole la espalda, mientras buscaba en un pequeño baúl –. Espero que aprendas la lección, porque la próxima vez no podré ser tan amable –giro, y camino hacia ella, quien permanecía acostada en una cama, en ropa interior. Sus pies y manos estaban atados, además estaba amordazada -. Si no hacía que te callaras, mi hermano vendría, y te callaría para siempre. ¿Eso quieres? –ella solo hacia pequeños sonidos, que fácilmente podían identificarse como pequeños sollozos. El hombre se sentó al lado de ella, y sonrió. Coloco lo que parecía ser un vestido color azul a los pies de ella -. No estés triste porque mi hermano no te escogió –empezó a subir su mano por su tobillo, mientras ella se revolvía incomoda, intensificando más los sonidos que hacia –. Hiten, es un poco más apuesto, pero no te tratara como lo hare yo. Si te portas bien te cuidare –acerco su rostro con intenciones de besarla, pero ella se apartó. Aunque trataba de gritarle que la dejara no podía, solo podía hacer lo único que aquellas ataduras le permitían… llorar –. Pronto te acostumbraras a mí –de tuvo su mano en el muslo de la chica, y subió su otra mano hasta acariciar su cabellera azabache que ahora estaba suelta -. Eres muy hermosa, sobre todo tu cabello. Si tuviera una linda cabellera como esta hasta tú te enamorarías de mí –se acostó al lado de ella sin dejar de acariciarle el cabello –. No podré terminar de arreglarte, porque tengo asuntos que atender, pero esta noche vendré, y nos divertiremos –le beso el hombros, provocando que se removiera asqueada –. Lo único que espero, es no tener que obligarte, casi no me satisfago así –sin decir más salió.

A pesar de que se encontraba sola no dejo de llorar, tenía miedo de que ese hombre la tocara. Cuando la había llevado hasta allí, su miedo apareció, intensificándose cuando aquel hombre la empezó a desnudar. Se había desesperado, por lo cual había empezado a agredirlo y gritar. Dando como resultado que terminara inmovilizada en la cama. Sabía que necesitaba escapar, pero ¿cómo?. Trato de moverse para caer al piso, pero la cuerda que aprisionaba sus manos estaba atada a la cama, restringiéndole cualquier movimiento, pero a pesar de eso no se rindió, siguió tratando de soltarse hasta que el cansancio la venció y se durmió.


Agarro firmemente la cadera de la mujer que se movía arriba de él, haciendo que ésta aumentara el ritmo de sus movimientos, al mismo tiempo que dejaba escapar un fuerte gemido. Ella bajo su rostro para besarlo, pero él no se lo permitió. La había agarrado por el cabello provocando que nuevamente se escapara un gemido de dolor y placer, sobre todo placer, de los labios de ella.

Ella había llegado a desestresarlo, después de la intromisión de los hermanos Raiju, cosa que hubiese conseguido, si no fuera por el hecho de que no dejaba de pensar en… ella. Esa maldita mujer. En cada pequeño toque, o beso que le daba a la piel de la mujer que se movía arriba de él, pensaba en ella. Todavía podía sentir esa piel, que sintió quemarle a pesar de que ambos estaban en el agua. Podía escuchar aquellos suaves, pero excitantes gemidos, que al parecer, solo ella sabía emitir. Esos, que solo quería que fueran para y producidos únicamente por él.

De un solo movimiento se sentó, y posteriormente hizo que la espalda de ella quedara sobre la cama. Cerró los ojos, y el enojo que había tratado de ignorar apareció, provocando que sus movimientos fueran más fuertes y profundos. Había tratado de convencerse que nada le importaba, solo tener las cabezas de esos malnacidos en una charola de plata, después de lo que se atrevieron a hacer. Pero no era así. También quería tenerla a ella. Sentía deseos de matar especialmente a Hiten en esos momentos, no solo por entrar a su territorio, también porque se había quedado con lo único que no debía importarle… ella. Sabia para que se la había llevado, y pensar en eso no le agradaba. Aunque tratara de reprimir esa sensación, no podía, solo pensaba en matarlo. Otro hombre que no era él la tendría, y él no podría hacer absolutamente nada para evitarlo.

Ante ese pensamiento abrió los ojos, y observo a la mujer jadeante que tenía debajo de él –. "No… es ella" –ni siquiera era consciente de lo que pensaba, solo se levantó. Tenía que dejar de pensar estupideces.

-¿Qué haces? –trato de retenerlo entre sus piernas, pero él se levantó dejándola en la cama –. ¿Acaso…?- callo ante su propio pensamiento, se rehusaba a creer en ello, pero ella lo conocía. Aunque él trataba de ignorarlo, algo le molestaba, y no era por lo que aquellos hombres destruyeron. Siempre que sus hombres, o él iban de "caza", se veía eufórico porque torturaría, a alguien de la forma más dolorosa que encontrara, hasta la muerte. Pero esta vez era diferente. ¿Acaso le molestaba lo que se llevaron? –. ¿Vas a buscarla? –a pesar de creerse equivocada, lo pregunto.

-De tu boca solo salen estupideces –se giró hacia ella después de colocarse el pantalón, y la agarro por el mentón –. Las putas como tú no sirven para nada, solo a veces para dar placer… y ella ni para eso sirve –la soltó de forma brusca, y salió de la habitación.


Al salir a cubierta se había percatado de algunas cosas. Una de ellas era que estaban cerca a tierra, aproximadamente veinte o treinta metros, y que había solo tres botes, de los cuales dos estaban siendo utilizados en esos momentos. La única forma de escapar era en el tercer bote, o nadando. Esa última opción no era totalmente de su agrado. Pero de alguna u otra forma debían escapar esa misma noche.

El ruido que hizo la puerta al abrirse, la saco de sus pensamientos. Delante de ella apareció una anciana de cabello blanco enmarañado.

-Te están esperando. Más vale que te portes bien, y no hagas enojar a Hiten –dijo con tono amargo, mirándola de igual forma. No entendía por qué Hiten aun la conservaba, pero aunque no estaba de acuerdo, no era nadie para cuestionarlo.

Miro nuevamente su ropa al salir. Claramente era un vestido de cortesana, el cual por el perfume fuerte que desprendía, había sido claramente utilizado y "reciclado". Sentía asco, pero sabía que por ahora no le convenía quejarse de nada. Solo, aunque lo detestara, le quedaba obedecer.

Fue guiada al camarote de él, el cual parecía ser el más grande del barco. En la habitación solo se encontraba una cama y una pequeña mesa, la cual estaba dispuesta para cenar. Sus ojos se mantuvieron fijos en el hombre que se encontraba sobre la cama.

La anciana la agarro por un brazo, obligándola a sentarse en una de las dos sillas que acompañaban a la mesa. En ese momento el hombre se levantó, y se sentó frente a ella.

-Retírate, Urasue

-Iré a la isla a comprar algunas cosas –la anciana la miro de mala forma, y salió.

–Espero que mi abuela se haya portado bien –ella ni siquiera lo miraba, mantenía la vista fija en el plato -. Come –le ordeno, pero ella hizo caso omiso –. ¡Dije que…!

-Si piensas utilizarme, pierdes tú tiempo –dijo interrumpiéndolo, levantando la mirada hacia él –. Es una absurda forma de atraerlo

-Eres tan joven y adorable para entenderlo –dijo con una pequeña sonrisa, antes de tomar de un vaso que se encontraba en la mesa –. La prueba es que se casaron

Estuvo tentada a decirle la verdad, pero eso significaría que ella dejaría de tener valor para él, y tal vez ni siquiera como aliada la conservaría.

Se levantó de la silla, y se colocó al lado de ella. La agarro por el cabello, y la acerco a él –. Eres hermosa, pero lamentablemente no sobrevivirás –acerco su rostro a su cuello, y lo lamio. Sus ojos se cerraron ante la sensación de asco, mientras sus manos buscaban de forma torpe algo en la mesa para defenderse si ese hombre quería tener otra clase de contacto físico. Sintió algo, y lo agarro, dispuesta a utilizarlo, pero él se apartó –. Lo cual sería una lastima

-No veo la razón por la que deba morir, si a quien deseamos darle muerte es a él. He deseado varias veces asesinarlo, pero lamentablemente estaba atrapada en aquel nido de serpientes, y aunque lo hubiese intentado, no habría salido viva de allí –a ella no le importaba que sucediera con él, de hecho, aunque sonara macabro si ese hombre lograba asesinarlo, se desligaría por siempre de Naraku, y podría obtener su preciada libertad.

Él sonrió, y acerco su rostro al de ella mirándola fijamente, apretando más el agarre en su cabello –. ¿Qué estas dispuesta a hacer para mostrarme tu lealtad?

-Solo pide, y lo obtendrás –dijo de forma sumisa.

La soltó, alejándose de ella. Al parecer esa chica no era más que una mujerzuela que hacia cualquier cosa por sobrevivir. Podía ser divertido y placentero, pero peligroso, cosa que realmente no le importaba. Él podría dominarla con facilidad.

Agarró una botella y bebió directamente de ésta. Ella solo observaba cada uno de los movimientos que él hacía.

-Quítate el vestido –ella no se movió –. ¿Acaso no oíste?. Quiero cerrar el trato –no confiaba totalmente en ella, pero quería tener algo que había sido de Naraku, y que se lo había quitado en su propia cara. Quería jactarse de que había vuelto a la mujer del gran Naraku SU puta.

Cerró los ojos, por unos segundos, tratando de no alterarse. Sabía lo que él le pedía, pero no podía. Ella jamás haría algo como aquello obligada. Tenía que pensar en una forma rápida para liberarse.

-¿Acaso no querías complacerme?

Abrió los ojos. No lo haría enojar, pero tampoco se doblegaría. Empezó a quitarse la ropa lentamente, hasta que quedo en ropa interior. Teniendo cuidado de no dejar en evidencia el único objeto que al parecer tendría que utilizar para defenderse.

-Supongo que ya sabrás que hacer, así que ven

No, la verdad no sabía a qué se refería. Pero cuando él se pasó la mano sobre el pantalón, sintió un ligero escalofrió. Camino hasta él lo más segura que pudo. Cuando estuvo frente a él, hizo que se arrodillara, mientras desabrochaba su pantalón -. Quiero ver su cara cuando se entere que su mujer es mi perra –bajo totalmente su pantalón, y se sentó en la cama. Por acto reflejo ella cerró los ojos, mientras que sin poder evitarlo un suave rubor aparecía en su rostro. Jamás había visto a un hombre desnudo.

-"Cálmate, esto no es nada"-abrió los ojos cuando él la agarro con una mano por el cabello.

-Espero que te haya amaestrado bien –con la mano libre empezó a desabrochar la parte superior de la ropa interior de la chica, dejando su espalda casi descubierta.

Respiro profundo, antes de llevar una de sus manos a su espalda. Sintió el suave y frio metal. Cuando él la había agarrado por el cabello la primera vez, agarro un cuchillo, esperando pacientemente la oportunidad para utilizarlo –. Haz lo rápido. O, no, mejor lento –tenía los ojos cerrados, y estaba utilizando un poco de fuerza para obligarla a bajar su rostro. En un solo movimiento lo hirió, justo en el muslo derecho. Por cerrar los ojos fallo. Unos centímetros más, y hubiese hecho lo que pretendió… castrarlo. Unos centímetros menos, y hubiese cortado la arteria femoral, condenándolo a morir desangrado. Abrió los ojos cuando cayó de forma brusca al piso, gracias a él, pero en ningún momento soltó el cuchillo.

- ¡Maldita zorra! – se cubrió con la sabana, tratando de evitar el sangrado, sin dejar de hacer muecas de dolor. Parecía estar buscando algo con la mirada. Intento levantarse, pero el dolor en su pierna no lo dejo –. ¡Intentaste…!- una mueca de dolor lo interrumpió.

-La próxima vez no fallare –hablaba de forma fría, mientras lo amenazaba con el cuchillo lleno de sangre. Salió fuera del camarote dejándolo encerrado.

-¡Juro que te matare!

Mientras cerraba la puerta podía escuchar las maldiciones y amenazas que él lanzaba en su nombre. Se dirigió hasta la puerta por donde llevaron a su hermana. La encontró retorciéndose en la cama tratando de liberarse.

-Tuve miedo, Kikyo –no pudo evitar empezar a llorar nuevamente cuando vio a su hermana.

Yo también. Quiso decir, pero una de las dos tenía que ser fuerte y sacarlas de allí –. ¿Te hicieron daño? –la otra chica solo negó con la cabeza, mientras ella empezaba a cortar las cuerdas.

-Hermana, tú…-su voz sonó temblorosa, y dejo la frase al aire al percatarse que el cuchillo estaba lleno de sangre. La otra chica se detuvo, y la miro.

-No –dijo entendiendo a que se refería –. Pero si lo tengo que hacer para sobrevivir, lo hare

No sabía si creer, o no en las palabras de Kikyo, pero en ese instante le parecieron muy convincentes. Salieron a la cubierta, dirigiéndose a donde debería estar el bote. Pero no estaba allí.

Iré a la isla a comprar algunas cosas

Recordó las palabras de la anciana, y maldijo internamente. No tenían muchas opciones para escapar. Tenía que pensar en un plan para llegar a tierra sin ser vistas. Había oscurecido, y si no se iban pronto, la anciana y el resto de hombres llegarían.

-¿Qué haremos?

¿Utilizar el barco?, no funcionaria. Además de no saber dónde se encontraban, podrían llamar la atención si alguno de los hombres estaba vigilando.

-Nadaras en línea recta

-¡No!... no puedo hacerlo –la agarro por una mano, pero la otra chica se soltó, y la agarro por los hombros, mirándola fijamente.

-Si no lo haces morirás. ¿Quieres morir? –ella hizo un movimiento negativo con la cabeza. Kikyo, le rompió lo que le quedaba del vestido –. Nadaras hasta la orilla, no estamos muy lejos. Tienes que ser cuidadosa, el resto de los hombres están allá

-No te dejare –sabía que su hermana no nadaba también como ella. Y, a pesar de que sabía que probablemente sería peligroso, jamás la dejaría.

-Deja la estupidez, Kagome. Encontrare la forma de salir de aquí sin llamar la atención –era mentira, y a pesar de que estaba segura de que Kagome lo sabía, la convencería de saltar, aunque ella tuviera que empujarla. Escucharon unos golpes provenientes de la habitación donde había encerrado a Hiten, y se preocupó –. Tienes que…

-¡No, iremos juntas! –dijo antes de agarrarla por la mano, y jalarla hasta caer juntas al agua. Kikyo, ni siquiera tuvo tiempo de gritar, sus cuerpos cayeron rápidamente, y se hundieron. Cuando sus cuerpos cayeron al agua se aferró con más fuerza a Kikyo. No importaba si las dos morían ahogadas, ella jamás la soltaría.

Aunque fue difícil, llegaron a la playa agarradas de manos. Respiraban con dificultad, especialmente Kagome, la cual cayó de rodillas, llevándose con ella a su hermana.

-No… vuelvas… a hacer… una estupidez… como esa. ¡Pudimos … haber… muerto! –sus ojos en contra de su voluntad estaban brillosos. Tenía que reconocer que había tenido miedo de morir ahogada. Mismo miedo que sintió cuando tenía ocho años, y casi muere ahogada después de caer accidentalmente en un lago. Pero Kagome la salvo.

-Pero no sucedió –dijo con una pequeña sonrisa, mientras sin poder evitarlo, sus ojos se cerraban lentamente.

-¡Kagome! –la movió suavemente, pero ella no despertó –¿Por qué eres tonta, hermana? –una pequeña lágrima corrió por su mejilla, mientras sin poder evitarlo una pequeña sonrisa, después de muchos años, se formó en sus labios.


Estaban cenando cuando escucharon un fuerte golpe proveniente de la entrada. Las tres personas que se encontraban en la habitación se miraron entre ellos, como preguntándose silenciosamente entre ellos quien podía ser. Después de unos segundos apareció detrás de la ama de llaves sorprendiendo a todos.

-¿Qué quieres? –se adelantó a su padre. Su voz era evidentemente de molestia. Si antes no soportaba la presencia de Kouga, ahora tenía que contenerse para no golpearlo.

-Ese no es tu asunto –hizo una pequeña reverencia hacia los mayores –. Perdonen la interrupción señores Taisho, pero si no fuera por la gravedad del asunto no estaría aquí

El hombre mayor se levantó, y camino hasta él –. ¿Qué sucedió?

-Mi prometida a desaparecido… su familia no sabe nada sobre ella desde el atardecer del día anterior. Hasta donde se usted, ahora es el encargado de esta clase de asuntos en la isla

-"Kagome" –todo lo que pensaba y odio que sentía por ella desapareció en ese momento. Se levantó.

-Me alistare e iremos a buscar algunos hombres. En el camino me narras con más detalle la situación

Sabía que no debía, y tampoco podía hacerlo, pero en ese momento no le importo. Siguió a su padre. Espero pacientemente a que éste saliera de la habitación –. También iré –el hombre se detuvo frente a él.

-Todavía no te has presentado. No puedes ir –se colocaba algunas condecoraciones en el uniforme sin mirarlo.

-No estoy pidiendo permiso –dijo como si fuera lo más obvio -. Tengo que ir –sabía que su padre tenía razón, pero él tenía que ayudarla.

-No puedes ir, Inuyasha, aun no estás en filas –dijo de forma seria pasando a su lado.

-¡No lo entiendes, ella…! –que decir, no lo sabía. Pero lo que si sabía era que Kagome era la prometida de Kouga, y si decía algo, no sería bien visto, especialmente por ella –. La conocía de antes, es… una amiga –su padre se giró hacia él.

-Aun así, tienes que acatar las órdenes como cualquier otro militar –lo sabía. Claro que lo sabía, su padre no podía hacer ninguna excepción, pero él necesitaba ir con ellos. Quiso replicar, a pesar de que tenía claras las reglas, pero su padre lo interrumpió -. Soy tú superior, y juraste obediencia, Inuyasha

Apretó los puños –. Sí, señor – dijo entre dientes, dando el saludo militar antes de marcharse.


Abrió los ojos cuando dejo de tararear una de las melodías de Beethoven. Miro el hombre que estaba encadenado a un poste. Su rostro estaba totalmente deformado por los golpes, pero aun así no había hablado. Hizo un movimiento con la mano para que Hakudoshi se detuviera.

Se acercó a él. A pesar de los golpes se negaba a traicionar a su hermano, y a él ya se le había acabado la poca paciencia que poseía.

Había tardado prácticamente todo el día en llegar a la isla, pero lo que encontró cerca a la costa lo había puesto de buen humor. Cuatro hombres, entre ellos el idiota de Manten Raiju, al cual había hecho torturar en su presencia.

Al ver al hombre de pie con las manos atadas sobre su cabeza, y que sabía que no saldría de allí, o por lo menos caminando, debía sentirse complacido. Al acabar con ese despojo humano, no solo a minoraría el enojo que le causo el hecho de que entraran a su territorio y destruyeran una de sus pertenecías. Además le quitaría, la única persona que de cierta forma, quería Hiten. Debía sentirse complacido, pero no lo estaba. Había algo que le taladraba la cabeza, por más que quisiera ignorarlo. Sabía perfectamente que era, y por más que quisiera negarlo, no podía. Otro hombre que no era él la tendría, y no podía hacer nada para evitarlo… solo matarlo, cuando ya la hubiese tenido. Le hervía la sangre, y deseaba torturar, hasta la muerte, al bastardo de Hiten, solo con imaginarse que se había atrevido a tocar siquiera su piel.

Era patético, lo sabía. Ella lo odiaba, y él quería destruirla, de la misma forma en que la deseaba. Pero nada de eso le importaba. Por primera vez en su vida no le importaba sentirte patético por una insignificante mujer, a la cual deseaba… matar, tanto como poseerla. Lo único que le importaba en ese momento era tenerla nuevamente, aunque no pudiera soportar su presencia.

-Sabes… no acostumbro a hacerme cargo de los interrogatorios, a menos que se han casos especiales. Debes sentirte alagado –no lo miraba. Pasaba sus dedos por cada uno de los instrumentos que estaban en una pequeña mesa. Dagas, pinzas, esferas con clavos,… infinidad de armas, las cuales, gracias a su imaginación, les podía dar diversas utilidades, mientras causaba dolor. Sonrió cuando lo escogió, y giro. El hombre al percatarse de lo que Naraku tenía en la mano, apretó sus labios con toda la fuerza que pudo –. Hagan que sonría para mí, muchachos –su sonrisa era sádica y sus ojos brillaban nuevamente como llamas infernales. De la misma forma en que brillaban cuando casi llegaba a la cumbre del placer. Ese que casi sintió en su totalidad, cuando aquellos gritos desgarradores ante cada extracción, se volvían música relajante para sus oídos. Pero lamentablemente los gritos cesaron, cuando el hombre se desmallo por el dolor. Una mueca de desagrado apareció en su rostro, mientras hacia una seña para que le lanzaran agua para que despertara.

Cuando se percató de que estaba recobrando el conocimiento, volvió nuevamente a la mesa. Sin mirar el resto de armas que se encontraban ahí, agarro un cuchillo que parecía ser de carnicero.

-Estoy aburriéndome de tu presencia…-dijo de forma cansada, mientras miraba al piso, pero después levanto la mirada, mostrándole una expresión apacible -. ¿Sabes que sucede cuando eso pasa?

-T-Te pudrirás… e-en el infierno… cua-ando Hiten, t-te atrape - dijo con un poco de dificultad, tosiendo para no ahogarse con la sangre que salía de su boca. Intento volver a decir otra cosa, pero el dolor no se lo permitió.

-Desde hace mucho estoy en él

Se escuchó un fuerte grito que hizo que la boca de Manten volviera a sangrar, antes de que unos dedos cayeran al piso. Después solo se escucharon sollozos, y el chirrido del metal al caer al piso.

-Solo pido una simple respuesta a cambio de tu libertad –le levanto el rostro para que lo mirara –. ¿A caso no quieres vivir, Manten?. Prometo liberarte si me dices lo que quiero saber -el hombre intento hablar, pero solo salía sangre de su boca y gemidos de dolor –. Una simple respuesta, y todo acabara

-Tu palabra… no vale nada –sus ojos parecían pesarle.

-Eso es lo que dice Hiten, pero los tratos entre nosotros siempre se respetaron. Nunca incumplí mi palabra –en realidad no mentía, nunca incumplió su palabra. O, por lo menos ellos nunca se percataron de ello.

-Soten… no cumpliste tu palabra con ella

-Fue culpa de tu padre y de Hiten. Ellos quisieron traicionarme. Lo de Soten, solo fue… un pequeño infortunio –dijo con fingido pesar -. Si me respondes lo que quiero saber, prometo liberarte. O, ¿quieres seguir aquí hasta que me aburra? –se giró nuevamente a la pequeña mesa. Pasando sus dedos por las armas de tortura como la primera vez, pensando detenidamente cual le causaría mayor dolor sin matarlo.

-El barco está cerca a la isla Rasuanimasu –aunque respetaba y admiraba a su hermano, no quería seguir en esa tortura. Sabía que Hiten quería que Naraku lo encontrara, aunque quería tiempo para divertirse. Confiaba que cuando se encontraran, su hermano le haría pagar muy caro todo lo que les había hecho.

Claro, ¿cómo no había caído en cuenta de eso?. Hacia algunos años que se había olvidado de la existencia de ese lugar.

Seis horas de distancia para llegar a esa isla de prostitutas.

-Hiten, dijo que vendrías aquí… debíamos… -más sangre salió de su boca, evitando que pudiera seguir hablando.

-Cumplo mis promesas –le hizo una seña a Byakuya, el cual se acercó. En un rápido, pero suave movimiento, agarro la espada que éste llevaba, y le corto la cabeza a Manten –. Corta más de lo que creí –dijo con una pequeña sonrisa.

-Llegue a pensar por un instante que lo liberarías

–Siempre cumplo mi palabra, aunque creo que se me olvidó mencionar la forma en que lo haría


Sabía que por desobedecer a un superior, que en este caso era su padre, lo podían destituir e incluso apresar. Pero él nunca había sido bueno recibiendo órdenes, aunque estuviera en el ejército.

Su padre y Kouga irían a buscar algunos soldados para seguir la búsqueda, la cual seguramente extenderían a los alrededores de la isla, porque conociendo al sarnoso, ya había buscado por debajo de todas las piedras de la isla, antes de pedir ayuda. Por esa razón, había ido a buscar a la única persona que estaba seguro podría darle información útil sobre entradas y salidas clandestinas de la isla.

-Te dije que no se nada, Inuyasha –dijo de forma nerviosa el anciano –. Y, hasta donde tengo entendido no puedes interrogarme

-Myoga, sé que todavía tienes nexos con piratas. No vengo a arrestarte, solo busco información –el anciano permanecía en silencio –. Si quieres puedo pedirle a mi padre que venga a interrogarte

-No es necesario que el señor Inu no intervenga en esto –se acomodó en su asiento -. Solo tenías que pedirlo de forma amable

El más joven hizo un bufido de molestia -. Habla –en su voz se notaba la impaciencia que sentía

-Lo único que sé es que hace unos días llegaron unos piratas… los hermanos Raiju. Son muy peligrosos, especialmente el hermano mayor, Hiten. Ellos buscaban a otro pirata que llaman el Demonio de los siete mares

-¿El Demonio de los siete mares? –el pseudónimo se le hacía familiar, pero no recordaba donde lo había escuchado.

-No conozco su rostro… de hecho son pocos los que lo conocen. En fin, ellos partieron ayer al atardecer, al parecer encontraron lo que buscaban –dejo de hablar, esperando que el chico se fuera, pero eso no sucedió –. No sé nada más

-Myoga… -Inuyasha, lo miro con el ceño fruncido. Algo faltaba –. Te conozco, así que habla. Sabes que la paciencia no es mi virtud

–Llevaron mujeres, no sé cuántas… eso es todo lo que se –dijo sabiendo que Inuyasha no lo dejaría en paz.

-"Mujeres" –era lo que se había temido desde que supo sobre la desaparición de Kagome. Esa tonta seguramente seguía caminando sola por el bosque. Camino hasta la puerta, pero en ella se detuvo –. Por esta vez lo dejare pasar, pero espero que no sigas en tus andanzas

Normalmente cuando secuestraban mujeres era para venderlas en burdeles. Tenía que encontrarla antes de que le hicieran daño. Pero, y ¿si esos hombres ya…?. No. Ella debía de estar bien, mientras no se percataran de que no era doncella, no la tocarían para venderla a un mayor precio.

Tenía que encontrar la forma de salir de la isla y encontrarla. El problema era como lo haría, si no podía ir con los demás soldados, y ¿dónde la buscaría?. Tenían un día de retraso, pero había escuchado que cerca de allí, al nororiente, se encontraba una pequeña isla que tenía un burdel famoso.


Cargo con un poco de dificultad a Kagome en su espalda. No sabía en qué lugar estaban, pero sabía que tenían que encontrar un lugar donde esconderse de esos hombres. Y, donde pudieran ayudar a Kagome, ya que su temperatura parecía aumentar.

No sabía cuánto tiempo había caminando por la costa, pero estaba muy cansada. Sintió sus piernas flaquear, si no se detenía caería a la arena con su hermana. Pero por más que necesitara descansar, no podía, necesitaban esconderse y encontrar a alguien que las ayudara.

Intento apresurar el paso, del lado contrario en que iba, cuando se percató de las figuras que se distinguían a lo lejos.

-¡Mujeres! –escucho una voz femenina. Y, antes de que se diera cuenta, fueron alcanzadas tres hombres. A pesar del cansancio quiso luchar, pero todo fue en vano. Fue arrastrada junto con Kagome hasta una casa.

-Madame, las encontramos en la playa. Creímos que tal vez podrían servirle

Una mujer de aproximadamente treinta y cinco años se acercó. Su cabello era azabache y lacio, el cual iba recogido en una coleta baja que estaba sobre su hombro y llegaba hasta un poco más abajo de su cintura. Llevaba un blusón de encaje color rojo transparente, dejando poco a la imaginación. Sus ojos eran de color negro brillante, pero se veían vacíos, como el cielo nocturno sin estrellas. Era hermosa, pero despedía un aura que no le agradaba.

-¿Cómo se llaman? –ella no contesto, de hecho ni siquiera la miraba –. Responde niña, o ¿acaso eres muda? –la miro, pero no le contesto –. ¿A caso quieres que le pregunte a ella? –dijo mirando hacia la chica que todavía era cargada por uno de sus empleados.

-No creo que sea relevante.

La agarro por la barbilla y la miro. Se quedó observándola, estudiando detalladamente su rostro, antes de que Kikyo, apartara la mano de la mujer con brusquedad. Pero la mujer la volvió a agarrar de forma fuerte, haciendo que ella la viera a los ojos en contra de su voluntad.

-No me gustas –dijo con desagrado -. Me recuerda a alguien que detesto –la soltó, como si ahora el contacto le repugnara. Se giró hacia la chica que ahora, estaba sobre un sofá. La observo por unos segundos, antes de girarse nuevamente hacia Kikyo –. Tendrás que aprender modales, a los clientes no les agradan como tú –la observo por unos segundos más, antes de girarse y caminar hacia la salida.

-No tenemos por qué estar aquí –la mujer se giró hacia ella –. Pero necesitamos un lugar donde quedarnos. No tengo dinero…-levanto la mano, mostrándole el anillo –. Pero tengo esto –sabía que estaban en un burdel. También sabía que ese lugar era muy concurrido por esa clase de hombres, pero necesitaban ayuda. Además algunas personas no se fijan en lo que tienen frente a sus ojos.

-Así que lo conoces – dijo con una pequeña sonrisa -. Si sabe que acepto algo que le pertenece, sin su permiso me hará cosas poco agradables

-Si nos tiene en contra de nuestra voluntad también –ni ella misma creía sus palabras, pero si esa mujer parecía tenerle miedo a Naraku, lo aprovecharía.

-Eres solo una simple mujer, pequeña, para él eres igual que nada. Créeme, estarás mejor aquí, solo debes acostumbrarte

-Soy su esposa –creyó que de esa forma accedería a ayudarla. La mujer solo sonrió –. Hace casi un mes nos casamos

-Te creo… pero conozco muy bien a mi hijo

-"¿Hijo?"-en realidad nunca se había interesado en saber nada acerca de él, pero que nunca le hubiese conocido un pariente, a excepción de Inuyasha, al cual odiaba, era raro -. Usted es…

-Traigan a la otra chica –dijo interrumpiéndola, mientras se alejaba.

-No. Si se atreve a tocarla… -un pequeño grito de dolor salió de sus labios, ante la sorpresa y el dolor provocado cuando uno de los hombres le hizo una llave que la inmovilizo contra la pared.

-Aquí ordeno yo. Debe quedarte claro eso –dijo retomando su marcha -. No te preocupes, aquí estarán bien… solo deben cooperar

La dejaron sola. Unas lágrimas de frustración bajaron por sus mejillas. Nuevamente estaba atrapada en un lugar como ese. Debía idear un plan para escapar, y rápido.

-Llévenla a la habitación de al lado, que alguien se encargue de atenderla

-Y, ¿la otra?, ¿quiere que alguien la pruebe antes?

-Todavía no. Déjenla descansar

Entro a su habitación seguida de una mujer de su misma edad, pero no tan agraciada -. ¿A quién te recuerda? –dijo llamando la atención de la mujer que se quitaba el blusón.

-A mí… por eso también la detesto – camino totalmente desnuda hasta la bañera y se metió.

-No sabía que se había casado… ¿te molesta?

–¿Por qué habría?, siempre hizo lo que quiso. Ni siquiera Onigumo lo podía controlar. Lo que si me indigna, es que no me haya invitado a su boda

-Aunque estés enojada con él deberías entregársela –dijo de forma preocupada, mientras echaba más pétalos de rosa en la bañera –. Lo conoces, y si se enoja, sin importar que seas tú quien la tiene, te asesinara

-No pienso hacerlo. Ella se quedara aquí, y no hay discusión –la otra mujer no dijo nada, solo suspiro de forma resignada. Cerró los ojos, permaneciendo así por unos segundos, mientras la otra mujer le lavaba el cabello -. Es curioso… –abrió los ojos, y la otra mujer se quedó observándola –, a veces crees dejar el pasado atrás… pero este se empeña en perseguirte.

-¿Por qué lo dices?

-Por nada en especial… solo recuerda que las coincidencias no existen –dijo con una pequeña sonrisa, volviendo a cerrar nuevamente los ojos –. "Desde aquel día creí no volver a verla, y ella vino a mí"


Agarro la cabeza que tenía frente a él, y la levanto. A pesar de que el cadáver fue encontrado cerca a la orilla de la playa, aproximadamente hacia dos horas, él no parecía cansarse de observarlo.

-Señor…

-Busquen a ese bastardo… -cerro los ojos con fuerza -, ¡y tráiganme su cabeza!

-Sí, señor

-No, espera –dijo llamando la atención del hombre –. Córtale las manos y tráelo, quiero que vea a su puta antes de morir - mataría a la mujerzuela esa, después de follarla una y otra vez frente a él. El hombre hizo una reverencia, y se marchó.

Decidió el mismo buscar a Kikyo, a pesar de que sabía que probablemente se lo encontraría a él. Envió a algunos de los hombres que buscaran en las calles, ya que sabía que parte de la otra comitiva debía estar buscando en el bosque.

Aunque había amanecido aproximadamente una hora antes, se dirigió hacia el burdel. Toco la puerta, y a pesar de que el establecimiento no abría al público a esa hora, lo dejaron entrar.

Se sentó en una de las mesas, y pidió una botella de whisky. A los pocos segundos apareció la mujer con el cabello suelto y un vestido coral que, aunque era más recatado que el que llevaba la noche anterior, dejaba ver sus hombros y gran parte de su pecho.

-Hacía mucho tiempo que no contaba con el placer de recibir tus visitas –dijo de forma seductora, mientras se acercaba a él –. Tuviste suerte, ya me iba a la iglesia

Él sonrió de forma burlona, haciéndola sentar en su pierna izquierda -. Pequeñas diferencias con tu hijo, pero nada que no se pueda arreglar –subió su mano desde su abdomen hasta el pecho de la mujer, empezando a soltar una cinta que sujetaba desde la parte delantera el vestido –. Las iglesias no se hicieron para mujeres como tú

-De alguna forma debo de tratar de limpiar mi alma - empezó a acariciar el cabello de él –. No te arriesgaste a venir aquí en busca de mi compañía, o ¿sí?

-Sabes… se me perdieron unas putas, y quería saber si por casualidad no las habías encontrado

La mujer sonrió de forma coqueta, mientras su mano pasaba de su cabello al cuello del hombre, bajando lentamente hasta su pecho, tratando de no demostrar ninguna clase de nervosismo –. Si tuviera chicas nuevas, ya te las hubiese presentado –él levanto la mirada hacia ella -. Jamás te ocultaría nada, sabes que…-se calló al sentir algo frio subiendo por su pierna. No necesito bajar la mirada para saber que era –. Hiten, jamás…

-Lo sé –dijo interrumpiéndola. La pistola subía lentamente hasta colarse entre sus piernas. Movió el gatillo –. Pero en las mujerzuelas no se puede confiar. Se venden por tampoco… y algo me dice que tú las tienes

-No he recibido chicas nuevas en el último año –a pesar de saber lo que él era capaz de hacerle, se mantuvo serena.

-No me has dicho lo que necesito saber. Esperare la respuesta solo una vez más –dijo de forma serena -. ¿¡Has encontrado a la maldita puta de Naraku!? –levanto la voz, haciendo que ella diera un respingón.

-No las he visto, y a él tampoco –trato de sonreír –. Desde que Onigumo, murió perdí contacto con él. A veces llegan algunos hombres de él buscando compañía, nada más

Levanto su mano libre hasta tocarle la mejilla -. Eres de las pocas que sabe complacerme… sería una lástima que tuviera que deshacerme de ti por una estupidez. Sé que las tienes, solo me interesa una, Kikyo. Con la otra puedes hacer lo que te plazca

Sabía que Hiten no bromeaba, por lo cual no tuvo otra opción que asentir -. Está bien, pero creo que merezco algo por entregártela –el hombre sonrió antes de retirar el arma.

-Me gusta consentirte –la beso, para después agarrarla de forma fuerte por la barbilla -. Pero detesto que me mientas. Deberías de sentirte afortunada por saber complacerme, o no seguirías con vida –la soltó para después levantarse.

-¿Qué vas a hacer con ella?

-Solo la haré disfrutar –dijo con una pequeña sonrisa de lado.

La mujer subió las escaleras hasta el segundo piso, y entro en la cuarta habitación -Vinieron por ti –la aludida se sentó en la cama, y la miro -. Has lo que él te diga, Kikyo. Se lo más dócil que puedas con él, y jamás lo contradigas

Antes de que la chica pudiera decir algo, la puerta se abrió. Por ella entro él cojeado –. Sabía que nos volveríamos a ver… Kikyo –conocía perfectamente esa sonrisa, que parecía ser una de las marcas distintivas de aquellos demonios, y que era señal de que nada bueno le sucedería de allí en adelante.


Cuando subieron al barco, cayó al piso por la forma en que Hiten la había empujado. Intento levantarse, pero él la volvió a empujar, haciendo que cayera nuevamente.

-Jure que te mataría en cuanto te encontrara, pero lo esperaremos a él

-Lo esperaras innecesariamente. Si vas a matarme hazlo de una vez –sabía que no tenía posibilidades de salir viva de ese lugar. Por lo cual prefería morir antes de ser torturada y humillada.

-Todo a su tiempo, Kikyo –la agarro por el cuello, y la levanto, acercando el rostro de ella al suyo –. No te preocupes… morirás – apretó más el agarre, por lo cual ella trato de soltarse por reflejo –. Después de ser mi puta –disminuyo el agarre, pero no la soltó. La arrastro con él hasta la cama, a pesar de que ella trataba de soltarse. La lanzo en la cama cuando estuvieron frente a ésta.

Se agarró el cuello, mientras daba bocadas de aire, tratando de normalizar su respiración. Aunque veía un poco borroso por las lágrimas, que se había acumulado involuntariamente en sus ojos, se percató de lo que él estaba haciendo, por lo cual trato de levantarse. Pero la agarro por el cabello, acercándola nuevamente hacia él. Intento besarla, pero ella le aruño el rostro para alejarlo. Cualquiera se hubiese enojado, pero él solo sonrió.

-Tu actitud te hace más deseable, Kikyo –la lanzo en lo cama. El plan era hacerlo frente a él, pero seguir un plan nunca había sido su estilo. Él solo actuaba por instinto y placer, tratando de ser lo más destructivo posible en cada ocasión. Sin darle tiempo a que tratara de alejarse, la giro, dejando su rostro contra la cama. Agarro sus manos subiéndolas por arriba de su cabeza. Mientras que con la otra mano subía por en medio de sus piernas, por lo cual ella las cerró, causando que una pequeña sonrisa de burla saliera de los labios de él –. Vas a gemir como la zorra que eres –dijo muy cerca de su oído, para después lamerle la oreja.

-¡No! –trato de apartarse, pero lo único que consiguió fue que él aplicara más fuerza en el agarre. No quería gritar, o demostrar que sentía miedo, pero de su boca empezaban a escaparse pequeños gritos, los cuales fueron ahogados contra la cama cuando él la acomodo mejor para poder desabrocharse el pantalón. Sintió como la cama se hundía por el peso, y después se sintió ahogar cuando él se subió arriba de ella.

-¿Lo recuerdas? –coloco el cuchillo al lado de su rostro para que lo pudiera observar –.Todavía tiene mi sangre. Decidí guardarlo para recordarte –se lo coloco en la mejilla, y la empezó a acariciar lentamente con el –. Cada vez que lo veo recuerdo que intestaste castrarme, golfa –acerco su rostro a su oído –. ¿No vas a suplicar, Kikyo?, suplica como lo hacen todas ustedes

Sentía miedo. De sus ojos salían lágrimas silenciosas, mientras se mordía el labio inferior para no sollozar. Sabía que él solo disfrutaría con cada sonido que escapara de su boca. Y, haría lo que fuera para lograr escuchar aquellos gritos y sollozos que ella se rehusaba a dejar escapar.

Bajo lentamente el cuchillo desde su mejilla, hasta su cuello, donde lo metió bajo el vestido, y en un solo movimiento le destrozo toda la parte superior de éste. Un pequeño sollozo se escapó de sus labios cuando sintió la lengua de él sobre su espalda descubierta. Mordió la sabana, y cerró los ojos fuertemente, quería que por lo menos su conciencia huyera de ese lugar, pero por más que lo intentaba, le era imposible. Sintió otro corte, y sus ojos se abrieron totalmente, mientras se removía por reflejo. Un grito, fuerte y claro se escapó, cuando el choco su pelvis contra la de ella, simulando una embestida.

-Ves que si lo puedes hacer –subió a su cuello, y empezó a besarla –. Tu olor… es excitante –había pensado en jugar un poco más con ella, pero lamentablemente no lo soportaría más. Se levantó un poco para bajar su ropa interior, pero una mano en su cuello lo arrojo de forma brusca al piso. Levanto la mirada, y lo vio frente a él apuntándole, ni siquiera tuvo que percatarse de la expresión de molestia que tenía en su rostro, solo bastaba mirar sus ojos. Sonrió internamente, él tenía razón, lo pudo matar cuando estuvo de espalda, pero no lo hizo, solo lo aparto de ella.

La miro de soslayo. Estaba todavía boca abajo. La parte superior de su ropa estaba totalmente destruida, y su ropa interior inferior, tenía algunos rasgones. Volvió a mirarlo a él. Levanto el arma hasta su cabeza. Solo daría un disparo y todo terminaría, pero en ese momento sintió un pequeño ruido a su espalda. Dos disparos se escucharon. Un hombre de los que trabajaba para Hiten, había caído con un disparo en el pecho. Él se tambaleo al recibir uno en el hombro. Se había descuidado, por primera vez en su vida, lo había hecho….

Por culpa de ella.

-Veo que sigues teniendo buena puntería, pero te entretienes fácilmente –giro nuevamente, aunque tenía el arma en la mano no podía utilizarla, lo había herido en el hombro izquierdo. Hiten, había aprovechado la pequeña distracción, para agarrar su arma. Con la cual le estaba apuntando a Kikyo en la sien. Sin dejar de hacerlo, empezó a caminar fuera del camarote, hacia la cubierta. Al ver que él no se movía le apunto, y le hizo una seña para que dejara el arma y lo siguiera. Como si fuera una persona sumisa lo hizo –. Es una lástima que llegaras en estos momentos, no podrás escuchar sus gemidos… pero que digo, si debes recordarlos bien. Además de gemir como zorra, te complace como una –paso su lengua por la mejilla de ella –. ¿Sabes que voy a hacer con ella?

-Si matarla te place… -la miro a los ojos. Su expresión se veía tan serena como siempre, pero sus ojos se veían brillosos, tal vez se negaba a seguir dejando que algunas lágrimas se escaparan, pero era en vano, algunas lágrimas silenciosas bajaban por sus mejillas. Y, su labio sangraba. Aun en esas situaciones ella quería parecer fuerte. Aunque no le gustara aceptarlo, esa era una de las cosas que le agradaba de ella –, puedes hacerlo. Me importa en lo más mínimo

No sabía que estaba sucediendo hasta que Hiten la levanto. Lo vio de espaldas a ellos, sangrando por un brazo. Por una fracción de segundos había tenido una pequeña esperanza de salir de ese lugar. Lo había mirado involuntariamente de esa forma, suplicándole en silencio. Pero cuando lo escucho hablar, nuevamente éstas murieron, y se sintió estúpida por haber pensado por un momento que él la salvaría.

-No… ella vivirá lo que le sucedió a Soten… ella también disfrutara, frente a ti

Sintió como la mano de él bajaba desde su cuello a su pecho, soltando así el agarre que tenía en ella. Y, nuevamente se concentró en sus ojos. Eran tan rojos y brillaban como la sangre que bajaba por su brazo, en ellos creyó ver desesperación, la cual se enmascaro rápidamente, observándose nuevamente las llamas infernales que siempre solía mostrarle. No supo cómo, pero entendió lo que aquella mirada le decía en silencio. Cerró los ojos, y se dejó caer. Nuevamente se escucharon dos disparos. Uno le había dado a ella, y el otro a Hiten. Más disparos se escucharon muy cerca de su rostro. Pero después de un último disparo, sintió que era arrastrada hasta la orilla del barco. Trato de sostenerse, pero él la jalaba por una pierna. Miro hacia arriba sin saber exactamente que esperaba ver, pero solo vio la baranda donde estaba agarrada. Sintió un fuerte jalón, y sus manos cedieron. Cayeron al agua. No sabía si moriría ahogada o desangrada, igual ya no importaba. Aunque intento mantener los ojos abiertos, todo se volvió negro, al mismo tiempo que el aire le empezó a faltar.


-Ya no tiene fiebre, pero aún no ha despertado –dijo mientras retiraba un pañuelo de la frente de la chica –. ¿La conservaras?

-No puedo, ya la compraron, y soy la encargada de llevarla –la otra mujer se quedó observándola –. Fue un chico muy apuesto… conto con suerte

-Y, ¿por qué no se la llevo?, pudo traer a alguien que la cuidara

-No quiso –la otra mujer intento hablar, pero ella no la dejo -. Y, no hice preguntas, pago muy bien… además creo que es hora de ver a mi hijo –dijo con una pequeña sonrisa maliciosa –."Y encontrarme con el pasado" –tocaron la puerta, y un hombre entro –. Busca a alguien que nos lleves de inmediato a la isla Sengoku, ya la chica esta mejor

–Como usted diga, madame -el hombre hizo una reverencia, y se retiró.

-Pero ella…

-Está bien, además tal vez reciba una comisión más


Abrió los ojos lentamente, tratando de identificar el lugar donde se encontraba, pero era inútil, todo lo veía borroso. Escucho un pequeño ruido a su derecha, lo que provoco que girara la cabeza en esa dirección. Solo distinguía pequeñas manchas, por lo cual cerró los ojos y los abrió segundos después tratando de enfocar mejor aquella imagen. Su respiración se cortó, al mismo tiempo que su boca se abría ligeramente.

Aunque estaba de espaldas, estaba segura de que era él. Se encontraba sentado sobre un pequeño banco. No llevaba camisa, y unas vendas cubrían parte de su hombro. Pero lo que la sorprendió, fue la gran mancha en forma de araña que cubría totalmente su espalda. Se veía escalofriante, pero al mismo tiempo fascinante. Levanto lentamente su mano izquierda, pasando su mirada desde la espalda de él, al anillo y nuevamente a su espalda.

-"Su marca"

No se había percatado de que seguía con la mano levantada y observando la espalda de él, hasta que un toquido en la puerta la hizo volver a la realidad.

-No encontramos el cadáver, seguramente se lo llevo la corriente

-O, no está muerto –se levantó. Agarro una botella que se encontraba en una pequeña mesa y se sirvió en un vaso –. Cosa que tendré que remediar, cuando salga del nido de ratas donde se escondió –estaba enojado. Había fallado en matar al malnacido de Hiten, por ella.

Cuando ella se dejó caer había sacado su otra arma con la mano izquierda, y disparo. Pero no directamente a la cabeza de Hiten como había querido, sino a su mano, tratando de desviar el disparo que él pretendía darle a Kikyo. Agarro un vaso y bebió. Había cometido un grave error, no una, sino tres veces. El primero lo cometo cuando entro al camarote. Solo pensó en apartarlo de ella, por lo cual lo había agarrado por el cuello, lanzándolo bruscamente al piso… ni si quiera se había acordado de su arma, solo había actuado por instinto. El segundo error, fue evitar que él la matara, además de dejarlo vivo, se había expuesto. Pero el error más grande lo cometió cuando se lanzó al mar para sacarla, a pesar de su herida y sin importarle si Hiten, estaría o no muerto.

-¿Qué hacemos?, ¿seguimos buscándolo?

Hizo un movimiento negativo. Hiten, volvería, sin necesidad de que él lo buscara, y él personalmente se encargaría de mandarlo al infierno definitivamente -. Quemen el barco junto con todos los hombres que encontraron -el hombre hizo una reverencia, y salió de la habitación.

Camino hasta la cama, y se sentó en ésta -. Los muertos son los únicos que no respiran. Y lamentablemente tú no lo estas… solo te roso la bala

Abrió lentamente los ojos, encontrándose con la fija mirada de él.

-¿Por qué me salvaste? –trato de levantarse, pero sintió un pequeño dolor por la cintura –. ¿Acaso quieres ser tú quien me mate?

-Tal vez… –se giró, y se acostó al lado de ella, mirando hacia el techo, al igual que ella lo hacía –. Pero esta vez solo quería demostrarle a Hiten, que recupero lo que me pertenece…

Giró su rostro hacia él, preguntándose a que se refería. Él seguía mirando al techo.

Respiro profundo, y no lo pudo soportar más. Tal vez si la tenía, podría dejar de pensar ella… se dejó llevar, nuevamente se dejó llevar por sus instintos. Se levantó un poco, y con la mano derecha, agarro la barbilla de ella y la miro fijamente, mientras acercaba su rostro, sin dejar de mirlarla a los ojos. Ella frunció el ceño, nuevamente no le agradaba la forma en que él la miraba –. Y, tú me perteneces… Kikyo –ni siquiera tuvo tiempo de procesar sus palabras. Porque él junto sus labios… no era un beso como tal, solo un simple rose que él realizaba al delinear los labios de ella… un rose que la asusto. O, eso fue lo que creyó al sentir su corazón, y ese pequeño escalofrió que le erizo la piel. Trato de apartarse, pero él la inmovilizo con la única mano que podía mover sin sentir dolor. Se subió arriba de ella, dejando sus piernas a cada lado de su cuerpo para inmovilizarla totalmente –. Mia – aunque ella no quisiera aceptarlo, desde ese momento ella le pertenecería hasta que se aburriera de ella. Lo cual seguramente sucedería después de obtener aquel cuerpo que deseaba, y nuevamente le estaba quemando la piel al tenerlo tan cerca.

Quiso replicar, pero él profundizo el contacto, convirtiéndolo en uno de esos besos, que hasta ahora se percataba de que les tenía miedo… miedo a ceder ante ellos. Trato de resistirse, pero la herida y el agarre no se lo permitió. Y, lentamente se fue dejando arrastrar por él. Había iniciado de forma lenta, con aquel pequeño cosquilleo, que involuntariamente, hizo que un pequeño suspiro se escapara de sus labios, ahogándose en los de él. Era una sensación extraña. Él parecía querer devorarla, con aquel beso que solo él le había dado. Se sintió ahogar, y aunque sabía que debía separarse, su cuerpo parecía gritarle que no lo hiciera.

¿Qué sentía en ese momento?. Quiso pensar que rabia y asco, pero solo sintió curiosidad… si, curiosidad de saber porque su cuerpo reaccionaba de esa forma ante él.

No se percató cuando la mano de él, dejo libre las suyas, pero lo hizo, cuando los dedos de él bajaban lentamente por su brazo. Erizando aún más su piel a cada paso. Después de que aquellos dedos pasaron por su cuello, se percató de que hacían directamente contacto con su piel, pero no le importo, por primera vez en su vida quiso más. Bajo con un poco de temor sus brazos, y con una de sus manos agarro el cuello de él, tratando de profundizar el contacto de sus labios… incluso de sus cuerpos. Estaban tan cerca, que ambos podían sentir y escuchar el corazón del contrario… parecían estar sincronizados.

Un gemido había escapado, pero esta vez de los labios de él. Ni siquiera se había percatado de que había cerrado los ojos, hasta que los abrió, cuando él se detuvo de forma abrupta. Se miraron fijamente. Sus pechos bajaban rápidamente y daban respiraciones hondas, tratando de normalizarla. Él la miraba de forma extraña, y ella estaba ruborizada.

Nuevamente bajo lentamente hasta su rostro, haciendo que a ella nuevamente se le hiciera difícil respirar ante su cercanía. Cuando sus narices se rosaron suavemente, sus ojos se cerraron por reflejo, esperando algo que ni siquiera ella sabía si deseaba o no. Pero nunca sucedió.

Él se había quitado de arriba de ella. Estaba molesto. Camino hasta la pequeña mesa, y agarro la botella, antes de salir del camarote dando un portazo. No supo por qué había sucedido, pero no le agrado. Él jamás había sentido eso al besar y acariciar a alguien. Toco su pecho con una mueca de desagrado, eso jamás había pasado. Debía controlar sus instintos, o ellos terminarían controlándolo a él.

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Rasuanimasu: es el monte de las ánimas, pero como era una isla quedo simplemente así; Raiju no: del trueno.

Moon (¡Bienvenida!. Me alegra saber que te agrada. Como estoy resubiendo, no tendrás que esperar mucho entre capitulo, hasta que suba el capítulo dieciséis, que es por el cual vamos. Espero que éste y el resto de capítulos sigan siendo de tu agrado… saludos. Pdt: también tengo una en la línea del anime: Demonios Extintos. Por si quieres leerla cuando la resuba.)

Gabrielle Kravinoff

08/08/17