Capítulo XIII: La noche de Walpurias

Los rayos solares, hicieron que involuntariamente abriera los ojos, y mirara hacia la ventana, observando por el cristal el paisaje del exterior. Tenía razón, aquella habitación tenía la mejor vista de todas. Podía ver todo el jardín desde allí, y el lado contrario de la casa. Incluso, la zona que había utilizado algunas veces para practicar, se observaba perfectamente. Encontrando sentido con ese hecho, a las varias ocasiones en que se sintió observada, pero nunca había nadie, excepto en aquella ocasión en que le disparo una flecha.

-"La mayoría de las veces, me vigilaba desde aquí" –no entendía por qué lo hacía. Tal vez solo quería conocer sus debilidades, para después utilizarlas en su contra.

Esa idea, le pareció más factible a lo que se había imaginado, después de lo que había sucedido entre ellos, pero inmediatamente esa idea llego a su mente, la descarto. No era más que una idea ridícula.

Decidió no pensar en cosas estúpidas, que involuntariamente la llevaran a pensar en él. Por lo cual, se dirigió de forma lenta y con un poco de dificultad, a un estante con varios compartimientos, que se encontraba repleto de libros. Cuando llego hasta éste, paso sus dedos por los lomos de los libros que estaban a su alcance, tratando de decidir cuál leer de entre tantos ejemplares.

Cuando descubrió los libros, no se sorprendió, después de todo, al no conocerlo, y oírlo hablar, podías percatarte fácilmente que era inteligente y tenía una personalidad… exquisita, como diría su abuela. Aquella personalidad, que no contrastaba con nada de lo que reflejaban sus ojos. Aquella mirada, que estudiándola sin mayor detenimiento, podía reflejar su verdadera personalidad.

Después de unos minutos, se decidió por un libro negro con letras doradas. Dirigiéndose posteriormente con éste, al sofá.

El libro parecía ser interesante, pero después de las primeras diez hojas, no pudo concentrarse. Y, sin que fuera consciente, su mirada se dirigió hacia la ventana.

Siempre que ella estaba en el jardín se sentía observada. Pero ¿por qué lo hacía?. En ese momento recordó las palabras de Yura, y se enojó. Ella jamás utilizaría su cuerpo para satisfacerle las perversiones a un hombre, eso sería indignante. Enojada cerró el libro y se acostó.

Esa noche abrió los ojos, y vio en la oscuridad la sombra, sentada en el sofá. No necesitaba encender una lámpara, para saber quién era. La intensidad de aquella mirada era inconfundible. Se quedó inmóvil por unos segundos, observándolo también. Podía escuchar perfectamente algunos pequeños sonidos de molestia, y ver un vaso subir a su boca..

-Al parecer no puedes vivir sin contemplarme –el vaso había quedado a mitad de camino hacia su boca. Se sentó con cuidado en la cama, para poder observar mejor la silueta.

-Tal vez… me agrada observar cada detalle, cuando en tu rostro aparece una expresión de dolor… es tan excitante

-¿Todas las noches vienes con esa esperanza?, que persistente eres –escucho que un suave y casi imperceptible sonido de molestia, había salido de sus labios, al parecer en contra de su voluntad. Había probado y aceptado. A veces se despertaba, creyéndose observaba, pero a diferencia de esta vez, las noches anteriores no había nadie. Al parecer, él se marchaba cuando se percataba de que podría despertar, pero esa vez ella no se movió. O, el simplemente no se percató -. Debe ser muy frustrante no poder evitar venir aquí… no pareces controlar las emociones de las cuales tanto te burlas… eso es…

- Ridículo… al parecer el golpe te afecto –bebió del vaso, y se sirvió más.

-O, tú eres tan débil. Hasta el punto de… -un pequeño gemido de dolor salió de sus labios, haciéndola callar, cuando él la sostuvo por un brazo, y la jalo hacia él.

Esos eran uno de esos momentos en que deseaba matarla. No solo le recordaba lo patético que se veía en aquella situación, además, se burlaba de él, como si a pesar de la situación supiera que él no podía dañarla. Apretó más el agarre, pero ella no le quitaba la mirada o cambiaba de expresión. Cosa que lo molestaba, pero lo excitaba a un más, provocando que se molestara con él, porque ella estaba comprobando, si no estaba segura aun, que en efecto, era tan débil que no podía controlar sus emociones. Debilidad que solo ella provocaba… y lo odiaba. Pero a pesar de estar enojado, nuevamente no pudo controlar sus deseos por ella.

A pesar de la oscuridad, estando tan cerca podían observarse perfectamente. Él la miraba con odio, pero después de unos segundos la fuerza en el agarre fue disminuyendo poco a poco, hasta convertirse en un simple toque. Seguir enojado, pero al parecer no con ella.

Inconscientemente, busco en la oscuridad la mano de él, con la mirada, cuando sintió que ahora está la empujaba suavemente a la cama. Se aferró a ella en vano, para no caer, pues ahora se encontraba acostada, sin soltar la mano de él, y con él, ahorcadas sobre ella, observándose mutuamente. La situación se estaba volviendo realmente incomoda. Él la observaba como si temiese romperla con la mirada, y sus rostros estaban ahora tan cerca, que sus labios se rosaban tímidamente.

Cuando sintió el cálido aliento de él, sobre sus labios, inconscientemente apretó más su mano, cuando la otra mano de él, empezó a subir por su pierna, pasando debajo de su camisón. En ese momento sintiendo su enojo nacer, al igual que el calor en su cuerpo.

-"¿Por qué?" –no lo comprendía. Acaso ella lo ¿deseaba?. Le pareció ridícula aquella idea, pero inmediatamente un escalofrió en su cuerpo le indico, que la idea no era tan ridícula como pensaba. Respiro profundo, tratando de evitar que siguieran saliendo de sus labios suspiros, que ni si quiera se había percatado en que momento había empezado a emitir. Y, cerró los ojos, tratando de concentrarse. No podía permitir que eso, nuevamente volviera a suceder.

- C-Creí que te habías percatado de lo patético que eras al observarme… pero veo que me equivoque –trato de sonar lo más seria que pudo, dejando notar en sus palabras un toque de burla. La mano en ese momento se quedó estática en su cadera. Abrió los ojos, y lo observo. Como él no respondió, siguió -. ¿El sexo es tu debilidad?, hasta el punto de tocarme. ¿Así piensas hacer que te ruego que me toques?... ni siquiera puedes cumplir tu palabra de esperar a que eso suceda… eres patético, rebajándote ante mí -esperaba que él la insultara, incluso que la lastimara, pero lo único que hizo, fue levantarse, y salir de la habitación.

Se quedó allí, tratando de regular su respiración. Bajo su mano hasta donde él antes la había tenido. Sintiéndose, aún más enojada, y frustrada. Porque a pesar de que le había dicho todas esas cosas para que se detuviera, una pequeña parte de ella, quería que sucediera. Una pequeña parte de ella había deseado que él no se detuviera.

-"Al parecer él no es el único que se deja llevar por sus pasiones"-una vocecita que la molesto, se escuchó en su cabeza, como si se burlara de ella –. Eso no… es cierto –susurro no muy convencida de lo que había dicho. Aparto la mano de su cadera, y se cubrió con la sabana -. Sabes que no lo es –cerro los ojos, pero nuevamente escucho la voz en su cabeza -. "Nunca te dejas llevar por tus pasiones…excepto con él" –aunque le molestara era cierto, con él jamás había tenido que fingir ser la mujer perfecta que Bankotsu había trataba de moldear. No era la muñeca de porcelana que nunca mostraba enojo o felicidad. A él jamás había querido complacer, por lo cual se mostraba como quien en realidad era… Kikyo, una mujer que podía enojarse, y llorar… una mujer normal.


Dos días pasaron. Ya no le dolía el cuerpo, y su tobillo, ya casi no molestaba cuando caminaba, pero aun así, Kaede la ayudaba, claro que esto sucedía después, de que ella se negara varias veces, hasta que terminaba aceptando, porque aún no podía hacer algunas cosas por si sola.

En esos días no lo había visto. Ni siquiera cuando se despertaba a media noche, él estaba allí. El sofá estaba siempre vacío. Y, por primera vez, desde que había llegado a esa casa, la invadió aquella sensación que hacía años había olvidado. O, se había acostumbrado tanto a ella, que ya no le importaba… la soledad.

No importaba en qué lugar de aquella casa estuviera, la mayor parte del tiempo se sentía observada por él. Ya podía distinguir perfectamente cuando aquella mirada estaba sobre ella. Al principio le había molestado, pero después se acostumbró. Tal vez lo hizo, porque no se sentía tan sola… como ahora.

-"Ni siquiera te importaba que fuera él"-tal vez, esa era la razón por la cual seguía en aquella habitación. A pesar de haber aceptado seguir ahí, hasta que se mejorara totalmente, según ella, porque le agradaba la vista.

Estaba tan concentrada en sus pensamientos, que se sobresaltó cuando escucho, lo que parecían ser disparos. Seducida por el sonido, se levantó, y camino hasta la ventana. Y, allí, en la zona de entrenamiento, lo vio. La parte superior de su cabello estaba recogido, dejando caer el resto en su espalda. Su vestimenta, era más relajada que la, que normalmente, utilizaba. Él era quien practicaba tiro al blanco. Pero no estaba solo, a unos metros, sentada se encontraba esa mujer… Tsubaki.

Escucho algunos disparos más, hasta que al parecer las balas se le acabaron. Se sentó al lado de Tsubaki, quien se levantó, agarro algo de la mesa, y empezó a hacer lo que él antes hacía. Hizo algunos disparos que parecieron ser errados, lo cual parecía haberla enfadado a ella, y divertido a él.

Decidió no darle más importancia a lo que estaba sucediendo, pero cuando se iba a girar, se percató de que Tsubaki se había sentado en su regazo, acariciándole el cabello. Se giró, y camino hacia los libros, agarrando una al azar, y lo abrió.

-"Ya tiene con quien satisfacer sus deseos"-sintió alivio ante ese pensamiento. No solamente él ya no la buscaría, sino que además, ella no tendría miedo de que su cuerpo la hiciera recaer -. "No es miedo" - sin ser consiente, sus ojos se perdieron unos segundos en el cristal, pero cuando se percató de lo que estaba haciendo, retomo la lectura, hasta que Kaede, le llevo el almuerzo.

Miro el reloj. Marcaba casi las once de la noche. Cerró los ojos, intentando dormirse, pero después de moverse incomoda en la cama, decidió levantarse, dirigiéndose hacia la ventana. Al no poder abrirla, miro por el vidrio, percatándose de que era luna nueva, además, de que no parecían haber estrellas en el cielo.

Después de unos minutos, de observar hacia la penumbra del exterior, decidió volver a la cama e intentar dormir, pero cuando se sentó en la cama, escucho una melodía proveniente de un piano. Inconscientemente, después de escuchar unos minutos, cerró los ojos, perdiéndose en aquella suave y hermosa melodía, pero abruptamente, la melodía se deformo. Abrió los ojos, y la melodía se detuvo unos segundos después. Volviendo a sonar nuevamente después de un momento.

Se levantó de la cama, y camino hacia la puerta. Miro a los lados del pasillo, no pudiendo diferenciar ninguna figura humana en la oscuridad. Guiada por la música, llego hasta una puerta, que Yura, solo había mencionado. Era como una especie de biblioteca. Agarro el pomo, y abrió la puerta de la forma más suave que pudo.

Gracias a la pequeña vela que iluminaba la estancia, pudo diferenciar la gran marca en forma de araña que se encontraba en la espalda de quien tocaba, siendo cubierta por algunos mechones de cabello.

Se sorprendió de que fuera él quien tocara, pero lo que más la sorprendía, era la hermosa melodía que interpretaba. No podía creer que alguien como él, pudiera recitar algo tan bello.

Estaba tan concentrada en la música, que cuando esta se deformo nuevamente, se sobresaltó. Abrió los ojos, que solo en ese momento se percató de que había cerrado, y lo observo. Había dejado de tocar nuevamente, y ahora bebida de un vaso que estaba al lado de donde estaba sentado. Después de que termino su bebida, pareció que iba a empezar nuevamente a tocar, pero en vez de eso se giró, y la observo.


Las palabras de Kikyo, no lo molestaron, pero si el hecho de que ella tuviera razón. No solo lo había insultado, sino que además, le había hecho comprender cuál era su debilidad. No, no era el sexo como ella había asegurado. Las mujeres y el sexo jamás lo fueron para él.

Pero cuando ella lo humillo, y tuvo deseos de dañarla, comprobó que era incapaz de hacerlo, y lo comprendió… ella se estaba convirtiendo en su única debilidad. Si es que ya no lo era.

Por aquellas palabras, y por sentirse enojado consigo mismo, decidió no volver a verla. Pero tenía que reconocer que verla, se había convertido en casi una necesidad. Pero había decidido resistirse a aquella molesta sensación que lo estaba agobiando desde la última vez que la había visto, porque él odiaba ser débil… odiaba que ella lo hiciera débil.

Para desestresarse un poco, pensó en visitar a Izayoi, pero después decidió hacerla sufrir un poco más con el encierro, antes de divertirse con ella. Por lo cual, había optado practicar tiro al blanco.

Cuando Tsubaki, llego, no pareció querer meterse a la fuerza en sus pantalones, pero después de que ella le demostrara nuevamente, lo inútil que era en deportes de puntería, decidió darle acceso consentido a ellos.

Esa tarde y noche, hizo todo lo que se le ocurrió con aquel cuerpo. Saciando con el cuerpo de ella, aquel maldito deseo… ausente, porque nuevamente no fue a ella, a quien toco. Cuando llego por última vez al clímax, escucho en su cabeza, las palabras que Kikyo había dicho, y nuevamente se sintió patético.

Se quitado a la mujer de encima, sin ni siquiera mirarla. Miro el reloj, marcaba casi las once. Se levantó, y observo por la ventana. Era luna nueva.

-Quédate esta noche, por favor

Agarro toda la ropa inferior, y se la coloco. Sin decir nada salió. Cuando salió al pasillo, sus deseos por verla, guiaron sus pies inconscientemente a su habitación, pero cuando toco el pomo, se maldijo mentalmente, y se alejó.

Decidió hacer lo que siempre lo calmaba. La música. Cuando se sentó frente al piano, sus dedos tocaron las teclas sin pensar en que canción quería recitar.

-"Claro de luna" –cuando se percató de que canción de Beethoven estaba tocando, lentamente sus movimientos en las teclas se hicieron torpes, hasta de formar la melodía, y posteriormente detenerla.

Se levantó, agarrando un vaso y una botella de whisky. Se sentó, bebiendo del vaso que había servido. Cerró los ojos, frotándose la sien. Y, nuevamente toco, pensando esta vez la canción que quería interpretar, pero nuevamente sus dedos parecieron cobrar vida propia, y termino interpretando la anterior canción.

-"Maldita seas, Kikyo"-nuevamente se había detenido. Inconscientemente, reflejaba en lo que tocaba, lo que sentía por ella. Y, eso además de molestarlo, lo asqueaba… ¿acaso podía ser más patético?. Bebió nuevamente del vaso, dispuesto a tocar hasta que se convenciera, de que nada de lo que estaba sucediendo en ese momento se debía por ella, pero se percató de la presencia de alguien. Giro molesto. Esa habitación estaba lo suficientemente alejada para que nadie lo interrumpiera, y todos los que habitaban en la mansión, sabían que cuando él tocaba, tenían prohibido acercarse. Pero no era ningún empleado, era ella… Kikyo, lo observaba desde la entrada.

Ninguno de los dos se percataba de cuánto tiempo había transcurrido desde que sus miradas se encontraron. Solo se observaban.

-Eso era… -ni siquiera sabía por qué había hablado. Pero agradeció alcanzar a tragarse aquellas palabras, antes de que salieran de su boca. Se hubiese sentido estúpida si él las hubiese escuchado, y se hubiese burlado de ella.

Él se levantó, pasando al lado de ella sin mirarla. Nuevamente se había expuesto frente a ella. Nuevamente había demostrado cuál era su debilidad.

Se quedó observándolo, hasta que la oscuridad le permitió distinguir su figura en el pasillo –. ¿Cómo alguien como tú, puede producir cosas… hermosas?

Al día siguiente, escucho mencionar a Kaede que él estaba enojado. Creyó que se debía a lo que había sucedido la noche anterior, antes de que Kaede, aclarara que estaba enojado, por la forma en que había tocado, la noche anterior, el piano.

-"Lo estaba, pero… la melodía no lo reflejaba"


Solo había pasado dos semanas y media, en el barco, pero el viaje le había parecido una eternidad, comparado con las demás ocasiones. Su cabeza se había convertido en su mayor tormento en el viaje, ya que en la mayor parte del día, o de la noche, las imágenes de Kagome y Kikyo, no parecían querer abandonarlo.

Al principio, pensaba y soñaba con las dos de la misma forma. En los sueños que tenía con cada una, las besaba. Al principio, le agradaban, y sentía lo mismo cuando las besaba en sueños, pero en un sueño con Kikyo, sintió algo de lo cual no se había percatado. Ella no lo quería… en sus besos se lo demostraba, como aquel día. Con los días, también se percató, de lo que él sintió cuando la beso, y había ignorado. Él tampoco la quería, por lo menos, ya no de esa forma.

Cuando los sueños con Kikyo, empezaron a disminuir, los sueños con Kagome se volvieron más recurrentes, hasta soñar con ella, casi todas las noches. No sabía que significaba. O, mejor dicho, no quería aceptarlo. Kagome, había seguido con su vida, y él también haría lo mismo, aunque a veces, el recuerdo de ella lo atormentara.

Cuando llego a la casa donde había crecido, se quedó observando la fachada por unos segundos, antes de bajar del carruaje.

-Bienvenido, joven Taisho –un hombre le hizo una reverencia, y él respondió con un asentimiento de cabeza -. El señor Nōsuookami, estuvo aquí hoy. Dijo que cuando llegara se dirigiera a su casa

Suspiro de forma cansina, antes de buscar en un pequeño maletín que llevaba. Saco papel y una pluma. Escribió algo en el papel, y se lo entrego al empleado -. Entrégale esto

Solo saludo con un asentimiento de cabeza a los empleados que lo esperaban en la entrada, antes de dirigirse a su habitación y encerrarse.


Tenía que reconocer que se había equivocado, y bañarse sola ese día, había sido una muy mala idea. Tal vez, la peor que había tenido desde que se le ocurrió salir por el balcón.

Todo a su alrededor estaba mojado, y ella se arrastraba, tratando de alcanzar la puerta para poder levantarse, ya que cuando había intentado salir de la bañera, se había lastimado nuevamente el tobillo, el cual a pesar del tiempo, aun no estaba sano totalmente, y ahora parecía haber empeorado. No solo el dolor se estaba volviendo insoportable, sino, que además no podía levantarse sin ayuda.

Cuando le faltaba poco para llegar a la puerta, subió su mirada al observar unas botas. Y, después de algunos días, lo vio. Él estaba recostado en el marco de la puerta, observándola, como si la situación no le importara, pero cuando sus miradas se encontraron sonrió.

-Deberías hacer eso siempre –dijo con un poco de burla.

Respiro profundo, y sin importarle el dolor, intento levantarse, lo que menos quería era humillarse ante él. Pero lamentablemente no pudo.

Sintió ganas de llorar, ya que se sentía una inútil. Giro la cabeza a un lado cuando sus ojos empezaron a escocer. Si iba a llorar, no quería que él la viera. Pero unos segundos después, al sentir un toque en su pie, volvió a mirarlo. Él estaba arrodillado frente a ella. Sintió lo que le parecieron ser caricias, y por reflejo trato de apartar el pie, pero él se lo impidió, y como si la estuviera reprendiendo la miro.

Algo que lo estaba empezando a fastidiar, era que las cosas no estaban saliendo como quería. O, por lo menos, nada referente a Kikyo. Ese día, nuevamente después de proponerse ignorar lo que sentía, no había podido resistirse, y había ido a verla. Cuando entro a la habitación escucho agua correr. Ese simple ruido lo había excitado, al imaginarla desnuda. Y, sin percatarse se acercó a la puerta, incluso se disponía a girar el pomo. Pero al percatarse lo idiota y patético que se vería si entraba, decidió sentarse en el sofá. Estuvo allí sentado, como en los días anteriores, observando la cama, pero esta vez sin ella, descansado allí.

No sabía cuánto tiempo había transcurrido, cuando escucho un ruido en el baño, y un pequeño grito. Y, sin pensarlo, entro, pero ella no se percató de su presencia. La observo arrastrarse por la habitación. No estaba desnuda, pero el camisón blanco que llevaba, estaba mojado, y se pegaba lo suficiente a su cuerpo, para no tener que utilizar los recuerdos que mantenía de éste.

Cuando se percató de que ella había notado su presencia, la miro de forma aburrida, queriendo demostrarle que la escena no le parecía divertida, si no patética. Pero nuevamente no se pudo resistir, y allí estaba, sosteniendo aquel pequeño pie, y palpando en éste, buscando el lugar específico del dolor.

Sintió que su respiración se cortaba, al compás de aquellas caricias que él daba en su pie. Sintió nuevamente aquella pequeña sensación de calor donde él la tocaba. Pero también la sentía, aunque en menor intensidad, en los lugares que él no tocaba, como por ejemplo, su rostro.

Cuando sus ojos se encontraron, en ella pudo ver confusión, pero no hizo ningún comentario, solo siguió palpando la zona, pero sin dejar de mirarla, ya que vio algo que le llamo la atención. Sus mejillas se tornado de color rojizo, como si tuviera calor, y su respiración estaba acelerada. Sus labios estaban entre abiertos, dejando a veces, sin que ella se percatara, escapar suaves gemidos. Tenía que reconocer que la imagen le agradaba y excitaba.

Dejo su mano a unos centímetros del tobillo, y se hinco un poco hacia ella, acercando su rostro. La miro a los ojos, percatándose de que los tenia brillosos, y los había entrecerrado. Y… de un solo movimiento jalo su pie, provocando que ella soltara un fuerte gemido de dolor.

-¡Eso duele, idiota! –no le importo gritarle o insultarlo, ya que lo había hecho por reflejo.

Él solo sonrió de lado -. Esa era la idea… me fascina ver tu expresión de sufrimiento –se levantó, y camino hacia la entrada.

Iba a responderle, pero se percató de que ya no dolía como antes, incluso ya podía moverlo -. "¿Lo hizo por ayudarme?" -levanto nuevamente la mirada, creyendo que él había salido. Pero él permanecía ahí, agarrando el pomo de la puerta, y dándole la espalda, como si se debatiera entre salir o no.

Después de unos segundos, se dejó llevar por sus impulsos, y cerró la puerta. Camino hacia ella, observándola por unos segundos, antes de agacharse un poco, y sin esperar a que ella dijera algo, la tomo en brazos. Camino con ella hasta la bañera, y después de quitarse las botas, con un poco de dificultad con los pies, se metió con ella en brazos. Se sentó, dejándola en su regazo.

Cuando él empezó a quitarse su vestimenta, ella reacciono. No entendía que estaba sucediendo. A caso se suponía que ¿se bañarían juntos?

-¿Qué se supone que haces?

-Creo que la respuesta es obvia –se quitó lo único que cubría su torso, lanzando la camisa al piso. La necesitaba, y ya no le importaba si ella lo insultaba o se burlaba -. Y, en caso de que no lo fuera, no respondo preguntas estúpidas –dijo con una sonrisa de lado, y sin darle tiempo a decir, algo, la beso.

Inconscientemente, respondió al beso, hasta que sintió las manos de él en su cadera, para después, en un movimiento, obligarla a sentarse, de tal forma en que sus piernas quedaran a los lados de su cuerpo. Sin dejar de besarla, agarro la cinta que cerraba al camisón a su cuerpo, pero no lo soltó. Como pudo se arrodillo en la bañera tratando de bajarse el pantalón, provocando que el cuerpo de ella quedara sobre el agua, como si flotara.

Ella tenía los ojos cerrados, como si estuviera dormida, pero con un adorable rubor en las mejillas y se aferraba a sus brazos, mientras que parte de su cabello flotaba a su alrededor, como si fuera una gran mancha oscura.

No pudo evitar perderse ante aquella imagen.

Se quedó observándola unos segundos, antes de apartar un mechón de cabello que se pegaba a su mejilla, para después posar su mano en ésta.

-S-Se supone… que me odias –sus ojos permanecían todavía cerrados, sintiendo como la mano de él empezaba a descender desde su mejilla, bajando aún más lentamente, después, de bajar por su cuello. Sintiendo además, pequeños escalofríos, que la obligaban a aferrarse, con sus manos y piernas, más fuertemente en él -. Igual… q-que lo hago yo

Cuando sus dedos llegaron a la pelvis de ella, se detuvo -. Aun lo hago… te odio tanto, que a veces quisiera matarte –al escuchar su respuesta, abrió los ojos, y pudo percatarse de lo cerca que ahora estaban sus rostros -. Pero… desgraciadamente, también te deseo, Kikyo

Nuevamente la beso. Lo que estaba sucediendo, y con quien lo estaba haciendo, estaba dejando de importarle. Solo se estaba dejando llevar por lo que estaba sintiendo en esos momentos, hasta que unos toquidos en la puerta, seguidos de la voz de Byakuya, la hicieron volver a la realidad.

Tuvo que reconocer, que aquella pequeña mueca de desagrado que él había hecho, le causo un poco de gracias, haciendo que una casi imperceptible sonrisa apareciera en su rostro. Pero él no se percató de eso, ya que había cerrado los ojos. Trato de apartarse, pero los brazos de él la rodearon, impidiéndoselo.

-Un momento… -se percató de la pequeña expresión de dolor que había aparecido en su rostro por una fracción de segundo. Y, del sonido de su voz, que había sido un suave susurro -. Solo quédate así unos segundos…

No supo por qué lo hizo, pero no se movió. Solo se quedó allí, observando el rostro de él, que parecía estar completamente relajado. Tenía una apariencia inocente. En realidad, se había percatado de que siempre la tenía, pero sus ojos, demostraban lo que de verdad era. Un demonio que la estaba tentando con la lujuria… y ella no se estaba resistiendo.

Salió de sus cavilaciones, cuando se levantó con ella en su regazo. Sintiendo en esa posición, nuevamente su corazón. Llevo su mano a lugar donde se encontraba el de ella -. "Laten como aquella vez" - como si se sintiera atraída por aquel sonido, cerró los ojos, y pego su rostro al pecho de él, dejándose llevar por aquellos acelerados latidos. Abriéndolos nuevamente, cuando sintió que él la colocaba sobre la cama, pero sin separarse.

No sabía en qué momento había sucedido, pero ella había llevado sus brazos hasta el cuello de él. Se quedaron observando por unos segundos, todavía en aquella posición. Y, nuevamente él la observaba como si la temiera romper.

-Esto…

- No cambia nada entre nosotros –la interrumpió sabiendo a que se refería -. Pero tus gemidos decían lo contrario… ahora eres tú quien me toca, Kikyo –dijo con marcada burla, quitando los brazos de ella, de su cuello, y alejándose -. Te dejas llevar fácilmente como todas las mujeres

Iba a contestarle, pero nuevamente Byakuya, toco la puerta. Él camino al armario, saco algunas cosas, y las coloco en la cama. Después se colocó un pantalón y una camisa, saliendo con unas botas negras en la mano.

Apretó las manos. Se sentía una estúpida, no había podido controlar su cuerpo, y casi termina… -. "¡No ere débil!" -jalo las sabanas de la cama de forma brusca. Estaba enojada, y cada vez más frustrada. Tenía claro que lo odiaba, entonces ¿por qué deseaba que él la tocara?. Jalo un poco más las sabanas, esta vez para cubrirse, percatándose lo que él había dejado en la cama.

-"Mi ropa"-Kaede, desde hacia algunos días, había colocado algunas de sus vestimentas en el armario, a pesar de que ella se había negado, pero la anciana argumento que mientras estuviera en aquella habitación, de esa forma se le haría más fácil vestirse sola.

Agarro el vestido, y después miro su pie. Lo movió, aun le dolía, pero gracias a él podía moverlo sin sentir mucho dolor -. "No quería tocarme… solo ayudarme" –lanzo enojada, el vestido en la cama. No quería deberle nada. No quería confundirse más de lo que ya estaba. No quería seguir atrapada en ese lugar, pero sobre todo… no quería dejar de odiarlo -. "Eso jamás pasara…"-de todas las sensaciones que él le provocaba, esa era la única que sentía claramente -, "pero aun así… hay algo en él que te agrada"-agarro la almohada, y se cubrió el rostro, para que sus gritos de rabia, y frustración, no se escucharan.


Una lágrima traviesa corrió por su mejilla derecha. Igual que la primera vez que leyó el papel que sostenía entre sus dedos. No sabía cuántas veces lo había leído, pero las líneas allí escritas, seguían provocando la misma sensación de la primera vez.

-"Si tan solo…"

-¿Te sucede algo? –dijo un pequeño respingón al escuchar la pregunta –. Has estado muy callada estos días

Se limpió disimuladamente el rostro, y guardo el papel entre su vestido, antes de girar hacia el anciano que le hablaba –. Son ideas suyas –dijo con una pequeña sonrisa.

-Sabes que puedes contarme lo que quieras… como cuando eras más pequeña

-Lo sé, abuelo

El anciano suspiro de forma cansina, sabía que algo sucedía, pero esperaría a que ella decidiera contárselo –. ¿Sabes quién acabo de llegar a la ciudad? –dijo cambiando de tema. La chica lo miro con curiosidad, y él sonrió -. ¿No vas a intentar…?

-¡Abuelo!... por favor, ya no soy una niña para esos juegos –dijo de forma seria, pero la expresión infantil en su rostro le quitaba cualquier seriedad o veracidad a sus palabras, haciendo sonreír más al anciano.

-Para mí siempre lo serás, Ayame –acaricio la mejilla de la chica -. Inuyasha, vino a… -no pudo terminar, porque la chica había levantado lo más que pudo su vestido, blanco con flores verdes, y empezado a correr -. Jamás cambiaras, pequeña –miro hacia el cielo, y sonrió.


Sintió una pequeña molestia en su rostro. Molestia que quiso ignorar, pero se volvió tan fastidiosas, que lo obligo a abrir los ojos. Encontrándose con dos grandes esmeraldas observándole. Cerró los ojos nuevamente, colocándose además, el brazo sobre ellos. No importaba si estaba adormilado o no, jamás olvidaría a quien pertenecían esos ojos.

-Ayame, ahora no estoy de humor…–después de relajarse con un baño, al fin había podido dormir sin soñar con nada, y ahora llegaba esa mocosa a fastidiarlo -, déjame descansar –trato de olvidarse de que estaba acompañado, pero en ese momento recordó algo. Se había bañado, pero no se alcanzó a vestir, y ahora… se irguió, agarro la sabana, y se cubrió -. ¿¡Qué rayos haces en mi habitación, Ayame!? –miro a la chica, quien estaba ruborizada, al igual como él lo estaba -. Y, ¿¡por qué demonios sigues aquí, con un hombre desnudo!?

-¡No grites! –miro hacia un lado -. No sabía que lo estabas. Quería sorprenderte, y tú… ¡eres un pervertido!

-Me quede dormido sin darme cuenta –dijo con un tic en un ojo, por la palabra que ella había utilizado para distinguirlo.

-Lo que digas, pervertido… si mi abuelo se enterara…

- No sabía que vendrías, y esta es Mi habitación. Y, deja de llamarme pervertido, si no quieres largarte

-Lo eres –saco su lengua, y él suspiro de forma cansina, Ayame jamás cambiaria. -. Pero no te preocupes, esto tiene un lado positivo - sonrió, y se ruborizo aún más -. Cuando me case ya nada me sorprenderá

Él hizo un sonido de molestia, sin poder evitar ruborizarse más. Sin mirarla, busco ropa, y entro al baño.

Cuando se arregló, bajo en compañía de ella, encontrándose al mayordomo al pie de las escaleras -. Lo siento señor… con todo respeto, ya sabe cómo es la señorita Nōsuookami

-¿Cómo soy? –se cruzó de brazos, y miro con molestia a Inuyasha -. ¿Qué le has dicho a tus empelados sobre mí?

-mmm, supongo que lo fastidiosa que eres –antes de que ella dijera algo, le revolvió el cabello.

-¡Inuyasha, ya no soy una niña!

-Lo que digas, pequeña fastidiosa –ella le dio una mirada, que estaba seguro de que si hubiese podido hacerlo, lo mataría. Pero antes de que ella se subiera al carruaje, no pudo evitar percatarse de algo… en verdad había crecido, y ahora era una hermosa señorita.

-¿Cuándo regreses al Sengoku, me llevaras? –dijo rompiendo el silencio que se había formado. Él giro hacia ella, y se percató de que miraba por la pequeña ventana del carruaje -. Quiero ir contigo –giro hacia él.

-Sabes que… -pero no pudo seguir, el carruaje se detuvo en ese momento, y a Ayame le abrieron la puerta para que bajara.

Dentro de la casa, se encontró a Yōrōzoku Nōsuookami, el abuelo de Ayame, quien al verlo, lo abrazo.

-Quise detenerla, pero ya sabes cómo es –dijo con una pequeña sonrisa, besando la frente de la chica.

-¡Abuelo, tú también!

Después de cenar, el anciano le comento que había sido una equivocación su llamado a las filas de Tokio, y nuevamente tendría que viajar al Sengoku.

-Pero…

-Fue un pequeño error, pero ya está solucionado. Lamento que tengas que hacer nuevamente ese viaje mañana

Le dio muchas razones al anciano, por las cuales debía quedarse a servir en Tokio, pero éste, le dijo que ya la decisión había sido tomada, y él solo era el encargado de comunicársela.


-Tienes que comer -acariciaba suavemente los cabellos de la mujer que tenía en el regazo -. Si sigues así…

-Ya estoy cansada de estar en este lugar –se levantó, y miro de forma suplicante a la anciana -. Por favor, ayúdame a salir de aquí, Kaede

-Si pudiera lo haría, pero… -miro a la puerta, y después a la mujer -, ellos siempre vigilan cuando entro, y cuando salgo revisan la puerta

Desde una semana y media atrás, después de pensar que jamás sucedería, se había encontrado nuevamente con Izayoi Taisho. Desde ese día, ella era la encargada de atenderla, y aunque le dolía que estuviera encerrada en el sótano, no podía hacer absolutamente nada, además, de cuidarla.

-¿Por qué estoy aquí? –la anciana se levantó de la cama, pero ella la agarro por la muñeca -. Siempre que te hago la misma pregunta huyes de mí… ¿por qué no me lo quieres decir?

Le acaricio la mejilla, con la mano que tenía libre -. Porque no quiero que sufras más –fue lo único que dijo antes de salir.


Nuevamente regresaba al Sengoku. No había previsto regresar tan pronto, pero la vida era caprichosa. Cerró los ojos, tratando de no pensar en nada, pero algo que cayó en su rostro con brusquedad, hizo que los abriera nuevamente. Lanzo al piso lo que parecía ser un pequeño maletín, después de incorporarse en la cama. Miro a su alrededor, y vio frente a él, de espaldas, a un chico, observando el lugar como si nada.

-Es un camarote privado, sal –si se podía decir que estaba de buen humor unos minutos atrás, ese chico y su inoportuna intromisión, acabaron con su buen humor.

-Ni siquiera con los desconocidos eres amable –esa voz. Se levantó de un solo movimiento de la cama al escucharla. No, no, ¡no!, eso era imposible. Tal vez si se había dormido, y ahora tenía una de sus más horribles pesadillas -. Al parecer nada, o nadie te cae bien en esta vida, Inuyasha –la pequeña figura se giró hacia él, mirándolo con aquellas dos grandes esmeraldas que tenía por ojos, las cuales lo hicieron palidecer.

-Tú, no…-no podía pronunciar palabra alguna. Su cerebro trataba de auto convencerse que solo era una cruel pesadilla.

-Me costó un poco encontrarte –dijo con una pequeña sonrisa, mientras se quitaba el sombrero que llevaba, dejando que su cabello rojizo, recogido en dos trenzas, cayera hasta su espalda baja -. Si hubiésemos llegado juntos, no correría peligro al vestirme como mujer… no vi ninguna mujer en el barco

-¿Qué haces aquí, Ayame? –pregunto con molestia. No era que la chica le cayera mal. O, bueno, no totalmente. Era un poco agradable, y físicamente se había vuelto muy hermosa. Pero desde que ella había nacido, parecía un imán para traerle problemas exclusivamente a él. Ella estuvo a punto de responder a su pregunta, pero él recordó algo, y la interrumpió -. ¿Dónde está tu abuelo? –ella sonrió más ampliamente -. ¡Demonios! –sí, problemas, ya los veía venir -. Por lo menos, ¿sabe que estas…?

-Por supuesto –lo interrumpió –. Como se te ocurre pensar que vendría sin avisarle –dijo de forma indignada, sentándose en la cama.

Él frunció el ceño -.Y, ¿te dejo venir así?, sin una dama de compañía –frunció más el ceño. El abuelo de Ayame, le daba libertades que a una chica jamás se le debían dar, de hecho, tenía un permiso para viajar sin que él la acompañara, pero de allí a dejarla viajar completamente sola, para buscarlo a él, era imposible. Algo no está bien, y ese mismo algo, aunque no sabía que era, parecía susurrarle que vendrían problemas muy graves para él.

-Pues… le deje una carta antes de seguirte

-Entonces, pronto vendrá a buscarte. Te dejare en el próximo desembarco, y le enviare una carta desde allí –sí, definitivamente haría eso, bueno, si antes no se lanzaba al mar.

-No puedes hacerlo –él, que ya se había relajado se tensó, esa pequeña sonrisa que ella ahora le mostraba, le había provocado un pequeño escalofrío… si, definitivamente tendría muchos problemas -. Si lo haces, mi abuelo te matara… sabes que es muy delicado en cualquier tema relacionado conmigo

-¿Eh? –fue el único sonido que salió de su boca, al analizar la oración que ella había utilizado -. ¿Porque tendría…? –la miro acusadoramente -. Ayame, ¿¡qué demonios hiciste!? –ella sonrió de forma tímida y miro al piso

-Tal vez… solo tal vez, en la carta que le deje, coloque sin querer… que me había fugado contigo, porque nos amábamos y consumaríamos nuestro idilio en la isla –dijo de forma inocente, colocando aún más aguda la voz, de lo que ya era.

-Ayame…- tenía un pequeño tic en el ojo izquierdo. Definitivamente el cuerpo que sería lanzado al mar, sería el de ella. Dio unos paso hacia ella, por lo cual la chica rodo en la cama para alejarse lo más que pudiera dé él.

-Pero si dije la verdad…O, bueno, parte de ella –los ojos de él se entrecerraron, mientras seguía acercándose a ella -. No te atrevas a acercarte –aunque su expresión no denotaba su nerviosismo, el tono de su voz la delataba -. Si te atreves a seguir, gritare tan fuerte, que todos en el barco vendrán. Diré que me traes obligada e intentaste violarme –él se detuvo, y frunció el ceño. Ella sonrió, al parecer lo había "convencido".

Claro que la maldita mocosa era capaz de eso y mucho más. Era una pequeña caprichosa que hacia lo que fuera para conseguir su cometido. Y, eso le quedo claro cuando ella tenía nueve años. Pero él no estaba dispuesto a cumplirle ese. Sonrió –. Si logro deshacerme de ti, antes de que grites, no habrá problema

-Solo inténtalo –dijo de forma desafiante. En un solo movimiento él la agarro por un brazo, y la jalo hacia él, cubriendo su boca para que no gritara.

-Sigues siendo solo una pequeña niña insoportable - sonrió de forma arrogante. Pero cuando quiso levantarla de la cama, ella rodeo con sus piernas la cintura de él, haciendo que perdiera el equilibrio, y cayeran en la cama. Ha provechando la caída, ella hizo que él rodara sobre la cama, quedando ahora ella sobre él.

- Decidí que iría al Sengoku contigo, y lo haré –lo miraba de aquella forma fija que utilizaba cuando decidía que haría algo -. Además, hace mucho deje de ser pequeña –acerco su rostro al de él, sin dejar de mirarlo fijamente, pero después sonrió, y lo beso, en la mejilla. Él suspiro de forma cansina. No tenía ganas de seguir en una discusión en donde ninguno de los dos daría su brazo a torcer. Además, si la dejaba en el desembarco que quedaba a una semana, ella encontraría la forma de irse por sus medios al Sengoku. Y, aunque no quisiera, su deber era protegerla. Después vería como le sacaba la verdadera razón por la que había hecho todo eso, para viajar con él -. No te preocupes, solo serán tres semanas… solo nosotros dos, mírale el lado positivo, Inuyasha

-"Maldita mocosa manipuladora"-al parecer su viaje, después de todo, no sería tan aburrido como había imaginado. Trato de ahogar una pequeña sonrisa, pero ella al hacerle cosquillas no se lo permitió. Si, su viaje seria todo, menos aburrido.


Un mes. Ese era el tiempo transcurrido desde que Kouga se había ido. En ese tiempo no había disminuido el enojo que sentía por lo que él le había hecho, aunque a veces se cuestionaba si debería estar enojada o no, después de todo ante la ley, y Dios, Kouga era su esposo. Pero a pesar de eso, no podía dejar de sentirse dolida y traicionada. Él, le había hecho una promesa, que incumplió. Y, después de eso, jamás podría volver a confiar en él.

Pero a pesar de que estuviera enojada, eso no hacía que dejara de preocuparse por él. Según lo que recordaba, él había dicho que volvería en tres semanas y media, plazo que se había cumplido hacían tres días.

Se levantó, con un poco de dificultad, de la cama. Desde hacían tres días, también había enfermado nuevamente. May, la anciana empleada, le decía que solo era un simple resfriado, pero a veces se sentía morir. El primer día, ni siquiera pudo levantarse de la cama, y en los dos últimos días, a veces, no podía comer.

-Adelante –dijo después de escuchar un pequeño toquido en la puerta. Entrando segundos después la anciana, con una pequeña bandeja en las manos.

-Buenos días, señora –hizo una pequeña reverencia, mientras le ofrecía la pequeña taza que estaba en la bandeja.

-No entiendo por qué sigues insistiendo –una mueca de asco apareció en su rostro, cuando el olor de lo que había en la taza llego a su nariz -. Dije claramente que no volveré a tomar ninguna de tus infusiones

-Nuevamente le ruego que me perdone, yo solo hice lo que el señor me pidió sin preguntar… ese es mi deber. Además, su salud ha empeorado en los últimos días –dejo la bandeja en la pequeña mesa que estaba al lado de la cama.

-También crees que es un resfriado… ya pasara –dijo no muy convencida. Sabía que la anciana tenía razón, pero tenía miedo de nuevamente ser sedada.

-Ahora no estoy muy segura de eso… mi señora, he estado observándola en estos días, y creo que usted…

Un toquido en la puerta interrumpió a la anciana, e hizo que ambas giraran hacia la entrada de la habitación.

-Acabo de llegar un carruaje…-sintió un poco de alivio. Al fin Kouga había regresado. Respiro profundo, al fin podría hablar con Kouga, al respecto de la decisión que había tomado en ese mes -, es la señora Ookami

-¿La madre de Kouga? –se sintió nerviosa, Kouga había dicho que su familia iría a la isla, pero nunca se imaginó que estaría sola cuando eso sucediera.

-No, mi señora, es la abuela de mi señor… sus padres murieron cuando él aún era un niño

Se sintió un poco tonta por la mirada que las mujeres le daban. Se suponía que debía saber algo tan importante como eso, pero no era su culpa, después de todo, Kouga, nunca le había querido contar nada relacionado con su familia.

-Vayan a atenderla, en un momento bajo –las mujeres hicieron una reverencia, y salieron de la habitación. Se arregló lo más rápido que pudo, y cuando estuvo lista, salió. Cuando bajo las escaleras, pudo sentir una mirada sobre ella. Levanto la vista, y observo los ojos azules que la miraban, pertenecientes a una mujer de aproximadamente sesenta años, vestida totalmente de negro.

Sintió como sus manos y piernas temblaban, y su estómago se revolvía, amenazando con dejar salir, lo poco que había ingerido una hora antes. Como pudo agarro su vestido, e hizo una reverencia a la mujer que parecía mirarla con desdén.

No sabía, cómo lo que se suponía tenía que ser una simple conversación cortes, se había convertido en lo que ahora parecía ser una discusión cortes. Había tratado de ser amable con la abuela de Kouga, pero ésta la había insultado "amablemente" con una actitud prepotente, diciéndole algo como Supongo que debes saber complacerlo, para obligarlo a llegar a este punto… después de todo las jovencitas de tu clase son preparadas para atrapar a hombres desde su cama. Para después cerrar sus insultos "decentes", con Una jovencita como tú, solo es una entretención para Kouga

Respiro profundo, tratando de que su enojo disminuyera. Por más que quisiera decirle algunas cosas que se merecía, no debía olvidar que estaba tratando con una anciana, aunque ésta fuera insoportable. Por primera vez, hizo lo que su hermana siempre le pedía. Dejar de ser impulsiva.

-Tal vez tenga razón… lástima que la ley no esté de acuerdo con usted –dijo con una pequeña sonrisa, mientras le mostraba el anillo que adornaba uno de sus dedos. La anciana palideció e intento decir algo, pero lo único que salía de sus labios eran balbuceos -. Con su permiso –se retiró sin hacer ninguna reverencia a la anciana, la cual se sentó en el sofá, mientras se tocaba el pecho. Escucho como llamaba a la anciana que siempre le llevaba los tés, pero no le puso la menor atención, solo camino hasta llegar a su habitación. No supo en todo el día sobre la abuela de Kouga, cosa que agradeció.

Al día siguiente, amaneció con los mismos síntomas que la venían aquejando en los últimos días, se sintió tan mal, que no le quedó más remedio que tomar la infusión de jengibre que la ama de llaves le llevo ese día. Y unos minutos después, las náuseas matutinas desaparecieron. El dolor de cabeza y el mareo, eran más leves, por lo cual se pudo levantar.

Cuando se disponía a entrar al baño, escucho un fuerte grito de agonizante dolor. Bajo lo más rápido, que el mareo le permitió, las escaleras. Antes de llegar a la plata baja, se percató de que la abuela de Kouga, lloraba sentada en el piso, y los empleados tenían expresiones acongojadas. Pero antes de que pudiera preguntar, la empleada más anciana se giró hacia ella.

-Mi señora… -su voz se quebró, mientras unas pequeñas lágrimas corrían por sus mejillas. Ella se giró hacia la abuela de Kouga, que no parecía escuchar a nadie, pero la anciana, la agarro por la muñeca. Miro nuevamente a la anciana, y lo supo. Negó un par de veces con la cabeza, mientras su respiración cada vez se aceleraba más -. Tiene que ser fuerte, mi señora…-quiso soltarse y salir, al sentir que no podía respirar, pero la anciana aplico más fuerza en el agarre -, el señor… murió - todo a su alrededor empezó a dar vueltas, antes de que todo se volviera negro, y su cuerpo fuera jalado al suelo.


Había pasado una semana después de que avisaran que una tormenta había hundido el barco donde Kouga viajaba de regreso. A pesar de saber que la muerte de Kouga no había sido su culpa, no podía evitar sentirse mal. Ella había estado enojada con él por lo que sucedido, y con sus palabras se lo había demostrado. Inconscientemente ella deseo no volver a verlo, por lo que le había hecho, y ahora, él jamás volvería.

Cuando sus malestares se lo permitían, salía de su habitación. Recorría la casa, sin poder evitar derramar algunas lágrimas cuando veía un retrato de él. Por lo cual, había tomado la decisión de regresar a vivir con su familia, después de que el duelo reglamentario terminara.

Respecto a la abuela de Kouga, tenía una semana que no la veía, la anciana no salía desde ese día de su habitación.

Ese día, pudo ver desde la ventana un nuevo carruaje llegar. Pudo percatarse que quien bajaba era un hombre de cabello color castaño, pero no pudo observar su rostro. Unos minutos después, escucho unos fuertes sollozos, provenientes, probablemente de parte, de la abuela de Kouga.

Dos horas después, una de las empleadas le aviso que la abuela de Kouga la esperaba en el despacho. Se colocó un vestido negro de mangas largas, y se recogió todo su cabello, incluido su flequillo, dejando descubierto, su ahora, pálido rostro.

Cuando entro a la habitación, la anciana se encontraba sentada detrás del escritorio, se podía apreciar, en su rostro, que en todos esos días no había podido descansar. Miro hacia un lado, percatándose de que no estarían solas. Al lado de la anciana, y de pie, se encontraba un hombre, tal vez de la misma edad de Kouga.

Al observarlo, se percató, por el color de cabello, que él era quien había bajado del carruaje. Tenía el cabello corto, y éste al igual que sus ojos, era de color café. Su expresión, a pesar de su mira triste, era apacible.

-Él es Hojo Ueda Ookami, es ahora mi único nieto –el hombre hizo una reverencia, que ella correspondió -. Supongo que te preguntas por qué te mande a llamar –se levantó de la silla, y se giró hacia la ventana -. Vine a este lugar con la intención de evitar que Kouga cometiera una estupidez, pero lamentablemente ya la había cometido

-Señora, si…

-Déjame terminar –la interrumpió, para después girarse hacia ella -. Kouga, no solo era mi nieto mayor, por ser el único nieto que tenía por parte de mi único hijo varón, él estaba destinado a ser el heredero mayoritario. Le di muchas libertades… lo sé, pero él era consciente de la responsabilidad que sobre caía en sus hombros, pero no le importo. Kouga, tenía una prometida desde hace muchos años

-Yo… no lo sabía –ahora entendía porque se quería casar con ella antes de que su familia llegara. Nuevamente, se enojó con él.

-En nuestra clase los compromisos se realizan por conveniencia, y éste no fue la excepción –continuo, ignorando el comentario de la chica -. Kouga, sabia la importancia de esta unión, y por ser el heredero de la familia le correspondía casarse con ella, y posteriormente, uno de sus hijos sellaría la unión con la familia Taisho. Se casó, pero lamentablemente no tuvo herederos, por lo cual, te correspondería todo

-Si le preocupa la herencia de Kouga, le aseguro que no me importa, de hecho cuando el duelo termine, regresare a vivir con mi familia

-No lo has comprendido, querida –ella miro con confusión a la anciana -. Por ley no puedes hacerlo, ¿acaso no leíste el acta de matrimonio que firmaste? –suspiro de forma cansina -. Si intentas hacerlo, todo deberá ser donado a la iglesia… al parecer Kouga, de verdad te tenia aprecio –hizo una pausa, limpiando una pequeña lagrima que había salido de su ojo izquierdo. Se aclaró la garganta, y prosiguió -. Por lo cual, para no perder, por lo que por derecho le corresponde a mi familia, por ser Hojo mi único nieto, se casara contigo

- Pero… -su estómago se revolvió, y una pequeña arcada la hizo apretar los labios tratando de evitar vomitar -. N-No lo hare… debe haber otra forma

-Si la hubiera, ¿crees que estaría hablando contigo?

-Entonces busque una, porque yo no me casare con un extraño

-No te lo estoy pidiendo –intento replicar, pero la anciana prosiguió -. Como viuda de Kouga, ahora perteneces a la familia, y eres muy joven o ¿me equivoco?. Tus tutores ya no son tus padres, ahora lo es la familia de tu esposo. Como ves, no necesitaríamos que accedieras, con mi firma sería suficiente

Se agarró en el escritorio, sintiendo que en cualquier momento caería -. No puede hacerlo… ¡jamás lo aceptare! –cubrió su boca al sentir otra arcada -. Prefiero que toda la heren…

-¡Cállate, muchachita impertinente!, tú obligación es hacer…

-Abuela, por favor…–después de permaneces inmutable todo el tiempo hablo, sin perder aquella calma que parecía caracterizarlo. La anciana giro hacia él con una expresión de molestia.

-¿Te atreves a desautorizarme, Hojo?

-Sabes que jamás lo haría, pero la señorita no se ve muy bien… tal vez podríamos hablar después del tema

La anciana la miro, y después salió de la habitación molesta. Dios sabía que había querido a sus nietos por igual, pero Hojo era débil, en comparación de Kouga, por eso, siempre agradeció que él fuera el directo heredero, pero ahora Hojo, era su única esperanza.

-¿Te encuentras bien? –levanto el rostro hasta el hombre que ahora sonreía.

-Solo… estoy un poco mareada –intento caminar, pero casi cae al piso, por lo cual él la tomo en brazos -. N-No es necesario, yo… -intento bajarse, pero se sintió peor.

-No te preocupes, y si lo es… Kagome, ¿cierto? –ella asintió levemente, y sus ojos se cerraron, sin que pudiera evitarlo.


Miro el reloj, el cual marcaba las diez de la noche, y sonrió. Al fin era la noche de Walpurias, y el espíritu le mostraría el camino para encontrarlas. Agarro con su derecha una pequeña canasta, y observo los pasillos, asegurándose de que nadie notara su salida. Cuando cruzo la entrada secreta, subió la capucha de la capa negra que llevaba, cubriendo su rostro. Camino hasta llegar al bosque.

Saco una pequeña lámpara de la canasta, y la encendió. Respiraba profundo, en cada paso que daba. Sabía que eran pocas las plantas de esa especie que crecían en esa zona, pero las que estaban, producirían suficiente olor para encontrarlas esa noche.

Camino unos metros más, hasta que aquel característico olor nauseabundo llego a sus fosas nasales. Sonrió, y se dejó guiar por su nariz. Un metro después, se arrodillo en el pasto, colocando la lámpara y la canasta en el piso. De la planta agarro algunas bayas y ramas, procurando tomar una cantidad suficiente que la ayudara a terminar su plan. Cuando termino, cubrió la canasta con una tela, y se levantó. Pero a lo lejos escucho unos pasos, por lo cual, apago la lámpara, y se arrodillo nuevamente entre los arbustos.

Pudo divisar una sombra, que claramente era de un hombre, acercarse en dirección a donde ella se encontraba. Saco nuevamente el cuchillo de la canasta, por si aquel hombre se percataba de su presencia.

- Sé que estas aquí, Tsubaki –escucho la voz e inmediatamente lo reconoció -. ¿Qué se supone que buscas en este lugar? –ella encendió la lámpara, y se levantó, mostrándole el cuchillo -. Lo olvidaba… hoy es la noche de brujas –sonrió, pero ella seguía sin bajar el cuchillo -. No me digas que aun estas enojada conmigo… solo fue una broma

-Intentas te estrangularme –dijo entre dientes, caminando hacia él, pero él solo rio divertido.

-Cuando él lo hace no te enojas… por eso creí que si lo hacía también lo disfrutarías –ella coloco el cuchillo en su cuello, pero él lo aparto sin cambiar de expresión -. Y, ¿qué se supone que buscabas? –metió la mano en la canasta, y saco una baya, la observo, pero después de olerla la aparto de su rostro -. Supongo que ya encontraste la forma de matarla. Espero que no me decepciones, y sea una muerte dolorosa

-¿Sigues sintiendo celos? –dijo con marcada burla, provocando que la expresión del hombre cambiara a una de enojo. Dio un paso hacia ella, pero ella nuevamente levanto el cuchillo -. Tranquilo, Hakudoshi… solo fue una broma

Él hizo un sonido de molestia, para después empezar a caminar dejándola atrás. Si no fuera porque la necesitaba, para poder llevar a cabo su plan, cuando fuera él momento, ya la hubiese matado.


-Adelante –la anciana hizo una reverencia, mientras le entregaba la pequeña bandeja. Agarro la pequeña taza, bebiendo un poco del té. La anciana hizo otra reverencia, pero antes de que se girara, un movimiento de mano la hizo detener -. ¿Cómo se encuentra?

- Hoy no ha podido levantarse de la cama, mi señora

-Desde que vi a esa niña, me pareció muy frágil. No sé por qué Kouga se casó con una jovencita enfermiza –tomo un poco de su té -. Tendremos que adelantar la boda… si llegara a sucederle algo, perderíamos todo

-Si usted me lo permite –espero a que la otra mujer le indicara que podía seguir -. No creo que lo que ella tenga sea de gravedad... la he estado observando, y creo que ella está embarazada

-¿Embarazada?... –la taza que tenía en las manos, casi se desliza de sus manos -, un hijo de mi querido Kouga –una pequeña sonrisa apareció en su rostro -. Si eso resultara acertado, todos nuestros problemas se solucionarían. Tendría el legítimo heredero de la familia Ookami, y nuestro conector con la familia Taisho… además, Hojo, podría casarse con la ex prometida de Kouga, después de todo, su familia debe estar enojada –se tomó el resto del contenido de la taza, y miro a la otra anciana -. Quiero que le hagas una de tus pruebas, pero que nadie se entere todavía… ni siquiera ella

-Como ordene, mi señora –hizo una reverencia, y salió de la habitación. Después de dejarle de dar las hierbas secretamente a Kagome, al fin, podría cumplir la promesa que le había hecho a su señor… después de todo, las promesas eran sagradas, aún más, si a quien se la había hecho la promesa, ahora estaba ahora muerto.

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Kyori Deemo (Gracias… si, lo comprendo, pero ya falta poco…saludos)

Margot (Gracias…mmm, los hermanos relámpago –supongo que ya lo sabes-. Tú eres quien decide si amor lo u odiarlo, pero debes tener en cuenta que las apariencias engañan. Él hace cosas, que aunque no se pueden considerar correctas, las hace por el motivo correcto. Sé que lo odiaras, lo colocaras en tu lista, te hará feliz lo que sucederá, lo odiaras, y después… cuando llegue el momento "hablaremos" jaja. Pero, ¿por qué odiarlo a él?, el tarado fue Inu –supongo porque vez que pone en riesgo tu pareja jaja-. Porque es un tonto impulsivo –como en el anime- que se percataba de lo que sentía después de dañar a Kag –no lo odio-… saludos)

Erza (Ya sabía que eras tú…tienes una forma distintiva –casi siempre- de expresarte. Gracias… de verdad estaba extraño jaja, había buscado en google las sensaciones que tenían las personas al mantener relaciones, y las escribí todas –no llevaban ni lógica jjaaj-. Respecto a los siguientes lemmon´s, leí dos libros que aunque no tengo nada en contra del género, no es lo que acostumbro a leer –estaba desesperada xd-, La ninfómana y Cruel Zelanda. Pertenecen al género erótico, y te muestran que las escenas subidas de tono, no necesariamente tienen que ser explícitas para ser interesantes… la sutiliza, que caracteriza principalmente a la ninfómana, capto mi atención. Además, como dijo un escritor no llamar pala a una pala mientras escribes demuestra la gran imaginación que posees –no es textual lo que él dijo-. Y, creo que por mi forma de redacción –se ajusta más a lo clásico, ya que en ficción, me agradan los clásicos, como los de Oscar Wilde, Bram Stoker, entre otros-. Lamento si te decepcione. Más adelante hablare sobre Demonios Extintos. Saludos)

Rijeayko (Me ha pasado más de una ocasión, y no es divertido… igual jajaj. España… tienen un acento bonito…en Colombia hay gran diversidad de acentos y dichos, pero unos menos entendibles y subidos que otros jajaj. Tu escena, aparecerá en el capítulo 18… saludos)

Margot (¿Ya ves porque dije que era un poquito inoportuna? Jaja…Si, Naraku es un personaje especial u/u… entonces golpéalo con amor xd. Más adelante comprenderás porque se quiere casar con Kag, una razón, es por ayudarla, y la otra la comprenderás después. Si, ya está comprometido, pero la razón por la cual nunca lo acepto, aparece más adelante… saludos)

Gabrielle Kravinoff

13/08/17