El techo empezaba a colapsar, los detonantes en las distintas partes del lugar han empezado a hacer su trabajo, terminar con la agonía mucho más rápido. Bastantes cosas empezaron a ocurrir al mismo tiempo, solo eran cuestión de minutos antes de que todo se venga abajo.


Uno de los atrapados discutía consigo mismo, dentro de la ventilación podrían durar un poco más.

Naranja.

─ ¡Mi..mi..mira lo que hiciste! ─

Llevar tantas almas controlando un cuerpo hecho de cables y una máscara con varios ojos alrededor del cuerpo no era una buena forma de acabar con esto. Una de las almas debía ser quien dominase y fuese la líder, terminar aquí ha hecho que una se revelase.

Rojo.

─ ¡C…Ca-cállate! ─

Por detrás, el techo cubrió por completo el suelo en donde antes estaban, fue buena opción el ocultarse, pero dentro de poco ese techo también los aplastaría.

Naranja.

─ ¡N..no lo…haré….Morire-remos aquí! ─

Dos de los tres no hallaban otra forma de desquitarse, echarse la culpa o defender sus motivos era todo lo que podían hacer, pero algo era claro, de una u otra forma, la culpa fue de todos.

Rojo.

─ ¡T..tú..ta..tambi-bién ibas…a seguir la..lla…llamada! ─

Ya no podían quedarse más, salieron del conducto, apareciendo en otra sala en donde el fuego por lo menos todavía no había aumentado de volumen, ahí podían discutir mejor, y, tal vez, sobrevivir.

Púrpura.

─ P...paren ya…no..n..no vale la p-pena…─

Fue la tercera acompañante en ese metálico ser el que hizo calmar a los dos agresores, ella, cuando eran humanos, era la mayor de todos; debió ser ella quien tomara el control desde que expulsaron a quien los manipulaba.


¿Fue la suerte? Tal vez, pero no le gustó la manera en la que quedó, no haber sido atrapada en los cuartos del fondo fue una mala racha, así hubiese caído mucho más rápido; necesitaba descansar, pero el fuego que rodeaba el traje que la llevó a este lugar en un principio podía resistir las llamas bajas, quería irse lo antes posible, pero en donde estaba no era el lugar adecuado.

Caminar sin un rumbo fijo era todo lo que podía hacer, andar hasta que las piernas de su prisión cediesen y así caer y dejar que el fuego lo consuma, tanto al traje como a ella; miró hacia aquel artefacto por el que escuchó aquella voz, la cual, llevaba años sin oír, su susurro acompañó su propio andar.

─ Tal…vez no me…escuches, pero…quiero que sepas…que..te lo agra..dezco… Gracias…papá. ─

Bajó la mirada, una idea recorrió su ser, posiblemente, podía cambiar su rumbo, podría encontrarlo, sí, encontrarlo, y despedirse, no se reunieron desde hace mucho. Miró a su alrededor, si la suerte la hizo no caer en los cuartos, entonces podría ayudarle a encontrarlo, y así reposar junto a él, como la marioneta lo hizo con ella bajo la lluvia, y le dio la oportunidad de regresar.

Siguió con su camino, puede que estaba más alejada que el resto, pero el techo empezaba a agrietarse lentamente, y el fuego comenzaba a ser mayor.


Su suerte no podría ser muy bien descrita, tuvo altos y bajos, pero ahora, ahora se podría decir que tuvo la peor entre ella y todos los demás enjaulados.

─ ¡No!...¡No voy a irme! ─

Se asomaba por la abertura en la que apenas y podía mantener abierta, mientras que el fuego ya era más potente detrás de ella, no tenía la fuerza suficiente como para pasar y que las paredes no la aplastasen, prácticamente estaba haciendo un milagro para no quedar atrapada.

Ese viejo al final si tuvo razón, fue mal informada, dejándose llevar por el impulso de asesinar, estaba furiosa, lo único que ahora quería hacer era encontrar a ese desgraciado y partirle el cuello, la cabeza, el cuerpo, todo. Dejarlo hecho trizas.

Ese enojo lo usó, con todas sus fuerzas se impulsó, saliendo de ese cuarto infernal, solo para darse cuenta de que entró en otro, se levantó con rapidez y miró a su alrededor, se encontró con varios objetos tirados, algunos ligeramente calcinados por las llamas bajas, nada importante. Necesitaba recuperar algo de energía perdida antes de volver a intentar abrir cualquier otro lado.

─ ¡Cuando te encuentre…desearás nunca haber…hecho esto! ¡Lo verás padre…haré que sufra! ─

Mientras se acercaba a una de las paredes y volvía a hacer fuerza para abrirla, no se percató que sobre ella, el techo comenzaba a quebrarse; tenía que darse prisa.


A pesar de ya no necesitarlo, todavía respiraba, intentando mantener el aliento, si perdía esa cualidad, entonces significaba que ya no había aire, y por lo tanto la abertura de una salida quedaría cerrada y caería de una vez.

Pero por ahora, había algo de lo que se alegraba; su compañero siempre se equivocaba en algo, él siempre fue el que mantenía la seguridad y desperfectos muy bien ocultos, Henry cometió el mismo error de siempre. Observó su mano, todavía quedaba una, una buena oportunidad sin duda, su viejo amigo no se le debió ocurrir otro lugar en donde dejar esos sprites llenos de gas que en teoría debían servir para ayudar con la explosión del lugar, uno fue suficiente para derribar esa maldita pared, tenía que reservar el segundo.

(Y para ti, mi valiente voluntario, quien decidió cursar en este trabajo y reunirlos, técnicamente había una salida planeada para ti, pero creo que eso no es lo que quieres, pienso que estás justo donde quieres estar)

─…Espero que seas tú quien arda peor…Michael…─

El techo sobre él empezaba a caer, aunque obstaculizaba en su escape, también haría que las puertas desistiesen, podría solo usar su cuerpo para derribarlas.

Era ahora o nunca; las llamas que lo comenzaban a seguir fuera de su cuarto, más las que estaban afuera, ya iban hacia él, pero por ahora podía superarlas, se aventuró a pasar por todo ese laberinto.

Tal vez lo sabía, o tal vez no, pero el haber lanzado aquel objeto, hizo una reacción en cadena en todos los demás detonantes. La carrera contra el tiempo dio inicio.

─ Hijo…soy yo, William… Fallaste, tú y Henry…fallaron… No pienso marcharme todavía… Yo soy quien va a decidirlo…pero antes de que me largue de aquí…debo hacer una cosa…ahora…soy yo quien debe encontrarte…─

¡Yo siempre regreso!