Ordenar en específico cada hecho que se ve y se relata es a veces pan comido, pero no siempre es así; este es uno de esos casos. Un lugar, varios invitados, el fuego y un destino. Mientras pasa algo con uno de los que yacen en el sitio, en otra parte de éste, sucede otra cosa distinta con algún otro de los invitados.

Las manecillas del reloj continúan moviéndose, ¿cuánto faltará para que todo termine? La verdad, no hay respuesta fija. Solo un par de palabras pueden usarse en este momento: Esperar y observar.


Estaba agotado, cada noche se aseguró de mantenerlos, a su vez, tenía que llamar a los que quedaban. Tanto trabajo dio sus frutos, por fin estaban todos aquí, al fin podía descansar. Después de que ella y los otros entraran a su cuerpo, ahí, se dio cuenta, se dio cuenta de lo que era, no debía parar hasta que todos tuvieran su descanso. Por fin se cumplirá ese anhelo, pero seguía aquí, la oficina apenas y solo irradiaba calor, todavía el fuego no llegaba.

─ En cualquier momento...solo debo esperar... Finalmente...todo esto por fin acabará. ─

Observó a su alrededor, veía por esos conductos como aquella anaranjada luz comenzaba a acercarse, aun le faltaba para llegar, pero no mucho, sonrió.

─ Acércate...solo un poco más. ─

No esperaba nada más, cerró los ojos y dejó que su cilla le permitiera a su cuerpo momificado de color púrpura recostarse, era la hora de descansar, y no volver a despertar.


Suspiró con pesar. Finalmente lo hizo, ha cumplido su parte, activó el fuego y accionó las puertas para atrapar a los invitados.

─ Seré el último...aun así...podré descansar en paz ahora que sé que pude salvarte...hija mía. ─

Miró todo a su alrededor, varios objetos sin importancia, un traje rojo parecido a un cocodrilo, al lado una caña de pescar, bocetos, papeles arrugados, unas máquinas pequeñas y nada más que sea resaltable, luego de observar su entorno, dirigió su mirada hacia el monitor que había usado para que todo el show que montó empezara.

La pantalla estaba solo con dos opciones, una estaba en negro, la otra en blanco, presionó el de color blanco, la pantalla mostró un ícono de un botón azul, lo oprimió. Al poco tiempo todo el cuarto empezó a enfriarse, algo que lo relajó.

Enfrente del monitor se elevó una palanca, la bajó; el ícono del monitor entonces cambió y mostró un mensaje de alerta.

─ El proceso tardará debido a que los engranajes están funcionando erróneamente...─

Tendrá que esperar un poco, pero eso valdría la pena, dio una mirada más a todo el entorno. Una vez más fijó su vista en el frente en donde está la mesa con el monitor, observó todo lo que dicha mesa traía encima. Una botella de vino destapada pero casi llena, un vaso de copa ya vacío, seguramente antes poseía lo que le faltaba a la botella, y por último, una vieja foto, algo afectada con el largo paso del tiempo.

Tomó este último objeto y miró a los integrantes de la imagen. Cuatro adultos, tres niños y un bebé; eran él, su antigua esposa Carol, su viejo amigo William antes de enloquecer, su esposa Gretel, su hijo mayor Gabriel, el pequeño Michael, la pequeña Elizabeth, y por supuesto, su pequeña tesoro, Charlotte.

Una inocente imagen que marcó un antes y un después de una gran tragedia que marcó a las dos familias.

─ Aquí es...donde todo eso debe acabar...─


Un golpe, no funcionó. Tomó carga y dio otro, tampoco, se alejó más, cambió, dio una patada. Finalmente la puerta cedió, el costo fueron partes desgarradas de sus piernas y pies, en momentos como este deseaba no tener esa cuchilla en el brazo izquierdo.

Solo un brazo, y lo tenía ocupado con el objeto que podría salvarle la vida. Necesitaba guardarlo en otra parte. Cerró sus ojos y ese grito que tomó al cambiar de traje se hizo presente al momento en que de una forma directa, meter dentro del estómago de su traje aquel sprite. El dolor fue momentáneo, abrió los ojos, observando ese agujero oscuro dentro del traje y vertebras.

Valdrá la pena...requeriré de sacrificios... Pero valdrán la pena...si consigo irme...de este infierno

Siguió a paso veloz con su camino, parte del cráneo del traje empezaba a desprenderse, era señal clara de que debía apresurarse. El fuego comenzaba a llegar a las rodillas en su ubicación, pero todavía tenía oportunidad.

...

No correr ya le hacía efecto, el traje que la protegía de caer se desbarataba rápido, por suerte el fuego que la amenazaba estaba quedándose atrás. La ventaja que le llevaba era un poco remarcable, más ahora que tenía un propósito.

Si iba a irse, lo haría con la persona que la llevó a este lugar, y finalmente descansar en paz, tanto ella, como a quienes ha cargado bajo sus brazos. Es su último deseo, estar junto a su padre.

¿Cómo lo lograría encontrar? Solo le quedaba esperar a que la suerte y el destino la favoreciesen para hallarlo.

Algo se le acercaba, detuvo su andar y esperar a que esa silueta viniera, apenas se veía por el humo al responsable de crear esa sombra, sea quien sea, venía bastante rápido.

...

Dejó el fuego atrás, podía parar ahora, comenzó a caminar, sabía perfectamente por donde tenía que seguir ahora, si sus cálculos no le fallaban, el fuego en esta parte se iba a tardar un poco más; favoreciente, muy favoreciente.

Notó algo entre el humo, había alguien ahí, podría ser ella, entonces ambos podrían escapar, o tal vez alguno de los otros dos. De una u otra forma, esa silueta estaba en su camino, así que siguió.

,,,

Todo fue cuestión de tiempo, en pocos segundos el humo que los separaba se disipó, cuando sus miradas se cruzaron, fue como si el tiempo se hubiese detenido. Las ideas principales de los dos cambiaron momentáneamente, lo primordial en aquel momento era zanjar cuentas.

Asesino...

A pesar de haberlo susurrado, el otro sujeto la escuchó.

Charlotte... Sigues todavía por aquí.

Aparte de ella, vio que estaban justo en la intercepción. Recordó su plan principal y comenzó a andar, solo que esta vez, a un paso más normal, ignorando al alma que cayó aquella vez en la lluvia.

No saldrás de aquí...

Las palabras que soltó lo hicieron detenerse, volteó a verla unos segundos, logrando así verificar el deplorable estado en el que ella estaba, aunque claro, el suyo era peor.

Si yo no salgo... Tú no lo encontrarás ¿Quieres apostar?

Tras pronunciar aquellas palabras, desapareció en la oscuridad ocasionada por el humo que emanaban las pequeñas llamas.

Ella no respondió, no tenía necesidad de hacerlo, él fue claro, no le importaba aun así. Reanudó su andar, esta vez, hacia una locación más al norte, asegurándose en el proceso, de alejarse de ese demente que la llevó aquí en primer lugar.

Ambos estaban muertos en vida, así no iba a poderse vengar, de cualquier manera, ya no lo odia, pero tuvo suerte de no meterse en su camino.


El nivel del fuego comenzaba a ser mayor, dentro de muy poco el pedazo de cables que los mantienen a los tres con vida, sucumbiría, era claro que definitivamente no iba a oponer resistencia, caería, y los tres se irían con él.

Rojo.

¡Es..esta puer-puerta! ¡Abra-abramos esta!

Naranja.

¡No! ¡Me-mejor...por aquí-quí!

Nuevamente, dos de los tres integrantes se hallaban discutiendo, solo que esta vez, era hacia donde debían seguir.

En el espacio de cuatro paredes en el que estaban, dos de dichas paredes no existían, llevar unos cuantos días y noches deambulando les hizo recordar detalles como ese. Esas dos nuevas paredes que sirven para bloquear el paso hacia dos habitaciones más, eran posibles rustas de escape, o al menos, así lo piensan casi todos los integrantes en el cuerpo.

Rojo.

¡¿N-no si-sientes.. el calor?! ¡Allá mori-moriremos!

Naranja.

¡P..por tu la-lado tam..también moriré-remos! ¡TONTO!

Rojo.

¡El t..tonto ser-serás tú!

Púrpura.

De una sola vez, el tercer integrante en ese pedazo de cables tomó el control y llevó el cuerpo, ocultándolo de regreso a la ventilación en la que antes estuvieron.

El destino y la suerte juegan muy duro contra los tres. Afuera, las puertas se han abierto, pero solo una gigantesca ola anaranjada fue lo que entró al pequeño cuarto. Los objetos, ya calcinados, empezaron a disolverse casi al instante.

El calor subió con rapidez, la presión hizo su efecto y las grietas del techo comenzaron a agrandarse exponencialmente el doble de rápido que antes.

Es un-nuestra ul...ultima opor-oportunidad... Quédense qui-quietos.

La voz de la tercer integrante calmó por completo a las otras, y esta vez, permitieron que ella se quedara con el control absoluto del cuerpo, esperando a que tuviera razón.

Las rocas habían cubierto el cuarto en el que antes estaban, se trasladaron a otro por el conducto, sin embargo el segundo sitio ahora se estaba desmoronando, lo único que les queda es permanecer dentro de la ventilación. Era su última esperanza.

El techo finalmente se derrumbó, solo el tiempo dirá si el quedarse dentro del conducto realmente les habrá servido.

Imponentes, la amalgama animatrónica suelta un potente grito, dando la señal de que ha llegado la hora de retirarse. Si hubiesen intentado entrar por alguna de las puertas, su destino se hubiera marcado antes, como se vio, hubiesen sido abrazados por las llamas; arder, y, descansar, pero no hay que hacerse ideas, hay algo muy claro que resaltar.

Nadie quiere morir siendo quemado, estar consciente de ello, con la facultad de moverte, pero de no poder escapar.


Ahí estás..

El fuego se notaba muy a duras penas por el fondo del pasillo, él tenía tiempo de sobra. De cualquier manera, ya había llegado.

Te encontré...Michael...

Subió y comenzó a desplazarse por el ducto.

Estaba agotada, logró abrir la puerta, pero no tenía las energías para avanzar por ese pasillo en llamas y concreto caído. Necesitaba recuperarse, podría hacerlo rápido ya que no necesitaba de alimento, pero respirar se le hacía difícil, esa facultad, aunque innecesaria para ella, era sumamente importante no perderla, pero el aire se desvanecía rápido.

No... No puedo... No quiero... No me quiero ir...no todavía... ¡NO!

Golpeó con fuerza la pared que estaba a su lado, entonces un ligero ruido la hizo recapacitar antes de golpear de nuevo, abrió los ojos; una pequeña grieta que se encontraba en crecimiento se dejó ver en donde golpeó. La marca se expandió rápido, le siguió la pista y notó como se unió a otra, y ésta a otra más.

El tiempo que tuvo para reaccionar fue casi minúsculo cuando se dio cuenta que el techo estaba prácticamente a nada de caerle encima. Se dirigió a la salida que creó, pero se detuvo al instante cuando el techo de ese cuarto cayó y le impidió salir.

¡NO! ¡No, por favor!

Se volteó y fue hacia la otra habitación, pero rápidamente se reusó a pasar, el fuego ya había subido tanto que era mejor retirarse. Sus opciones se iban, solo quedaba intentar abrir la otra puerta sellada. Directamente fue a esa e intentó abrir.

¡Papi, chicos, quien sea! ¡AYUDA!

Mientras trataba de hacer palanca, escuchó un pequeño ruido, uno el cual la hizo detenerse por completo, subió la mirada.

El techo ya no resistía más, el calor finalmente dio comienzo a que no pudiera resistir más. Era hora de retirarse, todo se comenzó a alejar por la pequeña abertura que ella logró abrir.

...No...

Cuando esas palabras concluyeron, los escombros se separaban y todo comenzaba a caer. Al mismo tiempo sucedieron dos cosas; la primera de ellas fue que todo quedó a oscuras, la segunda, fue un grito, uno potente, el último aclamado de ayuda.