NA: ¡Holaaa! *se esconde de los tomatazos* Sí, ha pasado más de un año desde la última actualización. He tenido mil borradores de este capítulo y ninguno me convencía; he borrado, he reescrito, he llorado. ¡Pero es que sentía mucha presión por que este capítulo fuera perfecto! Y adivinad qué... ¡Sigue sin serlo! Pero me da igual porque necesito concluir la historia de una vez, así que aquí os dejo lo mejor que me ha salido xD

No sé si escribiré un capítulo o dos más, depende de la inspiración... Lo siento, a veces el bloqueo es demasiado real y pega muy fuerte.

Solo espero que os guste un poquito :) Entonces habrá merecido la pena.


Capítulo 4: Un motivo para confraternizar.


Harry miraba de reojo al marido de su amiga, que revoloteaba a su alrededor con aires de suficiencia. Lo hacía casi resignado debido a la situación en la que se encontraba. No hacía ni media hora que habían pactado fingir soportarse mínimamente para demostrarles a las chicas que podían cooperar, pero la verdad era que ya quería perderlo de vista de nuevo. Pensó en simplemente ignorarlo, ya que no estaba haciendo absolutamente nada de provecho, pero la manera en la que se movía de un lado a otro mientras miraba por encima de su hombro le hacía la tarea casi imposible.

—Oye, Malfoy, ¿puedes dejar de ser un incordio por una vez en tu vida? —le susurró, molesto.

—¿Un incordio, dices? —preguntó, fingiendo indignación mientras miraba con cierta inquietud la comida que se cocinaba sobre la parrilla, como si temiera que fuera a churruscarse todo de un momento a otro—. Deberías estarme agradecido de que esté vigilando que no se te queme nada.

—Esta carne no necesita dos pares de ojos puestos en ella, idiota. ¿Qué tal si te vas a hacer algo más productivo?

—¿Qué otra cosa mejor puedo hacer que supervisar a un Gryffindor inútil? Tengo hambre, ¿sabes? —murmuró casi entre dientes.

Harry chirrió los suyos.

—¿Qué estás insinuando sobre los Gryffindors? ¿Debo recordarte que tu esposa es una de ellos?

—Y es la mujer más maravillosa y perfecta que conozco. ¿Pero qué tiene eso que ver con que tú, como Gryffindor, seas un inútil?

Harry levantó sutilmente las pinzas que estaba usando a modo de amenaza.

—Tienes suerte de que me dé más miedo lo que sea que esas dos de ahí estén tramando que enfrentarme a ti, porque realmente mereces que pegue tu cara junto a los chorizos y la apriete sobre la parrilla hasta que quedes marcado de por vida.

—Oye, oye —se quejó Draco por lo bajo—. Controla tu agresividad, ¿de acuerdo? ¿O es que me vas a hacer recordarte el trato que acabamos de hacer? Nos están poniendo a prueba y tu hostilidad no ayuda con eso.

Harry sabía bien que nunca aceptaría su parte de culpa en aquella disputa, así que, para evitar seguir discutiendo, optó por simplemente decir:

—Por el amor de Morgana, Malfoy, ¡lo único que te pido es que me dejes en paz!

—¿Todo bien por ahí, chicos? —preguntó Pansy con ese deje en la voz que Harry conocía demasiado bien. Estaba disfrutando de presenciar cómo intentaban cooperar, claramente sin éxito, pero se estaba haciendo la tonta. O tal vez la inofensiva, aunque de eso no tenía ni la punta de un cabello.

—Todo genial, mi amor. Tu amigo me estaba diciendo que va a ir a la cocina a prepararos un refrigerio —dijo, mirando de reojo a Draco con orbes maliciosos—. ¿Verdad?

Este pareció sorprendido al principio, pero forzó una sonrisa a tiempo para que no pareciera que estaba mintiendo.

—Sí, por supuesto. Lo que sea por mi bella mujer y mi mejor amiga, sin la cual nunca habría descubierto que en Gryffindor había gente interesante después de todo.

Harry le dedicó una mirada que pudo considerarse claramente homicida. Las cosas que había visto que estaba dispuesto a hacer por Hermione podían haber cambiado ligeramente su percepción de él, pero la enemistad que tenían había perdurado tanto en el tiempo que era incapaz de tolerar ciertas cosas. No estaba dispuesto a aguantar su insolencia ni un solo segundo. Si su amiga era feliz teniendo eso en casa… allá ella. Él no podía imaginar una sola razón que pudiera conseguir solucionar las profundas desavenencias que ambos tenían y que se venían desarrollando desde la niñez.

Draco le devolvió una mirada llena de desaprobación antes de alejarse. No, definitivamente no había manera de que se llevaran bien, por mucho que sus mujeres se empeñaran en lo contrario.

Pasaron unos minutos hasta que el rubio apareció de nuevo con dos vasos de gaseosa para las mujeres. Luego, volvió a desaparecer en el interior para sacar varios platos y cubiertos a la vez. Bien, al menos había consentido hacer algo útil.

La mesa ya estaba lista cuando Harry dio una última vuelta a la carne, la puso en la bandeja y se volvió para unirse a los demás. Su esposa se relamió y frotó las manos ante la visión de la comida. Parecía ansiosa por hincarle el diente a las hamburguesas, a pesar de haber estado aferrada al inodoro vomitando violentamente en su interior hacía menos de una hora. Se encogió de hombros. Había cosas que simplemente no tenían explicación.

Sin más dilaciones, todos empezaron a comer. Después de unos minutos catando un poco de aquí y un poco de allá, los halagos no se hicieron esperar por parte de las chicas, quienes coincidían en que la comida les había quedado exquisita.

Ellos se dedicaron una mirada simultánea que resultó demasiado significativa. Ambos sabían que Draco no había hecho más que encender una simple cerilla, y aunque él nunca reconocería lo inútil que podía llegar a ser sin su varita, había algo en lo que sí estaban de acuerdo: si la amistad entre ellos brillaba por su ausencia, al menos fingirían un atisbo de compañerismo.

Todo fuera por descubrir lo que tramaban esas dos, y cuanto antes mejor.

—Ha sido trabajo en equipo —empezó diciendo Harry, tratando a su vez que no se notara que hablaba entre dientes—. No podríamos haber encendido el fuego si él no hubiera encontrado las cerillas en la cocina.

—Oh, vamos —respondió el aludido, dibujando una rutilante sonrisa en sus labios y agitando una mano para quitarle importancia. Claramente al Slytherin se le daba mucho mejor fingir que a él—. Ha sido un placer. Gracias a ti por dejarme ayudar.

—Sí, Malfoy, has sido de tanta ayuda.

—Lo sé, tú tampoco has estado mal. Y llámame Draco.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó Hermione después de toser al atragantarse con su bebida.

El rubio chistó la lengua.

—Solo digo que después de tanto tiempo, de haber compartido tantos momentos en Hogwarts, de incluso habernos casado con la mejor amiga del otro… ¿No pensáis que ya va siendo hora de que empecemos a llamarnos por nuestros nombres de pila?

—Pues…

—Eso creía.

Llegados a ese punto, tanto Harry como las chicas estaban perplejos. El Gryffindor se sirvió más agua para disimular. Una cosa era que se le diera bien mentir y otra muy distinta era excederse de esa forma. ¿Ahora quería ir de posible futuro mejor amigo? ¡Nadie se creería algo así, por el amor a Circe!

La situación se había vuelto algo tensa de repente, por lo que Pansy intervino para romper el silencio.

—¿Alguien se va a comer esas costillas? —preguntó, extendiendo el brazo para acercar el tenedor.

—Yo —respondió Draco, quien fue más rápido y se sirvió el último trozo antes. Ya le había dado un bocado cuando se percató de la mirada incrédula de su amiga—. Vamos, no me mires así. Deberías agradecérmelo.

—¿Qué? ¿Por qué motivo…?

—Has cogido algo de peso últimamente —la interrumpió, hablando como si lo que decía fuera demasiado evidente—. No te vendrá mal que me coma el último trozo.

Hermione le dio un cate a la vez que Harry se inclinaba sobre la mesa.

—No te pases con ella, Draco —siseó su marido.

—Tranquilo, cariño —susurró Pansy, acariciando su brazo tratando de mitigar los ánimos.

—Sí, tranquilo, Harry. Es mi ex prometida, todo lo que diga sobre ella es desde el cariño.

Pansy asintió. Se mostraba completamente tranquila mientras le mantenía la mirada a su amigo, pero en un momento dado entrecerró mucho los ojos y fingió sorpresa.

—¿Eso que veo ahí son entradas?

—¿Qué? ¡No! —exclamó Draco, llevándose las manos a su adorada y densa cabellera. Hizo una mueca de desagrado cuando todos empezaron a reír—. Muy graciosa.

—Es con cariño, amigo.

El Slytherin miró a su esposa en busca de apoyo, pero esta simplemente se encogió de hombros mientras se seguía riendo.

—Tú te lo has buscado.

Draco observó con desaprobación cómo los demás le daban la razón, así que optó por no volver a abrir la boca hasta que, después de unos minutos de reposar la comida, todos se levantaron de la mesa.

Tal y como habían estado haciendo todo el fin de semana, las chicas se escabulleron tomadas del brazo y dejaron que fueran ellos quienes recogieran los platos sucios.

—¡Da igual, no necesitamos ayuda! —se quejó Draco, lo suficientemente alto como para quedarse tranquilo pero lo suficientemente bajo como para que no pudieran escucharlo. Morgana sabía que podía desatarse una guerra implacable en cuestión de segundos tratándose de sus mujeres. Y ellos dos tenían las de perder.

Además, en el fondo sabía que no era mala educación lo que las movía a hacer eso, sino algo mucho más profundo que seguramente habrían planeado anteriormente con alguna intención oculta. Y conociendo a sus esposas, debía ser algo grande.

Dispuestos a cumplir su propósito, ambos se organizaron y empezaron a despejar la mesa, que estaba hasta arriba de cosas. Varias bandejas, platos, vasos, cubiertos, pinzas, jarras, todas las especias utilizadas… También tenían que limpiar los platos, adecentar la zona de la barbacoa, barrer un poco las cenizas del porche… Además, Draco le había prometido a Hermione que iría a buscar el par de servilletas que se habían volado con el viento y se habían perdido entre la maleza cercana.

—A ver si hay suerte y te pierdes —le dijo Harry con vileza cuando se disponía a ello.

—A ver si hay suerte y te cae una teja suelta en el cogote —le respondió el rubio, levantando un dedo en su dirección de manera poco amable.

Tal vez fuera bueno fingiendo una tregua con el cara de sapo cuando la situación lo requería, pero definitivamente no iban a ser amigos nunca. Ni siquiera nada que se le pareciera.


Cuando los hombres terminaron de recogerlo todo y entraron a la casa, descubrieron que las chicas los estaban esperando en el salón.

—Sí que habéis tardado —les reprochó Pansy con altanería. Draco estuvo a punto de soltar alguna que otra palabra poco amable, pero Harry lo detuvo tirando discretamente de la manga de su camisa.

Hermione, para quien ese gesto no pasó desapercibido en absoluto, sonrió y se giró hacia el mueble de la estancia, abriendo un par de puertas y dejando a la vista una televisión.

—¿Ha estado eso ahí todo este tiempo? —se quejó Harry—. Nos habría hecho las vacaciones mucho más llevaderas.

—Bueno, amor, no te preocupes. Le vamos a dar mucho uso de ahora en adelante.

Harry miró a Pansy de una forma que denotaba su temor a escuchar de sus labios qué era lo que tenían preparado ahora. Hermione se adelantó para exclamar:

—¡Tendremos una fiesta de karaoke y baile!

—¡¿QUÉ?! —dijeron ambos maridos a la vez.

—Sí, bueno, no ahora mismo —explicó Pansy—. Pero hemos querido decíroslo para no jugar con ventaja. Hermione ha comprado esto, que contiene las mejores canciones del año, un par de micrófonos para cantarlas y un vídeo que te muestra la coreografía de cada una. Se dice así, ¿verdad?

Hermione asintió, abriendo la caja que reposaba sobre el sofá y sacando un CD para dárselo a su amigo.

—Tú sabes usar el reproductor, ¿verdad? Será mejor que empecéis a practicar cuanto antes si no queréis que os machaquemos.

—Espera, ¿qué?

Pansy rodó los ojos con aburrimiento.

—Que elijáis una canción y os aprendáis la coreografía, nosotras ya sabemos la nuestra.

—Y un par de canciones que os gusten para cantar. Pero no hagáis mucho ruido, que vamos a dormir la siesta —agregó, tomando el control remoto y dándoselo a su marido—. Tú sabes bajar el volumen, ¿verdad?

Ellos se quedaron estupefactos mientras las veían irse. Luego miraron al otro, compadeciéndose de la suerte que tenían la desgracia de compartir.

—Yo nunca me equivoco, Potter, pero voy a necesitar que me confirmes si lo que he escuchado es correcto o se trata de una alucinación repentina —musitó Draco. Luego, miró el mando que tenía en la mano y preguntó—: ¿Ahora quieren que cantemos y bailemos juntos?

—Me encantaría decirte que te equivocas, de eso puedes estar seguro… pero esta vez no estás alucinando.

—Maldita sea. —Hubo una pausa dramática antes de que sacudiera la cabeza y añadiera—: Venga, ¡manos a la obra!

—¿Qué?

—¡Sí! ¿Sabes qué? Ya estoy cansado de las locas de nuestras esposas. Si lo que quieren es vernos hacer el ridículo… ¡son ellas las que tendrán pesadillas después! Y sabes que nosotros terminaremos haciendo lo que nos pidan, así que… ¿por qué no empezar ya? Con suerte será tarde cuando termine «la fiesta de karaoke y baile» —dijo, haciendo comillas con los dedos mientras imitaba la voz entusiasmada de su mujer.

—Sí —dijo Harry, rendido ante la idea—. Y con un poco más de suerte finalmente nos dejarán tranquilos de una vez.


Pasó una hora. Pasaron dos.

Cuando las chicas hicieron acto de presencia en la sala, ellos estaban practicando el último paso de baile que les faltaba. Harry se apresuró a parar la coreografía al verlas entrar. Ambas vestían camisetas deportivas muy anchas, leggins negros y zapatos adecuados para la ocasión. Además, una toalla de microfibra reposaba sobre los hombros de cada una.

—¡No es justo! —se quejó Draco—. Sabías que ibais a obligarnos a hacer esto y ni siquiera sugeriste que metiera ropa deportiva en la maleta.

—Sí, qué despiste —respondió su mujer. Pansy y ella se rieron.

—¿Habéis elegido sabiamente? —agregó la Slytherin—. Porque os vamos a machacar.

Hermione le arrebató a Harry el control remoto de las manos y navegó por la pantalla de inicio, eligiendo el modo «karaoke» y yendo directa a una canción llamada «Toxic».

—Empezamos nosotras.

Pansy cogió su micrófono y le tendió el suyo a Hermione.

—Esta la he elegido yo —dijo con suficiencia—. No conozco a esa tal Britney, pero me gustaba el título de su canción.

La música empezó a sonar y los chicos se sentaron en el sofá a observar a sus esposas.

Baby, can't you see,

I'm calling.

A guy like you should wear a warning.

It's dangerous.

I'm falling.

Harry y Draco hicieron su mejor esfuerzo por no poner ambas manos en sus oídos cuando empezaron a cantar. En lugar de eso, fabricaron una máscara de neutralidad que les impedía reírse de lo mal que entonaban las chicas, de cuando se equivocaban en la letra o del entusiasmo que le ponían al cante.

Oh,

The taste of your lips.

I'm on a ride.

You're toxic I'm slippin' under.

With a taste of a poison paradise

I'm addicted to you.

Don't you know that you're toxic?

And I love what you do.

Don't you know that you're toxic?

La segunda estrofa llegó, y después de ella de nuevo el estribillo. Cuando los gritos de las chicas llegaron a su fin y la canción se acabó, cada una le tendió el micrófono a su respectivo marido.

—A ver si superáis eso.

—No será muy difícil —mascullaron ambos a la vez, como si se hubieran leído los pensamientos.

Draco y Harry tomaron los micrófonos, se pusieron en pie y se miraron con una mirada medio cómplice mientras el Gryffindor elegía una canción llamada «Shut up», de un grupo muggle llamado Black Eyed Peas.

Cuando Draco empezó a cantar, tanto Pansy como Hermione estallaron en carcajadas. Este las miró de soslayo y siguió a lo suyo. Si había accedido a hacer la voz de la chica era para poder mandar a callar a Potter una infinidad de veces sin que tuviera la oportunidad de reprocharle nada.

Shut up, just shut up, shut up.

Shut up, just shut up, shut up.

Shut up, just shut up, shut up.

Shut it up, just shut up, shut up.

Harry Potter siguió el karaoke con cierta dificultad mientras trataba de rapear de la misma manera que lo hacía el rapero en la canción original.

Girl, me and you were just fine, you know.

We wine and dine.

Did them things that couples do when in love (you know).

Walks on the beach and stuff (you know).

Things that lovers say and do.

I love you boo, I love you too.

I miss you a lot, I miss you even more.

Otro motivo que le había hecho optar por cantar la canción de la mujer: Harry Potter diciéndole «te quiero, cari» era lo más patético que haría en toda su vida, y Draco quería recordarle ese momento por el resto de la eternidad.

Sin embargo, aparte de lo mucho que estaba disfrutando el ridículo de su compañero, tenía que admitir que ellos no estaban entonando mejor que las chicas.

El final de la canción se convirtió en una maraña de palabras que ni siquiera tenían sentido por sí mismas, mucho menos todas ellas en una frase; Draco cantando «shut up, just shut up, shup up» a modo de coros y Harry, cuya lengua parecía habérsele enredado dentro de la boca, tratando de seguir la letra del rap.

El resultado se tradujo en un total fracaso. Pero extrañamente Draco lo había disfrutado.

—Fuera del escenario, losers —espetó Pansy, quitándole el micrófono a su esposo.

Hermione puso una nueva canción y, dejando claro que esa la había elegido ella, las amigas empezaron a cantar «Crazy in love» de Beyoncé.

I look and stare so deep in your eyes.

I touch on you more and more every time.

When you leave, I'm begging you not to go.

Call your name two, three times in a row.

Such a funny thing for me to try to explain,

how I'm feeling and my pride is the one to blame.

'Cause I know I don't understand.

Just how your love can do what no one else can.

Un rápido salto y ambas señalaron a sus hombres mientras cantaban el estribillo.

Got me looking so crazy right now, your love's

got me looking so crazy right now (your love).

Got me looking so crazy right now, your touch

got me looking so crazy right now (your touch).

Got me hoping you'll page me right now, your kiss

got me hoping you'll save me right now.

Looking so crazy, your love's

got me looking, got me looking so crazy in love.

Ellos rieron por el detalle y se escurrieron un poco en el sofá mientras dejaban que les cantaran que ellos las volvían locas. Cada uno mirando fijamente a su mujer y disfrutando del momento. Ellas parecieron tener un ataque de risa repentina y simultánea, pero se recuperaron para la parte de JAY Z. Para sorpresa de ambos, Pansy se encargó del rap y Hermione hizo movimientos que querían asemejarse a los normales en ese tipo de música.

Fue una doble sorpresa descubrir que rapeaba mejor que Harry.

Tras un breve receso para hidratarse, los esposos interpretaron la segunda canción que habían elegido entre la variedad que ofrecía el CD: «Hey ya!», de Outkast.

One, two, three!

My baby don't mess around,

because she loves me so,

this I know fo sho!

But does she really wanna,

but can't stand to see me walk out the door.

Don't try to fight the feeling,

because the thought alone is killin' me right now.

Thank God for Mom and Dad,

for sticking to together,

like we don't know how.

Hey ya! Hey ya!

Hey ya! Hey ya!

Hey ya! Hey ya!

Hey ya! Hey ya!

Para desgracia de todos, y como la coreografía era lo que les había tomado más tiempo, Draco y Harry terminaron balbuceando esta canción de principio a fin. Ni siquiera con la letra indicada en el televisor podían coger el ritmo ni asemejar sus entonaciones.

—Tenéis que reconocer que eso ha estado demasiado mal —los chinchó Hermione.

—Estoy impaciente por ver con qué canción nos sorprendéis ahora —dijo Harry con retintín, tendiéndole el micrófono a Pansy.

—Oh, ya lo creo que te va a sorprender —se burló Pansy. Luego tomó el micrófono, pero lo tiró dentro la caja con un ágil movimiento—. ¿Preparada para mover las caderas, Hermie?

Esta respondió seleccionando la canción deseada: «Milkshake», de Kelis, según alcanzó a ver Draco. Acto seguido, la silueta de una bailarina apareció en la pantalla, la música empezó a sonar y las chicas comenzaron su baile.

My milkshake brings all the boys to the yard,

and they're like, it's better than yours.

Damn right it's better than yours.

I can teach you, but I have to charge.

My milkshake brings all the boys to the yard,

and they're like, it's better than yours.

Damn right it's better than yours.

I can teach you, but I have to charge.

Pansy y Hermione ni siquiera necesitaban mirar la coreografía que se mostraba en la televisión, por lo que se giraron para bailarles a ellos. Harry y Draco ya se encontraban boquiabiertos para entonces.

I know you want it.

The thing that makes me.

What the guys go crazy for.

They lose their minds.

The way I wind.

I think it's time.

El baile que interpretaban era tan sensual, los movimientos de trasero tan firmes y los de pecho tan pronunciados… que de no ser porque cada uno solo tenía ojos para su respectiva esposa, se habrían sentido ciertamente incómodos al ver a su mejor amiga contonearse de esa manera frente a ellos.

La la, la la, la.

Warm it up.

La la, la la, la.

The boys are waiting.

La la, la la, la.

Warm it up.

La la, la la, la.

The boys are waiting.

Más movimientos de caderas, un rápido descenso hasta el suelo y la canción terminó. Las amigas, todavía tratando de recuperar el aliento, chocaron los cinco al descubrir las mandíbulas desencajadas de sus maridos.

—¡Lo hicimos!

—Lo hicimos. —Pansy respiró profundamente y soltó el aire de una vez antes de preguntar—. ¿Estáis listos para vuestro baile? ¿O preferís darnos la victoria directamente?

Ellos saltaron del sofá, o al menos eso era lo que hubieran hecho de no seguir tan aturdidos por sus sexis movimientos.

—De ninguna manera lograremos ganar esta vez —le siseó Draco a Harry mientras este seleccionaba la canción que habían elegido.

—Al menos intenta aparentar que hemos sido capaces de trabajar en equipo —respondió él—. Recuerda que eso es lo que quieren. Como hemos ensayado. ¿Estás listo?

Draco asintió, pidiéndole a Merlín, Circe y Salazar que aquella fuera la última vez que les pidieran algo parecido.

«Satisfaction», de Benny Benassi, empezó a sonar. Ambos habían estado de acuerdo en elegir esa canción porque el ritmo era muy marcado y casi envolvente, invitando a mover el cuerpo a cualquiera con solo escucharla. Habían pensado que tal vez ese pequeño detalle compensara sus nulas habilidades para el baile. La letra en sí no era gran cosa, pero eso no importaba demasiado. Lo importante era que consiguiera hacerlos bailar de una manera medianamente aceptable.

Push me.

And then just touch me,

till I can get my satisfaction.

Satisfaction, satisfaction,

satisfaction, satisfaction.

Draco y Harry chocaron entre sí varias veces mientras bailaban, no sin cierta vergüenza, delante de sus chicas. Desde el sofá, estas los impelían a seguir con alaridos de ánimo y risitas nerviosas. Al parecer, verlos mover el esqueleto así les había dado un subidón de adrenalina. Draco fue un paso más allá y, viendo la excitación en el rostro de Hermione, se quitó la camisa y abandonó los pasos de la coreografía para fingir que le dedicaba un striptease. Pansy estalló en carcajadas y Harry le dio una sutil patada de advertencia en la espinilla.

Push me.

And then just touch me,

till I can get my satisfaction.

Satisfaction, satisfaction,

satisfaction, satisfaction.

Draco le devolvió la patada cuando la canción terminó y ambos hicieron una reverencia ante sus esposas. No lo habían hecho tan mal, pero era evidente que no habían llegado ni al mínimo en comparación con ellas, quienes se levantaron y aplaudieron.

Les dejaron recuperar el aliento un segundo. Luego, actuando como si hubieran estudiado con anterioridad un guion, dijeron:

—¿Qué opinas, Pans?

—Opino que claramente hemos ganado nosotras.

—Sí, yo también. Sin embargo… ¿Qué te parece si les concedemos la victoria esta vez? Al fin y al cabo, es su día.

—¿Qué? —intervino Harry, que no entendía de qué estaban hablando.

—¿Qué día es hoy, querido?

—Hmm… —Meditabundo, se rascó la cabeza antes de responder—. ¿15 de Junio?

—¡Exacto! —exclamó Pansy—. Felicidades, mi amor, hoy es tu día.

Hermione se lanzó a los brazos de Draco, quien tampoco entendía demasiado, y le dio un montón de besos en el cuello antes de dirigirse al mueble y abrir un cajón. Sacó una caja cuadrada y delgada y se la tendió a su marido. Pansy sacó otra igual y se la dio a Harry.

—¿A qué esperáis? ¡Abridlas!

Ellos se miraron durante lo que pareció una eternidad, intentando descifrar si el otro sabía algo o si ambos estaban igual de perdidos. Casi al mismo tiempo, los esposos quitaron el lazo de sus respectivas cajas y, en el momento en el que quitaron la parte superior, las chicas gritaron:

—¡FELIZ DÍA DEL PADRE!

—¿Qué? Pero si ninguno de nosotros es…

Draco no terminó su propia frase. Dentro de la caja había una camiseta perfectamente doblada en la que ponía: «Mejor papá Slytherin del mundo». Echó una rápida ojeada al interior de la caja de Potter. En ella había otra camiseta, pero con la inscripción de «Mejor papá Gryffindor del mundo».

Todo se quedó en silencio. Parecía como si no lograran procesar toda la información de la que disponían, como si su mente se hubiera quedado en blanco de repente y sin razón.

Cuando la falta de respuesta empezó a sentirse incómoda, Pansy se acercó y le dio un codazo bien fuerte a Draco en las costillas.

—Por eso estoy más gorda, imbécil —espetó, en respuesta a lo que había pasado durante la comida—. ¿Pero es que acaso no has visto a tu propia esposa? Porque ella también se está poniendo como una bola.

—¡PANSY! —exclamó Hermione, en parte graciosa y en parte iracunda.

—¿Qué? —Su amiga se acercó y le levantó la holgada camiseta—. Ya se te nota a ti también, querida.

Hermione levantó la suya con un burdo movimiento. Luego, alzó la barbilla con gusto y dijo:

—¡Ja! Estamos del mismo tiempo y tú estás más hinchada.

—Eso es porque el mío va a ser un niño. Un niño fuerte física e intelectualmente. Un niño digno de pertenecer a la noble casa Slytherin —dijo con orgullo. Todavía era pronto para saber el sexo de los bebés, pero ella ya intuía lo que traía—. En este horno no se hacen nimiedades, querida.

Hermione le dio un empujoncito cariñoso y volvió a taparse el vientre.

—Bueno —dijo, divertida, mientras se volvía hacia los hombres—. ¿No decís nada?

Las mentes de ambos todavía estaban asimilando las cosas.

—Entonces… —empezó diciendo Harry—. ¿Voy a ser padre?

—Vamos —le corrigió Draco—. Yo tengo otra camiseta, ¿ves?

—Tú y yo… ¿Padres? ¿Desde cuándo?

—Sí, ¿desde cuándo? ¿Y cómo es que no nos lo habéis dicho antes?

Hermione volvió a meter la mano en el cajón y sacó las varitas de ambos.

—Porque vais a ser padres y tíos a la vez —dijo, devolviéndoselas al fin. Ellos las tomaron, pero estaban tan confundidos que ni siquiera les prestaron atención—. Estos niños van a criarse juntos, lo sabéis ¿verdad?

—Lo que implica que vais a tener que pasar muchas, muchísimas horas juntos. Y nosotras queremos quedarnos tranquilas de que vais a ser capaces de hacerlo. No pueden estar volando hechizos y maldiciones por encima de las cabezas de nuestros bebés solo porque ustedes no os soportáis.

La explicación de Pansy caló muy hondo en ambos y, sin verlo venir, todo cobró sentido en lo que dura un latido del corazón. Cuando lograron salir de su estupor, cuando realmente entendieron que aquello no era una broma y que ellas habían tenido buenos motivos para ponerlos a prueba… todo se vio claro. Sin mediar palabra, ambos se apresuraron a alcanzar a las chicas con emoción. Draco levantó a Hermione del suelo con su abrazo, Harry tomó el rostro de Pansy entre sus manos y lo besó hasta que esta no pudo respirar.

De repente todo eran risas porque sobraban las palabras, porque ninguno necesitaba más explicaciones.

Un ambiente de júbilo inundó toda la cabaña. Harry acarició el vientre de Hermione y Draco puso una oreja cerca del de Pansy, a pesar de que todavía era demasiado pronto para escuchar nada. Y, cuando quisieron darse cuenta, los chicos se encontraban llorando. Ellas también lo hicieron cuando, de manera totalmente natural y sincera, sus esposos se dieron un súbito y fuerte abrazo.

Porque, por muy difícil que hubiera parecido durante toda su vida... ese día, después de cantar y bailar juntos, después de fingir que podían llevarse bien sin sentirlo realmente, al fin habían encontrado un motivo para confraternizar. Y uno muy, muy bueno además.

—Hay que decírselo a Snape —comentó Pansy.

Harry Potter tragó grueso, pero su garganta se había quedado completamente seca ante la idea.


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Cristy.