Capítulo 08.
Remus estaba un poco aburrido.
Sirius había salido en una cita y él se había quedado con Harry y los gemelos Weasley que habían venido a ver al Cachorro.
Se habían encerrado en una salita color burdeos y llevaban allí como una hora y media.
Habían puesto un hechizo silenciador así que no podía oír nada.
No es que quisiera espiarlos si no que había pasado por allí y no había escuchado ningún sonido.
Remus sospechaba que Harry le evitaba o algo parecido. Se había preguntado varias veces si al chico no le caía bien o si tenía algún problema con que él fuera un licántropo.
Incluso se lo había comentado a Sirius pero éste le había asegurado que eran imaginaciones suyas.
Sin embargo, Lunático había notado que cada vez que iba a visitarlos, Harry huía en cuanto podía y no le volvía a ver.
-¿Qué le pasará conmigo? -Se preguntaba el lobo.
Subió las escaleras para buscar un libro que fuera entretenido. Y al pasar por delante de la salita donde estaban Harry y los gemelos escuchó voces.
No quería escuchar así que se alejó. Pero cuando estaba a cierta distancia, escuchó su nombre y se detuvo curioso.
Sabía que no estaba bien escuchar conversaciones ajenas pero no por nada era un merodeador. Y a ver quién no se detiene a escuchar si oye su nombre detrás de la puerta.
Lunático tenía el oído muy fino pero decidió acercarse más para no perderse nada.
Se movió sigilosamente hasta estar delante de la puerta.
-¿... tu padrino? -Estaba preguntando uno de los gemelos.
-Sí. -Contestaba Harry.
-¿Y qué te dijo?
-Hablamos de que era complicado y también me dijo que ellos no habían tenido una relación. Que él y el profesor Lupin se querían como hermanos.
Remus se preguntaba de qué estarían hablando.
-¿Entonces vía libre no?
-No digas tonterías Fred.
-Soy George.
-Eres Fred.
-Mierda Potter. No es justo.
Remus escuchó como Harry reía.
-Te falta un año para cumplir los quince. Aún no sabes si...
-No seré yo.
-¿Cómo sabes eso?
-¿Por qué iba a ser yo?
-(¿Para qué tendrá que esperar a tener quince años?) -Se preguntaba el licántropo.
-Nunca se sabe. -Continuó diciendo uno de los pelirrojos.
-No quiero hacerme ilusiones. ¿Y si resulta que no lo es?
-¿Y si da la casualidad de que sí?
-El hecho de que yo esté enamorado de él, no quiere decir nada. Dudo mucho que yo sea la pareja destinada de Remus Lupin.
El licántropo no daba crédito a lo que oía.
-(Debe ser un malentendido) -Pensó.
Y decidió quedarse un poco más para saber a quién se refería en realidad.
-No seas tan pesimista hermanito.
-George tiene razón. No sabes si serás o no el compañero del profesor lupin.
-Me gustaría serlo, pero no creo que tenga esa suerte.
Definitivamente, Remus no había escuchado mal.
Decidió que ya no quería coger el libro y tampoco quería seguir delante de esa puerta escuchando.
-(Ya entiendo ese refrán que dice: "La curiosidad mató al gato". Yo soy un lobo, pero casi me desmallo.) -Pensaba aturdido.
Bajó las escaleras y se dispuso a esperar allí a su amigo.
Por suerte no tuvo que pasar mucho tiempo solo porque la puerta principal se abrió y Sirius entró en casa.
-Hola Canuto. ¿Qué tal la cita?
-Pésima. Sólo quiso salir conmigo por ser el padrino de Harry.
-Estúpida interesada. -Gruñó Lunático.
-Michelle Brice será la número doscientos cincuenta y tres de la lista de "Jamás en la vida".
El animago llamó a la elfina doméstica para que le sirviera un vaso de zumo de calabaza.
Remus decidió compartir con su amigo lo que había escuchado.
-Ya sé por qué el Cachorro me evita.
-Ya te he dicho que no lo hace.
-Bueno como quieras. Pero sé la razón por la cual no pasa mucho tiempo cerca de mí.
Canuto no estaba preocupado porque nunca adivinaría la verdadera razón.
-A ver dime otra de tus teorías.
-No es una teoría. Es la verdadera razón.
Sirius dio un trago a su zumo y esperó.
-He escuchado a Harry hablar con Fred y George. Yo no quería, pero dijeron mi nombre y me dio curiosidad.
El animago se preocupó.
-¿y?
-Te va a parecer una gilipollez pero... Harry...
-¿Qué pasa?
El Black había decidido hacerse el tonto.
-He escuchado que le gusto. -Susurró.
-¿Qué?
-¿Es una tontería verdad? ¿Cómo voy a gustarle? Debí haber oído mal y...
-Remus detente.
Sirius le miraba con seriedad.
-Cuéntame exactamente lo que has oído.
El licántropo ovedeció y le dijo todo lo que había escuchado detrás de la puerta.
-¿Qué opinas?
-Opino que no dirás nada. Harás como si no hubieras escuchado nada y no volveremos a mencionarlo.
-¿Crees que pueda ser mi...?
-Si lo fuera, cosa que no sé si ocurrirá, lo afrontaremos cuando pase. Si es que pasa.
-Pero es el hijo de Cornamenta.
-Por eso harás como si nada.
-¿Y si por alguna casualidad resulta ser mi compañero?
-Entonces amigo prepárate porque Jamie te cortará las pelotas desde el otro barrio y Lily te lanzará todo el repertorio de maldiciones que inventó para mantener alejado a Cornamenta.
El licántropo se estremeció.
-Se me hace tarde. Será mejor que me vaya.
-¿No quieres quedarte a cenar?
-¿Te estás riendo de mí?
-Eso te pasa por escuhchar lo que no debes.
-¿En serio? ¿Y eso me lo dices tú?
-Soy el maduro en esta relación.
-Eso ha sonado mal. -Dijo alguien detrás de Sirius.
Harry, Fred y George les miraban divertidos.
-Nosotros nos tenemos que ir.
-De acuerdo pelirrojos. Espero que lo hayáis pasado bien.
-Genial. -Dijeron ambos Weasley.
Tras despedirse, Fred, George y Remus se marcharon a sus casas.
-¿Qué tal te lo has pasado?
-Muy bien.
Sirius decidió que no le contaría lo que había oído Remus.
-¿Cenamos?
-De acuerdo.
Ambos se dirigieron a la cocina charlando animadamente de tribialidades.
