Disclaimer: Los personajes le pertenecen a J.K. Roulin.

Yo solo me entretengo con ellos.

Capítulo 10.

Blaise Zabini era un chico de quince años.

Al año siguiente cursaría su quinto año en Hogwarts.

El era alto, delgado pero musculoso, piel morena, pelo negro y ojos color chocolate.

Ante todo el colegio era un chico serio, superficial y preocupado solo por sus cosas.

Pero sus amigos sabían que Blaise en la intimidad era un chico alegre, atento, muy cariñoso y amante de las bromas.

Desde primer año se había fijado en los gemelos Weasley. Él era uno de los pocos que podía diferenciarlos porque les había observado. Por eso sabía que George era el gemelo que le gustaba.

A sus amigos se lo contó dos años más tarde.

A Draco casi le da un ataque de ansiedad, pero después de asimilarlo decidió que, aunque a él no le gustaran especialmente ninguna de esas comadrejas, apoyaría a su amigo.

En el baile de navidad del curso anterior, había conseguido bailar con George Weasley pero primero, sus amigos le habían mandado varios maleficios.

Tiempo después se habían besado y su pelirrojo, (ya consideraba que era suyo), le acompañó hasta la puerta de su sala común.

Blaise le espetó que no era ninguna señorita, pero lo único que hizo el mayor fue reírse y besarle.

Dos semanas más tarde, comenzaron a salir.

Llevaban seis meses como pareja.

No habían llegado aún a mantener relaciones, pero eso a los chicos no les importaba. Preferían esperar un poco más.

Al día siguiente, sería el decimoquinto cumpleaños de Potter, y George quería presentarle a su familia.

Sabía que al pelirrojo le preocupaba que no le gustaran porque él era un chico adinerado y los Weasley… no tenían mucho.

Los únicos que sabían de su relación eran su gemelo y Potter.

Fred Weasley le había hecho algunas bromas bastante pesadas y Potter le había lanzado hechizos bastante vergonzosos.

Estaba bastante nervioso porque no sabía como reaccionarían los Weasley al enterarse de que él y George salían juntos.

Draco y Theo también irían con él, como amigos suyos que eran.

Había costado bastante convencer a Draco, pero a Theo solo tuvo que decirle que Longbottom estaría allí.

Esperaba que no se originara una pelea.

Draco había prometido que se comportaría y Theo, bueno él estaría pendiente de cierto Gryffindor y nunca se había metido con los pelirrojos.

Los Slytherin habían decidido que irían de manera informal. Blaise no quería restregarles su fortuna en la cara.

Deseaba agradarle a la familia de su novio. Al moreno no le importaba realmente, pero sabía que para su pelirrojo era importante.

Al día siguiente, Theo, Draco y él, irían desde su mansión a la casa de los Weasley por la red flu.

Blaise decidió darse una ducha y meterse en la cama.

Sabía que mañana sería un día largo.

*-x-*

Harry estaba ansioso por ir a la madriguera.

Al día siguiente cumpliría quince años y no quería pasarlo con sus tíos.

Estaba nervioso porque al llegar su decimoquinto cumpleaños, sabría al toparse con Remus si era su pareja destinada o no.

Por un lado, quería encontrarse con el lobo, porque así sabría por fin si su amor sería correspondido.

Pero por otro lado, no quería encontrárselo porque… ¿Y si resultaba que no era su pareja destinada? ¿Y si descubría que no lo era, qué haría?

Pero… ¿Y si resultaba que sí era su compañero? ¿Qué ocurriría entonces? ¿Cómo lo sabría? ¿Sentiría algo al ver al licántropo? ¿Y si era la pareja de Remus pero él no se lo decía porque era el hijo de dos de sus mejores amigos y sentiría que los traicionaría si lo hiciera?

Todas esas preguntas nadaban en la cabeza de Harry como pececitos inquietos.

Harry se pasó una mano temblorosa por el pelo y suspiró de manera entrecortada.

Quería que llegara el treinta y uno de Julio, pero a la vez quería que no llegara.

El moreno deseaba con todas sus fuerzas ser el compañero de Remus y le asustaba saber que no lo sería.

Sabía que si no era el compañero del lobo, se le rompería el corazón. Lo sabía tan bien al igual que sabía que tenía los ojos verdes.

Fred y George le decían que no se preocupara, pero a solas en su cuarto no podía evitar hacerlo.

*-x-*

Ya habían acabado los preparativos de la fiesta sorpresa y todos se habían ido a descansar.

Por la mañana, Sirius iría a buscar a Harry y después de desayunar, le llevaría a la madriguera donde la fiesta duraría todo el día.

El animago estaba nervioso. Sabía lo que sentía su ahijado, y le preocupaba bastante lo que pasaría si al día siguiente, resultaba que él no era el compañero de Lunático.

Sabía que cuando los Potter se enamoraban, lo hacían de verdad y amaban con pasión y Sirius sabía que, si eran rechazados, sufrían como nadie.

Había vivido la experiencia con James y no quería que su ahijado pasara por algo así.

Y si resultaba que Harry y Remus eran almas gemelas, entonces esperaba que el licántropo no se comportara como un invécil y evitara al Cachorro.

Porque si hacía algo así, Sirius se encargaría de torturarlo al puro estilo Black.

Con esa decisión en mente, se duchó y se metió en la cama.

*-x-*

Charlie estaba en la habitación que compartía con Bill.

Pensaba en Sirius Black.

Para estar casi en los cuarenta y haber pasado doce años en prisión, se conservaba bastante bien.

El domador de dragones se había propuesto conquistar al seductor Sirius Black.

Si había podido convencer a su protectora madre de que quería irse a Rumanía a trabajar con dragones, podría conseguir que ese sexi hombre se fijara en él.

Aunque… ya había conseguido que le prestara atención.

No sería tan difícil como había creído en un principio.

-Serás totalmente Mío Black. Solo mío.

Con esas palabras, el pelirrojo sonrió y se quedó dormido.