Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a JK Rowling.
Yo no gano beneficio económico alguno escribiendo esto.
Capítulo 14.
Sirius y Harry estaban sentados en la cocina de Grimmauld place mirando por la ventana.
Habían terminado de comer y el menor estaba pensativo.
-¡Padriiinoo!
El animago se sobresaltó al escuchar el grito del joven que estaba frente a él.
-¿Por qué gritas cachorro?
-Quiero llevar a Remus a una cita. Y no me mires así. Es que no quiero que él lleve siempre la iniciativa. El hecho de que él sea el mayor, no significa que tenga que hacerlo todo.
-¿Y tenías que chillar?
-Realmente no pero ¿qué más da?
-Casi rompes mis tímpanos.
Harry se encogió de hombros.
-¿Y bien? ¿Qué puedo hacer para impresionarlo?
-Llévalo a una biblioteca, a un museo o algo así de aburrido.
-¡Oye! Mi novio no es aburrido.
-Yo diría que sí. -Bostezó.
-Te maldeciría se pudiera. -Gruñó Potter. -Pero es que eso es muy convencional. Yo quiero algo único. Especial.
-Llévalo a un bosque.
El menor le lanzó el vaso de cristal a la cabeza al animago.
-Vamos Cachorro. Solo era una broma.
-Te prometo que dormirás fuera. -Refunfuñó.
-Eso no es justo.
-La vida no es justa padrino.
-Puedes llevarlo a alguna dulcería. -Sugirió entonces.
A Harry se le iluminó la mirada.
-¡Ya sé!
Se levantó de la silla como un resorte.
-¿Me lo vas a decir?
-No. Por ser tan malo.
-Venga ahijado. Siento muchísima curiosidad.
-Pues dejaré que sea Remus quien te diga donde le voy a llevar. -Sonreía con travesura.
-¿Qué? ¡Pero eso no es justo!
Harry se fue riendo escaleras arriba.
Durante la siguiente semana, Canuto trató de todas las maneras que conocía que el menor le contara lo que se le había ocurrido pero no hubo manera.
-¿Me lo dirás hoy? -Preguntaba.
-No. -Era la respuesta del chico de ojos verdes.
-¿Aún seguís con eso? -Interrogó Remus apareciendo por la chimenea.
El animago refunfuñó por lo bajo.
Harry se acercó a su compañero para recibir un beso en los labios.
A veces el licántropo se sentía un poco mal por la diferencia de edad y también a causa de su maldición pero el adolescente había sacado la terquedad de su padre y siempre le daba motivos para no autocompadecerse. Aunque de todos modos no podría separarse de él aunque quisiera.
-Remm. Hoy iremos a un sitio.
-¿Dónde?
Harry le sonrió de aquella manera que le provocaba besarlo hasta cansarse.
-Es una sorpresa.
-¿La misma sorpresa que no has querido decirle a Sirius?
-Esa misma. Y vamos a ir a lo muggle así que… -Señaló su túnica.
Enseguida el castaño transformó su vestimenta en unos vaqueros y una camiseta azul.
Su novio asintió satisfecho y le cogió de la mano.
Black había tomado su forma de perro y estaba gimoteando.
-Ni aunque me pongas esa cara voy a ceder Canuto.
Luego el chico salió corriendo para no tener que escuchar sus lloriqueos. Le daban ganas de confortarlo como fuera.
-¡Manipulador! -Le gritó desde la puerta.
Cogieron el metro y un tren que les dejó en una zona urbana.
Caminaron varias manzanas hasta que Harry le hizo detenerse ante una fachada antigua y rota.
Sacó un pañuelo de su bolsillo y sin preguntar le vendó los ojos.
-Así mejor.
Caminaron un rato más.
Remus escuchaba y olfateaba con discreción todo a su alrededor para tratar de descifrar donde estaban.
Olió algo dulce y a medida que seguían avanzando el olor se intensificaba.
Supo que entraron en un lugar cubierto cuando su pareja volvió a detenerse y le quitó el antifaz improvisado.
"Chocolate artesanal y otros dulces".
-¿Me has traído a un taller de dulces? -La cara de Remus era como la de un niño emocionado el día de navidad.
-Sí.
Esta vez el que tiraba de su compañero era el hombre lobo.
Harry reía de dicha al ver a su pareja tan feliz.
Les dieron una visita guiada por todos los departamentos y después, a la salida les dieron de regalo una caja con todos los dulces que allí se hacían.
Cuando iban de vuelta a casa, ambos no dejaban de hablar emocionados de la visita.
Antes de llegar, se recostaron en el césped de un parque que a esas horas estaba casi desierto y compartieron algunos besos y tímidas caricias.
Sirius les esperaba en la puerta aún en su forma animaga.
Fue Remus quien le contó la cita emocionado como hacía tiempo no lo estaba.
