Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling.

La historia es mía.

No obtengo ningún tipo de beneficio lucrativo al escribir esto.


Capítulo 15.


Era la noche del 31 de Agosto. Al día siguiente Harry tendría que partir a la escuela pero no estaba para nada entusiasmado como en otras ocasiones.

Dumbledore iba a contratar a Remus como profesor de Defensa contra las artes oscuras, pero el ministerio había metido sus burocráticas narices y sería una funcionaria quien enseñaría la materia ese año.

Debido a la decepcionante cantidad de profesores que habían pasado por Hogwarts no quedándose más de un año, el ministerio había decidido tomar cartas en el asunto.

Harry echaba chispas y estaba que mordía. No quería estar lejos de Remus.

Había soñado con deslizarse de noche por los pasillos con su capa invisible y el mapa del merodeador y meterse en las habitaciones de su pareja sin ser visto.

Sin embargo ahora no podría verlo nada más que los fines de semana que hubiese salida a Hogsmeade y claro, que no coincidieran con la luna llena.

Remus entró en ese momento en la habitación que Harry ocupaba y se acostó a su lado en la cama.

El menor estaba cabreado, pero su molestia no tenía nada que ver con su compañero así que se dio la vuelta y lo abrazó en busca de caricias.

-¿Te quedarás esta noche? -Potter preguntó.

-Claro que sí.

-No me cae bien la nueva futura profesora de Defensa.

El licántropo rió.

-Aún no la conoces.

-Ya me cae mal. No tengo que conocerla para eso.

El mayor calló sus protestas besándolo.

-Aún puedo maldecirla en mi mente. -Harry gruñó cuando se separaron.

-No por mucho tiempo.

Los labios del hombre lobo descendieron por su cuello, su torso desnudo y sus manos acariciaron sus piernas.

Se esmeró porque su compañero se sintiera contento.

Remus se había negado a que hicieran el amor hasta la mayoría de edad del de ojos verdes, pero eso no quería decir que no hacían otras cosas.

Lupin acarició el miembro de Harry por encima del pijama y miraba como se retorcía y gemía arqueando la espalda y moviendo las caderas.

-Rem... Si paras te crucio.

El mayor le mordió los labios.

-¿Estás seguro, Harry?

-Muy seguro. -Gruñó. -Ni se te ocurra detenerte. Si solo vas a frotarme, al menos quiero que sea intenso.

-Sabes por qué no quiero que tengamos ese tipo de intimidad aún.

-Sí, sí. Ahora continúa moviendo esa mano tuya.

A veces Harry se sentía frustrado. Remus se negaba a dar ese paso con él y aunque comprendía que llevaban poco tiempo y que Remus era mucho mayor, él no dejaba de ser un adolescente y tenía hormonas. Y muy revueltas además.

Le daría de plazo hasta navidad. Si para entonces no había ocurrido, él mismo tomaría cartas en el asunto.

Llegó al clímax con un gemido ronco y Remus acabó unos segundos después.

-¿Mejor?

Harry asintió. No podía hablar todavía a causa de su rápida respiración.

Lupin realizó un hechizo de limpieza en ambos y se acomodó para dormir con su pareja.

-Rem.

-¿Mmm?

-No quiero dormir.

-¿Por qué no?

-Porque no voy a verte hasta Merlín sabe cuando y quiero aprovechar el tiempo contigo.

Durante toda la noche hablaron, se acariciaron y disfrutaron el uno del otro.


Llegó el día siguiente y Sirius se levantó un poco sorprendido. Todo estaba en silencio y no había nadie en la cocina.

Esto no le habría sorprendido ningún otro día, pero siendo 1 de Septiembre y además las nueve de la mañana, era extraño.

Subió las escaleras de nuevo y llamó a la puerta de la habitación de su ahijado.

Abrió sin esperar respuesta deshaciendo los hechizos que su mejor amigo había colocado.

-¿Estáis visibles? -Preguntó metiendo la cabeza en la habitación.

-Lárgate Sirius. -Remus le dijo.

-Son las nueve, Lunático. Y Harry tiene que desayunar y preparar lo que aún no haya metido en el baúl además de ducharse y vestirse.

-No quiero ir a Hogwarts. -El menor refunfuñó.

Black tomó la decisión más peligrosa en los últimos tiempos. Les lanzó un "Acuaeructo" y salió corriendo cuando un furioso y empapado licántropo se levantó.

-Quiero su piel y su pelo color Slytherin. -Harry le dijo a su novio. -Y quiero que toda la ropa que se ponga sea de ese color también. Y su forma animaga igual. Y asegúrate de que no pueda quitarse el hechizo hasta que yo venga en navidad.

-Lo que mi compañero pida. -Remus lo besó y se apresuró a cumplir con las demandas de su pequeño compañero.

Harry iba a pasárselo muy pero que muy bien.


Ya en el tren, riendo al recordar a Sirius como un Slytherin y sus intentos fallidos por quitarse la maldición le encontraron Fred, George, Ron y Hermione.

-Y su madre le dijo que al fin comenzaba a respetar a la familia Black y Sirius estuvo a punto del colapso. -Les contaba Harry.

Los que más se reían eran los gemelos. Ron estaba comiendo y Hermione miraba a Harry con el ceño fruncido.

-Hablando de otros temas... -Fred y George sellaron la puerta del compartimento y lo insonorizaron.

-¿Habéis avanzado algo? -George quiso saber.

Hacía casi dos años, cuando Sirius le había hablado de los animagos y de como Remus había pasado las transformaciones con sus amigos, Harry supo que quería convertirse en animago.

Fred y George habían estado muy de acuerdo con el tema al igual que Ron, pero Hermione no había querido ni oír hablar del tema.

Al final había aceptado para supervisar ella misma los pasos y evitar que nadie se hiciese daño.

Todos habían estado estudiando como locos transformaciones para mejorar en ellas.

Ron y Harry no se habían quejado porque de eso dependería su éxito en lo que a animagia se refería.

-No me fue muy bien. -Harry dijo. -No es fácil ocultar una hoja de mandrágora en mi boca...

-Cuando Remus vive explorándotela a diario. -Le interrumpió Fred.

-Pues lo intentaremos en cinco días. -Hermione intervino. -Será luna llena entonces y hasta al menos finales de Octubre no habrá salida a Hogsmeade y Harry no tendrá que explicarle a su novio por qué tiene una hoja de mandrágora en la boca.

-¡Eres una genio!

-Claro que lo es, George. Por eso le contamos el plan. -Harry se encogió de hombros.

-Y recuerda no tragártela, Ron.

-Solo fueron tres veces. -El pelirrojo menor se indignó.

-Bueno. Pues con eso resuelto, yo me voy a ver a mi serpiente.

Fred palmeó la espalda de su hermano.

-Eres valiente, Feorge. No sé si yo podría adentrarme en entorno reptiliano.

-Blaise merece la pena.

-Lo sé. Eres mi gemelo y te conozco.

-Sois cursis. -Ron se tapó las orejas. -Anda largo de aquí.

Los gemelos hicieron ruidos de besos mientras se alejaban.

-Vomitaré.

-No lo creo. Te gusta mantener la comida en tu estómago.

-Eso me ofende, Hermione.

-Lo dudo. -La chica se puso a leer.

Ron refunfuñó molesto pero no había nada que hacer.


El viaje se les hizo ameno y al llegar al comedor y tras la selección de todos los años, la presentación de la profesora de Defensa, lo dicho por Harry a Remus la noche anterior no cambió.

No le caía bien Dolores Umbridge. No por su rosada vestimenta ni por su cara de sapo, si no porque dio el típico discurso político que no sirve para nada interrumpiendo al director.

Harry presentía problemas. Y generalmente cuando presentía algo, se cumplía.