Como ya saben los personajes son de la maravillosa Stephenie Meyer y la historia es propiedad de la increíble Eve Langlais.
Esto es una ADAPTACIÓN. :)
CAPÍTULO 4:
Bella (POV)
-Buenos días, ratoncito.
La frase ronca casi le hizo mojar sus bragas. Dejando la llave en la cerradura de la peluquería, Bella se volvió tan rápidamente que su taza de café se derramó. El líquido caliente salpicó su mano, y ella gimió.
- ¡Ay! - Ella usó la excusa de la quemadura para prestar atención a su mano en lugar de a su visitante inesperado. Un visitante muy alto que obviamente había estado esperándola.
No era bueno. Sobre todo porque, a esta hora temprana, las aceras todavía estaban bastante vacías.
Dedos masculinos arrebataron la taza de su mano y la tiró en un cubo de basura cercano. Antes de que pudiera reaccionar, su apéndice lastimado fue alzado, y apretó sus labios contra su piel ardiente.
Al tacto, su mano no era la única cosa calentándose.
Oh, Dios. Quería culpar al temor por su ritmo cardíaco acelerado, y el pequeño temblor de sus extremidades, pero era lo suficientemente mayor y con experiencia suficiente para reconocer la atracción.
- ¿Qué estás haciendo?
- Besarlo para que mejore. - Excepto, que no se detuvo en un simple beso.
Bella miró sorprendida a Edward mientras la punta de su lengua se posaba en su piel quemada por el café. Amable. Demasiado lindo. Ella no podía dejar de imaginar cómo sería un golpe de su lengua contra la parte más sensible de su cuerpo.
¿Qué infiernos está mal conmigo? La cordura se reafirmó y tiró de su mano liberándola.
- No necesito esto, sobre todo porque tú eres la razón por la que me quemé en primer lugar.
- ¿Te he asustado ratoncito?
Su expresión le dijo claramente, duh, ¿qué te parece? No parecía arrepentido en absoluto, a juzgar por la sonrisa en sus labios.
Ack. Miró hacia otro lado. Se veía muy lindo cuando lo hizo ... y una distracción. Ella trató de cambiar el rumbo de las cosas de nuevo hacia un sentido menos seductor.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - Preguntó ella, echando un vistazo alrededor en busca de testigos, cualquier persona podría ayudarle si decidían repetir lo del día anterior.
Por otra parte, tal vez exageraba. No parecía molesto hoy. Por el contrario, sus ojos ardían con algo, pero si no se equivocaba, era más bien coqueteo que ira.
Teniendo en cuenta su reacción extrema, y el recuerdo de su arrogancia, ella no confiaba en él.
- Se me ocurrió después de nuestro pequeño incidente ayer que tal vez podría haber sido demasiado duro.
- ¿Quieres decir cuando te comportaste como un asno? - Deliberadamente lo insultó más que nada para recuperar el sentido del equilibrio.
- Sé que algunas de mis palabras fueron mal elegidas. Me disculpo por eso.
¿Él hizo qué? Ella sintió que sus ojos se ensancharon por la sorpresa de la inesperada disculpa.
- Um, gracias. Creo que probablemente debería decir que lamentó la masacre de tu cabello.
No pudo ocultar una mueca de dolor, incluso ante el recuerdo, y fue entonces cuando notó el sombrero de fieltro. Gris perla combinaba con su traje de chaqueta, pero aún así ... Se mordió el labio para que no se le escapara una risita. Aunque era un bonito sombrero, simplemente no le sentaba.
- Acerca de mi pelo. Se me ocurre que te debo una segunda oportunidad. Una verdadera oportunidad de cortarme el pelo .Aunque, probablemente, más corto de lo que pretendía inicialmente, dada nuestro malentendido.
- ¿Disculpa? ¿Acabo de oír que quieres que yo te corte el pelo? Ahora sé que estás jugando conmigo
- No hay trucos. Una vez que me calme ayer, tuve la oportunidad de reflexionar sobre lo sucedido. Realmente nunca te di una oportunidad. Dejé que el machismo nublara mi juicio. Pero en mi defensa, mis únicos otros cortes de pelo realizados por mujeres fueron hechos por mi madre y tías, cuya idea de un corte involucraba un tazón de cocina y tijeras.
Fue el turno de Bella para una mueca de dolor.
- Ay.
- Exacto. Tal vez eso podría ayudarte a entender mi vacilación. También debo admitir que más tarde hablé con tu tío en la peluquería. Inicialmente, había planeado volver a verlo para reparar el daño. Sin embargo,él me aseguro que eres la mejor que hay después de Aro.
Ella no pudo evitar hincharse de orgullo ante la alabanza.
- Estoy bastante solicitada - O así había sido hasta que su viejo salón se incendio en circunstancias sospechosas.
- ¿Qué dices si empezamos de nuevo? Hola, mi nombre es Edward. - Extendió la mano, y ella se quedó mirándolo.
¿Estaba jugando con ella? Le lanzó una mirada cautelosa, pero no vio nada en su cara, excepto sinceridad, o una muy buena falsificación de la misma.
Teniendo en cuenta que era uno de los clientes de su abuelo, y solo una perra lanzaría su disculpa en su rostro, sobre todo después de lo que había hecho, ella deslizó sus dedos en su mano enorme.
Fue consciente del cosquilleo eléctrico que se deslizó a través de ella. Independientemente de sus defectos, ella no podía negar su atracción por él.
- Yo Soy Bella.
-Bella. - La forma en que pronuncio las sílabas de su nombre envió un cosquilleo a través de ella. Lo bueno es que él no era locutor de radio por la noche. Habría muchas mujeres cansadas por la mañana.
- Bueno, Bella, ahora que hemos sido presentados correctamente, ¿me cortarías el pelo? Por favor.
Oh Dios mío, la forma en que lo dijo. Casi se apoyó contra la puerta buscando soporte. Su atracción por él era realmente una locura. Pero no era culpa suya. Era evidente que tenía un problema.
Me pregunto si hay una píldora que pueda tomar para prevenir la atracción por el tipo equivocado de chicos.
- No creo que sea una buena idea.
- Pero te necesito para hacerlo. - Ronroneó suavemente. Él se acercó más, y toda su atención fue tomada por él, su altura y tamaño imponente, un hombre grande como a ella le gustaban. Sus ojos se centraron en ella, intensos, sin miedo de encontrarse con su mirada, que era ridículamente sexy.
Quería presionarse contra él y suavizar la dura línea de sus labios, saborear la sonrisa burlona que se adivinaba en las comisuras de su boca.
¿Cómo podía esperar que le cortara el pelo cuando lo único que quería hacer era correr sus manos sobre él?
Necesitaba acompañantes para mantenerla en línea.
- Si vuelves en una hora cuando abramos, tendré todo arreglado.
- ¿Una hora? No, creo que podrías atenderme antes de alguna manera. Tengo una reunión de negocios esta mañana, y me gustaría mucho no ir así.
Ojos ambarinos le rogaron. Ella vaciló. Esos ojos eran demasiado seductores. Deseó poder apartar la mirada. Sin ceder
Pero ...
Técnicamente, le podría cortar el pelo ahora. Ella tenía la llave de la tienda. El único problema era que nadie había llegado aún.
¿Se atrevería a dejarlo entrar y a cortarle el pelo, sola? En otras palabras, ¿no confiaba en sí misma a solas con él?
¿Estoy siendo tan cobarde? Realmente necesitaba recuperar cierto control sobre sus hormonas. Ella no era una adolescente atolondrada adulada por un niño. Era una mujer, que sabía cómo manejarse a sí misma con el sexo opuesto. Ella también estaba muy bien informada de la palabra "no".
Ella podía resistirse a su encanto, y además, no sería como si fuera a estar a solas con el tipo grande por mucho tiempo. Su tío llegaría en poco tiempo, por no hablar de que había ventanas anchas de cristal y gente que pasando por la acera.
Testigos en caso de que sus manos pensaran traicionarla de nuevo.
¿Pero que de su seguridad? Quizás el coqueteo era un ardid. Tal vez toda su disculpa era para que bajara la guardia.
Mientras hablaban, las aceras habían comenzado a llenarse con la gente que empezaba su día.
Si el tipo grande quisiera dañarla habría testigos.
Sin embargo, mirando su expresión, que ardía con interés, pero sin rastro de furia, ella no tenía la impresión de que quisiera hacerle daño. Al menos no en formas dolorosas. Por el contrario, la mano que sostenía la suya, que él aún no había soltado, acarició con el pulgar su piel.
Hazlo.
No lo hagas.
Su mente estaba dividida, pero no era realmente sólo una opción. Bella no era de las que escuchaban a su coño habitualmente. El hombre se había tragado su orgullo y disculpado. Lo menos que podía hacer era ayudar.
- Ven y veré lo que puedo hacer. - Y por eso, ella quería decir hacer a su pelo, no hacerlo.
¿Por qué sus ánimos se desinflaron ante el pensamiento?
Finalmente soltó su mano, sólo para frotar el pulgar por su mejilla.
- Gracias. Yo apreció esto.
Ack. No, el hoyuelo no. Si ella no había cedido antes, lo haría ahora que desató la sonrisa más diabólica de agradecimiento.
Se obligó a darle la espalda .Con las manos temblorosas, ella usó la llave y entraron en la tienda.
Mientras trajinaba alrededor encendiendo las luces, girando la señal de abierto, y sacando sus artículos para el cabello de la bolsa esterilizada donde se colocaban los productos de limpieza, trató de ignorarlo.
No era fácil. Él parecía consumir el espacio de la habitación. No importa dónde se moviera, era intensamente consciente de él.
Colgó su chaqueta, revelando aún más de la parte superior del cuerpo. La camisa de vestir, hecha de una seda que nunca podría aspirar a pagar, moldeaba su pecho y brazos musculosos. Se aflojó la corbata mientras se movía con un lento contoneo hacia la silla de barbero.
Se sentó sin preguntar y procedió a mirarla en el espejo.
Yo debería haberlo hecho esperar. Muy tarde ahora. Tendría que cortarle el pelo.
Una sonrisa se escondía en la esquina de sus labios mientras ella buscó la capa protectora de vinilo a su alrededor.
- Te pongo nerviosa, - afirmó.
¡Si!
- No. Si estás hablando de mis manos torpes, todavía estoy esperando mi cafeína para arrancar, - ella mintió.
Para distraerlo, ella quito el sombrero de su cabeza y se estremeció cuando la fulmino con la mirada al ver la zona trasquilada. Ella deslizó sus dedos por sus cabellos sedosos, tratando de encontrar la manera de poder camuflarlo manteniendo su estilo preferido. Ay, si que había cortado demasiado. Una parte de ella temía por decirle la única opción que tenía para arreglarlo. Dudaba que le gustara su respuesta.
- Si voy a arreglarlo, entonces vamos a tener que cortar casi todo.
Para su sorpresa, no entró en erupción, aunque su rostro se tensó, y ella podría haber imaginado un maullido lastimero, el cual no tenía sentido en la tienda no había un gato. Cosas perezosas, peludas.
- Haz lo que debas a mi pelo. Confío en ti.
Las palabras no deberían haberle provocado un escalofrío, -del tipo erótico -abajo por columna vertebral, y sin embargo lo hizo, cada palabra que pronunciaba tan pecaminosamente sexy con su bajo barítono. Decidió cortar sólo lo necesario, y aunque él no tuviera una larga melena cobriza de surfista para el momento en que terminara, él se vería bien. Mejor que bien.
Demasiado delicioso para describirlo.
En serio. A medida que el cabello revoloteaba hasta el suelo y su aspecto cambiaba. Se veía más duro Más masculino.
Con cada corte, se intensificaban las líneas escarpadas de su rostro, la fuerza de su mandíbula cuadrada, y el hecho de que tenía una cabeza de forma perfecta.
Cuando terminó, ella dio un paso atrás y se mordió el labio inferior mientras observaba el resultado.
Mi dios sí que era atractivo.
O eso es lo que pensaba, pero su opinión no era la que importaba.
- ¿Qué piensas? - Preguntó mientras sostenía el espejo de mano en ángulo por detrás de él con el fin de darle un vistazo.
Por un momento, él no dijo nada, solo miró su reflejo en el espejo.
- Sabes, - dijo lentamente, - He estado luciendo el mismo corte de pelo durante años. Era mi look. Mi estilo. Así que esto es bastante drástico para mí.
Podía oír un 'pero' a continuación, y se preparó.
- Pero lamento no haberlo hecho hace años. Es un corte realmente bueno. - Sonaba sorprendido.
La tensión en su cuerpo disminuyo.
- ¿Así que te gusta? - No pudo evitar preguntar mientras desabrochaba la capa protectora y se la quitaba.
- Muchísimo. ¿Cuánto te debo?
Ella levanto las manos y las agito,
- Nada. Corre de mi cuenta.
Se levantó de la silla y se alzo sobre ella. La hacpia sentir pequeña.
- Tonterías. Insisto
- Considérelo mi disculpa por lo sucedido. - Ella se habría alejado de su presencia viril. Sin embargo, la bolsa que contenía sus potentes herramientas de pelo bloqueó su camino.
-Permíteme hacer algo por ti.
La baja voz ronca hizo que corriera un escalofrío a través de ella.
- Recomienda a tus amigos la barbería. - Ella ocupó sus manos con sus herramientas, limpiándolas y colocarlos en la bandeja.
Él agarró su mano y se la llevó a la boca, colocando un suave beso en la parte superior de la misma.
- Voy a dar buenas referencias de ti y de la barbería. - Él tarareó las palabras contra su piel.
Ella tiró de su mano.
- Um, ¿sabes qué?, Yo debería ir y hacer algo. Como doblar toallas. - O cambiar sus bragas. O ...
Ella parpadeó cuando él dijo,
- Tú y yo. Cena. Seis de la tarde, voy a volver a recogerte.
Antes de que pudiera negarse, se fue, sus anchos hombros apenas cabían a través de la puerta de la barbería. Sólo podía mirarle cuando él llegó a la acera. Hizo una pausa y le lanzó una mirada a través de la ventana. Él mostró su hoyuelo mortal y le guiñó un ojo.
Ella podría haber permanecido allí mirando en silencio por un tiempo si su tío no hubiera entrado y sorprendido. Había usado la entrada del callejón para acceder a la barbería.
-Bella, llegaste temprano.
Ella se dio la vuelta para enfrentarse a él, esperando no mostrar nada extraño en su expresión.
- Sí, llegue temprano porque tengo que salir antes. ¿Puedes cubrirme? - Debido a que necesitaba irse de aquí antes de que Edward llegase y ella hiciese algo tonto, como tener la esperanza de que besara otra parte de su cuerpo. Olvídate de sus manos, él debería abrazar otra parte, una que lo apreciase más, al igual que sus labios.
