Como ya saben los personajes son de la maravillosa Stephenie Meyer y la historia es propiedad de la increíble Eve Langlais.

Esto es una ADAPTACIÓN. :)

CAPÍTULO 5:

Edward (POV):

Un fuerte silbido distrajo a Edward de su tarea.

-Mira quién es un niño bonito otra vez. -Jasper entro a su oficina e inmediatamente se fijo en la nueva imagen.

Una criatura vanidosa, no es algo que jamás hubiese negado, Edward no podía dejar de arreglarse y lucirse.

-¿Te gusta? Creo que me hace parecer más distinguido.

-Y un imán total para las chicas también, chicas de la planta de telecomunicaciones están hablando de eso. Tal vez debería cortarme el pelo. ¿Quién te lo cortó?

-Cierta mujer que es feliz con unas tijeras.

-De ninguna manera. No me digas que seguiste el plan y te enfrentaste a la tía que te peló.

-Lo hice. Resulta que es muy talentosa cuando no estoy molestándola.

Jasper silbó.

-¡Ya lo creo! No me importaría que pusiese sus manos sobre mí.

Edward apretó sus labios antes de que se le escapase un gruñido. ¿Qué le pasaba a su león?

-Ella está muy ocupada.

-¿Y? Voy a pedir cita. ¿Cómo se llama la chica? -Preguntó Jasper.

-Mía. -¿Quién había dicho eso? Seguramente no había sido él. Edward casi miró a su alrededor para ver quién más estaba en su oficina, pero a juzgar por la boca abierta de Jasper, solo había un culpable. Su maldito gato, que parecía sentir algo por la chica humana.

Bueno, tal vez debería compartir la culpa porque su león no era el único que estaba intrigado con Bella. Aunque en principio, esa mañana fue a la peluquería y esperó a cierto ratón como parte de su plan de venganza, cambió de idea. Un cambio drástico.

El corte de pelo ayudo. Cogió lo que le había cabreado y le parecía un desastre de proporciones épicas y lo convirtió en algo positivo. Si tan sólo le hubiese dado una oportunidad a ella antes de entrar pisoteando en casa y despotricando ante todo aquel que quisiera escucharlo.

En retrospectiva, podría haber reaccionado de manera podría sentirse casi culpable de haber pasado toda la noche alternando entre rugir a las mujeres de su familia,que se habían ofrecido a rasgar a Bella en tiras,o gruñendo a sus primos,que casi se habían hecho pis en la alfombra de lo fuerte que se estaban riendo.

Pero el fantástico corte de pelo no era la única razón del cambio en su estado de ánimo. Las chispas de atracción que había entre ellos, incitado por el olor de la excitación de ella, que no podía ocultar de un depredador, había evaporado la ira que sentía al principio ...

No estaba seguro de lo que sentía, sólo de que volver a ver a Bella.

Si. Más Bella. Desnuda. Con una gran cantidad de lametones involucrados.

-¿Mina? ¿Es un nombre raro? -Jasper reflexionó en voz alta. -No creo que haya oído nunca ese nombre. ¿Es extranjera?

-No seas idiota. Su nombre es Bella, pero no quiero que te acerques a ella.

Porque Jasper era una mujeriego, y no le gustaría tener que matar a su beta. Pero lo haría si tuviese que hacerlo

No toques. Mía .

Vaya, podría haber gruñido esa parte en voz alta.

Jasper río.

-Santo cielo, tío.¿Qué diablos te pasó esta mañana? Ayer estabas diciendo "la venganza es mía" y hoy todo lo que dice es "ella es mía".

Edward recurrió a una mentira piadosa.

-No puedo vengarme apropiadamente si estás entrometiéndote. Así que mantente alejado de ella. Te avisaré cuando lo haya hecho.

Qué va ser ser nunca.

Realmente necesitaba tener una charla con su lado felino. Se estaba sintiendo territorial con la chica, y esa no era una opción.

Como alfa de su manada, cuando Edward se estableciese, sería por razones políticas y con alguien que tuviese el gen felino. En otras palabras, otro león o por lo menos con una cambia-formas felino, como él. Eso es lo que hacían los cambia-formas para mantener líneas de sangre pura.

No es que los humanos y los cambia-formas no pudiesen casarse y tener hijos. Se podía y lo hacían, pero había habido un problema. Sólo el diez por ciento de estos apareamientos mixtos, tenían cachorros con el gen animal. Dado el pequeño número de su población, no se podían permitir aparearse con humanos.

Aunque fuesen tentadores y dulces.

Sin embargo, dicho todo esto, eso no significaba que no pudiera jugar con Bella. Los gatos disfrutaban bromeando y jugando con ratones. Coger su dulce cola y hacerla chillar.

La cosa era, que sin importar cuántas veces se recordaba que era imposible tener una aventura, se pasaba el día pensando en ella. Y cuanto más pensaba en ella, más se dio cuenta de que la mujer luchadora que había conocido, no se comportaba necesariamente como los demás.

Edward estaba acostumbrado a que las mujeres se tirasen encima de él. Si no se sentían atraídos por su riqueza, entonces era por su poder, y no, no era la vanidad admitir que no era difícil de mirar.

A Edward no le falta la atención del sexo opuesto. Sin embargo, incluso él tenía que admitir que Bella no era como las mujeres con las que solía citarse. Por un lado, ella había intentado dejarle plantado.

Se sentó en una silla de una cafetería desde la que tenía una visión clara de la barbería, la vio justo antes de las cinco, asomándose furtivamente en ambas direcciones.

¿Tenía su ratón la esperanza de escapar de él?

No esta vez. Edward lanzó unos billetes sobre la mesa, salió de la cafetería y siguió a Bella, su instinto le hizo esconderse detrás de las paradas de autobuses o en el interior de las puertas de las tiendas, incluso antes de que ella se estirase para mirar por encima del hombro

Que fuese humana no quería decir que sus instintos no la estuviesen avisando de que la vigilaban. Sin embargo, no podía estar seguro porque estaba tratando con el rey de los depredadores. Edward sabía cómo mezclarse y rastrear sus presas. También sabía el momento justo en que atacar, cuándo ella menos lo esperaba.

-¿Corres hacía alguna parte?

Ella chilló y se tambaleó pero no cayó, porque él estiró la mano para agarrarla.

Ella se volvió hacia él.

-¿Qué demonios estás haciendo?

-Podría preguntarte lo mismo. Pensé que el plan era encontrarnos en la tienda. Sin embargo, ¿estás aquí cogiendo pescado? ¿Tienes una cita con un gato? -Le encantaba la ironía de sus palabras, pero odió su respuesta.

-Realmente soy más amante de los perros.

-Los gatos son hermosos.

-Son criaturas impertinentes que piensan que son los dueños.

Que bien conocía ya a su raza.

-Y siempre están expulsando bolas de pelo. No gracias. Prefiero un perro obediente cualquier día.

La obediencia estaba sobrevalorada, excepto que se tratase de uno de sus subordinados. Edward prefirió ser el único que daba las órdenes. Ella lo aprendería pronto.

-¿Supongo que vas a cambiarte y volver antes de las seis para nuestra cita para cenar?

A juzgar por la expresión de su rostro, la respuesta era no.

-Escucha, Edward. Eres un buen tipo y todo eso, y me alegro de que arregláramos las cosas, pero realmente no creo que debamos salir a cenar.

-Qué negligencia por mi parte. Por supuesto que no.

-Así que lo entiendes.

-Perfectamente. Después de un largo día de trabajo, probablemente estés cansada y solo quieres relajarte en tu cómodo sofá.

-Exactamente. -Ella aparecía tan aliviada, que hizo que se disfrutase de sus pocas siguientes palabras.

-Una idea fabulosa. Vamos a pedir la cena para llevar. -Él usó la punta del dedo para cerrarle la boca. -¿Alguna preferencia? ¿Chino? ¿Indio? ¿Italiano?

-Creo que me has entendido mal.

Él se inclinó total e intencionalmente invadiendo su espacio personal, lo suficientemente cerca como para escuchar el aleteo rápido de su pulso y ver que sus ojos se dilataban mientras lo miraba fijamente. ¿En cuanto a su olor? Podría haber babeado mientras su ansiedad y anticipación, aumentaban el aroma almizclado de su excitación.

-Entiendo que estás tratando para evitarme. El problema es que no voy a dejar que eso suceda. Vamos a cenar juntos. La pregunta es, ¿lo haremos en la intimidad de tu apartamento, sólo nosotros y con una cama cerca? O ¿vas a ser un ratón asustado y vas a insistir en algún lugar público?

Ella contuvo el aliento.

-No tengo miedo de ti.

-Así que ¿cenamos en tu casa?

-No, si tengo que cenar contigo, será en un restaurante.

-Muy bien. Nombra uno.

Debería haberse dado cuenta por su sonrisa, de que le iba a tender una emboscada. Y lo hizo.

-LongHorn.

El asador de la competencia.