Como ya saben los personajes son de la maravillosa Stephenie Meyer y la historia es propiedad de la increíble Eve Langlais.

Esto es una ADAPTACIÓN. :)

CAPÍTULO 6:

Exactamente ¿Cómo Bella termino sentada frente a Edward en un reservado con un menú en la mano?

Esto era exactamente lo contrario de lo que debería haber ocurrido. Había tenido todo planeado. Saldría temprano. Su tío de diría a Edward, si él se presentaba, que ella estaba enferma. El grandote se olvidaría de ella, y ella continuaría con su nueva vida.

Excepto, que él había sospechado que ella haría algo retorcido y había permanecido a la espera de ella.

Ella no sabía si sentirse halagada o llamar a la policía. Tampoco podía evitar sentirse impresionada de que la hubiera juzgado tan bien. Muchos de los chicos con los que había salido, o por los que había mostrado interés en los últimos años, nunca llegaron a entenderla realmente. Supusieron que era igual que todas las demás chicas.

Incorrecto. Bella era especial. Y no es que ella ¨necesitara medicación para dejar de escuchar voces¨ de todas maneras. Ella era única, e hizo las cosas a su manera, aunque a veces su manera significaba tomar una salida de cobardes. Por otra parte, Alistair le había enseñado bien. Lo que la condujo a pensar en Edward.

El persistente tipo grande era atractivo, como un cono bañado en chocolate. Ella sólo quería mordisquear y lamer. El ardiente interés estaba muy bien, ¿pero qué pasaba si resultaba ser otro psicópata como su ex?

El hecho de que ella hubiera conseguido que Edward acordara llevarla a un restaurante de la competencia decía mucho. A pesar de su evidente disgusto por la forma en que lo había manipulado, él lo había tomado de buen grado, Y ahora la haría pagar. Un diablo artero y guapo.

Pidió y recibió un reservado en el último rincón donde la iluminación era tenue, un romántico ambiente para los amantes.

Pero no somos amantes.

Todavía. Porque, en verdad, el hombre la atraía de verdad.

Ella podría haberse abofeteado a sí misma. No. Mala Bella. Ella no estaba en un punto de su vida donde necesitaba algún tipo de compromiso.

Se estaba adelantando un poco, ¿verdad?

La reprimenda de su propia voz interior la freno. Después de todo, él había coqueteado, pero ¿quién dijo que estaba buscando una relación? Podría ser que sólo quisiera un poco de compañerismo desnudo. Aunque por qué la elegiría a ella, no lo podía comprender.

Bella no se hacía ilusiones cuando se trataba de su imagen. Ella era linda, sobre lo cual ella estaría de acuerdo. Sin embargo, estaba aproximadamente ocho libras por debajo del peso ideal para ser considerada una figura perfecta.

Eso no era exactamente algo que Bella considerara un cumplido o un atributo positivo para su currículum de citas. Ella tenía el pelo muy bien, sin embargo, y unos ojos bonitos. ¨Una chica de aspecto agradable¨, como a su tío le gustaba decir.

Lo que, traducido, significaba que ella no era el tipo de mujer que los hombres, especialmente magnates multimillonarios, del tipo como Edward, perseguían. A menos que le gustara el desafío.

¿Podría tal vez su negativa a darle la hora del día lo que lo llevó a interesarse de ella?

-Te vez demasiado seria para alguien que está tratando de elegir un aperitivo-murmuró.

El suave ronroneo de su voz debía venir con una etiqueta de advertencia al igual que los anuncios en la televisión. ¨Por favor tenga en cuenta que el tío bueno sentado frente a usted puede causar palpitaciones en el corazón, manos sudorosas, bragas mojadas, y un hambre por las cosas que no se deben comer en público.¨

Ella se armó de valor antes de asomarse y atrapar su mirada por encima de su menú.

-Solo estaba debatiendo sobre si quiero una ensalada para comenzar o algunos champiñones rellenos.

-O simplemente podrías comerme a mí, -dijo con un guiño.

-¡Edward! -sus atrevidas palabras la sobresaltaron y no hicieron nada para frenar la excitación con la que ya luchaba. Se sonrojo por el calor, y sólo podía imaginar el color de sus mejillas. No fue difícil fingir vergüenza y enterrar su cara en el menú de nuevo.

-Oh, vamos, ratoncita. No te pongas así.

-Me estás haciendo proposiciones.

-No, sólo estaba siendo honesto acerca de lo que los dos estamos pensando.

-Él lo adivino. De ninguna manera podía saber lo que ella deseaba.

-No sé de lo que estás hablando.

Él hizo un ruido.

-No sé por qué sientes la necesidad de fingir.

- ¿Fingir qué?

-Que no nos sentimos atraídos el uno por el otro.

-No sé de dónde sacaste esa idea. Eres un tipo interesante, seguro, pero eso es todo.

-Mentirosa. -Y lo demostró tomándola de la mano y acariciando su piel con el pulgar. Ella no pudo ocultar un temblor ante el contacto.

-Te toco, y tiemblas.

Realmente necesitaba afeitarse esa ceja expresiva y sexy. Tal vez entonces no tendría el impulso de abanicarse.

-Podría ser de repugnancia.

Dejó escapar una breve carcajada.

-Tú y yo sabemos que eso no es cierto.

Dado que negarlo estaba fuera de lugar, cambió sus tácticas.

-Bien. Eres atractivo. Aun así creo que no deberíamos ir más lejos. Somos obviamente de dos mundos diferentes.

-Sí. -Él ni siquiera trató de negarlo.

Qué decepción. Había esperado más argumentos. ¿Qué dice eso de mí exactamente?

-¿Entonces por qué esto? ¿Por qué estás tan decidido a vino, cena y... joderme? -Ella deliberadamente lo hizo sonar crudo, para romper el hechizo entre ellos.

-¿Joderte? Tengo más delicadeza que eso, te lo aseguro, ratoncita. Cuando estemos juntos, te prometo que será un acontecimiento de placer sensual.

-Digamos que dejo que eso suceda. Que tenemos sexo, entonces, ¿qué? Ya te he dicho que no quiero un compromiso. No puedo. - No hasta que ella pudiera estar segura de que los errores de su pasado no volverían a molestarla.

-¿No puedes? -calculo que se fijaría en una sola palabra. -¿Estás viendo a alguien? -Fue gracioso como el soltó la pregunta, como si estuviera enojado, y su mirada brillo de color ámbar en la penumbra.

Casi felina. Totalmente loco. Probablemente fue un truco raro de la luz, al igual que las personas a veces tienen ojos rojos de diablo en las fotografías.

-No, no estoy viendo a nadie. Ya no. Pero digamos que mi última relación terminó de una forma bastante fea. –Eufemismo del siglo. - Teniendo en cuenta lo que me paso, necesito un descanso de todo el asunto de las citas.

-Entonces no nos comprometeremos. Yo, además, no estoy en un punto en mi vida donde esté buscando un para siempre. Sin embargo, no me importaría una compañera para apasionadas tertulias.

Le tomó un momento, y ella podría haber parpadeado un par de veces antes de decir:

-¿Me estás pidiendo que seamos follamigos?

El hizo una mueca de disgusto.

-Creo que el término correcto es amante.

Bella no pudo evitarlo. Ella se rió.

-¿Qué es tan gracioso? -Preguntó, frunciendo el ceño haciendo que sus cejas se juntarán.

-Toda esta conversación. Te das cuenta de que esto es totalmente anormal, ¿verdad?

-Por el contrario, creo que es refrescante que hoy en día un hombre y una mujer que se encuentran atraídos el uno por el otro puedan tener una discusión civilizada sobre la participación en una asociación sexual que no implique ningún apego emocional o compromiso a largo plazo.

Dicho con total seriedad. Una amante. Vistiendo negligé, una desvergonzada que le susurraba con voz suave a su amante trajeado. Momentos salvajes y apasionados, seguidos por joyas y un escape rápido para él.

La imagen mental fue demasiado. Ella se rió más fuerte.

Y, al parecer, a él no le gustó.

-Deja de reírte. -ordenó, con una voz severa tan sexy como única y coqueta.

-¿Es aquí donde te empiezo a llamar señor? ¿O amo? -Ella se rió y, para su mortificación, él resopló, lo que a su vez la llevó a reírse con más energía.

Prácticamente llorando ella se reía tan fuerte, que no se dio cuenta inmediatamente de su acción hasta que se deslizo sobre el asiento del reservado al lado de ella. Se dio la vuelta para mirarlo, y él aprovechó, ahuecando la barbilla con su mano. Él la hizo callar con un beso.

De repente, nada era divertido, pero todo estaba en llamas.

La mano que agarraba su barbilla se deslizó hasta que tomó el lado de su cara, acunándola en la palma de su grande mano. Sus labios se abrieron ante su persistencia persuasiva. Al parecer, él quería su sabor porque su lengua recorría la longitud de sus labios, trazándolos, antes de sumergirse para bailar con la suya.

Mantuvo las manos cruzadas sobre el regazo, clavándose los dedos con fuerza. Ella temía dejarlos sueltos.

Sabía que irían a su cuerpo y acariciarían los duros músculos que se adivinaban bajo su camisa. Burlándose de su continua insistencia en que no debían juntarse.

Él, sin embargo, no tenía tanto miedo. Mientras que por un lado le acariciaba la mejilla, la otra mano la tenía en el espacio justo debajo de la caja torácica. Había envuelto su brazo alrededor de ella, sin problemas por su figura un poco esbelta, no considerando donde descansaba su mano, y avanzó lentamente hacia arriba.

La tela que los separaba no hizo nada para impedir la excitación cuando su impresionante mano capturo su pecho dolorido. Su boca absorbió su pequeño sonido de placer. Ella se retorció en su asiento, sus muslos apretados juntos. Pero no sirvió de nada para aliviar el aumento, la dolorosa presión entre sus piernas.

Pero ¿sabes lo que realmente actuó como un cubo de agua fría?

Ser atrapada.