DISCLAIMER: la historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, yo solo me adjudico la adaptación

Bella Swan es enfermera del equipo de urgencias del 061 de Sevilla. Su vida transcurre entre el trabajo y su relación secreta con Jacob Black, el mejor amigo de su hermano y médico de su equipo, relación que este no parece dispuesto a formalizar. Edward Cullen, miembro del equipo alfa del Team Six de los Seals, acaba de regresar de Afganistán. Su vida y la de Bella se cruzan tras ser apuñalado en la calle. Se trata de un hombre joven, corpulento, con una poblada barba rubia y unos espectaculares ojos azules. Un hombre cuyo torso y alma están marcados por profundas cicatrices. Desde ese encuentro, Bella no podrá dejar de pensar en el americano. Pero Edward se prohibirá a sí mismo sentir algo por la joven enfermera. Está a punto de enfrentarse a la misión más importante de su vida y, por nada del mundo, quiere ponerla a ella en peligro. Los Vulturi son la más peligrosa organización criminal de toda Europa. Son salvajes, despiadados, se financian con la prostitución y el tráfico de seres humanos, y Bella está a punto de caer en sus redes, sin imaginar las consecuencias.


13 - Sorpresa

La despedida había sido larga, ninguno de los dos parecía dispuesto a apartarse del otro con facilidad.

Abrazados, la había besado sobre los párpados cerrados, también en la nariz y en el surco de esta con los labios. El tacto de sus labios sobre su piel era una sensación que guardaría en su memoria para siempre. Había disfrutado de cada caricia, de cada segundo a su lado.

«No sé cuándo regresaré a España. Si será dentro de un mes o de un año, pero necesito volver a verte»

Cerró los ojos detenida frente al garaje de casa y saboreó de nuevo sus palabras y sus besos, sintiendo de nuevo cosquillas en el estómago.

En su pecho había una auténtica contradicción de sentimientos: estaba feliz por el fin de semana que acababa de vivir y, sin embargo, la invadía una profunda pena al pensar que no volvería a verle al menos en una buena temporada.

Accionó la puerta del garaje con el mando a distancia del salpicadero y esta comenzó a abrirse despacio. Aparcó en el interior y se disponía a cerrar cuando percibió la silueta de alguien que se acercaba. Iluminado por la luz anaranjada de las farolas de la acera, pudo distinguir cómo Jacob se detenía junto al portalón metálico.

— Buenas noches, Bella.

— No tengo nada que hablar contigo —respondió altiva, ya fuera del coche y dispuesta a cerrarle la puerta en las narices.

— Escúchame, por favor. He venido a disculparme.

— Un poco tarde. No quiero tus disculpas.

— Aun así necesito decirte que lo siento. Siento haberme comportado como un imbécil —dijo caminando hacia ella, con una bolsa de papel rojo brillante en la mano.

— Lárgate, Jacob. No quiero volver a saber nada de ti.

— ¿Qué te pasa? ¿Por qué me miras con esa cara de asco? Soy yo. Me he equivocado y lo siento. A veces soy demasiado impulsivo, parece que no me conozcas.

— Ya no sé si te conozco, porque el energúmeno que me destrozó el teléfono el viernes por la noche no se parece en nada al Jacob que yo conocía. Vete.

— Perdóname, por favor. No me importa lo que haya pasado entre ese tipo y tú —dijo acercándose aún más, antes de detenerse frente a ella—. Quiero estar contigo, esta vez a los ojos del mundo entero, quiero que seas mi novia.

— Yo no. Ya no.

— ¿Por qué no? Bella, por favor, dame otra oportunidad. Te demostraré que…

— No tienes nada que demostrarme. Acepto tus disculpas, pero no esperes que lo olvide y mucho menos que vuelva contigo.

— Sé que estuvo muy mal lo que hice, pero estaba celoso. Te quiero y lamento ser tan idiota de necesitar perderte para darme cuenta.

— Yo también lo siento, de todo corazón, pero tengo muy claro que lo nuestro se ha acabado, será mejor que te marches.

— Está bien. Me voy, pero antes quiero darte esto. —Sacó un paquete de la bolsa roja envuelto en papel de regalo—. Ayer, en cuanto salí de la guardia, te compré un móvil, es un Samsung Galaxy S6, como el mío.

— No lo necesito.

— Sí lo necesitas. Sé que no tienes dinero para comprarte un teléfono nuevo y es lo menos que puedo hacer, no me debes nada. Yo lo rompí y era mi deber comprarte uno nuevo. Adiós, Bella —dijo dejando la bolsa en el suelo, convencido de que jamás la aceptaría de sus manos, y se marchó.

En cuanto abandonó el garaje, pulsó el interruptor para cerrar la puerta y se dirigió al interior de la casa. Por un momento se descubrió a sí misma sintiendo lástima por él. Jacob nunca se disculpaba, y acababa de hacerlo, acababa de pedirle perdón. Sabía cuánto debía haberle costado, pero algo en su interior había cambiado y no podía volver a mirarle con los mismos ojos.

Ya no estaba enamorada de él, si es que alguna vez lo estuvo en realidad, y sus sentimientos no habían sido una pura fantasía idealizada de lo que debía ser una relación. Aquel fin de semana con Edward la había renovado por completo. Había tomado el saco de sus sentimientos y los había volcado sobre la alfombra. Había disfrutado de cada sensación que había provocado en su cuerpo, pero también en su alma. Y esto la asustaba tanto como la hacía sentir feliz.

La casa estaba en silencio. ¿Dónde estaba Rose? ¿Qué clase de catástrofe natural impediría que estuviese aguardándola ávida de noticias? Quizá había ido a tomar algo con alguna de las compañeras del supermercado, pero, si la conocía como creía, no era normal que no la asaltase al cruzar la puerta en busca de información, sobre todo después de que hubiese pasado la noche fuera.

Dejó la bolsa con el vestido de fiesta y los tacones junto a la lavadora en el trastero de la cocina y subió las escaleras dispuesta a darse una ducha con la que eliminar los restos de arena y salitre de su piel.

Tomó ropa interior en su habitación y entonces oyó un golpe seco proveniente del cuarto de Rose, a dos puertas del suyo. Caminó hasta detenerse ante este y sintió otro golpe, un clap seco en la pared.

Abrió la puerta decidida y lo que vio la dejó sin aliento. Su mejor amiga se estiraba cual contorsionista, desnuda, a horcajadas sobre el cuerpo de un chico moreno. Ambos la miraron, Bella emitió un acelerado «perdón» y cerró veloz tras de sí. Sin embargo, volvió a abrir la puerta para dar crédito a lo que acababa de ver con sus propios ojos, y de nuevo la cerró de golpe.

No estaba loca.

No veía visiones.

Era su hermano, su hermano Emmet era el chico sobre el que Rose cabalgaba como si no hubiese un mañana.

Se metió en la bañera colorada como un tomate, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Después bajó a la cocina y allí encontró a su mejor amiga, de espaldas, picando verduras con las que preparar la cena.

— ¿Y tú ligue, no se queda a cenar?

Rose se giró y la miró con una mueca de absoluta felicidad en los labios llenos.

— Este ha sido el mejor fin de semana de toda mi vida.

— También el mío, te lo aseguro. ¿Cómo fue? —preguntó tomando asiento a la mesa de la cocina, frente a ella.

— Ayer, cuando vino a decirme que habías llegado sana y salva le invité a comer. Estuvimos rememorando mil batallitas de cuando éramos críos y bebiendo vino blanco con los espaguetis al pesto que había preparado.

— A Emmet le encantan tus espaguetis al pesto.

— Por eso los hice —admitió con una sonrisa pícara, echando en la sartén las verduras que chisporrotearon al contacto con el aceite—. Nos dieron las once de la noche aquí en la cocina hablando, leyó tu mensaje de que te quedabas a dormir en un bungaló y jugamos un rato a las cartas. Cuando dijo que se iba le acompañé a la puerta, él cogió la chaqueta del perchero, se la puso, y entonces se me quedó mirando muy fijamente y me besó. Qué beso, Bella. No me avergüenza admitir que lo había imaginado mil veces, prácticamente desde que le conocí la primera vez que vine contigo a casa, pero la realidad ha sido mucho mejor.

— Me alegro muchísimo por ti.

— Si pudiese volver atrás en el tiempo y encontrarme a la Rose de dieciséis años con los braquets, los rizos a lo afro y el pasador de carey en el pelo, le diría que estuviese tranquila, porque todos esos suspiros por él merecerían la pena. Ha sido maravilloso.

— Y habéis hablado algo o solo habéis…

— ¿Algo como qué?

— Como si vais a continuar viéndoos y eso.

— Nos hemos pasado desde ayer metidos en ese dormitorio saliendo solo para comer, no nos ha dado tiempo a hablar mucho, la verdad.

— Tampoco necesito tantos detalles.

— Y aun así me muero de ganas de volver a estar con él. Se ha ido un poco deprisa porque trabaja esta noche.

— Ya —admitió, aunque en su interior temía que su hermano se hubiese marchado tan rápido para esquivar su interrogatorio acerca de cuáles eran sus intenciones para con Rose.

— No me mires con esa cara.

— ¿Qué le pasa a mi cara?

— Tienes cara de temer que puedo llevarme un gran palo.

— Es que puedes llevártelo. Ya sabes como es mi hermano, es como Jacob…

— A tu hermano no lo compares con ese mal bicho.

— No me refiero en la forma de ser, Rose. Claro que mi hermano es mucho mejor que Jacob, mil veces mejor, pero en el tema de las chicas… ¿cuántas novias le has conocido? Montones. Y nunca ha durado con ninguno más de seis meses. Sin contar los aquí te pillo aquí te mato de los que no nos hemos enterado.

— Ya lo sé, Bella. No me hago ilusiones, en serio. Lo he pasado genial este fin de semana, al fin ha sido mío y solo mío, al menos por unas horas. Lo que tenga que ser será —dijo resignada—. Pero, por favor, te pido que no hables con él, no vayas a interrogarle sobre sus intenciones.

— ¿Por qué no?

— Porque te lo pido yo. Si tiene que llamarme que sea porque le apetece, no porque su hermana le ha insistido. Entiéndeme, por favor.

— Vaaaale, no le diré nada.

— Promételo.

— Prometido.

— Bueno, ¿y tú? ¡Cuéntame! ¿Cómo te ha ido la boda? Y sobre todo ¿cómo te ha ido después de la boda?

— La boda fatal. Peor de lo que me esperaba, apenas conocía a nadie, solo he visto de lejos a un par de sus amigas de la infancia y a la insoportable de su amiga Sofía. Apenas ha ido gente de Los Palacios, debían ser todos amigos del novio.

— No me extraña, si quiere dejar atrás su vida de pobretona no querría estropear su enlace invitando a gente normal.

— Y bueno, después de aguantar cosas muy feas, les dije a la cara todo lo que pensaba de ellas.

— ¡¿Queeeé?! No me lo puedo creer.

— Pues créetelo. Se lo merecían y me quedé más que a gusto. Mi tía me llamó descarada y mi prima habrá tenido que ir al médico para que le recoloquen la mandíbula. —Rose reía a carcajadas, la hacía muy feliz que al fin su amiga hubiese puesto en su sitio a ese par de arpías—. Pero a pesar de todo eso, de ese mal rato, ha sido uno de los mejores días de mi vida. Y todo gracias a él, a Edward. Hemos reído, hemos hablado hasta las tantas de la madrugada…

— Como me digas que otra vez has pasado la noche con él y no os habéis acostado me hago el harakiri con el cucharón ahora mismo.

— No te lo diré.

— O sea, que ha habido tema.

—Ha habido de todo. Espectacular.

— Ay, hija, no seas tan sosa, dame algún detalle.

— Sabes que me da vergüenza hablar de esas cosas.

— Por Dios, Bella, que no te estoy pidiendo que me describas cómo la tiene, que dicho sea de paso no me importaría saberlo, sino que me cuentes cómo es en la cama. Si se lo monta bien, si te hizo tocar el cielo…

— Me ha hecho ver fuegos artificiales, ¡y eso es lo máximo que voy a contarte! —zanjó sintiendo cómo se enrojecía.

Era una mujer muy pudorosa al hablar de sus relaciones íntimas, todo lo contrario que su mejor amiga, que al oírla aplaudió de alegría. Rose quitó la sartén del fuego y caminando hasta ella la abrazó.

— Cuánto me alegro de que al fin ambas hayamos encontrado un poquito de felicidad.

— Pero Edward regresa mañana a Estados Unidos y me da miedo no volver a verle.

— Volverás a verle, estoy segura. Vi cómo te miraba el otro día, te comía con los ojos, Bella.

— Ojalá tengas razón, porque me gusta de verdad.

— Ay, mi niña, que ha encontrado a su propio galán de novela.

— No te burles.

— No lo hago. Volverá a por ti, créeme. Si me equivoco, te prometo que tiro el pijama de osos panda a la basura. — Aquella era una apuesta muy alta, el dichoso pijama la acompañaba desde la adolescencia y Bella estaba deseosa de prenderle fuego, harta de verlo año tras año recosido, desgastado y con más bolas que un árbol de Navidad.


Reviews...?