DISCLAIMER: la historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, yo solo me adjudico la adaptación

Bella Swan es enfermera del equipo de urgencias del 061 de Sevilla. Su vida transcurre entre el trabajo y su relación secreta con Jacob Black, el mejor amigo de su hermano y médico de su equipo, relación que este no parece dispuesto a formalizar. Edward Cullen, miembro del equipo alfa del Team Six de los Seals, acaba de regresar de Afganistán. Su vida y la de Bella se cruzan tras ser apuñalado en la calle. Se trata de un hombre joven, corpulento, con una poblada barba rubia y unos espectaculares ojos azules. Un hombre cuyo torso y alma están marcados por profundas cicatrices. Desde ese encuentro, Bella no podrá dejar de pensar en el americano. Pero Edward se prohibirá a sí mismo sentir algo por la joven enfermera. Está a punto de enfrentarse a la misión más importante de su vida y, por nada del mundo, quiere ponerla a ella en peligro. Los Vulturi son la más peligrosa organización criminal de toda Europa. Son salvajes, despiadados, se financian con la prostitución y el tráfico de seres humanos, y Bella está a punto de caer en sus redes, sin imaginar las consecuencias.


17 - Fractura de cráneo

—Tienes más mala cara que Marco en el Día de la Madre —aseguró su hermano entrando en la cocina.

Sonrió y limpió las lágrimas en el hombro de su camiseta con disimulo. Eran las seis de la mañana. Dio otro sorbo a su café y suspiró. Emmet se sirvió una taza y se sentó a su lado a la mesa—. ¿Qué ha pasado, María Magdalena? —preguntó desvelando que no había pasado por alto sus ojos llorosos.

— ¿Trabajas por la mañana?

—Sí, voy al apartamento a cambiarme. Cuéntame, ¿por qué se ha largado de madrugada?

— ¿Lo has oído?

—Os he oído discutir.

—No discutíamos. Es solo que tenía cosas que hacer.

— ¿A las cuatro de la mañana?

—Sí.

—Venga, cuéntame, ¿qué pasa con ese tío? ¿Está casado, tiene mujer y seis hijos o qué?

— ¿En serio? ¿En serio tú quieres que yo te hable de una de mis relaciones?

—Si no quieres no, pero sabes que me tienes para lo que necesites y que aunque me cueste asimilar que mi hermanita… en fin…

—Necesita algo de sexo igual que tú…

— ¡Ni lo digas! —pidió estremeciéndose como si le diese repelús aceptarlo siquiera—. En fin, pues eso, que, por supuesto sin detalles, puedes confiar en mí. Aunque no estén papá y mamá nos tendremos el uno al otro, siempre. — Aquellas palabras la hicieron romper a llorar de nuevo—. Eh, no seas tonta.

—Te quiero mucho, Emmet, gracias por estar cuando te necesito —confesó entre lágrimas de emoción—. Edward no me ha hecho nada, es un hombre maravilloso, de verdad, y ojalá él mismo se diese cuenta y se valorase como merece.

—Yo solo espero que no se atreva a hacerte daño. Y si lo hace, ya sabes que aún conservamos la motosierra de papá en el garaje —aseguró guiñándole un ojo, dando un nuevo sorbo de su café.

—Emmet, ¿quién es Aro Vulturi? —preguntó de improviso, los ojos negros de su hermano se abrieron mucho por encima de la taza humeante.

— ¿Por qué lo preguntas?

—He visto en el periódico una noticia en la que hablaban de él —mintió.

—Es el líder en España de una organización criminal que opera en toda Europa, los Vulturis.

—Vaya.

—Sí, pero su origen está en redes de contrabando y prostitución de la Europa del Este. Controlan gran parte de las mafias que se dedican al tráfico de seres humanos y, por supuesto, también de droga. Funcionan como una guerrilla terrorista, están muy organizados y ni uno solo de sus miembros delata al resto porque saben que, si lo hacen, su venganza alcanzará a sus familias fuera de la cárcel. Ese tipo es una buena pieza. ¿Y que decían en la noticia?

— ¿Qué noticia?

—La que has leído.

—Ah. Que podía estar por Sevilla.

—Espero que no, estos tipos son peligrosos de verdad.

«Peligrosos de verdad»

Las últimas palabras de su hermano antes de marcharse no dejaban de acecharla. Trataba de pensar en otra cosa, incluso se puso a limpiar la cocina, quizá el perfume del limpiahornos penetrase en su mente lo suficiente para atontarla, pero fue inútil, regresaban a ella sin parar.

«Peligrosos de verdad»

Eran asesinos, auténticos monstruos, una guerrilla organizada capaz de lo peor y Edward planeaba enfrentarse a ellos casi con las manos vacías. No podía quedarse parada esperando. Aguardando a que en las noticias informasen de que había aparecido el cadáver de un hombre tirado en una cuneta, si es que aparecía. Porque quizá esa chica, Tanya, estuviese con semejante criminal por propia voluntad, seducida por el poder del dinero. Y en ese caso no le haría la menor gracia que alguien de su pasado irrumpiese en su vida con una prueba de ADN reclamando algún tipo de poder de decisión sobre su hija.

¿Y si ella misma le pedía a Aro que le eliminase?

Aquella mujer no tenía por qué ser una mafiosa como su pareja, pero ¿cómo alguien que no lo fuese soportaría estar junto a un tipo así? Desconociendo sus actividades delictivas, sin duda.

—Buenos días —la saludó Rose entrando en la cocina ataviada con el sobrio uniforme del supermercado—. ¿Se puede saber qué haces limpiando el horno a las siete y media de la mañana?

—No podía dormir.

—Ya.

—Así que hoy trabajas de mañana.

—Sí, hija, sí. Y hoy toca Bigotona.

— ¿Bigotona?

—El último viernes de cada mes toca Bigotona.

— ¿Qué es eso? ¿Un tipo de jornada intensiva?

—Es una señora de metro y medio de alta por metro y medio de ancha, con un mostacho que ni el sargento de la Guardia Civil de mi pueblo, que llena el carro hasta los topes y en la caja se pone a "decidir" lo que deja y lo que saca. Pero en realidad lo que trata es de engañarnos metiéndose cosas en el bolso. Empieza, esto sí, esto no, trae, eso acá que al final no me lo llevo. Y así una hora, formando una cola detrás que ni te imaginas. Total, que al final la cajera tiene que llamarme para ayudarla y vigilar que no mangue nada.

—Pobrecilla.

— ¿Pobrecilla? Pobre de mí, que no puedo evitar que los ojos se me vayan al bigote, y me digo a mí misma: "No Rose, no, al bigote no, mírala a los ojos", pero es que tiene el entrecejo de Frida Khalo, y me dan ganas de recomendarle que, ya puestos a mangar, se lleve una Silk-épil.

—Eres malvada, Rosalie —rio. Su amiga tenía esa maravillosa capacidad de decir las palabras oportunas en el momento preciso para aliviar su corazón.

—No soy malvada, pero a veces me gustaría tener unas cuantas dioptrías más —dijo tomando un bollo nevado de la alacena, al que dio un mordisco que tiñó sus labios de blanco, los relamió limpiándolos—. ¿Dónde se ha ido el chico de las pilas alcalinas? Esas que duran y duran y duran…

— ¿Nos has oído? Madre mía qué vergüenza.

—Solo cuando parecía que el cabecero de la cama atravesaría la pared y saldría escaleras abajo. Gemías como si el fin del mundo estuviese a punto de llegar: Oh, Edward, oh, sí….

—Cállate —pidió tapándose la cara con las manos, abochornada.

—Que no, que es broma. Pero por lo menos tres o cuatro han caído, ¿verdad?

—No voy a responder a eso.

— ¿De los buenos? —Que no respondo.

— ¿Y por qué se ha largado? —Ella no contestó—. Eres imposible, Bella, cuando te pones en ese plan. Después en el almuerzo me lo cuentas, recuerda que hoy te toca cocinar a ti.

—Tranquila, no se me ha olvidado —mintió.

Claro que se le había olvidado, por completo. Cuando Rose se marchó, con ella desapareció el descanso mental que suponía su compañía, y sus quebraderos de cabeza regresaron de inmediato.

Su mente se empeñaba en viajar hacia ese próximo encuentro entre Edward y Tanya, y su corazón se aceleraba solo con imaginarlo. En ese ir y venir masoquista de sus pensamientos concluyó que, si hablase con ella, con Tanya, si la mirase a los ojos y cruzasen un par de palabras, podría saber si se sentía en peligro o no.

Si permanecía junto a un ser tan despreciable como el que su hermano le había descrito por propia voluntad o, por el contrario, estaba siendo retenida. Tenía la empatía suficiente para ello, o al menos trató de convencerse a sí misma de que así sería antes de salir disparada de casa con su bolso a cuestas.


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