DISCLAIMER: la historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, yo solo me adjudico la adaptación

Bella Swan es enfermera del equipo de urgencias del 061 de Sevilla. Su vida transcurre entre el trabajo y su relación secreta con Jacob Black, el mejor amigo de su hermano y médico de su equipo, relación que este no parece dispuesto a formalizar. Edward Cullen, miembro del equipo alfa del Team Six de los Seals, acaba de regresar de Afganistán. Su vida y la de Bella se cruzan tras ser apuñalado en la calle. Se trata de un hombre joven, corpulento, con una poblada barba rubia y unos espectaculares ojos azules. Un hombre cuyo torso y alma están marcados por profundas cicatrices. Desde ese encuentro, Bella no podrá dejar de pensar en el americano. Pero Edward se prohibirá a sí mismo sentir algo por la joven enfermera. Está a punto de enfrentarse a la misión más importante de su vida y, por nada del mundo, quiere ponerla a ella en peligro. Los Vulturi son la más peligrosa organización criminal de toda Europa. Son salvajes, despiadados, se financian con la prostitución y el tráfico de seres humanos, y Bella está a punto de caer en sus redes, sin imaginar las consecuencias.


25 - Mi ángel

—Parece un león —dijo Rennesme refiriéndose al rugir de su estómago.

Sus preciosos ojos resplandecían como dos aguamarinas, y las pequitas que salpicaban sus mejillas y su nariz le concedían un merecido aire angelical, pensó con una sonrisa.

—No puedo negar que tengo hambre, ¿eh?

—No.

Devoró su mitad del bollo, pero fue insuficiente para calmar la desazón de su interior.

Jamás había padecido aquella sensación con anterioridad, su estómago parecía haberse convertido en una bola que le pesaba y se retorcía bajo el esternón. Desconocía cuánto podría aguantar sin desfallecer, pero trataba de fingir una fortaleza de la que carecía para no preocupar a las niñas.

Kate permanecía en la cama, en silencio, sin intención de comer. Sin apenas moverse.

Los minutos parecían interminables, como si el tiempo se hubiese detenido en el interior de aquella habitación en la que se arremolinaban, juntas sobre el lecho.

Bree, muy triste por el rechazo de su hermana, se acercaba a mirarla a cada tanto y después regresaba a su lado.

Rennesme la observaba con un claro gesto de preocupación, se le ocurrió enseñarle a jugar a los pulsos de pulgares y, aunque al principio la otra se resistía, logró convencerla y ambas niñas se sentaron en el suelo a batirse en duelo una y otra vez. Nessie era muy rápida y casi siempre atrapaba el dedo de Bree. Esta al principio mostraba una actitud pasiva, pero pronto comenzó a esforzarse en vencerla. Acabaron riendo ante el desafío que cada una plantaba a la otra, hasta que Kate se agitó en la cama, recordándoles que estaba allí, presente y dolida, recordándoles dónde se encontraban. Bree se apresuró en ir a verla de nuevo, pero esta se cubrió la cabeza.

—No se va a comer el pan —observó Rennesme.

—No importa, lo hará cuando lo necesite —respondió Bella que terminaba la segunda de las trenzas que había hecho en su largo cabello—. Pero será mejor que lo escondamos para que nadie lo vea.

Caminó hasta la cama en la que estaba la joven y tomando el pedazo de bollo lo escondió bajo la almohada, acarició a Kate por encima de las coberteras y esta se movió.

Entonces oyó pasos que caminaban hacia la habitación y su instinto de protección la llevó a regresar junto a Rennesme a toda velocidad. La puerta volvía a abrirse.

Era Sulpicia, que requería a las niñas de nuevo. La mujer les hizo señales para que saliesen de la habitación.

—Esta tarde tenemos que limpiar el despacho —le susurró Rennesme. Y Bella las tomó a ambas de la mano y caminó hasta la puerta dispuesta a acompañarlas, pero entonces vio a Laurent al otro lado y un escalofrío recorrió su espina dorsal, paralizándola.

¿Por qué él?

¿Por qué no era Demetri quien las aguardaba esta vez?

Temió por Kate.

Si se marchaba con las niñas nadie podría defenderla en caso de que el pelirrojo decidiese regresar para acabar lo que había empezado. Las niñas estarán a salvo hasta que Sulpicia las toque, recordó, y Sulpicia no había regresado todavía. No lo haría por días. Pero no podía apartarse de Rennesme, dejarla sola, sentía que estaba traicionándola si lo hacía.

Sulpicia les gritó, no entendía su idioma, pero sabía que estaba metiéndoles prisa.

¿Qué podía hacer?

Los ojos pequeños y hundidos de Laurent se deslizaron hasta la cama en la que permanecía Kate, para después regresar a los suyos, dedicándole una sonrisa que rezumaba maldad, una maldad incalculable. Con el corazón herido de dolor, Bella se acuclilló frente a Rennesme.

—Debo quedarme cuidándola, ¿lo entiendes, Nessie? —La pequeña asintió.

Bella sonrió ignorando los exabruptos de Sulpicia. Y caminó hasta la cama en la que permanecía Kate, sentándose a los pies, dando a entender a los presentes que no pensaba moverse de ahí.

La mujer, furiosa por su retraso, agarró a Rennesme del pelo y tirando de una de sus trenzas trató de sacarla de la habitación. Sin pensarlo dos veces Bella se abalanzó sobre ella. La agarró del pañuelo y se lo arrancó de la cabeza, descubriendo su cabellera corta y cenicienta. Esta se resistió, pero ella era más fuerte, o quizá era la rabia la que controlaba sus actos, y la empujó hasta hacerla caer.

Entonces Laurent, sin dudarlo un instante, le dio un puñetazo en el estómago que la dejó sin respiración y la hizo caer de espaldas, golpeándose con fuerza contra el suelo.

—Disfrútalo, puta, porque este es solo el primero, muy pronto vas a saber lo que es bueno —dijo con una enorme sonrisa antes de sacar a las niñas de la habitación a empujones.

Rennesme trató de forcejear, pero la sacó a rastras.

Sulpicia se incorporó, recogiendo el pañuelo del suelo, y antes de irse la pateó maldiciendo, sintió los dos impactos en la espalda, pero la falta de oxígeno le impidió percibir dolor alguno. La puerta se cerró y ella quedó tirada en el suelo respirando con dificultad. El aire hacía mucho ruido al intentar llenar sus pulmones y por un instante temió que se ahogaría, pero intentó tranquilizarse.

Sabía que, a menos que le hubiese roto una costilla con el golpe, esta sensación cedería en pocos segundos.

Para su sorpresa sintió cómo alguien la abrazaba, le mesaba las sienes y la incorporaba con cuidado. Kate se había arrodillado a su lado en el suelo. La muchacha la sostuvo contra su cuerpo, sin decir una palabra, con los inmensos ojos negros turbios de dolor. En cuanto se sintió con las fuerzas necesarias, la abrazó y lloró con ella. No hicieron falta palabras para que ambas entendiesen el dolor que compartían, la angustia y la desesperación que las unía. Cuando la emoción cedió consiguió que Kate comiese el pedazo de pan que había escondido bajo la almohada y revisó las mordeduras que cicatrizaban en sus brazos y su abdomen, diciéndole en su francés precario que era médico, porque no recordaba la palabra enfermera.

Caía la noche cuando las luces de unos faros iluminaron a ráfagas el interior de la habitación.

Habían permanecido a oscuras, casi sin moverse, una junto a la otra, todo ese tiempo.

Bella se asomó a la ventana de inmediato, tratando de ver quién llegaba, con el corazón en un puño temiendo que se tratase de Alec Vulturi.

Un coche oscuro se había detenido frente a la escalinata de la entrada principal, uno de los guardianes que la custodiaban se acercó y abrió la puerta del copiloto. De este bajó la silueta de alguien cuyo cabello rubio resplandeció bajo los focos, alguien a quien Bella reconoció enseguida: Jane.

Jane acababa de llegar.

Se quedó paralizada, no había pensado en ella, el temor por el destino de Rennesme la había llevado a dejar en un segundo plano su preocupación sobre qué le sucedería a ella cuando regresase aquella mujer. A pesar de que el propio Demetri se la hubiese mencionado, no se había detenido a plantearse la amenaza que suponía.

— ¡Le fantomê! ¡Le fantomê! —comenzó a gritar Kate a su espalda, que también había observado a través del cristal, presa de una crisis de pánico. El parecido entre ambos hermanos debía haberla llevado a confundir a Jane, vestida con un traje pantalón, con Sulpicia.

—No, no, pas fantôme, une femme* —trató de calmarla.

Pero la joven parecía enloquecida: comenzó a gritar, se arrodilló en el suelo, y lloró tirándose del cabello y arrancándose varios mechones. Intentó detenerla, hacerle ver que se equivocaba, que había confundido a Jane con su hermano, pero la joven no la oía, así que se limitó a abrazarla y a evitar que continuase arrancándose el pelo. Cuando se hubo calmado la ayudó a sentarse en la cama, prendió la luz y se metió en el baño.

Bebió abundante agua del grifo, como Rennesme le había enseñado, para engañar a su estómago que empezaba a dolerle demasiado. Era una mujer fuerte, siempre lo había sido, pero las fuerzas comenzaban a fallarle. Sintió cómo una náusea le ascendía por la garganta, no llegó a vomitar, pero las arcadas se sucedieron una tras otra.

¿Cuánto tiempo podría resistir aquella tortura?

¿Cuánto, ahora que Jane había regresado? Estaba a punto de descubrirlo.

Oyó la llegada de las niñas y se apresuró a enjuagarse la cara y salir a su encuentro.

Rennesme la abrazó con energía y Bella observó con felicidad cómo Kate respondía al mismo gesto de su hermana pequeña. Quienquiera que las hubiese acompañado ya se había marchado, cerrando tras de sí.

— ¿Qué te pasa? —le preguntó Rennesme, buscando en sus ojos una respuesta —. ¿Estás malita?

— ¿Yo? No, no, estoy bien.

—Tienes los ojos rojos.

— ¿Sí? No sé, no me duelen —respondió imaginando que sería a causa de las náuseas.

—Tengo una noticia. Una noticia muuuuy grande —dijo la pequeña con una sonrisa de oreja a oreja, el brillo de sus ojos refulgía de emoción. Tomó su mano y la llevó corriendo hasta la cama, sentándose en el filo con un aire entre lo cómico y lo misterioso—. Nos vamos a ir de aquí.

— ¿Qué? ¿Es que has oído hablar a Sulpicia de eso?

—No, algo mucho mejor.

— ¿Qué?

—Algo súper chuli.

— ¿De qué hablas, Nessie?

—Le he visto.

— ¿Al fantasma?

—No, los fantasmas no existen. Me lo dijiste tú, ¿te acuerdas? Y también me lo decía mi abuela Victoria, porque mi amiga María, la de los piojos, decía que en el trastero de arriba de la casa de la abu había uno y es mentira porque yo…

—Nessie, espera. Cuéntame lo que has visto.

—Le he visto a él, al ángel.

— ¿Qué ángel? —Al ángel de los ojos mágicos.

— ¿Qué?

Al oír aquellas palabras su corazón se saltó un latido. Estaba equivocada, tenía que estarlo.

—Hemos estado limpiando el cuarto grande de los ordenadores. —Bella imaginó que se trataba del despacho de Sulpicia—. Y entonces ha llegado la mujer rubia del pelo corto con varios hombres y le ha dicho a Sulpicia que nos fuésemos a otra parte a limpiar. Y al irnos hacia la cocina, ¡le he visto!

El sonido de la puerta al abrirse de nuevo las sorprendió. No habían oído pasos acercarse. Demetri las observó un instante antes de pronunciar aquellas palabras que tanto temía.

—Jane te reclama.


¡Le fantomê! ¡Le fantomê! - ¡El fantasma! ¡El fantasma!

No, no, pas fantôme, une femme - No, no fantasma, una mujer (Bella no se expresa correctamente).