Formando Lazos – Capítulo 2
"No está tan mal"
Ululeo
Harry fulminó con la mirada a su lechuza
"Bueno, no es perfecto, lo sé, ¡pero estoy practicando!"
Ululeo
"¡uy sí, todos son críticos!"
Ululeo
Harry soltó un suspiro derrotado "lo siento Hedwig, tienes razón, todavía se ve horrible, ¡pero mejoraré!" y con eso dicho, empezó a garabatear nuevamente en su pergamino.
Había estado practicando por 3 días su escritura con una pluma y todavía no lograba resultados satisfactorios. Hedwig, siempre fiel, había estado supervisando su progreso… o eso sentía Harry, tal vez se estaba volviendo loco y no se había dado cuenta. Sea como sea, lo cierto era que, por más determinado que estuviese, todavía le faltaba un largo camino por recorrer y no creía que estuviese listo para cuando empezaran las clases.
*zumbido*
Harry levantó la vita de su pergamino y apagó la alarma del reloj que había encontrado en la habitación, estaba algo rayado, pero era funcional. Se había creado un horario para organizar todo lo que se había propuesto lograr. Entre eso y las tareas que tenía que hacer en casa se tendría que sentir agotado, pero los ejercicios que había comenzado a realizar lo llenaban de energía para el día. Había comenzado con algo simple, los libros sobre fitness life que había encontrado en un rincón, cuando limpiaba el librero, le habían servido como guía. Al parecer su tía Petunia los había comprado para mejorar su imagen – Harry se esforzó por mantener una cara seria con ese pensamiento – pero no había logrado mantener el interés.
Según lo que había leído, la nutrición era una parte fundamental para lograr mantener un cuerpo tonificado y saludable. Harry era más del tipo escuálido y enfermizo, pero ¡hey! ¿quién dice que no podía cambiar eso? El inconveniente principal era que en esa casa no podía obtener los ingredientes necesarios para una dieta saludable, aunque había logrado colarse en las mañanas para separar su porción de comida durante los últimos días. Todo dependía de una planificación cuidadosa y se había vuelto muy bueno puliendo su lado Slytherin para eso. Se sentía algo orgulloso.
Hablando de Slytherin, Harry había estado temiendo la respuesta del profesor Snape a la carta que le había enviado. Sin embargo, los días pasaban y ni una carta llegaba… ni una sola, ni siquiera sus amigos le habían escrito. Al menos ese hecho lo había ayudado a casi olvidar ese lapsus nocturno que había tenido…. Casi.
Para despejar su mente, decidió empezar con los ejercicios del día. Cuando terminó de bañarse y alistarse, bajó a preparar el desayuno al resto que recién se estaba despertando, recordó que ese día habría una cena importante. Bueno, la conversación alrededor le recordó ese hecho, todos se esforzaban practicando lo que dirían cuando llegaran los invitados. No se sorprendió al notar que se habían olvidado de su cumpleaños. '¡Uh oh!, ya es mi turno'.
"Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy"
Harry giró los ojos internamente. Una vez terminada la práctica, tío Vernon se fue por unos esmóquines para él y Dudley. ¿cómo iba a conseguir algo para su talla? No lo sabía… ya imaginaba al vendedor disculpándose por no tener algo que le quedase. Harry se preguntó si su tío podría sufrir un ataque al corazón si seguía tan despreocupado por su salud. ¿A Dudley le seguiría el mismo destino o todavía había esperanza para él? Encogiéndose de hombros, salió de la casa y caminó un rato.
La idea de ir a Gringotts había estado en su mente los últimos días, pero hasta ahora no había tenido tiempo libre para considerarlo realmente. Podría irse… tomar la misma ruta que había tomado con Hagrid - todavía la recordaba - y llegar al caldero chorreante y… ¿sería capaz? Se demoraría, sí, pero su familia había dejado claro su deseo de que actuara como si fuese invisible… bien podría desaparecer realmente por todo ese día.
Más decidido, se puso en marcha. Tenía algunas monedas en el bolsillo: algo bueno de ser el que limpiaba era que podía encontrar dinero perdido entre algunos libros o debajo del sofá. Tenía lo suficiente para hacer un viaje de ida, era lo único que necesitaría. Una vez ahí, iría al banco y sacaría dinero. Era hora de hacer algunas compras inteligentes.
Así, Harry Potter, con 12 años recién cumplidos, se dirigió al popular caldero chorreante, un lugar solo conocido por magos y algunos asociados. Desconocido para él, desde las sombras, una figura lo estaba siguiendo. La misma que, sin notarlo, había estado monitoreando cada uno de sus pasos esos últimos tres días.
Cuando Harry llegó al Callejón Diagon (había esperado a que una familia entrara por la barrera de ladrillos para poder pasar, ya que no recordaba qué ladrillos exactos debía tocar) se sintió libre. Tenía su varita guardada en los gigantescos bolsillos del pantalón de Dudley. Su familia hasta ahora no lo había notado, algo bueno de usar la enorme ropa de su primo, pero se preguntó si eso era lo normal o si los magos usaban alguna especie de porta varitas. Se imaginó brevemente a un mago sacando su varita de su espalda, como una espada. 'Se vería ridículo… ¿tal vez en el cinturón del pantalón? Como una pistola…'. Pensando todavía en ello, caminó ensimismado hacia el banco. Tenía el cabello cubriendo su cicatriz, pero sabía que no sería suficiente para pasar desapercibido, así que una gorra estaba dentro de sus planes.
Así, niño y sombra se dirigieron al banco, el niño entró y la sombra se quedó. El banco tenía encantamientos que hacía imposible a alguien escabullirse sin ser notado. Harry se acercó a un duende y se dio cuenta de un error en sus planes: no tenía su llave. El duende se burló de él, pero ante su insistencia – no tenía cómo volver a su casa si no conseguía el dinero, después de todo – lo condujeron a una sala para probar que él era, en efecto, Harry Potter. Una vez realizadas las diligencias, se acercó a su bóveda.
La conversación con su gerente de cuentas había sido… interesante. Descubrió que no, no tenía otras bóvedas aparte de la que ya conocía. Eso no era problema en realidad, era un alivio: el dinero que fuese a generar en un futuro sería por sus propios méritos. Por ahora, lo que tenía era suficiente para encaminarlo a una vida más productiva. Habló con su gerente e hicieron planes de inversión que parecían lucrativos, tendría que informarse más al respecto, pero todo parecía marchar bien. También estaba el tema de la llave, le comentaron que la anterior ya no sería funcional y tendría que cuidar muy bien la nueva, el servicio de reposición era caro. Le ofrecieron algunos hechizos para que sea más cómodo el transporte de la llave, pero declinó, conociendo a los duendes, le costaría la mitad de sus ahorros. Ya encontraría otra manera más accesible y económica.
Harry se preguntó si su llave anterior todavía la tendría Hagrid, los duendes no se preocupaban por eso y ni se tomaban la molestia de informarle al que tuviese la llave que ya no servía, ya que no era el mismo dueño. Esos asuntos humanos no les concernían. En un lugar lejano de Escocia, en una peculiar oficina, dentro de un cajón resguardado, una llave brilló brevemente.
Guardando una buena cantidad de dinero en una bolsita de cuero marrón que tenía un encanto para hacerla liviana y ampliar el espacio por dentro, Harry se preguntó si podría cambiar algunos galeones en dinero muggle, no lo había pensado y si no podía ¿cómo regresaría a casa? Le preguntó al duende que lo acompañaba y, tras una respuesta afirmativa, decidió cambiar una cantidad razonable, había estado queriendo comprarse un bolígrafo tras sus intentos fallidos con la pluma y quería tener dinero suficiente para eso.
Mientras tanto, la sombra seguía esperando pacientemente fuera del banco. Lo que había aprendido en los últimos días lo había obligado a reevaluar muchas cosas. Había decidido mostrarse ante el muchacho una vez que saliese del banco y, mientras esperaba, repasaba la conversación que se aproximaba. Unos minutos después, vislumbró una cabellera despeinada saliendo del lugar. Era hora de hablar.
