Formando Lazos – capítulo 3

"Ah, Severus, pareces tener prisa hoy"

"Director" Severus se detuvo un momento, emitiendo un suspiro de frustración interno. "Me temo que debo partir inmediatamente, estoy investigando una poción experimental y hay algunos ingredientes que debo recoger, que solo crecen en esta época del año, si me disculpa…"

"¡oh, claro, claro!, no hay problema, te dejo seguir entonces, espero verte en la cena"

"Hasta luego" decidió decir, sin comprometerse realmente. Con un asentimiento final, Severus se dirigió a la salida.

Una vez fuera de los terrenos de Hogwarts se apareció en Little Whinging, Surrey, Inglaterra. No por primera vez, se preguntó si debía molestarse en hacer aquello, rememorando la situación que lo había llevado hasta ahí. Esa misma mañana, mientras desayunaba, una lechuza blanca aterrizó a un lado de su taza, dejando caer una pluma en sus tostadas. Con una mueca disgustada, fulminó con la mirada a la irritante ave, que seguro sería tan irritante como su dueño. Porque sí, esa lechuza en particular era muy reconocida: era la bestia emplumada de Potter. Dicha bestia se encontraba mirándolo en ese momento con una pata levantada, presumida, esperando que recogiese la carta.

Ese día se encontraba desayunando en sus aposentos. El director Dumbledore a veces insistía en asistir a las comidas en el gran comedor con todos aquellos que se quedaban en vacaciones. 'Ridículo' pensó,aparte de él solo había otras 4 personas: Dumbledore, Sybill Trelawney, Argus Filch y Minerva McGonagall. No eran, precisamente, las personas con las que Severus querría compartir un almuerzo, mucho menos un desayuno. Tener que tolerarlos a horas tan tempranas no estaba en sus planes.

Volviendo al engendro con plumas, Severus decidió tomar el paquete que cargaba y acabar con todo ese asunto de una vez por todas. De todos modos ¿qué querría Potter, de todas las personas, con él? 'Tal vez es una broma'. Tras realizar múltiples hechizos, comprobó que la carta estaba limpia. Sintió cierta preocupación, porque… bueno, era Potter, el chico al que había jurado proteger, pero al que el destino parecía empecinado en poner en peligro. Razonando que, de ser un asunto de vida o muerte, Potter hubiese acudido a Dumbledore o McGonagall en vez de él, decidió bajar su nivel de ansiedad. Por supuesto, en todo este proceso de pensamiento, ninguna de esas emociones se mostró en su rostro.

Con una mirada rápida a su desayuno, Severus supo que ya no iba a disfrutar nada. La infernal lechuza, que se había ido ni bien cogió la carta, había dejado otras plumas más aquí y allá. Los modales de Potter se habían extendido hacia su mascota, al parecer. Con un hechizo rápido, desterró todo en la mesa y se acomodó para leer. Si iba a pasar por la tortura de entender la letra de Potter, bien podría estar cómodo.

Una hora después, Severus todavía no podía procesar toda la información que había recibido.

"fenómeno"

"monstruo"

"caza de Harry"

"armario debajo de las escaleras"

Sin duda, todo ello no coincidía con la imagen del chico arrogante que se había formado. ¿su visión había estado tan sesgada que había obviado todas las señales de maltrato que se mencionaron? Severus sabía que, desde que llegó, había tratado al chico como si fuese una réplica de su padre, pero, seguramente, no hasta el punto de ignorar el abuso ¿verdad? Porque si de abuso se trataba, él se consideraba un experto… y ¡vaya que lo era!, no solo en carne propia: ser jefe de Slytherin lo había llevado a pulir sus habilidades de observación en dicho ámbito. Los niños con un historial de negligencia en su cuidado solían tener características como instinto de auto conservación, astucia y una gran sed de ambición, queriendo probarle al mundo… probarse a sí mismos que no eran esos inútiles que la sociedad creía, que sus padres o cuidadores despreciaban… y ¿no había mencionado el niño que el sombrero había querido ponerlo en Slytherin?

'No, no puede ser', aún en negación, Severus pensó en todas las razones por las que el niño lo irritaba, siempre actuando sin preocuparse por las normas, gozando de la atención que recibía – aunque en el fondo una vocecita irritante, sospechosamente parecida a Dumbledore, le suministró que el niño no parecía disfrutar de ella – corriendo hacia el peligro… 'Algunos niños que han sufrido de abuso suelen pensar tan poco de sí mismos, que no creen que su vida sea importante…'. Irritado por sus propios pensamientos, Severus decidió ponerle fin a sus dudas. Ese mismo día se iría a la casa de Potter y descubriría de una vez por todas la verdad. Descubriré que tiene una vida mimada y podré seguir en paz… sí, eso es… como si alguna vez un Potter se disculparía conmigo'

Y ese era otro asunto que lo había descolocado. Potter se había disculpado, no solo por pensar que él había ido tras la piedra filosofal, sino también por la actitud que había tenido en sus pocas interacciones. Lo peor de todo es que el chico había tenido el descaro de disculparse por la mitad, poniendo el resto de la responsabilidad en Severus, con un argumento… maduro para su edad. Frustrado, Severus concordó en que era cierto, él había incitado al niño desde el momento en que lo vio y, si lo que había descrito en la carta era cierto, tendría que – se estremeció – disculparse con Potter por su actitud.


Severus aterrizó con un sonido sordo. Miró alrededor y divisó una serie de casas iguales, pulcras y con ninguna mancha a la vista. Se sentía tan… 'antinatural', conteniendo una mueca, se acercó con paso seguro al número 4 de Privet Drive. Estaba resguardado bajo un encantamiento desilusionador, oculto además entre las sombras. Cuando estuvo a unos pasos de distancia, lo vio. Harry Potter, copia de su padre, estaba trabajando sin cesar en el jardín delantero y, si el sudor de su frente era un indicador, había estado en ello por una cantidad de tiempo considerable. Severus agudizó su mirada clínica, queriendo notar todo lo que podría haberse perdido en el año escolar, como si con una simple mirada pudiese develar todo lo que la carta mencionaba.

Esa simple mirada fue el comienzo de todo. Solo eso bastó para que noción tras noción preconcebida se empezara a derrumbar. Pequeño para su edad, marca de moretones en la cabeza desapareciendo, probablemente realizadas por la sartén de Petunia como Potter mencionó. Ropa holgada y sucia 'podría estar usando su peor ropa para trabajar en el jardín' una parte de Severus aún se quería aferrar a la esperanza.

"¡Chico, ¿ya acabaste?! ¡Mi Duddy tiene hambre, no te atrevas a hacerlo esperar, ven a cocinar de una vez!"

"Ya voy tía Petunia"

Vio a Potter arreglar unos detalles finales y apurarse a entrar a la casa. 'Petunia…' Severus había tenido el disgusto de conocerla a una edad temprana. Era una niña mezquina y superficial e hizo sufrir mucho a Lily al rechazarla. Severus sintió cierta irritación consigo mismo por no haber considerado la posibilidad de que el desdén de Petunia hacia su hermana se extendiese a su sobrino. Pero, esa era la cuestión ¿verdad? Severus sabía que, en el fondo, él lo había hecho y lo había ignorado deliberadamente. Una parte muy oscura de él se había regocijado al pensar en el destino del engendro de Potter a manos de esa mujer, justificándose con que el muchacho sería tan arrogante como su padre y merecía ser puesto en su lugar. Cuando el niño arribó al castillo, solo vio lo que quiso ver y se pintó la imagen de un niño mimado para poder seguir odiándolo en paz, obviando toda señal de alarma que pudiese encontrar. Su juicio crítico estaba sesgado.

Severus se consideraba a sí mismo una persona bastante razonable dentro de la medida. No era una buena persona, lo sabía, esos años de expiar pecados no habían sido suficiente para mermar la culpa que sentía, pero, a pesar de sus defectos, su buen juicio y capacidad de razonamiento era algo que lo enorgullecía. Ahora; sin embargo, sentía que había fallado… le había fallado al hijo de Lily. Apretando los dientes, siguió a Potter sigilosamente y entró a la casa, debía juntar información. Esa era, principalmente, la razón por la que no le había avisado a Dumbledore: debía estar seguro.

Tres días después, Severus se encontraba afuera de Gringotts, esperando a Potter. Durante los últimos días había hecho malabares para poder juntar información sin despertar sospechas de sus desapariciones en el castillo. Había descubierto un lado de Potter que nunca hubiese podido notar de otro modo. El chico era organizado, teniendo en cuenta sus múltiples tareas y tenía una buena dosis de astucia para abastecerse de alimentos y así poder vivir el día a día sin desmayarse por falta de nutrientes. Había notado que el chico era un ávido lector, aunque este no parecía tenerlo en cuenta, en esos tres días lo había visto leer a una velocidad alarmante libros completos. Era interesante y una habilidad que sería buena fomentar en un futuro.

Las cosas en el hogar, como Potter lo había mencionado, parecían tranquilas… parecían. Potter había descrito vagamente la dinámica familiar que lo rodeaba, pero lo poco que había mencionado era alarmante y correspondía muy bien con la realidad. Si bien, los golpes eran ocasionales 'y nunca deberían haber sucedido en primer lugar' lo que más abundaba en el ambiente era el maltrato psicológico. Con ese ambiente, no había sorpresa alguna de encontrar a un niño con tan poco criterio por su propia seguridad. A pesar de ello, el chico mostraba ganas de querer superarse a sí mismo. Severus recordaba haber leído algo sobre desarrollar su máximo potencial y eso parecía ser lo que lo motivaba día a día a cumplir su estricto horario.

La habitación en la que se encontraba Potter no era grande, pero tampoco era claustrofóbica 'no es el armario, sin duda… Una notable mejora'. Severus había revisado dicho armario, encontrando no solo el baúl del niño, sino también vestigios de haber sido ocupada anteriormente por un ser vivo… y arañas, el lugar estaba infestado de arañas, no quería ni pensar en un niño viviendo en esas condiciones. Durante la noche, Severus había visto a Potter colarse a ese armario, abriendo el candado con un pequeño alambre y sacar de su baúl algún documento que considerase importante. La habilidad con el alambre lo había sorprendido, pero había sido aún más su sorpresa al notar al muchacho realizar diligentemente sus tareas académicas. Ya no podía seguir considerándolo perezoso.

Con toda la información recolectada, Severus decidió hacer algo al respecto. Su primer instinto fue aparecer delante del director y exigir respuestas. Se supone que el niño estaría seguro en su hogar, habían protecciones en la casa, después de todo '¿pero de qué sirven si son los mismos que lo cuidan de los que se tiene que cuidar?' Pero Severus no era un hombre de impulsos, así que primero decidió averiguar qué tanto sabía Dumbledore y por qué no había hecho nada al respecto. Unas preguntas aquí y allá, y unas cuantas insinuaciones más tarde, entendió. El director lo sabía, pero no haría nada por más que lo deseara. La casa era, de hecho, el lugar más seguro de todo aquello que lo pudiese amenazar desde el exterior y, con una mirada tan sesgada por los tormentos de la guerra, Albus había llegado a la conclusión de que eso era más importante que los inconvenientes que pudiesen existir.

Severus se sintió impotente cuando llegó a esa conclusión. No es que el director actuase de mala voluntad, pero la situación en la que se encontraba lo hacía tener que elegir cuidadosamente sus pasos, sopesando el costo con los posibles resultados. Luego de una taza de té bien cargado, Severus evaluó su siguiente curso de acción. Tal vez no podía sacar a Potter de ese lugar y ponerlo con una familia más apta – lo que involucraría una búsqueda de familia, algo que prefería obviar, pero que haría de ser necesario – pero podría hacer algunos aportes que ayudasen al niño a sobrellevar a su familia. Con eso en mente, Severus comenzó a trazar un plan para el muchacho, lo mantendría en secreto del director por el momento.

Regresando al momento actual, Severus vislumbró una cabellera despeinada salir del banco. Era el momento de hablar.

"Potter"

El niño se congeló.

"¿profesor?" Unos ojos inciertos se dirigieron hacia él. Con una mirada severa, hizo un ademán para que el niño lo siguiera y empezó a caminar, comprobando que unos pasos pequeños intentaban seguirle el ritmo.

Sintiendo algo de empatía, Severus redujo un poco la velocidad. Podía sentir el nerviosismo de Potter rodeándolo, casi podía escuchar las ruedas girando en su cabeza. Unos pasos más y se encontraron frente a una cafetería bien escondida. Era para aquellos magos que buscaban aislarse del bullicio que rodeaba el callejón. Buscando un espacio apartado y estableciendo encantos de privacidad, Severus se sentó y esperó a que el chico tomara lugar frente a él. Durante unos momentos solo hicieron contacto visual, un incómodo silencio los acompañó.

"¿Estoy en problemas, señor?"

Severus guardó silencio, considerando sus primeras palabras.


Harry estaba nervioso.

Había salido del banco, dispuesto a indagar en el callejón por suministros que pudiesen serle de ayuda. Una prenda o dos también estaban es sus planes. Recordando que se quería comprar un gorro para cubrir su cicatriz, se preguntó si la falta de aquello había facilitado a Snape encontrarlo. ¿Estaba en problemas por, prácticamente, escapar de su casa? Se imaginó brevemente a los profesores de Hogwarts, liderados por el director, en busca de rufianes y rebeldes que escapan del hogar en busca de libertad. Sintió como si una pesada piedra se asentase en su estómago. Eso no podría ser motivo de expulsión ¿verdad?

"El rubio, en efecto, no es su color"

*parpadeo*

Harry tuvo la súbita necesidad de frotar su oído. Snape estaba frente a él, con una cara estoica, sosteniendo un pergamino, su pergamino, señalando un fragmento en particular. Con una mirada más detallada, notó que era la posdata de la carta. Cerrando la boca con un sonoro chasquido ¿y en qué momento la había abierto? Harry empezó a procesar la situación. Snape había leído su carta... una carta que escribió una madrugada de insomnio… una carta en la que había se había disculpado, había detallado su vida y había sugerido pintarse el cabello de rubio '¡¿en qué diablos estaba pensando?!'

Y ahí estaba, con Snape frente a él diciéndole… ¿qué le había dicho? "El rubio, en efecto, no es su color" Harry apretó los dientes para no sonreír, no sabía si eso era una broma, Snape no había movido un solo músculo de su cara. Unos momentos de silencio más y Harry decidió aventurarse.

"Bueno, señor, todavía tenemos una gama amplia de colores por elegir, no nos desanimemos, estoy seguro de que encontraremos el color ideal que se adecue a nuestras necesidades"

Por un segundo fugaz, Harry creyó ver un leve tic en los labios de Snape. Tal vez se lo había imaginado, pero decidió pensar que no. Más tranquilo y sintiendo que la tensión lo abandonaba, solo un poco, porque era Snape después de todo, Harry volvió a preguntar por qué estaban ahí.

"La información que me ha brindado me ha llevado a reevaluar su persona" Snape comenzó a hablar "en primer lugar, debo … disculparme con usted por mi anterior actitud. Como usted mencionó, también soy parte responsable de nuestros desacuerdos"

Harry sintió que Snape había hecho un esfuerzo monumental en pronunciar esas palabras. Tan… apretadas como eran esas disculpas, lo importante era que estaban ahí. No podía recordar a un adulto haberse disculpado con él antes, lo conmovió.

"Está bien, señor, me disculpo también" Harry intentó dar una sonrisa tranquilizadora.

Snape suspiró y Harry sintió que la conversación estaba a punto de ponerse más seria. Su estómago decidió que ese era el momento ideal para emitir un gruñido. Snape lo miró con una ceja levantada. Harry se sonrojó, acababa de recordar que, pese a que él había preparado el desayuno, no le había dado tiempo de robar un bocado antes de salir. Unos minutos después, con un té cada uno y unos panqueques para Harry, continuaron la conversación.

"Ha llegado a mi atención que, mientras su situación en el hogar es menos que aceptable, no hay nada que pueda hacer en el momento actual para alejarlo del lugar"

Harry se sintió sorprendido. El hecho de que Snape haya considerado sacarlo de ahí era alentador. Claro, sintió decepción al escuchar que no se podía hacer nada, pero Harry estaba acostumbrado a ello, la intención era lo que contaba. Con una sonrisa sincera, Harry desestimó las preocupaciones del profesor.

"pero" Snape lo interrumpió "he pensado en algunas alternativas que podrían interesarle" Harry se sentó más derecho.

"¿sí?" y Harry escuchó todo lo que Snape tenía que decir.