Formando Lazos – capítulo 4
Hedwig estaba aburrida.
Su dueño la había dejado encerrada en la habitación esa mañana y hasta ahora no había regresado. Con un ululeo irritado, Hedwig volvió a mirar la habitación por centésima vez. En su humilde opinión, el cuarto podría verse mejor si se deshicieran de todas las chucherías rotas que el gran híbrido humano-cerdo, al que su humano llamaba primo, había dejado en el lugar… pero ella era una lechuza y nadie pide la opinión de una lechuza. Aunque a veces su humano parecía ser capaz de entenderla, chico inteligente.
Desde hace tres días, cuando Harry descubrió cómo abrir un candado, Hedwig había disfrutado de una semi-libertad. Su pequeño humano la había dejado volar cada noche, cuando el resto dormía y la volvía a encerrar en las mañanas, para que nadie lo note. Debido a ello, Hedwig estaba más calmada, habiéndose acostumbrado a la nueva rutina. Incluso los adultos parecían más felices sin sus alaridos.
Pero hoy había algo fuera de lugar. Harry solía regresar a su habitación, ya sea para practicar su escritura – horrorosa en su opinión – o realizar alguna otra actividad académica. Hoy; sin embargo, no había rastro de él, ¿le había pasado algo? Hedwig esperaba que no… realmente, pero si nada había pasado, entonces…
Entonces le esperaría un frío recibimiento por haberla dejado abandonada sin avisar, ¡ni siquiera se había asomado para saludarla! Con un último aleteo abatido, Hedwig se volvió a dormir, siendo 'Dueño ingrato' lo último que cruzó su mente.
"¿Sucede algo Potter?"
"No, señor" Harry se había estremecido, por alguna razón, sentía que alguien estaba pensando mal de él en algún lugar.
Habían pasado casi dos horas desde su conversación con Snape en la cafetería. La conversación con su profesor había sido muy productiva y en definitiva lo ayudaría a cumplir sus planes de superarse a sí mismo. Snape le había ofrecido pociones de nutrición ¿y no era eso increíble? Harry, que ya se había resignado a su pequeña estatura, ahora tenía oportunidad de crecer … amaba la magia. Pero no solo eso, su otrora odiado profesor también le había acompañado a abastecerse de suministros indispensables para su supervivencia. Snape había sugerido comprar un baúl nuevo, para organizarse mejor, pero Harry había declinado, no veía nada de malo en su viejo baúl. Sabía que todo lo que planeaba comprar podría ser caro y prefería guardar su dinero para eso.
Snape le había puesto un encanto para disfrazar sus rasgos y Harry le había preguntado si sería posible ir por la vida así, sin ser reconocido. No lo era, los encantos no eran permanentes. Harry se compró una gorra de lana azul oscuro que había visto, no estaba de más ser precavidos, Snape había aprobado su compra y le había sugerido adquirir nuevas prendas de vestir. Esta vez, Harry aceptó la sugerencia
Habían caminado todo el callejón Diagon, de tienda en tienda, comprando ropa, tinta (se estaba agotando la suya con tanta práctica de caligrafía), una libreta de pergaminos, algunos libros interesantes, entre otros suministros. Snape no le dejó comprarse ¡Siempre bella! Mil y un hechizos para que deslumbre a su compañía un libro que contenía, entre otros, un hechizo para cambiar el color de cabello. Ahora se encontraban en una tienda de muebles mágicos, su profesor había dado a entender que había visto su habitación y necesitaba una remodelación. En un algún lugar de Inglaterra, en el rincón de un pequeño cuarto, una lechuza dio un zumbido feliz entre sus sueños.
Los muebles mágicos eras increíbles. Harry se compró un escritorio con varios compartimentos que eran más amplios por dentro, un librero con las mismas características, que además se acoplaba a la pared, como si fuese parte de ella, y unas repisas de pared que, según Snape, ayudarían a crear un ambiente más amplio. Habiendo elegido nogal como madera de todos sus muebles, Harry se preguntó si debía pintar su cuarto… y qué haría con todas las cosas de Dudley. Pensando en ello, se giró para consultar con su profesor y le pareció verlo guardar algo entre las bolsas de sus compras. Harry lo miró interrogante. Snape le levantó una ceja, retándolo a preguntar. Harry se giró y siguió caminando. A veces, decidió, era mejor ignorar la curiosidad.
"¿Has considerado cambiar de anteojos?"
Harry meditó al respecto. Sus lentes lo habían acompañado por varios años y estaban rotos y con algunos arañazos, tal vez ya era hora de cambiarlos. Además, ¿la receta que le prescribieron cuando estaba en la escuela primaria todavía serviría? Harry no había tenido problemas con sus lentes realmente, estaba agradecido de tenerlos: una maestra en su escuela les había insistido a sus tíos que le tenían que medir la vista y, aunque había sido castigado por ello en casa, el resultado final fue que podía ver mejor.
"Tal vez sea una buena idea, ¿usted qué opina?"
Snape no respondió, simplemente apresuró su paso y Harry se encontró siendo guiado hacia una óptica en una parte de callejón algo concurrida. El cartel de la óptica era enorme y, debajo de el título, en letras solo ligeramente más pequeñas, se leía Si no puedes leer esto, ni la magia te puede ayudar. Así que la magia tenía límites… era bueno saberlo. Harry notó que había poca gente dentro del lugar, pese a la gran cantidad de personas que pasaban por fuera. La ceguera no parecía ser tan común… o lo era tanto, que muy pocos podían ver el letrero.
"¿Profesor?"
Snape se volteó a mirarlo con una ceja levantada.
"¿Hay alguna posibilidad de que me llame Harry?"
Snape guardó silencio por unos instantes.
"… ya veremos" soltó al fin.
Harry sintió que Snape miró intensamente sus gafas cuando dijo eso, como si, de alguna manera, ese simple elemento fuese determinante para pasar de ser "Potter" a ser "Harry". Cuando fue su turno, el medimago que lo revisó se escandalizó al ver que los lentes que usaba no eran los adecuados para su medida actual. Harry pensó que, si había podido leer el letrero con tan malas gafas, entonces todavía había esperanza para él. Al medimago no pareció hacerle gracia ese comentario. Snape esperó pacientemente y cuando fue hora de elegir nuevos marcos, se dirigió directamente a la zona con marcos rectangulares. Harry miró la selección, pero no estaba convencido. Al final, tras un acuerdo – Snape no parecía querer conservar los marcos redondos – se decidieron por dos pares: uno con marco rectangular, que tenía encantos para facilitar la lectura y otros con marcos casi cuadrados algo rectos en la parte superior, y ligeramente redondeados en la parte inferior. Este último tenía hechizos de protección contra la lluvia, el polvo, entre otros. Serían muy buenos para el quidditch… y le quedaban muy bien.
Satisfechos, se dirigieron a Londres muggle. Harry todavía tenía en mente comprarse un bolígrafo. Harry miraba a todos lados con asombro, el mundo se veía diferente cuando podía verlo realmente… cielo más azul, las calles más vivas… La basura más grotesca. Bueno, ver todo mejor implicaba no solo las buenas partes, sino también las malas, supuso. Snape, que Harry notó, sí se lavaba el cabello, lo guio hacia una tienda de suministros básicos para todo estudiante. Compraron cuadernos, organizadores de colores, una regla, lapiceros de colores, una caja de lápices y borradores, unos papelillos curiosos llamados post-it, resaltadores y, al final dos bolígrafos elegantes de la marca Scrikss, con varios repuestos de tinta. Harry se sentía listo para estudiar. Los bolígrafos asemejaban la escritura con la pluma y eran más fáciles de controlar. Aunque Harry pensaba seguir practicando con la pluma, sentía que los bolígrafos la reemplazarían muy pronto.
"Bueno, debo partir, te dejaré en tu hogar y te ayudaré a desempacar, volveré mañana al mediodía"
"Claro, muchas gracias señor" Harry sonrió
En algún momento, entre las compras, Harry había pasado de ser "usted" a "tú". Ese hecho lo hacía sonreír. Siguieron caminando y Harry repasó mentalmente dónde acomodaría sus cosas. Antes de salir de la tienda de muebles, Harry había visto un armario con características similares a las del librero, se empotraba en la pared y parecía parte de la misma construcción. Además de ser bastante amplio por dentro, tenía una contraseña para un compartimento oculto. Harry sabía que ahí guardaría la nueva ropa que se había comprado. No era mucho en realidad, solo un pijama, un conjunto de vestir formal, tres polos, tres jeanes, dos chaquetas, un par de zapatos para el conjunto formal y dos zapatillas para combinar con lo demás. Snape había insistido en que compra una buena cantidad de ropa interior y medias. Harry todavía sentía que se calentaba su cara al recordar cuando le empezó a numerar los beneficios de un calzoncillo de cierta tela respecto a otra.
Llegaron a Privet Drive a las 6 de la tarde. Afortunadamente… o desafortunadamente, según cómo lo mires, los Mason, que eran los invitados especiales de esa noche, todavía no habían aparecido. Cuando Harry se presentó en la puerta de su casa, sus tíos estaban alterados. Tío Vernon, con la cara morada, le señaló las escaleras, incitándole a que suba a su dormitorio y no haga ruido. Los Mason estaban a punto de llegar y no querían interrupciones. Harry se apresuró a entrar a su habitación silenciosamente. Snape se apareció en su cuarto unos segundos después y juntos comenzaron a organizar todo. Harry preguntó qué hacer con todos los artefactos rotos de Dudley, Snape simplemente los desterró.
Estuvieron ordenando unos minutos tranquilamente, Snape había colocado un hechizo silenciador alrededor de la habitación y podían trabajar sin problemas. Una vez instalado todo, su profesor dio un movimiento de varita y las paredes cambiaron de color. La pared en la que estaba apoyada la cabecera de la cama era de un color hueso, que combinaba perfecto con los estantes de nogal que estaba en la parte superior. El resto de las paredes era de color verde claro y hacían que el espacio se sintiese más amplio. Hedwig, que por alguna razón parecía ignorarlo cuando llegó, se había animado al ver todo el cambio. Un movimiento de varita más y el cuarto olía a lavanda.
Cuando Snape se fue, Harry admiró todos los cambios. Se sentía bien. Animado, se acomodó para practicar su caligrafía con sus nuevos bolígrafos. Hedwig, que había volado a su lado, parecía felicitar su nueva destreza.
"Ah, ahora sí me haces caso"
Ululeo
"Cálmate, no te entiendo cuando estás así"
Ululeo
Harry sintió que en algún momento había ofendido a Hedwig. Pensó en todo lo que había hecho durante el día y lo único que se le ocurrió fue que la había dejado en su cuarto, encerrada, sin avisarle que desaparecería. Con una mirada arrepentida, Harry se disculpó sinceramente. Hedwig suspiró. No, no importaba el hecho de que Hedwig no tenía una nariz. Ella suspiró y, luego de unos momentos, pareció perdonarlo. Con eso arreglado, Harry siguió practicando su caligrafía.
*ruido sordo*
Harry se sobresaltó cuando escuchó algo caer en medio de su cuarto. Volteó a mirar y se encontró con unos ojos saltones. Harry soltó un grito agudo, aunque más tarde afirmaría que su grito fue muy varonil. Los grandes ojos, que estaban entre unas extrañas orejas de murciélago, lo miraban fijamente. Harry se preguntó si este era un alíen que había venido a visitarlo. Después de todo, si los magos existían, ¿por qué no los alienígenas?
"Harry Potter" El alíen habló
"… Ermm, uhmm, saludos desde la tierra…?"
Los ojos parpadearon
"¡Harry Potter saluda a Dobby!, ¡Dobby es tan feliz!"
Así que el alíen tenía nombre. Harry se alegró de que el hechizo que silenciaba la habitación todavía estuviese presente. No quería ni imaginar los problemas en los que se pudo haber metido con tanto grito de este tal Dobby. Ahora bien, si los alíens hablaban en tercera persona, ¿quién era Harry para cuestionar sus costumbres? Lo mejor era hacerlo sentir bienvenido.
"Mmm… bueno, Harry se alegra de que Dobby sea feliz, ¿puedo preguntar el motivo de su visita a este humilde planeta?"
"¡Harry Potter le pide permiso a Dobby para hacerle una pregunta! Qué gran honor, tan maravilloso… oh, pero Dobby sabía que Harry Potter era un chico muy amable"
Bueno, eso era diferente… el alíen parecía haber oído de él y ahora que lo pensaba ¿no lo había saludado con su nombre?, aunque podría suponer que los alienígenas tenían forma de conocer todo tipo de información, este pequeño, Dobby, dijo que sabía que Harry esa un chico amable. Ahora, ¿en qué otro lugar todo el mundo parecía conocerlo? ¡el mundo mágico, por supuesto!. Así que no era un alíen entonces…. Un ser mágico era más probable.
"Disculpa, Dobby, puedo preguntar, sin ofender claro está, qué, exactamente, eres tú?" Harry esperó no sonar muy descortés. Si resultaba ser un alíen, una guerra integaláctica quedaría en su conciencia.
"Oh, Harry Potter no debe disculparse con Dobby, señor" la criatura soltó un chillido extasiado y empezó a saltar "Dobby es un elfo doméstico, por supuesto, el gran Harry Potter es muy conocido entre nosotros los elfos. usted es un héroe, señor"
"Un elfo doméstico, ya veo" No lo hacía. Eso no era muy informativo. "y puedo preguntar qué haces acá?" Harry decidió ignorar por completo todo lo referente a su supuesta grandeza.
"Dobby ha venido a advertirle, señor… Harry Potter no debería volver a Hogwarts"
Eso confirmaba sus sospechas, era una criatura mágica. '¿No volver a hogwarts? No lo creo…' No asistir a una maravillosa escuela de magia no estaba en sus planes, especialemente no después de practicar tan arduamente su escritura. Hedwig, a un lado, giró su cabeza con curiosidad.
"Me disculparás, Dobby, pero creo que necesito una explicación, ¿por qué no debería volver a Hogwarts?"
"Terribles cosas le aguardan, señor, si vuelve a la escuela, ¡debe prometer que no volverá!"
Harry meditó por un momento. Estaba en una situación delicada, sentía que este pequeño ser no descansaría hasta que le prometise aquello. Decidiendo buscar más información, continuó indagando.
"¿A qué terribles cosas te refieres Dobby? ¿sabes quién estaría destrás de todo esto?"
Dobby empezó a chillar y golpearse contra su nuevo escritorio. Harry intentó detenerlo, no quería que las primeras manchas que tuviese fueran de la sangre de un elfo domédtico. Además, la pobre criatura ya parecía haber sufrido muchos golpes… mirándola detenidamente, se veía horriblemente maltratada '¿es eso una funda de almohada?' Harry se sintió mal, este pobre ser estaba en una condición peor que la de él, sin duda.
"Dobby lo siente señor, pero Dobby no puede hablar de eso" Dijo la criatura una vez que logró calmarse.
"Bueno, Dobby, no sé qué decirte… aún si no vuelvo, mis amigos estarían en peligro ¿verdad?"
"¿Amigos que ni siquiera le han escrito en todo el verano, señor?"
Bueno, eso era verdad, ni siquiera le habían escrito por su cumpleaños… pero ¿cómo sabía Dobby de ello? Harry lo cuestinó y el elfo enpezó a moverse inquietamente, pidiendo que no se molestara. El muy pillo tenía todas sus cartas. Sintiéndose muy molesto con toda la situación, Harry decidió ponerle de una vez por todas. Debía encontrar las palabras correctas para apaciguar a Dobby. Si se había tomado la molestia de tomar todas sus cartas, quién sabe lo que sería capaz de hacer si no prometía lo que le exigía.
"Comprenderás, Dobby, que estoy muy molesto por esto esto" Harry agitó el fajo de cartas que tenía en su mano para enfatizar su punto "pero tendré en cuenta tu advertencia… no volveré a Hogwarts si considero que hay un problema" y Harry hasta ahora no consideraba que hubiese un problema tan grave como para no ir.
"¡Oh señor, gracias, gracias!"
"De acuerdo, pero no vuelvas a invadir mi privacidad, prométemelo"
"Dobby lo promete, señor"
"Muy bien, mmm adiós entonces" Harry se detuvo incierto, no sabía cómo se iría Dobby. No podía abrir la puerta y dejarlo salir así no más. Justo cuando pensaba en ofrecerle saltar por la ventana, el elfo desapareció frente a sus ojos. Harry se quedó mirando el lugar vacío por unos minutos más hasta que Hedwig lo picoteó.
"Sí, tienes razón, lo mejor será escribirle a Snape"
Luego de considerarlo mejor, decidió esperar hasta el día siguiente para decírselo en persona. Por el momento se conformó con hacer un dibujo de Dobby, el alíen/elfo doméstico, para ilustrar mejor su explicación. Hedwig dio un grito conforme con su dibujo. Al terminar, ordenó todos sus suministros, acomodó sus cartas a un lado y se fue a dormir. Snape le había hecho comprar un nuevo juego de sábanas – color hueso con detalles en verde y azul – y la textura se sentía de maravilla contra su piel. Con un suspiro feliz, Harry se entregó a los brazos de morfeo.
