"Y me sorprendió tanto que solté un grito, uno muy varonil, por supuesto"
Severus acaba de llegar con las pociones nutricionales de Potter y el chico se había apresurado a contarle la más extraña de las historias… con un dibujo – no tan malo – para ayudarlo a describir mejor a la criatura que apareció en su cuarto. Severus inspeccionó el dibujo de cerca. Ignorando el pequeño platillo volador que conducía el personaje, que estaba abduciendo a una pobre vaca, decidió centrarse en la criatura. Ese elfo le era sospechosamente familiar.
"Eso es un elfo doméstico, Potter"
"Sí, señor, eso dijo que era, aunque al principio creí que era un alíen"
Severus sintió que sus labios se contraían ligeramente. A veces el chico tenía las ideas más extrañas…
"Tengo el placer de infórmate, Potter, que no eres tan importante como para que una inteligencia superior se digne a hacerte una visita"
"¿Entonces cree que existen los alienígenas, señor?"
Severus no respondió eso.
"¿te informó este elfo el motivo de su visita?"
"Dobby, como dijo llamarse, vino a advertirme sobre mi regreso a Hogwarts, dijo que terribles cosas se avecinaban"
'Oh' Así que por eso le parecía tan familiar. Dobby era el nombre del elfo doméstico de Lucius Malfoy. Severus sintió que se tensaba. Si el elfo doméstico de Malfoy había podido aparecer, como rey en su castillo, en la habitación de Potter… ¿las barreras estaban fallando? Eso era muy preocupante. Algo de lo que dijo el chico llamó su atención: el elfo le había hecho una advertencia. Podría ser una trampa o podría significar que el elfo no era tan leal a su familia después de todo. De ser así, tenía sentido que las barreras no le hubiesen impedido el paso.
"¿Mencionó algo más al respecto?"
"Bueno, cuando intenté preguntar quién podría estar detrás de estas terribles cosas, la pequeña criatura se empezó a golpear contra el escritorio ¿no es extraño?"
"Los elfos domésticos no suelen ser tratados con cortesía por las familias a las que sirven… si hacen algo que consideran que está mal para ellos, son obligados a castigarse"
"Bueno, eso explica los repetitivos 'Dobby malo, Dobby malo' que gritaba sin parar mientras se golpeaba"
El niño se quedó pensando un raro, murmurando sobre la lamentable situación de los elfos domésticos, mientras acariciaba a su lechuza. Severus estaba concentrado en lo que podría estar tramando Lucius como para que su propio elfo sintiera que debía advertir a Potter.
"Señor, ¿cree que no debería volver a Hogwarts? Le dije a Dobby que no volvería si consideraba que habría un problema" El chico sonrió "él pareció entender que le había prometido lo que me exigía y se fue tranquilo"
Severus sonrió, en momentos como ese, donde el niño mostraba su lado Slytherin, se volvía más tolerable… aunque tenía que admitir que últimamente ya no lo consideraba una molestia. Vio los ojos de Potter brillar tras sus nuevas gafas – muy diferentes de las de Potter padre, gracias a Merlín – y se sintió extrañamente satisfecho. Sabía que su sonrisa había alegrado al niño.
"Debo investigar más a fondo las inquietudes de tu nuevo amigo; sin embargo, tu regreso a Hogwarts no está en debate, no faltarás este año"
Independientemente de los problemas que pudiese haber, Hogwarts era el lugar más seguro por el momento, ahí podía vigilarlo más de cerca.
"Eso es un alivio" Potter sonrió "No me hubiese gustado tener que quedarme encerrado en esta casa"
"Aún así, no está de más decirte que debes estar alerta ante cualquier señal de peligro"
"¿y no lo estoy siempre?" Potter sonrió pícaramente. Severus lo fulminó con la mirada. "calma, calma, no se enoje, ¡por cierto, mire! Dobby me había estado reteniendo el correo, aquí están todas las cartas que recibí de mis amigos". Eso fue dicho con una amplia sonrisa.
"Ya veo… "
"Las he empezado a leer esta mañana, Ron me ha estado pidiendo que vaya a su casa al parecer"
"Esa no parece una opción terrible, deberías considerarlo"
"Y mire, ¡regalos!, pensé que se habían olvidado de mi cumpleaños también"
Eso le recordó a Snape el paquete que tenía guardado en su bolsillo. El día anterior, mientras Potter merodeaba en la tienda de muebles terminando sus compras, Snape había adquirido dos cajas especiales. El chico le había dirigido una mirada interrogante cuando lo vio guardar el paquete, pero sabiamente decidió no preguntar.
"Hablando de cumpleaños" Severus sacó el paquete de su bolsillo, "compré esto para ti ayer, pero tenía que hacer unos arreglos antes de poder entregártelo, feliz cumpleaños"
Potter se quedó en shock. Medio segundo después, con una sonrisa enorme, se abalanzó hacia él para abrazarlo. Severus sintió que su cuerpo se tensaba. No estaba acostumbrado a tales demostraciones de afecto. El chico actuó como si no notase el cuerpo tenso y siguió abrazándolo unos momentos más. Severus empezó a relajarse y, tentativamente, le dio unas palmaditas en la espalda.
"Gracias, señor, esto significa mucho para mí" Severus no estaba seguro de si se refería a las palmaditas o al regalo. Optó por pensar que era por lo último.
"Ni siquiera sabes lo que es, ábrelo, tengo que explicarte cómo funciona"
Potter desenvolvió el regalo cuidadosamente. Muy cuidadosamente. Como si lo que estuviera dentro fuese del cristal más preciado. Severus esperó pacientemente hasta que el paquete estuvo desenvuelto. Vio cómo el niño analizó la caja – de nogal, como había visto que le gustaba – con ojos inspectores. Era una caja sencilla y bien pulida, tenía grabado un zorro, hecho con líneas negras, en la parte superior. Severus tenía una caja igual, conectada a esa, pero con el grabado de un cuervo.
"Es hermosa, señor"
"Es una caja de envío, yo tengo una igual que está conectada a esta" Severus empezó a explicar "Muchos magos, cuyas familias se encuentran a una gran distancia, deciden adquirir una para que sea más fácil el envío de paquetes"
Decidió no mencionar que en realidad solo unos cuantos magos poseían aquello, ya que era un objeto muy caro y difícil de conseguir. La mayoría de las personas preferían seguir usando lechuzas por ser más económicas, a pesar de todo el tiempo que pudiesen demorar. Las cajas de envío funcionaban con hechizos similares a un armario evanescente, pero en menor escala, por lo que eran menos peligrosos que su homólogo de gran tamaño.
"¡vaya! parece ser un obsequio muy útil"
"En efecto, lo es… nuestras cajas en particular cuentan con un hechizo de preservación. Así, no solo me podrás enviar algún mensaje en caso de emergencia, sino que además podré enviarte comida, sin temor a que se eche a perder"
Severus vio a Potter contener lo que seguramente sería otro abrazo de emoción. Queriendo evitar más muestras de afecto, decidió seguir hablando.
"A partir de ahora, te enviaré tus pociones por este medio y, si requieres mi presencia, no dudes en enviarme una nota por ahí"
"Muchas gracias señor, lo aprecio bastante"
"Espero que la uses sabiamente"
"No se preocupe, de hecho, acá tengo la nota ideal para inaugurarla" y con eso dicho, Potter agarró uno de los pergaminos que tenía apilados en su escritorio, garabateó algo y lo metió en la caja.
…
*Parpadeo*
"No sabes cómo enviarlo, ¿verdad?"
Con una sonrisa avergonzada, Potter se encogió de hombros.
"Solo tienes que darle un golpecito a la caja con tu dedo índice, pero primero debes pinchar dicho dedo acá para completar la activación, ya hice lo propio con la mía esta mañana" Señaló justo encima del broche de la caja, donde había una pequeña zona cóncava del tamaño ideal para un dedo.
Potter puso su dedo donde le señaló y vio el momento en el que la sangre era extraída de él. Cuando el chico sacó su dedo, lo vio sorprenderse por no encontrar rastro de la herida.
"Ya está, ahora solo funcionará con tu toque y cualquier otra persona que abra la caja no verá nada en su interior, ni podrá enviar nada"
"Genial… la magia todavía me sorprende" con una sonrisa más, el chico se acercó para darle otro abrazo "muchas gracias" fue dicho suavemente.
Severus reprimió una cálida sonrisa. Potter…. Harry lo había sorprendido con su manera de ser esos últimos días. El niño no era su padre… pero tampoco era su madre. Había llegado a comprender que este chico, que actualmente lo estaba abrazando, era su propia persona.
"¿Y por qué un zorro?" Harry preguntó cuando se soltó del abrazo.
"Lo considero adecuado para ti… es un animal pequeño, pero astuto e inteligente"
"No sé si sentirme insultado por mi altura… pero lo tomaré como un halago"
Sonrió. Cuando lo vio, pensó que era un animal que representaba muy bien al chico. Luego, cuando el encargado le preguntó qué quería gravar en la caja a juego, un cuervo apareció en su cabeza. Los cuervos eran animales muy inteligentes e intuitivos y Severus sintió que era una buena representación de él, mirando desde lo alto, protector, siempre atento a los peligros que pudiesen acechar al niño. Además, el cuervo era considerado el zorro del aire.
Ululeo
Severus volteó a mirar a la lechuza que, hasta ahora, había estado silenciosa en el hombro de su dueño.
"Hedwig también le agradece, señor"
Levantó una ceja. Esa lechuza le había enviado la carta que lo había hecho reconsiderar todo su mundo. Al principio, Severus detestó a esa ave por no solo incordiarlo en la mañana, sino por además arruinar su desayuno, pero había llegado a apreciarla. Podría cuestionar la ridícula noción de que Harry parecía entender a su lechuza, de no ser por el hecho de que los había visto interactuar por tres días como si hablasen un mismo idioma.
"Envíale saludos de mi parte" Harry lo hizo. "Ahora debo partir. Por cierto, el elfo que te visitó pertenece a la familia Malfoy, si vuelve a aparecer contáctate inmediatamente y no te metas en problemas"
La sonrisa que le dio Harry lo hizo sospechar que evitar los problemas no estaba en sus planes. Suspirando, Severus se fue.
"Tío Vernon, tía Petunia, tengo una propuesta que no pueden rechazar ¿qué dirían ante la oportunidad de deshacerse de mí por el resto de las vacaciones?"
Harry había decidido aceptar la oferta de Ron de ir a su casa hasta que empezara la escuela. Le había escrito hace unos días, explicándole la razón de no haber respondido con anterioridad y, según lo que entendió de su respuesta, había detenido el ingenioso plan de Ron y sus hermanos de ir a rescatarlo en un auto volador. Aunque le hubiese gustado ver eso, Harry se alegraba de que nada extraño haya pasado durante esas semanas. Se había comportado ejemplarmente y no había razón para que los Dursley se quejaran o negaran su petición.
"¿De qué estás hablando muchacho?" Los diminutos ojos del tío Vernon lo miraban con suspicacia.
"Un amigo se ha ofrecido a acogerme en su casa hasta que empiece la escuela y creo que será beneficioso para todos. Así, no solo no tendrán que soportar mi presencia, sino que tampoco me tendrán que llevar hasta la estación cuando empiecen las clases"
Su tía se burló, pero no se negó de inmediato. Tío Vernon parecía considerarlo seriamente.
"¿te vendrán a recoger? ¡No quiero a ninguno de esos fenómenos merodeando mi casa, muchacho!"
Harry se había preparado para eso.
"Por supuesto que no, me iría esta misma noche hasta el punto de encuentro, muy lejos de este respetable hogar, por supuesto"
Sus tíos se miraron seriamente. Harry esperó… esperó… y esperó. Por fin, luego de lo que pareció una eternidad, sus tíos llegaron a un acuerdo.
"Muy bien, partirás esta noche, pero te advierto: si alguien te ve a ti o alguno de los de tu especie, estarás en problemas"
Harry sintió que su cuerpo se relajaba, había estado tenso esperando el veredicto.
"¿y bien? ¿por qué sigues ahí parado?" La voz chillona de su tía inquirió.
"Bueno, verán, me gustaría empacar… pero mi baúl sigue en el armario" Harry podría sacarlo de ahí con facilidad, pero no quería que sus tíos se enteraran de su destreza para abrir candados. Esa era una habilidad que prefería mantener en secreto.
Tío Vernon no parecía muy complacido con lo que eso implicaba. Al parecer, no había pensado en que tendría que permitirle a Harry el acceso a un baúl lleno de artefactos mágicos.
"Ordena lo que llevarás, te daré tu baúl para que guardes tus cosas solo cuando sea hora de partir, ni un minuto antes, ¿me entiendes?" Harry se apresuró a asentir "Ahora largo de mi vista, ¡ve a limpiar!"
Cuando terminó todas sus labores de la tarde, se fue a su dormitorio a empacar sus cosas. Una de las compras que había realizado con Snape fue un porta-varitas – se alegró de saber que sí existían – que Harry ahora tenía bien puesto en el brazo derecho. Era invisible y, con un movimiento de muñeca, su varita saldría disparada hacia su mano. Era mucho más práctico de lo que había imaginado. Con su varita estando bien resguardada, Harry se preguntó cómo haría para empacar todo lo que se supone que todavía debería estar en su baúl. Miró sus libros, los pergaminos que estaban bien ordenados con anotaciones de colores y post-its aquí y allá… su ropa y su capa de invisibilidad estaban en la parte oculta de su armario. Derrotado, Harry supo que necesitaría ayuda. Le envió una nota rápida a Snape y esperó que pudiese llegar a tiempo.
Diez minutos después, Harry seguía en su cuarto, esperando. Hedwig, dentro de su jaula, empezaba a inquietarse.
*Golpeteo*
Harry se sobresaltó y dirigió su mirada hacia su ventana. Caminando despacio, fue a inspeccionar qué había hecho ese ruido. 'espero que no sea Dobby'.
…
…
Harry no sabía si reír, horrorizarse, llorar, gritar o simplemente mirar estupefacto ante la vista que lo esperaba. Supuso que su rostro adoptó todas esas expresiones en una. Era Snape… Snape en una escoba, afuera de su ventana. En su cabello había unas cuantas hojas esparcidas y había rastro de barro en su mejilla. Le estaba lanzando, lo que supuso eran semillas, para tocar su ventana. Dichas semillas eran lo que había ocasionado el ruido que lo alertó.
"Cierra la boca y abre tu ventana de una vez"
Harry se apresuró a obedecer.
"Espero no haber interrumpido algo importante, señor"
"Estaba volando en el bosque de Dean, recolectando ingredientes que solo crecen en la parte alta de la copa de los árboles. Felizmente decidí llevar conmigo la caja de envío, temiendo que pudieras meterte en problemas justo cuando no estaba en el castillo"
Bueno, eso explicaba la apariencia tan desordenada de Snape. Harry se sintió momentáneamente mal por haber interrumpido a su profesor.
"Lo lamento" Su voz sonó apenada.
"¿Entiendo que necesitas ayuda para llevar tus cosas a la casa de Weasley?" Snape, como es usual, ignoró sus disculpas. También solía ignorar sus agradecimientos. Harry no lo tomó a mal.
"Sí, señor, mis tíos no saben que tengo todo esto acá"
Harry estaba muy contento de que sus parientes no tuviesen curiosidad ni deseos de entrar a su cuarto. No tenía cómo explicarles todos los cambios que habían ocurrido.
Eso; sin embargo, fue gracias a Snape, quien había puesto algunos encantos, sin que él se enterase, que funcionaban de manera similar al caldero chorreante, haciendo que su familia se distrajese cada que pensaba entrar a su habitación. Además, había agregado una ilusión por si acaso, para que, en caso de que llegasen a entrar, solo vieran el lugar tal y como era antes.
"Muy bien, junta todo lo que llevarás, lo guardaré y te lo entregaré en el punto donde te recogerán los Weasley. Llega diez minutos antes"
Harry empezó a acomodar sus cosas, quedándose solo con las prendas de vestir de su primo, eso es algo que no cuestionaría su familia. Snape las guardó y se despidió. Con un suspiro de alivio, Harry bajó a preparar la cena, lo último que debía hacer antes de partir.
Una vez hecho todo, su tío le abrió la puerta del armario debajo de las escaleras para sacar su baúl. Harry guardó las pocas prendas de vestir que tenía y se despidió. Su tío le dio una última advertencia, Dudley lo golpeó, su tía se burló y Harry se fue. Cuando llegó al punto de encuentro, diez minutos antes exactamente – Snape le había hecho comprar un reloj – su profesor ya estaba ahí esperándolo.
"Potter" lo saludó. Se veía más limpio.
"Profesor"
"Aquí están tus cosas" Le entregó su paquete y lo ayudó a acomodar todo en su baúl.
"Listo, gracias por todo, señor"
"Te ves más alto"
Harry sonrió brillantemente. Las últimas semanas habían sido increíbles. Snape le había pasado las pociones nutritivas y lo había abastecido de comida. Harry se sentía más saludable y podía dar fe de que las pociones habían surtido efecto: Había marcado su estatura en una esquina de su cuarto.
"¡Crecí siete centímetros!"
Snape levantó una esquina de su boca y lo miró con superioridad. "Por supuesto, mis pociones funcionan"
Estuvieron unos minutos actualizándose sobre los sucesos recientes. A pesar de tener la caja de envío, realmente no la usaba mucho para comunicarse, así que Harry atesoraba esos momentos en los que podía conversar con su profesor y así llegar a conocerlo mejor.
"Pero, señor, no lo vea como trampa, véalo como una oportunidad de mejora"
Harry había estado tratando de convencer a Snape de que corrija su ensayo de pociones antes de la fecha. Eso fue lo que le entregó por primera vez a través de la caja de envío, con una nota que decía Yo, su alumno favorito, espero sus sabias palabras de corrección, la nota tenía, además, un rápido dibujo de Harry con un caldero de pociones y un corazón. El ensayo le había sido devuelto con correcciones… en el dibujo. Snape había hecho que su dibujo se moviese, mostrando a un Harry irritado, removiendo su caldero y había tachado el corazón. Ahora había un cráneo con dos huesos. El símbolo de veneno.
"Sigue intentando" Snape se burló. Conversaron un rato más sobre el ensayo hasta que su profesor tuvo que partir, ya era hora de que aparecieran los padres de Ron para recogerlo.
"Hola, debes ser Harry" un señor larguiducho y delgado, cuya calvicie brillaba a la luz de las farolas, se apareció delante de Harry. A su lado estaba la señora Weasley, sonriendo maternalmente, como tía Petunia solía mirar a Dudley.
"Buenas noches, señor" Sonrió
"Bueno, es hora de partir, sostente bien, nos vamos a aparecer" y antes de que Harry tuviese tiempo de preguntar, el señor Weasley cogió su baúl, lo agarró del brazo y sintió que todo su ser era oprimido dolorosamente. Cuando abrió los ojos, se sintió algo mareado. El señor Weasley lo ayudó a mantenerse de pie hasta que pudo centrar bien su vista.
"Bienvenido a la madriguera"
Y Harry observó su lugar de residencia por lo que quedaba de vacaciones.
Ahora sí es un nuevo capítulo, ¡perdón por los inconvenientes! y gracias por leer y comentar.
