"¡Ron tienes que tener cuidado de dónde dejas tus calzoncillos!"

Harry sostenía la prenda tóxica entre su índice y su pulgar, con una mueca de disgusto en su cara. Había tropezado con dicha prenda al salir de la habitación que compartía con su amigo.

Escuchó a los gemelos reírse a carcajadas tras su comentario. Ron, con las orejas rojas, le arrebató su ropa interior y fue a dejarla en el cesto de ropa sucia. Harry escuchó una risita y, por el rabillo del ojo, vislumbró una cabeza roja pasar corriendo. Supuso que era Ginny Weasley, la hermana pequeña de Ron. Suspiró. Desde que había llegado, ella había alternado entre mirarlo con asombro y evitarlo a toda costa. Por estas razones, Harry odiaba ser famoso. Por más que apreciaba a su amigo, había encontrado la conducta de su hermana sumamente molesta, no parecía verlo como una persona normal, sino como una especie de héroe de cuento.

"Entonces, pequeño Harry" Fred comenzó.

"Ya que parecías divertirte mucho…" George continuó

"Desgnomizando el jardín el otro día" Fred volvió a hablar

"¿qué te parece repetir esta tarde tan divertida experiencia?" Gred y Forge terminaron juntos.

Harry sonrió, era divertido hablar con los gemelos, aunque ahora intentaban engatusarlo para terminar con sus labores del día.

"Tienen razón muchachos, me divertí mucho" los gemelos agrandaron sus sonrisas "de hecho, me divertí tanto que, siendo tan generoso como soy, me gustaría que ustedes experimenten tal alegría por sí mismos"

La sonrisa de los gemelos cayó un poco, luego volvieron a animarse.

"Bueno…" comenzó uno.

"Valía la pena intentarlo" terminó el otro.

"¡Fred, George, dejen a Harry tranquilo y vayan a desgnomizar el jardín de una vez!" La señora Weasley asomó su cabeza desde la cocina. Tenía el ceño fruncido y estaba agitando una cuchara de palo severamente. Algunas gotitas de salsa cayeron al piso. La señora Weasley se limpió con el dedo una gotita que había caído en su mejilla, la lamió y, murmurando "le falta sal", volvió a desaparecer.

Las semanas que había pasado en la madriguera eran las mejores vacaciones de su vida. Harry, que había estado analizando su amistad con Ron, descubrió que, aunque apreciaba a su amigo por ser el primero que tuvo, tenían muchas diferencias. Una de las principales era que Ron tendía a ser perezoso y desorganizado. A Harry se le dificultaba seguir sus hábitos de estudio con Ron incitándolo a jugar todo el tiempo.

Resultó que, de todos los hermanos Weasley presentes, se llevaba mejor con los gemelos. Eran divertidos y tendían a jugar bromas todo el tiempo, es verdad, pero su dote de bromistas los había vuelto excelentes planificadores. Quién diría que se necesitaba tanta organización para hacer una buena broma. Percy, el hermano mayor en la casa, no era su favorito. Su actitud pedante y creída lo irritaban bastante. Aunque a Percy parecía agradarle el hecho de que Harry tenía un horario de estudio.

Ron se había burlado de él cuando lo mencionó y Harry estuvo a punto de descuidar sus estudios en pro de jugar con su amigo, hasta que sintió el tintineo – que solo se oía en su mente – que indicaba que algo había llegado a través de su caja de envío. Harry había decidido llamarla Vulpis para abreviar (y había intentado que Snape llame a la suya Corvus). Cuano abrió la caja, asegurándose de no ser visto por nadie, encontró una nota de Snape, diciéndole que no descuide sus estudios, que se alimente muy bien, que no se olvide de tomar sus pociones y que use siempre un sueter si iba a salir a volar. Harry se conmovió con tanto cuidado, era la primera vez que experimentaba algo parecido a tener un padre. Harry se prometió no decepcionarlo.

"¡Ah, Harry! Veo que tienes tiempo libre, ¿te gustaría acompañarme a arreglar el carro?" El señor Weasley apareció en la puerta que daba al jardín. Harry sonrió, pero declinó amablemente, el señor Weasley era muy aficionado a las cosas muggles y Harry todavía no se recuperaba del último debate sobre la utilidad de los patitos de hule que tuvieron el día anterior.

Al final, decidió acompañar a los gemelos a desgnomizar el jardín, tenía un rato libre, después de todo. Los gemelos se alegraron y le empezaron a contar todas las bromas que tenían planeadas para el nuevo año escolar. Le agradecieron a Harry por los post-its que les había regalado, afirmando que eso facilitaba mucho su planificación. Harry se alegró de ayudar y pidió inmunidad de las bromas a cambio. Fue un acuerdo de mutuo beneficio.

"Amigo, ¿quieres ir a volar un rato?" Ron se giró a preguntarle a Harry después de almorzar.

"Claro, pero tengo algo que revisar primero, te alcanzo en diez minutos" Harry tenía que ir a revisar a Vulpis por sus pociones de nutrición, debía tomar una después de cada comida.

Ron se animó con su respuesta afirmativa, no habían pasado tanto tiempo juntos los últimos días, porque Harry se había puesto a corregir todos sus ensayos. El inicio de clases se acercaba. Sintiéndose algo culpable por ese hecho, Harry le ofreció a Ron usar su Nimbus 2000 mientras lo esperaba. Ron aceptó con una sonrisa brillante.

Cuando subió al pequeño cuarto que compartía con Ron para tomar sus pociones, Harry casi ni se inmutó con el estruendoso ruido que empezó a hacer el espíritu del ático. Al parecer no estaba conforme con el breve silencio en el que se había asentado el hogar. Harry sonrió. Las mejores vacaciones de su vida realmente.


Severus no estaba preocupado. No. El, ciertamente, no se sentía como un padre primerizo que acababa de dejar a su hijo ir a su primera pijamada. El solo era muy precavido con el niño al que había jurado proteger, eso es todo. Era su deber. Por esa razón, había aterrizado cerca del pintorezco lugar que se hacía llamar La Madriguera. Él solo revisaría las barreras de la casa y se iría una vez que comprobara que todo estaba en orden.

"¡Ah! ¡Eso fue divertido! Tu escoba es lo máximo, nunca me canso de volar en ella"

"Puedes pedírmela prestada cada vez que quieras Ron"

Severus podía escuchar la sonrisa en la voz de Harry. Había llegado justo cuando los niños terminaban de volar en el pequeño prado, al parecer. Permanerció en silencio por unos momentos, mientras los seguía. Harry se había puesto un sueter, notó complacido.

"Ve a bañarte primero, guardaré tu escoba, apestas" Ah, la honestidad en bruto de Harry podía ser refrescante, pero Severus consideró si debía enseñarle al niño un poco de sutileza.

"¡Hey! Tú no hueles mejor" Weasley se escuchaba insultado, pero divertido.

"Huelo mejor que tú, ciertamente, yo sí me bañé esta mañana"

"Bueno, bueno, me iré a bañar" suspiró derrotado.

Cuando el menor de los varones Weasley se metió, Severus se hizo visible. Harry, al notarlo, abrió ligramente los ojos.

"Potter" saludó "No luces tan sorprendido"

"Hola profesor" Harry lo saludó animado "No es que no me haya sorprendido, pero he practicado mucho mi respuesta ante lo inésperado últimamente. Hay un espíritu en el ático que grita cada cierto tiempo"

Severus levantó una ceja ante ese hecho.

"¿Qué lo trae hasta aquí, señor?" Harry continuó.

Por un momento, se sintió atrapado. No tenía cómo responder eso sin sentirse avergonzado.

"Mañana llegan las cartas de Hogwarts" dijo al fin.

"¡Eso es genial! ¿sabe qué libros nuevos tendré que comprar para este año?"

Severus casi contuvo una mueca de desprecio. Casi. La elección del nuevo profesor de defensa lo había hecho cuestionar la salud mental del director. Gilderoy Lockhart, el más grande fanfarrón que había tenido el disgusto de conocer, se pavoneaba de un lado a otro desde que había sido contratado y había pedido que se añadieran a las listas escolares todos sus libros de fantasía.

"¿Sucede algo malo, señor? No parece contento con el tema de los libros" La voz del niño lo sacó de sus pensamientos.

"Solo diré que no debes creer por completo en todo lo que lees sin investigar más a fondo"

"Lo tendré en cuenta… ¿Entonces me venía a avisar sobre eso?" La voz de Harry era escéptica. Severus se tensó.

"No, vine para decirte que el director, de alguna manera, sabe que estás aquí y seguramente le enviará tu llave de Gringotts a los señores Weasley, para que puedan hacer las compras de tus útiles" Inventó una escusa plaucible rápidamente.

"Oh… Oh… la llave que ya no sirve"

"En efecto"

"Así que la tenía el director. Bueno, tiene sentido, son los adultos responsables… supongo que podré cambiar las llaves sin que se den cuenta"

"Intenta ser sutil al respecto"

"¿Se tienen que quedar ellos con mi llave, señor?"

"Tú eres el dueño legítimo de tu llave y tu bóbeda, tienes derecho a guardarla tú mismo"

"Sí, creo que preferiría eso" Severus notó que Harry se quedó callado, probablemente pensando en cómo perdir su llave sin ofender a los adultos.

"Tu cabello ha crecido considerablemente"

"¿Mmm?" Harry fue sacado de sus pensamientos "¡Oh, sí! El otro día el espejo me empezó a insultar por ello… ¡el espejo!, tuve un buen susto la primera vez que me habló"

Severus reprimió una sonrisa divertida. A veces se olvidaba que Harry había crecido sin conocer de la magia.

"Tal vez sea hora de un buen corte"

"No lo sé, una vez tía Petunia me cortó el cabello y volvió a cercer al día siguiente"

Eso era interesante, ¿podían ser genes de metamorfomago actuando? No había escuchado de ningún Potter con esa habilidad antes, tendría que investigar.

"¿Existen peluquerías mágicas?" Harry inquirió con una voz curiosa.

"Sí, por supuesto, te llevaré en algún momento cuando inicien las clases, te daré una detención para cubrir tu desaparición"

"¿y qué pasa si no hago nada que merezca una detención?" Harry preguntó ofendido.

"Lo harás" Severus se burló.

"Bueno, de acuerdo" suspiró derrotado "¿usted también se cortará el cabello?"

Severus no se dignó a responder eso.

"Me tengo que ir, recuerda no meterte en problemas"

"Por supuesto, siempre lo recuerdo" Fue dicho con una voz divertida.

Severus se despidió y volvió a aparecerse afuera de los terrenos del castillo. Solo cuando hubo llegado a sus aposentos se dio cuenta… no había llegado a comprobar las barreras que protegían la madriguera. Supuso que si nada malo le había pasado a Harry hasta el momento, entonces todo estaba bien y se dispuso a seguir con sus labores del día tranquilo. Además, el chico parecía estar muy alegre y saludable en el lugar.

Justo cuando terminaba la última tanda de pociones para abastecer la enfermería para el nuevo año, Severus sintió el familiar tintineo en su cabeza. Fue a revisar la caja de envio curioso ¿en qué problemas se podía haber metido el chico en tan poco tiempo? Al abrir la caja – Corvus, como insistía Harry que la llame desde que se enteró del grabado – Severus encontró una nota que decía Gracias por visitarme hoy, fue muy agradable verlo señor. En la privacidad de su cuarto, se permitió sonreír.


Albus Dumbledore era un hombre cansado.

Haber vivido dos guerras mágicas lo habían hecho ver el mundo de una manera más opaca y siniestra. Aún en los tiempos de paz actuales, Albus vivía preocupado. Él sabía que la última guerra todavía no había terminado. No… sabía que, en algún lugar, Tom todavía estaba arrastrándose a lo que le quedaba de vida, negándose a perecer y aferrándose a, en la opinión de Albus, un destino peor que la muerte. Tom había perdido su humanidad.

Esa fue la razón principal de haber dejado al joven Harry en un lugar donde probablemente no sería muy apreciado, pero lo mantendrían con vida. El niño tenía un destino que cumplir, un destino tan pesado que a veces sentía que sus frágiles hombros no lo podrían soportar. ¡Oh!, como deseaba él poder ser de más ayuda, pero lo único que podía hacer era guiar al joven poco a poco a aceptar lo que le esperaba. Albus sabía que el niño necesitaba tener características que no hubiese poseído de haber vivido en el mundo mágico, rodeado de gente que lo conocía incluso antes de poder hablar.

Muchos podrían mirar sus movimientos con desaprobación, pero Albus sentía que era necesario. Se sentía impotente y sucio, como un titiritero controlando a su marioneta. Tenía que ser fuerte, no podría encariñarse demasiado con el niño, pero temía que eso le resultase imposible. Con un suspiro cansado, Albus alcanzó un caramelo de limón desde un tazón en su escritorio, perdido en sus pensamientos.

"¿Quería verme, señor director?" La voz de Severus lo sacó de sus cavilaciones.

"Oh, Severus, pasa, pasa, toma asiento por favor"

Albus vio a Severus sentarse con su siempre presente expresión estoica, sin regalar ni una de sus emociones.

"He notado que últimamente pasas una cantidad de tiempo considerable fuera del castillo"

"He estado ocupado y me gustaría evitar a Lockhart lo máximo posible antes de que empiecen las clases"

"Ya veo…" Albus sentía que se estaba perdiendo algo. Tenía la impresión de que Severus le estaba guardando un secreto y sus sentidos estaban al borde, intentando descifrar el misterio. De alguna manera, sentía que debía dar una advertencia.

"Entiendo, en ese caso, solo me queda decirte que seas muy cuidadoso con tus diligencias" Fue lo único que pudo decir.

"Si eso es todo, director, me retiro" Albus asintió y observó a Severus marcharse.

En su perchero, Fawkes trinó una melodía relajante y alegre. Albus sonrió cansadamente… tal vez, lo que sea que esté haciendo Severus, no sea tan malo.


'Sí, por qué no… ¿qué podría salir mal?"

Probablemente, en un futuro próximo, Harry se arrepentiría de haber aceptado tan alocado plan, pero la emoción de poder conducir un coche volador había nublado su buen juicio, porque… ¡Un coche volador! ¿Cuándo volvería a tener una oportunidad así? Podría ser peligroso, pero, en ese momento, Harry sentía que valía la pena. Además, ¿de qué otra manera podrían llegar a Hogwarts?... Vale, sí, podrían haber otras formas, pero ninguna tan divertida como esa. Decidido, Harry aceptó la propuesta de Ron.

Ayudó a Ron a meter sus cosas en el maletero del auto y emprendieron su gran aventura. Ron no era tan mal conductor. Estuvieron volando tranquilamente, resguardados tras el encanto de invisibilidad del coche. La vida era buena… Hata que el encato de invisibilidad falló. Más adelante, Harry se daría cuenta de que ese fue el inicio del fin. Ahí empezaría el mayor desastre que sentiría haber cometido… o tal vez empezó cuando aceptó seguir ese plan. Ahora; Sin embargo, Harry estaba más centrado en ayudar a Ron, dándole golpes al boton que hacía invisible el carro para que funcionase.

Todo lo que pasó después fue algo borroso. Encontraron el tren, lo siguieron por lo que parecieron años – en un punto, harry se tocó la barbilla para cersiorarse de que no le había crecido una barba – les dio un ataque de risa, el motor empezó a fallar y, finalmente, cuando vislumbraban el castillo, empezaron a sacudirse violentamente. El coche estaba fallando y salieron disparados a un árbol. Cualquier sacudida violenta que hubiese sentido Harry antes, no se comparaba en nada con lo que vendría después: el árbol sobre el que habían caído empezó a batir sus ramas de manera alarmante. Harry sintió que estaba severamente magullado, pero lograron escapar de ese espécimen endemoniado. Vio junto a Ron cómo el coche se perdía en el bosque.

Cuando llegaron al Gran Salón, se quedaron en la puerta mirando a los futuros alumnos ser ordenados. Harry notó brevemente que, en la mesa de profesores, Snape estaba ausente. Ron también lo notó y empezó a hacer conjeturas sobre su desaparición. Harry estaba empezando a sentir que una capa de hielo lo cubría. Su corazón, que no se había calmado por completo, se empezaba a agitar de manera dolorosa nuevamente.

"Tal vez lo han botado" dijo Ron con alegría.

"O tal vez" escuchó Harry desde atrás "Quiere averiguar por qué no han llegado ustedes dos en el tren escolar"

Harry se congeló. Sintió a Ron hacer lo mismo a su lado, pero no le tomó importancia. Lentamente se giró para encarar a su profesor. Snape no lo miraba. Su vista enojada estaba centrada en un punto en su cabeza. Escuchó a Ron tragar fuerte a su lado. Snape les pidió que lo siguieran con una voz fría y Harry sintió cómo su corazón se apretaba. Cuando llegaron a su despacho, Snape les mostró el periódico del día, donde se podía notar la imagen de un coche volador atravesando la ciudad. Harry levantó la mirada, culpable, dispuesto a decir … ¿qué? ¿qué podría decir a su favor?... Pero cualquier cosa que hubiese estado a punto de decir, murió en su garganta. Frente a él, Snape, que ahora sí lo miraba, le estaba dando la mirada más decepcionada que Harry había sentido sobre sí.

Harry sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos. Lo había arruinado todo… su oportunidad de tener una mejor relación con Snape… de tener a un adulto que cuide de él, todo se había ido al tacho. Apretó sus dientes para controlarse, encararía la situación en la que se había metido sin esconderse, sin dar excusas, se lo debía a Snape. Sus manos tembalaban y Harry apretó las uñas contra su palma para dominar sus emociones.

'La peor idea de la historia'


¡Otro capítulo! Gracias por leer y es un gusto leer sus comentarios :)