DISCLAIMER: la historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, yo solo me adjudico la adaptación
Bella Swan es enfermera del equipo de urgencias del 061 de Sevilla. Su vida transcurre entre el trabajo y su relación secreta con Jacob Black, el mejor amigo de su hermano y médico de su equipo, relación que este no parece dispuesto a formalizar. Edward Cullen, miembro del equipo alfa del Team Six de los Seals, acaba de regresar de Afganistán. Su vida y la de Bella se cruzan tras ser apuñalado en la calle. Se trata de un hombre joven, corpulento, con una poblada barba rubia y unos espectaculares ojos azules. Un hombre cuyo torso y alma están marcados por profundas cicatrices. Desde ese encuentro, Bella no podrá dejar de pensar en el americano. Pero Edward se prohibirá a sí mismo sentir algo por la joven enfermera. Está a punto de enfrentarse a la misión más importante de su vida y, por nada del mundo, quiere ponerla a ella en peligro. Los Vulturi son la más peligrosa organización criminal de toda Europa. Son salvajes, despiadados, se financian con la prostitución y el tráfico de seres humanos, y Bella está a punto de caer en sus redes, sin imaginar las consecuencias.
39 - Si alguna vez me quisiste
—Cero sesenta y uno. Le atiende Simón Martínez, dígame.
— ¿Simón? —Le conocía, era un chico joven al que había visto a menudo en la centralita—. Soy Isabella Swan, la enfermera del equipo uno.
—Dime, Bella.
—Han asaltado mi casa, mi novio está herido de bala, con orificio de entrada, pero no de salida bajo la parrilla costal izquierda, una hemorragia de grado cuatro en el miembro inferior derecho y un traumatismo craneoencefálico del que desconozco la gravedad. Os necesito aquí en menos de cinco minutos o le perderé. ¿Me oyes? Calle Brasil veintiséis, repito, calle Brasil veintiséis.
—Sí, sí, claro. Aviso a todos los equipos, incluso los que estén en lugares de menor gravedad. —La voz le temblaba a pesar de que intentaba mantener su profesionalidad—. Tranquila que el más próximo saldrá directo. Y tú, ¿estás herida?
—No, yo estoy bien, pero los tres tipos que nos atacaron están muertos, creo. Necesito al menos dos equipos, por favor, mételes prisa. Estamos en el garaje, voy a dejar abierta la puerta. Tengo que colgar, no para de sangrar, Simón.
—Está bien, vuelve a llamarnos si nos necesitas.
—Gracias.
Soltó el teléfono, aflojó el torniquete para evitar la necrosis de los tejidos y volvió a apretarlo antes de correr para accionar el mecanismo de apertura automática del portón y regresó veloz junto a Edward.
—Vamos, cariño… —Liberó un poco la presión del torniquete y la sangre fluyó a borbotones. Edward arrugó el entrecejo, recuperaba la conciencia, el dolor le despabilaba—. Cariño, por favor, aguanta, ya vienen —pidió tragándose las amargas lágrimas.
La herida de la espalda apenas sangraba, pero temía que le hubiese provocado una hemorragia interna que no podría controlar. Además, no contaba con los medios de Halcón en el helicóptero.
Ahora estaba sola, y su vida dependía solo de ella. Presionó la entrada de bala con un trapo de la mesa de herramientas. La puerta del garaje ya se hallaba abierta de par en par.
—Edward, cariño, resiste, por favor.
—Cuida de Rennesme—masculló en un aliento de voz, abriendo los ojos con dificultad para mirarla.
—La cuidaremos, juntos, vamos a cuidarla, y la verás crecer, te lo prometo —lloró.
El SEAL forzó una sonrisa llena de dolor en los labios antes de volver a perder el conocimiento.
El sonido de las sirenas fue música para sus oídos. Así como el vaivén hipnótico de las luces anaranjadas de las ambulancias y los destellos azules de la policía le dijeron que llegaba el Séptimo de Caballería.
Su corazón palpitó acelerado al ver a Jacob descender la rampa a toda velocidad cargando su equipo a la espalda seguido de Harry, que traía la camilla de tijeras y la joven que debía ser su sustituta.
Se sintió aliviada porque, a pesar de sus diferencias, para ella Jacob era el mejor en situaciones de emergencia como aquella. Los alcanzó enseguida, arrojando la mochila al suelo.
— ¿Estás bien? —le preguntó.
—Sí, sí, a él, atiéndele a él. —El joven médico obedeció, haciéndose cargo de la situación.
Dando indicaciones a su enfermera que ya preparaba el suero para cogerle una vía.
—Tienes una brecha en la frente, Bella —indicó Harry, quitándose el polo azul de emergencias y vistiéndola con él para ocultar su desnudez. Ni siquiera se había dado cuenta, pero era cierto, tenía una herida en la frente, debió hacérsela cuando cayó el kayak—. Y mira tú brazo.
—No es nada, ya me lo coserán en el hospital. A él, atendedle a él.
— ¿Y esos tipos? —preguntó la nueva enfermera.
—A esos hijos de puta que los atienda el siguiente equipo; nos largamos ya. Harry, vámonos —indicó Jacob.
Le cargaron y subieron la rampa a toda velocidad.
—Voy con vosotros.
—Ni hablar.
—Trata de detenerme.
Subió a la parte trasera de la ambulancia y sostuvo la mano de Edward. Percibió la mirada de soslayo del que una vez fue su pareja al verlos.
— ¿Tensión?
—Seis, tres y medio, creo, se oye tan bajito…
—Aumenta la velocidad del suero, ponlo a chorro —ordenaba mientras no dejaba de presionar la herida de la rodilla con compresas.
— ¿Qué pasa, Jacob? ¿Ha dejado de sangrar? —preguntó mirándole a los ojos.
—La hemorragia de la pierna está controlada, pero me temo que pueda tener una hemorragia interna, que el disparo haya dañado algún órgano. ¿Quiénes eran esos tipos, Bella?
—No importa quiénes eran. Ahora no importa. Solo importa él.
— ¿Él? ¿Y quién es él?
—Jacob, está fibrilando —advirtió la nueva enfermera atenta al monitor.
—Métele una dosis de adrenalina.
Los latidos de su corazón comenzaban a ser irregulares y Bella sabía lo que eso podía significar, le perdían.
—Carga el desfibrilador.
— ¿Doscientos?
—Sí, claro.
Su cuerpo convulsionó, saltando sobre la camilla. Jacob volvió a colocar las palas para analizar el ritmo cardiaco.
—Continúa fibrilando —advirtió insuflando aire en sus pulmones con el resucitador manual. El joven médico inició las compresiones cardiacas de reanimación, durante un par de minutos que parecieron eternos. Volvió a colocar las palas sobre el pecho, la fibrilación continuaba.
— ¡Carga! —Ordenó colocando las placas de nuevo sobre el torso desnudo de Edward—. Uno, dos, tres. Voy.
Este volvió a estremecerse de modo automático. Jacob colocó las palas de nuevo sobre su pecho.
— ¡Se ha parado! ¡Se ha parado! —gritó la enfermera nerviosa.
La línea verde marcaba el fin sobre la pantalla del desfibrilador.
Bella no quería creerlo, no podía creerlo, le había perdido.
Edward acababa de morir sobre aquella fría camilla de la ambulancia.
No había señal.
Su mundo acababa de destruirse.
Todos los planes que habían hecho juntos jamás llegarían a cumplirse.
Era el fin, el final de su sonrisa ladeada, de sus ojos mágicos, de sus besos y caricias, era el peor final de todos, el fin de su felicidad.
Jacob reinició la maniobra de reanimación.
Uno, dos.
Uno, dos.
Mientras la joven continuaba insuflándole aire.
No quería mirar a Bella, no se atrevía a mirarla. Continuaba comprimiendo el torso de aquel hombre que tan importante era para ella. No podía ser cierto. Debía tratarse de una pesadilla.
Uno. Dos.
Uno. Dos.
El tiempo parecía haberse detenido. Volvió a colocar las palas, pero el resultado fue el mismo.
Se había ido.
—Continúa en parada —oyó decir a su compañera.
Bella se volvió hacia él y le agarró por los hombros con fuerza zarandeándole.
— ¡Tienes que salvarle, Jacob! ¡Tienes que salvarle!
—No hay latido, Bella.
— ¡Si alguna vez me quisiste, si alguna vez signifiqué algo para ti, tienes que salvarle! —lloró, agarrándose con fuerza a la mano exánime del hombre al que amaba y cuya vida se le escapaba entre los dedos como el agua, sin que pudiese hacer nada para evitarlo.
Jacob reinició la maniobra de reanimación, una vez más, con fuerza, hundiendo el esternón de aquel tipo.
No quería verla sufrir.
Si alguna vez me has querido, había dicho. Aún la quería.
Uno. Dos.
Uno. Dos.
Uno. Dos.
Uno. Dos.
Uno. Dos.
Bip. Bip. Bip. Bip.
Al fin.
Al fin aquel sonido.
