"Esto va a ser muy emocionante"

Hermione hablaba sin parar sobre todo lo que podrían aprender y Harry se estaba arrepintiendo de haberla invitado. Era el "día de muerte" de Nick casi decapitado y él se había ofrecido a ir, ya que el fantasma le había evitado una detención con Filch. Le había preguntado primero a Daphne, Theo y Luna si querían acompañarlo, pero los primeros solo se rieron y prefirieron ir a un banquete con comida que pudiesen comer. Así fue como Harry se enteró de las "delicias" que se ofrecían en tal evento. 'Solo a mí se me ocurre aceptar ir a un banquete donde la especialidad es comida podrida'. Pero lo hecho, hecho estaba, solo quedaba sobrevivir la noche.

Al final, de sus primeras opciones, solo Luna había aceptado su invitación. Decidió preguntarles a Ron y Hermione también, pero nadie podía apartar a Ron de un buen banquete y la única emocionada con la perspectiva de asistir a un evento así fue Hermione. Casi como una idea tardía, al ver a Neville sentado en una esquina leyendo un libro, decidió probar suerte y preguntarle también. No estaría de más y sería un buen momento para presentar a Neville y Luna. Su tímido amigo aceptó emocionado. 'demasiado emocionado para un evento tan… tétrico' pensó Harry. Teniendo en cuenta todo, quedó satisfecho. Al menos tendría compañía por ese día.

"Me encanta tu atuendo esta noche" La voz de Luna flotó a un lado suyo.

Harry sonrió. Cuando le dijo a Snape sobre el evento, este se había burlado y luego procedió a explicarle todo lo que podría esperar. Harry no estaba tan encantado con lo que había aprendido. Snape le había dicho que antes de ir a su tertulia, vaya a sus aposentos. Harry lo había hecho y, al llegar, Snape le había aventado unos pantalones de lana, una chompa y una casaca para usar sobre ella. Harry se puso todo encima de lo que ya tenía, por requerimiento de su profesor, cuestionando si era necesario todo aquello. Snape no respondió y solo le lanzó una bufanda antes de dejarlo ir.

"Sí, bueno, con gusto te daría alguna de mis chompas, pero sospecho que no me las podré quitar" Estaba sudando debajo de todas las capas. Sospechaba que su ropa extra tenía encantos de calentamiento.

"¿Crees que haga mucho frío en el lugar?" Neville preguntó algo aprensivo, mirando el suéter ligero que llevaba encima.

"No te preocupes Neville, creo que he exagerado un poco" lo tranquilizó Harry.

No había exagerado. El lugar era un congelador. Hermione se había rendido de intentar pronunciar alguna palabra coherente y ahora solo estaba a un costado castañeando los dientes. Luna no parecía afectada por el frío en absoluto y se dedicaba a sonreír amablemente a cada fantasma con el que se cruzaba mientras hablaba con Neville. El pobre Neville se había refugiado a su costado, buscando absorber algo del calor que emanaba Harry.

"D-debimos t-traer algo de c-comida" Hermione se esforzaba por hablar.

"Aquí tengo" Snape le había llenado los bolsillos con bocaditos también, fue una sorpresa agradable "Toma, algo de chocolate te ayudará"

En un momento dado, Nick se acercó a saludarlos y Harry intentó mostrar lo mucho que estaba disfrutando su día. La única que parecía no esforzarse por mostrar diversión era Luna: su entusiasmo era real. De pronto, escucharon un alboroto y voltearon a mirar qué sucedía. Era el club de los jinetes sin cabeza que, al parecer, habían llegado a burlarse de Nick.

"Buenas noches caballeros" dijo Luna con una sonrisa soñadora "veo que están horripilantes este día, aunque no tanto como Sir Nicholas, me temo"

Hermione soltó un ruido de asombro, al parecer horrorizada de los modales de Luna, pero se sorprendió cuando Nick sonrió radiante, sacando el pecho de orgullo por el comentario de su amiga. A su lado, Neville se apresuró a coincidir con la opinión de Luna. Nick parecía ponerse más feliz por cada "cumplido" dado y los jinetes sin cabeza no parecían contentos con aquello.

"Como sea, nunca tendrás un lugar en este grupo" dijo al final el que parecía ser el jefe. Con una sonrisa despectiva, se fue del lugar y el resto del grupo lo siguió.

Harry consoló a Nick por no poder ingresar al grupo del que tan obviamente quería formar parte. Nick pareció animarse y luego procedió a dar un discurso a sus invitados. Harry y sus amigos se quedaron un rato más, hasta que notó que su castaña amiga empezaba a ponerse azul. Neville no se veía mejor. Decidieron irse antes de que se convirtiesen en esculturas de hielo que Harry y Luna tendrían que arrastrar por los pasillos. 'Bueno, eso no fue tan malo' pensó, aunque no creía volver a aceptar ir a un evento así en un futuro cercano.

"Desgarrar… Matar"

Harry se detuvo. "¿Qué?"

"Solo le decía a Neville que fue un placer conversar con él esta noche" Luna respondió, algo extrañada por su comportamiento. Neville se había sonrojado complacido.

Harry estaba confundido. Hasta que volvió a escuchar la voz ¡era la serpiente! Empezó a correr en su dirección hasta que paró de repente. 'Tu vida es importante' la voz de Snape hizo eco en su cabeza. "mi vida es importante" se susurró así mismo. ¿Era un movimiento inteligente correr directo hacia una voz que hablaba de matar? "mi vida es importante" se volvió a susurrar, intentando meter el pensamiento en su cabeza, queriendo interiorizarlo. Creyó ver una cabellera pelirroja por el rabillo del ojo, pero antes de que pudiese prestarle más atención, una voz lo interrumpió.

"¿estás bien?" Neville preguntó.

Lo habían seguido cuando corrió y ahora lo miraban extrañados por su comportamiento.

"Yo… erm… necesito ir al baño" dijo pensando rápido. Empezó a hacer un pequeño baile en su lugar para parecer más creíble.

"Es muy urgente?" preguntó Hermione

"Sí"

"Entonces sígueme, el baño más cerca está por acá"

Caminaron rápido hasta donde los guiaba Hermione, pero al llegar, Harry se quedó en la puerta indeciso. Miró a su amiga incrédulo.

"¡Pero es el baño de mujeres!"

"No te preocupes, nadie entra acá, el fantasma de Myrtle la llorona siempre está rondando, espantando a todas con su llanto" dijo la castaña exasperada.

Harry iba a protestar más, pero al final decidió entrar, necesitaba un lugar privado para usar a Vulpis y contactar a Snape. Su profesor le había puesto un encanto a la caja, de modo que con un toque de varita se pudiese achicar hasta convertirse en una pequeña esfera de madera y volver a su tamaño original con otro toque. Harry siempre cargaba a Vulpis en su porta-varita, Snape le había hecho un pequeño espacio al final.

El baño estaba desolado. 'Tal vez el fantasma esta en la fiesta de Nick' pensó Harry. Sin darle otro pensamiento más al asunto, se metió al cubículo más cercano, sus amigos lo esperaban afuera del baño. Harry metió su mano al bolsillo de su primer pantalón y sacó su bolígrafo y un pedazo de pergamino que guardaba por si había una emergencia como esa. Con un rápido garabato de su situación y el lugar donde se encontraba, envió la nota y esperó. Segundos más tarde llegó el mismo pergamino. "Ve al Gran Salón, no hagas nada estúpido. Voy a investigar"

Sintiéndose más seguro, salió del cubículo para buscar a los demás. Antes de salir, se quitó toda la ropa extra y fue a lavarse las manos, por si acaso. 'Después de todo, ellos piensan que he ido a orinar, sería grosero aparecer con las manos sin lavar'. Se lavó las manos sin prestar atención realmente. Notó, algo distraído, que el grifo tenía el grabado de una pequeña serpiente. 'curioso' pensó 'no recuerdo que en el baño de los chicos haya algo así'. Se encogió de hombros, creyendo que tal vez en otros baños del castillo hayan grabados de los animales que representen a las otras casas del colegio, y salió a buscar a sus amigos.

"Gracias por esperarme, volvamos al Gran Salón, creo que todavía no acaba el banquete" dijo, mientras intentaba acomodar su ropa entre sus brazos.

"Excelente idea, muero por algo de beber, tanto chocolate me ha hostigado" Lamentablemente no había nada bebible en los bolsillos de Harry esa noche.

Juntos se dirigieron hacia el lugar, alejándose poco a poco de la voz. Cuando llegaron, Harry y Neville se despidieron de Luna – Hermione solo le dio un asentimiento educado, no parecía llevarse muy bien con alguien que aparentaba hablar sin lógica – y los tres se fueron a sentar a la mesa de Gryffindor. Ron les preguntó cómo les fue y Neville le respondió calmadamente. Harry notó complacido que no se veía tan nervioso, hablar con Luna le había hecho bien. Hermione estaba ocupada tomando todo lo que pudiese encontrar y solo asentía a lo que decía Neville de cuando en cuando.

Harry sintió que lo miraban y levantó la vista. Sus amigos, en Slytherin, lo estaban mirando con burla mientras señalaban la comida y hacían mímicas demostrando lo deliciosa que estaba. Harry no les sacó la lengua. No. Eso sería inmaduro. Hizo una demostración exagerada de sacar algo de los bolsillos de la chaqueta que había puesto sobre la mesa y les mostró todos los deliciosos dulces que había en ellos. Con una sonrisa satisfecha, volvió a mirar a sus amigos.

"¿Me invitas algo?" Ron preguntó. También lo había visto.

"Claro, sírvete" Harry dijo mientras tomaba algo de jugo. Hizo una mueca… no era jugo.

Harry miró la mesa de profesores. Snape no estaba. Sintió que su estómago se retorcía. Claro, él había evitado el peligro, pero su profesor ahora estaba investigando por los pasillos, buscando una voz que no podía escuchar, cuyo mayor pasatiempo parecía ser desgarrar cosas. 'Por favor, que sea una serpiente pequeña' repitió una y otra vez en su cabeza, esperando que nada malo le pase a Snape. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y tocó el pequeño juguete de madera que había dentro.

Hace unas semanas había ido con Snape por el corte de cabello. Al final resultó que a Harry no le hacían efecto ninguno de los artículos capilares para alisar el cabello. Casi irritado, el estilista intentó una última opción. Era una loción que, con el paso del tiempo, iba a ir dominado su salvaje pelaje, como había dicho el hombre. No hasta el punto de alisarlo, pero sí iba a ser más fácil peinarlo. Además, su cabello quedaría suave y sedoso, solo que nunca dejaría de apuntar hacia toda dirección.

"Me parece que no queda de otra que aprovechar esto para hacerte un estilo no tan común" Había dicho el estilista, con los ojos brillando al tener una idea que podría funcionar.

"Haga lo que tenga que hacer" Snape le respondió cansado. Había cambiado algunas características de ambos para no ser reconocidos, pero había dejado la estructura facial de Harry casi intacta, para que su nuevo corte se adecue a su rostro real.

Con eso acordado, el peluquero empezó a cortar mechón tras mechón. Quedó con un estilo despeinado que se adecuaba bien a él, de modo que no parecía recién levantado de la cama, sino que cada cabello estaba acomodado a propósito en tal lugar. Tenía un flequillo acomodado justo para cubrir su cicatriz, que en ese momento estaba invisible. Harry quedó satisfecho con el resultado. Snape, que se había ido mientras lo trasquilaban, volvió y pareció aprobar el corte y el estilista suspiró aliviado de haber terminado con él. Mientras su profesor no estaba, Harry le había preguntado al señor por una loción especial para poder preparar pociones sin tener que tener el cabello grasiento. Encantado, el hombre procedió a explicarle sobre las bondades de un nuevo producto que había salido justo para pocionistas. Harry lo compró – algo sorprendido por lo caro que estaba – agradecido de que todavía le sobraba algo de dinero de sus compras pasadas. Se lo iba a regalar a Snape por navidad.

Cuando volvían al castillo, su profesor había volteado hacía donde suponía que estaba Harry y le tendió algo. Curioso, había sacado la mano de su capa de invisibilidad y recogió el objeto. Era un yo-yo. Encantado Harry se apresuró a abrazar al hombre, sin importarle lo raro que se debía ver Snape siendo sujetado por una fuerza invisible. El hombre solo le susurró que ahora podía enfocarse en dominar su yo-yo y olvidarse de esa tontería de montar un dragón.

Harry sonrió ante la memoria mientras sostenía el yo-yo en su bolsillo. Era de madera, color negro simple, pero al rebotarlo se podían apreciar unas líneas de colores que formaban la figura de un zorro en movimiento. El pequeño juguete era, en sí, muggle. Snape lo había comprado y había hecho las modificaciones él mismo. Harry amaba su yo-yo. Los colores con los que se formaba el pequeño zorro siempre eran aleatorios y Harry se divertía intentando adivinar que colores seguirían cada vez que lo usaba.

"Por cierto ¿qué encantamiento dijiste que usaste para tu cabello?" Ron le preguntó con la boca llena. Harry reprimió una mueca de disgusto.

"Uno que encontré en uno de los libros de Lockhart cuando estaba en detención, no recuerdo el nombre ¿por qué?" Esa era la historia oficial que Harry había dicho. Daphne y Theo, por su puesto, no le creyeron, pero tampoco preguntaron más. Luna había sonreído cómplice, como si supiera la verdad. Harry creía que ese podría ser el caso, su amiga bien podría ser psíquica por todo lo que él sabía.

"Nada, solo recordé que Ginny mencionó que te quedaba muy bien" dijo su amigo "¡Tal vez puedas ayudarme! Mamá dice que necesito un corte"

"No creo que sea lo mejor, podría equivocarme de hechizo y dejarte calvo" Lo cual era muy probable, teniendo en cuenta que Harry no sabía ningún hechizo para cortar el cabello realmente. "Por cierto, ¿dónde está tu hermana?" Ahora que Ron la mencionaba, Harry se dio cuenta de que la niña no estaba en la mesa.

"Ni idea, pensé que te estaba siguiendo" su amigo se encogió de hombros

Harry se quedó pensando, había creído ver un destello de cabello rojo pasar corriendo cuando había escuchado la voz. ¿podría haber sido ella? Harry frunció el ceño. Esa niña tendría que dejar de seguirlo, además de ser algo molesto, se podría meter en problemas. Esperaba, de nuevo, que la voz que había escuchado no sea nada peligroso. Por más que lo irritase, no la quería ver muerta o desgarrada.

Demasiado pronto para el gusto de Harry, el banquete terminó y todos tuvieron que volver a sus dormitorios. No habían podido disfrutar de las delicias de Halloween mucho tiempo, Harry sentía que acababa de llegar al lugar y Hermione hizo eco de sus pensamientos.

Caminaron en grupo por los pasillos, hasta que el ruido paró de repente. Nadie se movía. Harry intentó ponerse de puntillas para ver lo que sucedía, pero ni su nueva altura fue de ayuda. Los susurros se empezaron a regar como pólvora y Harry solo pudo escuchar fragmentos. Algo sobre la gata de Filch muerta, agua, un menaje de sangre y Snape. Eso no sonaba bien. Sintiendo que el miedo lo invadía, empezó a empujar a la gente para intentar llegar al frente. 'Por favor, que esté bien' gritaba en su interior.

Cuando pudo ver bien, paró en seco. Frente a él colgaba la gata de Filch toda tiesa, había agua bajo sus pies y a un lado, con la varita levantada en dirección a la gata, estaba Snape. Todos lo miraban con ojos acusadores. En la pared había una inscripción que decía 'La cámara de los secretos ha sido abierta. Teman, enemigos del heredero'. Draco Malfoy gritó feliz desde algún lugar entre la multitud algo sobre los sangre sucia. Harry no le prestó atención, mirando a Snape en busca de respuestas.

Snape – quien no parecía herido, Harry notó aliviado – lo miró por un segundo y movió la cabeza ligeramente de un lado a otro. Harry entendió que ese no era el momento para hacer preguntas. Filch llegó y empezó a llorar por su gata, mirando a Snape como si hubiese cometido la peor de las traiciones.

"¡Basta! Estaba así cuando llegué, estaba lanzando hechizos de diagnóstico para saber qué había pasado" Nadie parecía creerle, pero Filch dejó de gritar.

"Calma Argus" la voz de Dumbledore hizo eco en el pasillo. Estaba caminando hacia la escena con paso tranquilo "Creo que lo mejor será llevar esta conversación a un lugar más privado" dijo, mirando a Snape inquisitivamente. Mandaron a los estudiantes a la cama y los adultos se fueron a conversar con La señora Norris flotando, tiesa, tras de ellos.


"¿Te gustaría explicarnos lo que pasó, Severus?" Albus preguntó cuando llegaron al despacho de Lockhart. El hombre había ofrecido su oficina para hacer las investigaciones necesarias.

"Estaba de camino a mis aposentos cuando me pareció escuchar algo, cuando fui a investigar me encontré con la misma escena que acaban de presenciar" dijo su exalumno escuetamente. Albus sintió que había algo que no se estaba diciendo.

Se tocó la barbilla mientras pensaba y caminó hacia donde habían colocado al animal. La pobre señora Norris parecía disecada. Escuchó a Lockhart comentar sobre cómo había visto eso en alguna de sus expediciones, dando al animal por muerto, mientras Filch lloraba con cada palabra. Albus suspiró y decidió ignorarlo, enfocándose en realizar un hechizo de diagnóstico. Se prometió que para el próximo año escolar contrataría a un profesor más capacitado para el curso de defensa.

"No está muerta" dijo al fin. Lockhart se calló a media frase y Albus sintió cierta satisfacción al ver eso. "Está petrificada, Argus, no debes preocuparte, podremos curarla con las mandrágoras de la profesora Sprout"

"¿Está v-viva?" preguntó el conserje, con esperanza

"Sí, en cuanto sea posible, se hará una poción para poder despertarla" Antes de que Lockhart se ofreciera para dicha labor, continuó "Severus será capaz de preparar la poción con éxito"

Argus miró a Severus con cautela, todavía no confiando en que el profesor fuese inocente de la tragedia de su querida gata. Severus solo asintió, sin denotar ninguna emoción. Albus volvió a mirarlo inquisitivamente. Durante las últimas semanas había notado un cambio inusual en el comportamiento de su maestro de pociones. No era nada que los demás pusiesen notar, pero él era capaz de verlo un poco más… ligero. Como si una pesada carga se hubiese levantado de sus hombros. Incluso creyó haberlo visto sonreír en alguna comida. Tenía una ligera sospecha de lo que podría haber ocasionado dicho cambio y se sintió preocupado. Si lo que sospechaba era cierto, podría traer problemas en un futuro, cuando Tom volviese a hacer su aparición. Teniendo en cuenta la situación actual, temía que ese día estuviese más pronto de lo esperado.

Sin embargo, cada vez que intentaba advertir al joven, su fénix daba un trino amenazante. Sin nada más que pudiese hacer, solo le quedó esperar lo mejor. Concluyó la reunión y se dirigió a su oficina. Tenía mucho que pensar. La cámara de los secretos había sido abierta nuevamente y eso no podría traer nada bueno.

"¿Cómo lo hiciste esta vez, Tom?" le preguntó a una oficina vacía. Fawkes cantó una triste melodía.