Capitulo 4

Sesshomaru respiraba tranquilamente mientras caminaba hacia donde se encontraba Rin, de todas las situaciones que pensó encontrar, esta, definitivamente no se la había imaginado. Rin en cambio lucia asustada, eso le agrado. Ella no iba a jugar con él. Jaken lo había convencido de ayudarla e incluso en ese momento estaba allí solo porque le dijo que ella estaba preocupada por la monja y que ella debía comprobar por si misma la situación en la que estaba y cuanto dependía de él. Solo por eso la dejo ir, Rin no había escapado, él le permitió salir. Eso pensaba dejárselo claro.

— Metete en el auto — le ordeno una vez que estuvo a su lado.

Rin no supo como reaccionar a su orden. Su cuerpo se quedo paralizado.

— Que te metas en el auto te dije — su tono de voz no sonó tan tranquilo como al principio.

— ¿Quién te crees tú para hablarle así? — Kohaku lo desafío colocándose entre Sesshomaru y Rin.

— No te metas en esto mocoso — amenazo.

— No soy ningún mocoso y ella no se va contigo a ningún lado.

— Ah si… — Sesshomaru arqueo una ceja.

— Rin, no tienes que irte con él — le dio la espalda a Sesshomaru — puedes quedarte conmigo, podemos buscar un abogado y…

— Rin, ¿acaso eres lenta? ¿No has entendido tu situación? ¿No entendiste la situación de la monjita que está allí adentro?

¿Qué? No vino a llevarla a la cárcel. Si había entendido lo que dijo, significaba que no la llevaría a la cárcel sino a la mansión, significaba que la hermana todavía podía ser atendida y que ella debía de entrar de inmediato a su auto. Ella quería a Kohaku, pero no correspondía a sus sentimientos, él era como su hermano, pero no lo veía como algo mas y a decir verdad le sorprendía bastante que él si lo hiciera. Hasta ese momento nunca se le ocurrió que Kohaku tuviese esos sentimientos por ella.

Rin aparto a Kohaku y se colocó al lado de Seshomaru, este un tanto confundido intento halarla hacia él pero ella se lo impidió.

— Kohaku por favor no seas egoísta.

— No, Rin no tienes por qué hacerlo — suplico.

— Me iré con él. Y sí. Si tengo por qué hacerlo. No me hagas explicarlo de nuevo.

— Bien, escogiste sabiamente mocosa — Sesshomaru sonrió triunfante — nos vamos de aquí.

Ambos entraron en el auto en completo silencio hasta que el sonido del celular de Sesshomaru lo interrumpió.

— Dime… — contesto por el manos libres — ¿Cómo que está en la casa? — se alteró. Por primera vez Rin lo veía alterado. — Dime que no es por lo que me estoy imaginando. — Pausa — Bien. Asegúrate de desaparecer la maldita invitación. Ya voy de regreso.

Rin se percató del cambio en la actitud serena de Seshomaru después de esa llamada, aunque no se atrevió a preguntarle nada.

Llegaron a la mansión en pocos minutos y de inmediato le ordeno a la Sra Lee que se encargara de Rin. Él tenía otro asunto que atender.

— Lo está esperando en su despacho— le dijo la Sra Lee pareció saber en que estaba pensando. Sesshomaru asintió.

En el interior de su despacho se encontraba ese muchacho que se parecía tanto a él, solo que un poco más flaco y menos alto. Una versión mas relajada de él mismo.

— No esperaba que volvieras tan pronto — le dijo Seshomaru al joven que se encontraba sentado en su escritorio.

— Decidí dejar de huirle a mis problemas. — dos años habían pasado desde el día en el que Inuyasha decidio irse. — Ahora mas que nunca me convencí de que hice lo correcto.

— ¿A que te refieres? — pregunto inquisitivo sentándose en el asiento de frente a su escritorio que estaba siendo ocupado por su hermano en ese momento.

— No tienes que fingir mas, se lo de Naraku.

— ¿Qué es lo que sabes? — tenia que preguntarlo, no estaba seguro que hasta que punto estaba enterado Inuyasha.

— Sé que esta intentando hundir la constructora, sé lo que esta intentando hacer con el proyecto de Resort de Sesoko, sé lo que esta haciendo con los inversionistas de nuestro padre, se lo del hotel de Tokio. Ese tipo quiere arruinarme y no voy a permitir que tú pagues por ello.

Sesshomaru parecía aliviado.

— No voy a permitir que la construcción del Resort de Sesoko se cancele, los inversionistas me conocen, ya no soy el mismo de hace diez años y con respecto al hotel de Tokio no tiene ningún argumento que haga dudar de la fiabilidad de su construcción, lo que allí sucedió fue provocado. Ese tipo no va a arruinarme.

— No te confíes Sesshomaru, sabes que nada de lo que hace es limpio. Y también sabes que a Naraku no le gusta ensuciarse las manos.

— Lo sé Inuyasha y por eso mismo te digo que ese tipo no va a poder conmigo.

— En cualquier caso, me quedare aquí. Voy a trabajar en la compañía.

— Preferiria que siguieras alejado hasta que todo este lio termine.

Este lio es mi Lio, así que me quedare a resolverlo.

— ¿Estas seguro?

— Si.

— Hay cosas que aun no sabes, pero, supongo que no puedo hacerte cambiar de opinión.

— Entonces si no te molesta me gustaría que comenzáramos a revisar los documentos de la empresa.

— Si. Después de la cena con gusto comenzaremos.

— Me parece perfecto…

Ambos se levantaron, Inuyasha rodeo el escritorio para darle un abrazo a su hermano. Si Sesshomaru no hubiese estado tan aliviado de que su hermano aun no supiera el ultimo plan de Naraku, si no hubiese estado tan feliz por abrazar a su hermano, si él no hubiera estado mirando hacia los niños que jugaban en la plaza del cuadro de la derecha se habría percatado de la diminuta cartulina brillante que se asomaba por en medio de uno de los libros que se encontraban en la sesta fila del estante que estaba detrás de él, si tan solo hubiera sido mas cuidadoso los ojos de Inuyasha no se habrían fijado en esa esquina plateada cubierta de brillos sobresaliente.

— ¿Qué es esto? — pregunto Inuyasha con la cartulina en sus manos.

— ¡No! — Exclamo Sesshomaru al ver que Inuyasha se disponía a abrir ese sobre de cartulina.

— ¿Que dices, no me digas que te lo dio una mujer? — se burlo.

— No lo abras, no te va a gustar — le advirtió.

— Como que no.

— Es una invitación a una boda — dijo en seco.

Inuyasha palideció, no podía ser era… era… a esto se refería cuando le dijo que habían cosas que no sabia. Ella… ella…

Naraku Yamada Kikyo Ayatsuji

Motivados por el amor que nos profesamos.

Tenemos el placer de invitarles a la celebración de nuestro matrimonio Eclesiastico el cual se efectuara el día 19 de Agosto del 2016 a las 6pm. Lugar: Catedral de Santa María de Tokio.

Recepción 8pm Lugar: Salón de eventos Antares

— Dime que esto es una broma… ¡dímelo! — el delicado papel temblaba en las manos de Inuyasha.

— No, no es ninguna broma.

De nuevo Sesshomaru no sabía como tratar a su hermano. Él mismo había sido rechazado por una mujer en el pasado, pero a diferencia de Kikyo, Kagura jamás le había mentido. Ella jamás lo habría engañado.

— Inuyasha, tienes que calmarte.

— ¿Cómo quieres que me calme? — Inuyasha comenzaba a gritar — ¿Cómo reaccionarias si la mujer a la que amas este a punto de cazarse con tu peor enemigo? ¿Cómo reaccionarias si Kagura se hubiera acostado con Oyakata? —Dio en el clavo.

— Supongo que mataría al maldito y luego la mataría a ella. Pero tú no eres como yo.

—Dios esto tiene que ser una pesadilla… Sabia que ella se había fijado en alguien con mas dinero y poder que yo pero nunca me imagine que fuese Naraku. Esto si que fue el golpe de gracia Kikyo.

— Es mejor que te vayas del país.

— No… me quedare. Después de que se casen me encargare de dejarlos en la calle. Vine a luchar contra Naraku y eso es lo que haré. Y a Kikyo le haré pagar cada una de las lágrimas que me hizo derramar.