Albus se apareció fuera de los terrenos de Hogwarts y, rápidamente, se abrió paso hacia las puertas del castillo. Acababa de recibir cientos de lechuzas de los gobernadores del colegio pidiéndole que regrese. Todos estaban al tanto de la desaparición de dos estudiantes y un profesor y le imploraban que volviese a ocupar su cargo como director.
'Severus, ¿en qué te has metido esta vez?' cuando se enteró quién era el profesor desaparecido, sintió que su corazón se detenía.
Los rumores de que su antiguo alumno era el tan misterioso heredero habían explotado con los últimos acontecimientos y Albus sabía que era cuestión de tiempo antes de que las cartas de los padres de familia exigiendo su despido empezaran a llegar. Solo esperaba que se pudiese aclarar todo el asunto, él sabía perfectamente que Severus era inocente. Agradecía no haber escuchado el nombre de Harry involucrado en todo aquello… aún.
"¡Director Dumbledore!"
Albus se sobresaltó al escuchar una pequeña voz aguda llamarlo con alarma. Bajo la mirada y se encontró frente a una pequeña pelirroja. 'Ah, la joven Ginevra Weasley, si no me equivoco'. La niña en cuestión lo miraba con grandes ojos temerosos y parecía estar sin aliento, probablemente por haber corrido a su encuentro.
"¿En qué puedo ayudarla, señorita Weasley?"
"Es… *jadeo*... ¡es Harry!" la niña tenía los ojos llorosos.
Albus se tensó. Justo cuando se alegraba de no haber oído el nombre del niño, ahí estaba, una joven damisela preocupada por él. Bueno, al menos ahora sabía que uno de los estudiantes desaparecidos estaba a salvo. Preguntó con cautela qué había pasado y la joven empezó casi insegura su relato. Al parecer, la pequeña Ginny había entrado un día a la enfermería y escuchó al joven Harry hablar en lengua pársel – 'curioso' pensó – y reír con unos Slytherins de segundo año. La niña, preocupada por lo que vio, empezó a seguir a Harry desde ese día 'Más de lo que ya lo seguía, me imagino' y al verlo reunido con regularidad con los mismos niños y pasar una cantidad considerable de tiempo en las mazmorras, su preocupación incrementó. Le contó, seguidamente, lo que ella vivió con un particular diario a nombre de un tal Tom Riddle – Albus se alarmó al oír ese nombre – y cómo lo tiró en un baño para deshacerse de él. La niña creía que Harry había encontrado el diario y estaba siendo poseído también. Escucharlo hablar pársel fue prueba suficiente para ella.
"Entonces, cuando llegó la profesora McGonagall a la enfermería para pedirles a los que estaban ahí que vayan a sus salas comunes, me di cuenta de que Harry se hizo a un lado. Intenté seguirlo, pero desapareció, cuando lo volví a encontrar, estaba cerca del baño, donde está la entrada. Lo vi abrirla y meterse, me fui corriendo para buscar a algún profesor para que puedan ayudarlo ¡no es su culpa! Pero escuché a algunos murmurar que el heredero se había llevado a dos estudiantes y un profesor, tenía miedo de que le hicieran algo si se enteraban, así que hui hasta que lo vi entrar, director. ¡haga algo, por favor, no es culpa de Harry!"
La niña terminó de hablar frenéticamente. Albus empezaba a entender lo que estaba sucediendo. Seguramente cuando los jefes de casa hicieron el conteo de los alumnos, no vieron a la joven escondida en la enfermería. Eso explicaría su supuesta desaparición y por qué nadie había reportado la de Harry. Hasta donde los profesores sabían, el niño había regresado a su sala común. Ahora, el niño era un pársel… o estaba poseído. Albus se inclinaba a pensar que era lo primero, ese hecho confirmaría algunas de sus sospechas respecto a lo que sucedió la noche de Halloween hace tantos años. Lo más probable era que el niño se había enterado de la desaparición de su profesor y había corrido a su rescate.
"¿Me puede hablar más sobre ese diario mientras lidera el camino hacia la entrada de la cámara?" preguntó amablemente, intentando tranquilizarla. La niña le contó todo lo que sabía mientras se dirigían hacia el lugar.
*Tropiezo*
Albus sintió que se caía. Se equilibró rápidamente y miró perplejo con qué se había tropezado. Se encontraba pisando algo blando. Una mirada más detallada le mostró que bajo su bota había un rostro. El rostro de su profesor de defensa, para ser más precisos.
"¡Ron!" la voz de la niña gritó unos segundos después.
En el suelo, en medio del pasillo, dos cuerpos inconscientes estaban tirados. Ron Weasley y Gilderoy Lockhart. Albus estaba confundido con la escena, pero decidió levitar los cuerpos y llevarlos con él. Le aseguró a la niña que su hermano estaba bien. Necesitaba llegar a la cámara lo antes posible, ya luego se ocuparía de lo sucedido en ese pasillo.
"Aquí es"
Habían llegado. Albus se acercó a examinar el hueco que se encontraba en medio del lugar, pero antes de que pudiese hacer algo un remolino de fuego se abrió paso. Fawkes llegaba con 3 pasajeros en su cola.
Draco Malfoy se sentía adolorido. Lentamente abrió los ojos y lo primero que vio fueron unas plumas rojizas. Parpadeó. Giró un poco la cabeza, pero se arrepintió rápidamente. Le dolían todos los músculos de su cuerpo y cada movimiento, por más simple que fuera, era una tortura. Sintió como su cuerpo era acomodado con suavidad en el frío suelo y volvió a abrir los ojos, preguntándose mentalmente en qué momento los había vuelto a cerrar.
"¡Director, volvió!" escuchó la voz de Potter en algún lugar cerca de él.
El director Dumbledore los miraba con curiosidad y Draco podía notar que había un destello de alivio en sus ojos. A su lado estaba la hermana de la comadreja y detrás de ellos dos, flotando a unos pies del suelo, estaban la misma comadreja y el idiota de Lockhart. Draco sabía que quien lo había puesto en el suelo era su jefe de casa, lo había notado cuando volvió a abrir los ojos.
"Bueno, veo que todos lograron permanecer a salvo" comentó el anciano mago con alegría.
"Me parece que lo mejor sería ir a la enfermería" dijo su jefe de casa. El adusto hombre miraba fijamente a las figuras flotantes con una ceja levantada.
Todos caminaron lentamente hacia la enfermería, mientras cada uno empezaba a hablar su versión de la historia. Draco escuchó en silencio, con la mirada en el suelo. Se enteró de que la hermana de Weasley había tenido el diario en primer lugar, de cómo fue poseída hasta que se dio cuenta y decidió tirarlo, y cómo luego sospechó que Potter lo había encontrado al oírlo hablar la lengua de las serpientes. Enterarse que el niño de oro era un pársel lo había sorprendido, pero no tenía la fuerza suficiente para hacer algún comentario al respecto. Escuchó a su profesor decir que lo había encontrado caminando sin rumbo esa noche y lo había seguido, y luego escuchó a Potter decir que había ido en busca de la cámara y los estudiantes desaparecidos para rescatarlos de las garras del heredero, aunque el director no pareció creer del todo esa historia.
Para cuando todos terminaron de hablar, ya habían llegado a la enfermería e incluso los padres de Weasley habían aparecido y habían llorado al encontrar a su hija sana y salva, quien hasta ese momento no se había dado cuenta de que había sido dada por desaparecida. Nadie le preguntó a Draco su versión de la historia y Draco no quiso hablar con nadie. Era claro para todos que él era el que había sido poseído después de la niña pelirroja.
Draco observó cómo los adultos se iban a un lado a hablar, mientras los heridos eran atendidos. Se sentía… sucio. Sabía lo que había pasado, había sido poseído por una versión joven, un recuerdo, del señor oscuro. 'Tom Riddle'. Él no era tonto, sabía que ese apellido no era mágico. Eso significaba que aquel mago al que su padre tanto idolatraba, del que solo hablaba maravillas y del que rescataba todas las ideas de pureza, no era sangrepura. No era más que un posible mestizo o hijo de muggles. Pero era un mago en extremo poderoso que había infundido el miedo en toda la población mágica de Gran Bretaña. Nada tenía sentido.
"¡¿Dónde está mi hijo?! Y qué haces acá Dumbledore" la voz de su padre lo sacó de sus pensamientos.
Draco miró brevemente su llegada y luego desvió la mirada. Escuchó al director hablar calmadamente de cómo los gobernadores parecían haber sido amenazados para votar por su despido y que luego de lo acontecido le habían pedido volver. Draco resopló, la amenaza y el chantaje tenían el nombre de su padre en todos lados.
"Draco…" su padre susurró cuando lo notó en una de las camas. "Draco, el libro ¿dónde está el libro, aún lo tienes?" preguntó urgentemente en voz baja. Draco lo ignoró, por un momento pensó que su padre se había preocupado por él, pero solo buscaba el libro.
Se sentía traicionado. Él era consciente de que el pequeño diario que había causado todo había estado en posesión de su padre. Lo había visto un día en la mansión, unos días antes de ir al callejón Diagon a hacer sus compras escolares. Esa era la razón por la que había agarrado al familiar objeto cuando lo encontró, extrañado de verlo en el castillo. Ahora entendía todo, su padre seguramente había implantado el pequeño cuaderno dentro de las pertenencias de la niña Weasley cuando se burló de ella en la tienda de libros. Su padre había planeado todo aquello, consciente de los peligros. Draco había sentido alegría la primera vez que vio el mensaje en la pared, ahora se sentía estúpido al recordar eso. ¿Cómo se pudo haber alegrado de una amenaza de muerte hacia los estudiantes? Saber que él pudo haber matado a alguno de ellos, sin importar su origen, lo hacía temblar.
Su padre siguió intentado hablar con él unos momentos más, hasta que se rindió y fue a hablar con el director. Draco no levantó su vista en ningún momento. La enfermera le dio una poción para dormir y no supo nada más.
-0-0-0-
"¡El joven maestro ha sido herido!"
Draco se sobresaltó cuando sintió al pequeño elfo aterrizar encima de él. La pequeña criatura se empezó a lamentar sobre no haberle prestado la suficiente atención por haber estado vigilando al gran Harry Potter. Draco sintió que se enojaba al oír ese nombre.
Había pasado toda la mañana reflexionando sobre lo que había pasado. Había sido un tonto y se había dejado poseer por un simple libro. Era probable que fuese un gran artefacto oscuro hecho por el mismísimo señor tenebroso, pero Draco todavía se sentía mal. Potter, de todas las personas, era el que lo había rescatado y Draco no podía soportar la idea. Se sentía inferior a Potter, un mestizo, ¿pero importaba eso siquiera? con todo lo que había aprendido, estaba empezando a creer que toda la idea de pureza de sangre era una tontería.
Eso no impedía que quisiese ser superior a Potter, él quería demostrar que él también era un mago capaz, que el también era digno de apreciar. Su padre nunca había valorado todo su esfuerzo, para él no era suficiente nada de lo que hacía y le exigía más y más cada vez. Draco no podía soportar el hecho de que, incluso Potter, quién según había oído que hasta que llegó su carta no sabía nada de magia, podía superarlo. Él no dejaría que las cosas siguieran así, la pureza de sangre podría no significar nada ya, pero él era un Malfoy y, sin importar todo lo que dijeran de su apellido, sentía que debía hacerlo respetar. Era una enseñanza dejada por su padre que era difícil de romper, aunque el hombre no haya sido la figura paterna más cariñosa del mundo.
Draco sabía que su padre era el que había hundido el apellido y ahora todos relacionaban Malfoy con el señor oscuro, pero él no quería ser asociado con el hombre que lo había poseído, que le había quitado la facultad de pensar por sí mismo y que incluso iba a quitarle su vida para preservar la suya. El hombre había planeado ya sea tomar su vida o la de la pelirroja, dos sangrepura, dos magos cuyo estado de sangre pregonaba idealizar. Era claro para Draco que no se podía confiar en ese ser y no quería ser asociado con él. Sentía asco de solo pensarlo.
Él ahora tenía una meta, iba a devolverle la gloria a su apellido, sería él el que salvase a alguien la próxima vez, sería él quien sea llamado héroe. Competiría con Potter en cada momento hasta superarlo, él no se quedaría atrás para ser salvado de nuevo. Si Potter podía hacerlo, él también. Sería el mejor mago que el mundo haya visto, el héroe al que todos alabarían e incluso su padre lo reconocería ¡él sería el que elimine de una vez por todas al señor tenebroso! Potter obviamente no había hecho un buen trabajo si su recuerdo seguía rondando libre por ahí.
"¿Maestro?" La criatura le llamó la atención. Draco se había perdido en sus pensamientos.
"Dobby ¿tu lealtad está con la familia Malfoy?" Draco pidió, un plan formándose en su cabeza. Si quería ser el mejor, debía empezar a prepararse. El pequeño elfo podía ser útil.
"Sí señor, Dobby sirve a la familia Malfoy, señor" el elfo respondió rápidamente.
"¿Qué pasa si te libero y luego te vuelvo a tomar, pero como elfo personal esta vez?"
"¿El joven maestro piensa liberar a Dobby?" El elfo preguntó con emoción. Draco hizo una mueca ¿qué clase de trato le habían dado a Dobby como para que se emocione ante la perspectiva de la liberación, tan odiada por los elfos domésticos en general? Una breve evaluación de la criatura respondió su pregunta. Era un desastre lleno de golpes, cubierto con una mísera sucia funda de almohada. 'Y aún así, este elfo mostró más preocupación por mí que mi propio padre en todos estos años'
"Sí, pero quiero que seas mi elfo personal, solo me harías caso a mí, ya no más a mi padre ¿puedo hacer eso?"
"Sí, cualquier miembro de la familia puede liberar a Dobby y luego el joven maestro tendrá que permitir que me una a él" Eso era perfecto. Draco lo hizo inmediatamente y luego le ordenó al elfo vestirse con algo más apropiado. El elfo estaba extasiado.
"No te vas a castigar más, ¿de acuerdo? Y si mi padre te ve, quiero que parezca que sigues con la apariencia de antes, fingirás que todavía estás a su servicio y me informarás si hace algo sospechoso"
"El joven maestro es un mago muy bueno, Dobby lamenta no haberlo protegido mejor, pero Dobby promete que hará un buen trabajo a partir de ahora, ayudará al joven maestro a convertirse en el héroe que quiere ser, como el gran Harry Potter"
Draco hizo una mueca y le pidió al elfo que no volviese a decir ese nombre en su presencia.
*Cacareo*
Severus levantó la vista de golpe. Había regresado a la cámara por el maldito libro que había empezado todo. Harry lo había acompañado para abrir la entrada, pero le había pedido al niño que lo espere ahí. Acababa de recoger el libro cuando escuchó los cacareos. Se había olvidado de la existencia de los gallos por completo. Los animales en cuestión se habían apresurado a él cacareando fuertemente. Severus sintió que le estaban reclamando algo. Con un movimiento de su varita los regresó a su forma de llavero y se los guardó en el bolsillo, se los daría a Hagrid más tarde.
Guardó el libro en su bolsillo también y se levantó. Miró por última vez al basilisco muerto y se prometió volver para recopilar los valiosos ingredientes que pusiese recolectar. Ahora tenía una conversación pendiente. Cuando llegó a la tubería que lo llevaba hacia la entrada, se preguntó cómo haría para subir. Gritó el nombre del niño en busca de ideas. Unos gritos e intentos más tarde, Harry descubrió que podía hacer aparecer unas escaleras. Severus subió.
"Bueno, eso hará que regresar sea más fácil" Harry comentó.
"Te prohíbo regresar solo a este lugar" Severus todavía tenía que hacer una revisión del área, podía haber cualquier cosa rondando por ahí.
"Bueno, usted tampoco, me necesita para abrir la cámara después de todo" Harry habló con un tono juguetón.
"Mocoso impertinente" Severus resopló. Salieron del baño y Harry se despidió de él para ir a ver a sus amigos.
Toda la escuela se había enterado de alguna manera de que su odiado profesor en realidad había luchado junto con el niño dorado para salvar el día. Muchos lo miraban con cautela, otros desviaban la mirada, culpables y la mayoría de sus Slytherins rechazaban los rumores y todavía creían que estaba relacionado de alguna manera con el heredero de Slytherin. Severus no aceptó ni negó nada, estaba acostumbrado a que la gente hablara de él a sus espaldas.
Palpó levemente el diario en su bolsillo, asegurándose de que seguía ahí y continuó su camino. Era hora de hablar con Dumbledore. Cuando llegó a la gárgola que custodiaba la entrada emitió un suspiro de frustración.
"Sorbete de limón" dijo de mala gana. El viejo mago lo sacaba de quicio con sus contraseñas. La gárgola se hizo a un lado y lo dejó pasar. Llegó a la oficina y vio al director sentado detrás de su escritorio, como si lo estuviese esperando. Sacó el libro de su bolsillo y se lo lanzó.
"Así que este es el tan famoso diario" Dumbledore examinó la pieza con curiosidad "Un artefacto muy sorprendente"
"¿Me dirás como hizo el señor tenebroso para dejar su huella en ese diario?" preguntó directamente.
"Me temo que solo tengo teorías, pero antes me gustaría preguntarte de nuevo… ¿Hay algo que quieras comentarme, Severus?" El director lo miró directamente a los ojos, bajando un poco sus lentes de media luna con los dedos.
Severus sabía a que se refería y sabía también que no podía seguirlo negando.
"Asumo que hablas sobre mi reciente familiaridad con Potter"
"En efecto muchacho, me gustaría saber cómo comenzó todo" y Severus le contó una versión corta de la carta, sus sospechas y cómo llegó a la conclusión de que no se podía hacer nada para sacar al niño de ahí por el momento. Bueno, eso último no era del todo cierto, Severus había encontrado una manera, pero era algo que debía hacerse con sumo cuidado y, sinceramente, no se sentía con el valor de hacerlo todavía. Eso era algo que no compartiría con el director por ahora.
"Ya veo…" El director calló unos momentos y luego emitió un largo suspiro. A un lado suyo, en su percha, Fawkes se movió un poco en su sueño. "Debo decir que he tenido mis sospechas sobre el cambio en su relación desde hace un tiempo y mi primera reacción fue la de intentar distanciarlos nuevamente. Sabes que tu posición como espía es esencial para la guerra que se aproximará y tus secretos deben permanecer sellados… tu cercanía con Harry puede resultar peligrosa. Sin embargo, Fawkes parece apoyar el nuevo cambio y en la vida he aprendido a no dudar de los instintos de un fénix. Solo me queda decir que seas muy cuidadoso"
Severus se sorprendió, pero no lo mostró. Se sintió agradecido de la fe que parecía tenerle Fawkes y decidió que cuando tuviese tiempo, le compraría algo al joven fénix. Era sabio mantenerse en la gracia de lo único que los mantenía cerca a Harry y a él.
"Le he estado enseñando al niño técnicas básicas de oclumancia a través de la meditación. Dentro de poco tendrá barreras mentales aceptables" Decidió decir para calmar un poco las inseguridades del mayor. Lo mejor era inclinar la balanza a su favor. "¿Me dirá ahora de qué se trata este libro?"
"Ah, el diario… en su juventud le perteneció al joven Tom, es cierto. Debo decir que fue un joven muy inteligente y experimentó en las artes más oscuras que puedas imaginar… este pequeño diario es uno de sus artefactos más ingeniosos, aunque aterradores. Temo que lo que es todavía no te lo puedo decir, pero agradezco mucho que me lo hayas traído, me servirá para seguir investigando cómo trabaja este tipo de magia"
Severus sabía que no obtendría nada más del anciano, así que no preguntó más. Se sentía frustrado con tan poca información. Cuando salió de la oficina se topó con Lockhart. El hombre había intentado obliviatar al joven Weasley y su hechizo se había invertido hacia él, por usar la varita defectuosa del niño. El chico en cuestión no había resultado herido más allá de una leve contusión producto del impacto contra la pared. El hechizo los había mandado a volar a ambos, pero solo el rubio idiota había sido afectado. Severus se había sentido secretamente complacido cuando escuchó la historia y el hecho de que el niño haya intentado rescatar a Harry y su hermana lo hacía un Weasley más tolerable.
"Shhh" El rubio se reía infantilmente. Aparentemente se había escapado de la enfermería. Severus se hizo a un lado, murmuró la contraseña y lo dejo pasar a la oficina del director. Decidió dejar que el anciano se haga cargo del profesor que contrató, tal vez así reflexione y elija un mejor docente para la próxima. Sintiéndose más ligero, se alejó lentamente.
Harry se encontraba rebotando su yo-yo en un pasillo, mientras esperaba a sus amigos. La raya que había hecho el basilisco ahora decoraba el pequeño artefacto y la línea giraba una y otra vez cuando el yo-yo subía y bajaba. El pequeño zorro que se empezaba a formar – con líneas color amarillo, verde y celeste esta vez – iba a comenzar a correr, pero se detuvo ante la línea. Harry observó cómo el pequeño animal miraba la nueva decoración con curiosidad y luego empezaba a saltar sobre la línea o rodearla. Sonrió, mantener ese imperfecto fue una buena decisión.
"Mira Weasley, tu novio, el de ojos de sapo" Harry escuchó que unas niñas se reían.
Un grupo de primer año acababa de salir de su salón y Ginny estaba entre ellos. Harry se sintió mal por la niña, sabía que la había pasado mal con todo el asunto del diario y solo había estado intentando ayudar a Harry al final. La pelirroja lo miró, pero desvió la mirada rápidamente y luego pareció congelarse casi imperceptiblemente. Harry siguió la dirección de su mirada. Malfoy estaba pasando por ahí y se encontraba observando a la niña directamente, Harry no sabía si debía intervenir o no. El rubio engreído había estado inusualmente callado desde lo que pasó, pero cada vez que veía a Harry parecía recobrar sus energías, enderezaba su espalda y lo miraba retador.
Ahora; sin embargo, Harry notó que el rubio asintió levemente hacia la pequeña niña, quien a su vez le devolvió el asentimiento. Ambos se reconocieron el uno al otro y Harry supuso que eran los únicos que podían entender completamente la experiencia que el otro había atravesado. Ser poseído por Voldemort debe haber dejado una huella en ellos. El rubio siguió su camino luego de ello, como si nada hubiese pasado y el grupo de primer año, que no había notado el intercambio, siguió molestando a Ginny, hasta que la niña explotó y les lanzó un hechizo al azar. Harry tomó una nota mental de no molestar a Ginny en un futuro, cualquier cosa que les haya lanzado parecía ser algo doloroso.
"Entonces, ¿nos dirás lo que pasó realmente, niño héroe?" La voz de Daphne apareció de repente, cerca a su oído. Harry sintió que se estremecía "¿o seguirás mirando a tu fan pelirroja hacerse cargo de sus enemigos?" preguntó divertida.
"Ja, ja, ja" Dijo Harry secamente. Luego se puso serio "Bueno, realmente no sé si pueda decirles todo…"
Daphne y Theo se miraron y parecieron intercambiar una conversación silenciosa. Luego asintieron decididos. Luna a un lado miraba a su yo-yo con curiosidad, mientras sonreía.
"Mira… sabemos que tienes secretos y hay cosas que preferirías no divulgar…" empezó Theo.
"Pero somos tus amigos y – se estremeció dramáticamente– nos preocupamos por ti" continuó Daphne, con un toque de diversión en su voz.
"Así que, si alguna vez quieres hablar, debes saber que puedes decirnos lo que sea" siguió su amigo.
"Además, nos han enseñado oclumancia en nuestras casas, ambos somos lo suficientemente decentes en ello como para hacer un escudo aceptable…"
"Todavía no somos expertos, recién tenemos 12 después de todo, pero mejoraremos"
"¿Oclumancia?" Harry creía haber escuchado ese término antes. Quizá en una de las peroratas que hacía Snape luego de meditar, a las que no le prestaba tanta atención.
"Es el arte de proteger tu mente de la invasión de otro mago" suministró Luna amablemente "Mi padre dice que soy natural" dijo con una voz alegre, mientras se balanceaba de un lado a otro con las manos en la espalda.
"¿Natural?" preguntaron Daphne y Theo al mismo tiempo, asombrados.
"¡¿Invasión?!" gritó Harry alarmado. "Me estás diciendo que cualquiera puede pasar por acá y leer mis pensamientos?"
"No seas idiota, la mente no se lee, no es un libro… pero sí, si no te proteges, cualquiera que sepa legeremancia puede invadir tu mente y ver tus recuerdos y todo lo que pase por ahí" dijo Daphne mientras con su índice golpeaba el cráneo de Harry. "Afortunadamente para ti, son muy pocos los magos que dominan ese arte"
"El punto es que puedes confiar en nosotros, no le diremos tus secretos a nadie y podemos defendernos si alguien intenta invadir nuestra mente" dijo Theo.
Harry estaba horrorizado con la idea de que otra persona era capaz de ver en su mente. Se sintió repentinamente muy vulnerable, como si estuviese andando desnudo ante el mundo. A pesar de ello, se sintió muy agradecido con los amigos que tenía. No le pedían que derrame todos sus secretos, solo le hacían saber que cuando estuviese listo, podía confiar en ellos y sus secretos estarían seguros. Sonrió cálidamente.
"Me voy a informar primero sobre todo esto, pero les prometo que les diré todo lo que pueda" Harry sabía que podía contarle su vida con los Dursley y algunas cosas más, pero todavía no estaba seguro si podía hablar sobre Snape, el hombre había dejado claro que su familiaridad debía permanecer en secreto. Consultaría primero con él antes de tomar una decisión.
"Una decisión muy sabia, para ser un Gryffindor, me sorprendes" dijo su amiga divertida.
"Harry es una quimera" soltó Luna, como si eso respondiera todo. Los tres la miraron algo confundidos.
"¿Insinúas que nuestro pequeño león es un ser camaleónico? ¿Puede tener, acaso, facultades de serpiente cuando la situación lo amerite?" preguntó Theo, quien parecía comprender mejor a Luna cuando hablaba en clave. La niña sonrió más ampliamente y todos supusieron que a eso se refería. Harry se preguntó si Luna sabía sobre su dilema con el sombrero seleccionador, que parecía pensar que todas las casas se adecuaban a él, pero principalmente Gryffindor y Slytherin.
"Luna, ¿tú puedes leer, digo, invadir la mente?" Tal vez su pequeña amiga era natural en eso también. Luna negó con la cabeza.
"Bueno, chicos, no sé ustedes, pero pienso que la mejor manera de pasar este último día de exámenes es ir a molestar un rato al calamar gigante"
Con eso dicho, los demás siguieron a Theo hacia el lago y pasaron una tarde relajada antes del banquete de despedida.
-0-0-0-
"Amigo, tu aventura en la cámara nos hará ganar la copa de las casas, estoy seguro" dijo Ron emocionado. Dumbledore le había otorgado una gran cantidad de puntos por su valentía. Harry se sintió un poco mal por ello. Theo y Daphne le habían dicho que no debía preocuparse por una tonta copa, pero que el próximo año ellos ganarían. Luna comentó que lo importante era que Harry seguía con vida, o eso entendió él. Se sintió mejor después de ello.
"No importa la copa, el verdadero héroe acá eres tú Ron ¡te deshiciste de Lockhart" Harry no había podido evitar reírse histéricamente cuando se enteró del destino de su inepto profesor. Su amigo se sonrojó hasta las orejas, complacido y volvió a contar la historia de cómo pasó todo a todo aquel que quisiese escuchar.
Cuando Dumbledore anunció al ganador de la copa – Gryffindor – todos en su mesa se levantaron para aplaudir. Los gemelos fueron los más bulliciosos e incluso se pararon encima de la mesa a saltar, hasta que McGonagall los amenazó con quitarles puntos. Mirando a su alrededor, Harry se sintió feliz. Había mejorado sus notas, había hecho nuevos amigos sin perder a los anteriores y ahora tenía una figura paterna que velaba por su seguridad. Miró a hacia la mesa de profesores y notó que Snape le enviaba una ligera sonrisa. Sí, todo estaba bien. Lo único malo era que debía volver con los Dursley, pero estar ahí ya no parecía tan horrible… por ahora.
A mil kilómetros de distancia, un par de hermanos coordinaban una visita vacacional. Marjorie Dursley, Marge para abreviar, colgó el teléfono y se dispuso a hacer los trámites necesarios para que pudiese concretar la visita.
"Vamos Ripper, es hora de tu paseo" le dijo a su querido perro, quien ladró alegremente.
