Dos semanas transcurrieron desde ese contradictorio día donde su vida había cambiado, desde ese entonces su ropa había cambiado, su cabello se mantenía peinado, sus uñas arregladas, su vocabulario era constante reprimido por los miembros de la casa. Cada día desayunaba a las 7 en punto con Sesshomaru e Inuyasha, el primero rara vez la miraba o le dirigía la palabra, parecía que su única intensión era ignorarla y lo hacia muy bien. Inuyasha en cambio era bastante amable con ella y procuraba hacer que no se sintiera incomoda. A las 7:20 ellos abandonaban el comedor y salían hacia su trabajo. A las 8 en punto ella estaba en la biblioteca par sus respectivas clases que variaban desde historia, matemáticas, educación artística, hasta educación física… sus tres profesores le decían que tenia que estar lo mejor preparada posible para presentar el examen de admisión en la universidad, aunque no creyeran que fuese posible que lo lograse ese año por el poco tiempo que faltaba para ello, escasos seis meses. De 11 a 1 descansaba para luego comenzar otra serie de clases hasta las 4 de la tarde. Sesshomaru e Inuyasha nunca tenían una hora fija de llegada, aunque nunca llegaban antes de las 8.
Al principio Rin pensaba que convivir con Sesshomaru seria un infierno, pensó que trataría de controlarla a todo tiempo, pero, para su sorpresa era lo que menos hacia. La única regla que tenia era la de asistir a las clases y no salir de la casa, todo lo demás estaba a su decisión. Aunque ella sabia que muy en el fondo lo hacia por él. Aun recordaba como la miro el día que decidió no peinarse por solo provocarlo, o como cuando se comió la pintura de uñas frente a el por el simple hecho de querer desobedecerlo. La miro como si fuese un perro de la calle que no quieres ni ver ni tocar, la miro peor que como se ve a una cucaracha, aunque no le dijo nada, hacer eso no tuvo el efecto que ella había deseado. Él nunca le decía nada, no importaba lo que hiciera. Ella tampoco sabia por qué tenia el impulso de provocarlo, quería que le hablara, que la mirara de otra forma. Pero solo de una forma había encontrado que podía llamar su atención solo de una. Y por ello estaba en el balcón de la biblioteca esperándolo.
Todas las noches Sesshomaru después de cenar iba a la biblioteca a veces entraba y salía de una vez y otras se quedaba allí hasta tarde, como lo había hecho el día anterior. Rin se había quedado dormida en la biblioteca mientras que estudiaba, el sonido de la puerta la despertó, con su mirada perezosa vio a Sesshomaru entrar sin percatarse de que ella estaba en el balcón, ella inmediatamente se levanto haciendo que la mirada de Sesshomaru se fuera hacia ella.
— Lo siento yo no debería estar aquí a esta hora — silencio — yo me quede dormida estudiando… — hizo una pausa buscando una respuesta.
Nada. Sesshomaru solo la veía.
— … ya me voy.
— Quédate — fue lo único que dijo.
Y ella se quedó.
Pasaron varios minutos antes de que él le volviera a hablar.
— Rin, ¿Podrías pasarme ese libro de allá? — dijo desde su escritorio señalando hacia una mesita a la derecha.
— Voy — enérgicamente se levanto hacia la mesita y le entrego el libro — ¿Es de contabilidad?
— Si. Es la contabilidad de un proyecto. — respondió mientras revisaba el libro.
— ¿En eso están trabajando Inuyasha y tu?
— Si. Entre otras cosas. Es un proyecto muy importante para mí.
— Ya veo… ahora mismo estaba estudiando sobre contabilidad.
— ¿Qué estudiabas? — con esa pregunta Sesshomaru cambio toda su atención hacia ella.
Sesshomaru la miraba en ese momento, por unos cortos segundos sus ojos hicieron contacto, aunque los ojos de Rin se volvieron a otro lado rompiéndolo casi al instante.
—Yoo… Sobre los conceptos básicos — titubeo, se había puesto nerviosa ante su mirada.
— Si te lo enseño podrías tratar de explicarme lo que quiere decir este cuaderno.
— Yo podría intentarlo, aunque solo llevo dos clases.
Sesshomaru le paso el cuaderno y por los próximos 45 minutos hablaron, de contabilidad, pero hablaron. Toda la atención del hombre misterioso estaba sobre Rin, quien descubrió muy a su pesar que lo disfrutaba mucho. Después de su charla el continuo trabajando aunque de vez en cuando sentía como él la miraba. No fueron hasta las 12 que sus ojos amenazaban con cerrarse que decidió irse de la biblioteca, Sesshomaru seguía allí. Ella se despidió con una reverencia y le dio las buenas noches, lo que jamás se imagino era lo que él iba a decir después.
— ¿Me acompañaras mañana? — le pregunto Sesshomaru haciendo que su corazón comenzara a latir a mil revoluciones por minuto.
— Si — respondió sin pensarlo.
Rin subió a su habitación con una sonrisa en su rostro. Quizás Sesshomaru no era tan malo después de todo ¿o si?
Ya son casi las nueve y aun no han llegado pensó Rin revolviéndose en su asiento quizás se arrepintió de que lo acompañase.
Una hora más tarde los ojos de Rin la traicionaron y fueron cerrándose poco a poco. Lo siguiente que sintió fue que unos brazos rodearon su cuerpo, para cuando despertó estaba en su habitación, su alarma daba las 5:30am, llevaba la misma ropa del día anterior. Todo lo que recordaba era que se había quedado dormida esperando a Sesshomaru y que… ¡Ay no! Alguien la había traído hasta su habitación, pero quien. Que no haya sido él, que no haya sido él. Todos menos él. Repitió durante el tiempo que le tomo asearse antes de bajar a desayunar. Bajo al comedor como si estuvieran a punto de sacrificarla.
Cuando llego solo estaba Inuyasha.
— Buenos días Rin — la saludo con una sonrisa — parece que solo tu y yo desayunaremos hoy.
— Ya veo. — se sentó en el mismo asiento de siempre.
— Ayer ocurrió algo muy feo y tuvimos que quedarnos mientras se resolvía. Sesshomaru quiso estar mas temprano hoy y por eso se fue hace rato.
No era por ella que no había llegado. Aunque eso no le quitaba lo patética que se debió de haber visto allí dormida esperándolo. ¿Se habrá reido de ella? Después de un Rato Rin recordó algo que hace días pensaba pedirle a Inuyasha.
— Inuyasha, ¿puedo pedirte un favor?
— Claro, dime.
— Yo… veras… Quisiera ver a la hermana Kaede, yo quisiera saber como esta.
— Sabes que no puedo sacarte de aquí, a menos que quiera que mi hermano me descuartice — ladeo su cabeza — a decir verdad no se porque no quiere que salgas si ya los otros tipos están en la cárcel.
— ¿Que? ¿De que tipos hablas? — pregunto alterada.
— ¿No lo sabias?
— No, no se nada. Desde que estoy aquí estoy aislada del mundo exterior.
— Varios de los de la banda con la que estabas fueron encarcelados hace unos días, no se sus nombres — dijo leyendo la próxima pregunta de Rin.
— Yo necesito saber quienes son… yo…
— Ya tranquila, hagamos algo — toco su mano para tranquilizarla — hoy después del trabajo iré hasta donde vive la hermana y hablare con ella. Y si puedo averiguare antes quienes fueron a los que encarcelaron.
Sesshomaru era una bestia, debió ser por eso que se había comportado de esa manera con ella, por remordimiento. Pero no se iba a quedar asi, Sesshomaru iba a escucharla.
Como le prometió a Rin Inuyasha salió después del trabajo hacia la casa donde ella solía vivir. Temprano había averiguado que los dos tipos que habían abandonado a Rin ese día en la mansión fueron descubiertos en otra intentando robar, las autoridades le habían informado a Jaken del asunto por su relación con el robo pero su compañía y Sesshomaru no tuvieron nada que ver. Y a decir verdad en estos momentos su hermano no tenia cabeza para otra cosa que no fuese arreglar el problema con el Resort de Sesoko.
Inuyasha llego a la casita ubicada casi al final de la cuadra. Bajo del auto y se dispuso a tocar la puerta. Una joven de cabello negro azabache le abrió, él tardo unos segundos en reaccionar. De todas las personas que pensó encontrar jamás se imagino que Kikyo se encontraría allí.
— ¿Qué haces tu aquí? — dijo tomándola por el brazo bruscamente.
— ¡Suéltame! — le grito — ¿Qué te pasa?.
Su voz era diferente, pero su rostro era el mismo, su cabello era un poco mas corto y su cuerpo estaba menos desarrollado. Inuyasha la soltó con una disculpa. Esta mujer se parecía endemoniadamente a Kikyo.
— No acepto tus disculpas — dijo seriamente tratando de cerrar la puerta.
— No. Espera — atravesó su mano para que no pudiera cerrarla. — vine a ver a la hermana Kaede.
Kagome siguió en su afán se cerrar la puerta.
— Vengo de parte de Rin. — Kagome se relajo.
— Ella esta bien.
— ¿Podría hablar con ella? — asomo su cabeza.
Kagome miro hacia Kaede y esta asintió.
— Bien pasa.
— Discúlpame de nuevo por mi actitud. Pero es que te pareces demasiado a alguien que conozco.
— Tú también te pareces a alguien que conozco y no por ello te agredo.
— Lo siento — se disculpo de nuevo.
Ella volteo su rostro hacia otro lado. Ella era condenadamente parecida a Kikyo pero solo físicamente. Kikyo jamás le hubiera cerrado la puerta de esa forma ni se atrevería a voltear su rostro de esa forma.
— La hermana esta de ese lado — le dijo Kagome haciéndolo salir de sus pensamientos. Recordando porque estaba allí. Venia a hablar con Kaede y lo hizo.
