"¡Listo!"
Harry sonrió feliz. Hedwig voló desde su percha hasta su hombro y le dio un picoteó cariñoso en la oreja. Había terminado con el último de sus deberes de Hogwarts y lo había hecho todo con una letra decente. Tenía que admitir que su letra había mejorado bastante desde el año pasado y se sentía orgulloso. Aquellos días de dura práctica habían valido la pena, aunque el hecho de escribir con un bolígrafo también había sido de mucha ayuda. Teniendo en cuenta todo, estaba satisfecho.
*Zumbido*
Harry se puso alerta al escuchar el zumbido de Vulpis. Snape no había podido pasar a verlo mucho esa semana, así que habían hecho uso de Vulpis y Corvus más seguido. Su profesor le había estado mandando comida y algunas pociones útiles. Lastimosamente, el pocionista aún no quería corregir sus ensayos antes de tiempo, pero Harry ya se había resignado con eso.
'Aquí te dejo una ración de almuerzo para una semana, intenta no devorarlo todo, también encontré la loción para el cabello que te recomendó el peluquero aquella vez. Es muy cara, así que cuídala. Los frasquitos rojos son pócimas que te ayudarán a fortalecer y tonificar la masa muscular durante tus sesiones de ejercicio, úsalo con prudencia. Intentaré ir en dos días, pero no prometo nada... compórtate'
Harry sonrió. Snape siempre le pedía que se comportara, aunque Harry sentía que su comportamiento era ejemplar. Miró dentro de la caja, asombrado por la magia que hacía que todo lo mencionado cupiera sin problema alguno, y empezó a sacar con cuidado cada objeto para acomodarlo en su habitación.
"Ululeo"
"Sí, dice que tal vez venga en dos días"
Harry esperaba eso. Su cumpleaños era en dos días... sería bonito no tener que pasarla solo con los Dursley y su mala vibra. Seguramente Dudley ya había planeado una golpiza especial para él ese día. Con un encogimiento de hombros, siguió acomodando sus cosas. Dudley había crecido bastante, no solo de ancho, sino también de alto, aunque Harry no se había quedado atrás. Gracias a las pociones nutricionales que había tomado, su estatura era lo que siempre debió haber sido y continuaba creciendo a un progreso normal a su edad.
Aquello, más las rutinas de ejercicio hacían que Harry haya dejado atrás el look de enclenque y enfermizo y se sentía muy bien consigo mismo. Además, había seguido trabajando con Snape el tema de su autoestima y el valor que le daba a su propia vida. Era un proceso agotador, pero Harry sentía que poco a poco lograba valorarse más como persona.
"Ululeo"
"¿Qué?"
"¡Ululeo!"
Harry frunció el ceño ante lo que creyó entender y se aproximó a su ventana. Efectivamente, a lo lejos vislumbró una lechuza que se acercaba cada vez más hacia él y abrió su ventana para evitar que el animal se estrellara.
"Vaya... ¿de dónde vienes?"
La lechuza no le respondió, solo lo miró fijamente y estiró su pata. Harry recibió la carta que llevaba y el ave emprendió vuelo enseguida. Al parecer, quien quiera que le haya enviado la carta no necesitaba una respuesta.
"Ululeo" Chilló Hedwig con curiosidad y se posó en su hombro para leer con él.
"¡Vaya, es de Neville! Su cumpleaños es mañana y quiere que vaya"
Harry estaba emocionado, nunca había recibido una invitación de cumpleaños... aunque sus familiares tampoco lo habrían llevado a ninguna fiesta, así que supuso que no importaba, pero ahora tenía amigos y ¡uno de ellos lo estaba invitando a su casa para celebrar su cumpleaños! ¿qué debería hacer? Volvió a leer la carta... Neville lo había pensado en todo, incluso le había enviado un medio de transporte. Harry miró la pequeña moneda con curiosidad... según la carta se activaría tan pronto como Harry dijera las palabras correctas. Era perfecto, simplemente tendría que escabullirse en la tarde sin ser notado y si terminaba sus quehaceres antes de tiempo, sus familiares ni siquiera lo notarían.
"Ululeo" advirtió su amiga.
"No creo que el profesor Snape se enoje por esto, además no pone en peligro mi vida ¿verdad?"
"Ululeo"
"Sí, sí, ya sé que es un lugar desconocido" y ahora que lo pensaba ¿esa podría ser una carta falsa? Harry sintió que su euforia inicial se extinguía y una pequeña llama de alarma se encendía en su mente.
"Ululeo" dijo Hedwig sabiamente.
Harry suspiró... Hedwig tenía razón: más valía prevenir que lamentar. Con reticencia, Harry escribió una nota para enviarla a su profesor, sabiendo que al hacer eso, se le podría negar la pequeña diversión de asistir a una fiesta de cumpleaños por primera vez.
Neville Longbottom era un niño nervioso, lo sabía muy bien. Habiendo crecido en un ambiente estricto, con una abuela que le exigía estar a la altura de su padre, su autoestima no había sido tan reforzado. Aún así, en el último año, Neville se había sentido más a gusto. Había hecho amigos, tartamudeaba menos y se sentía mejor con su pasión por las plantas... y el valor y descaro de Luna Lovegood se le estaba pegando poco a poco. Sí, la vida empezaba a sonreírle.
Eso no impidió que aquella mañana, al entrar al comedor para desayunar, pegara un grito al cielo al ver a su temido profesor de pociones sentado cómodamente en el lugar. Snape levantó una ceja con burla y Neville sintió que sus orejas enrojecían. Esa era una sorpresa de cumpleaños que no se esperaba.
"Neville, ¿dónde están tus modales?" su abuela le reprendió molesta, sentada a un lado del profesor.
"¡L-Lo siento! Buenos días profesor Snape"
"¡Párate erguido cuando hables!" su abuela tenía el ceño fruncido. "Este muchacho..." murmuró exasperada, pero Neville la oyó perfectamente.
"Buenos días señor Longbottom" el pocionista sonrió de una manera que hizo que los pelos de su nuca se levanten.
"El profesor Snape ha venido acá para consultar por unas plantas especiales para una poción que está desarrollando, lastimosamente no contamos con ese espécimen en particular" Neville vio como su abuela le enviaba una mirada aguda a su profesor y este asintió casi imperceptiblemente.
"En efecto, me retiro entonces, un gusto Madame Longbottom" El adusto hombre se irguió elegantemente y Neville se apresuró a acompañarlo hacia la chimenea, como le habían enseñado. Su abuela los acompañó en silencio.
"¿Profesor?" Neville se armó de valor para hablar "¿Qué planta estaba buscando, si puedo saber?" Su profesor detuvo un segundo su andar, pero luego siguió como si nada. Algo tan simple, que no hubiese sido notado por cualquiera.
"Estoy buscando un nuevo híbrido de acónito y díctamo que solo puede ser cultivado en invernaderos especializados. La familia Longbottom es una de las pocas en Inglaterra que posee las credenciales adecuadas para su cuidado"
Neville se puso alerta al oír aquello, había leído sobre esa planta y había querido pedirla desde hace un mes, desafortunadamente, aunque tenían las credenciales adecuadas, había una lista de espera de cinco meses para poder obtenerla. Era un nuevo espécimen que había sido desarrollado artificialmente y parecía tener propiedades mágicas muy prometedoras para el campo de pociones.
"¡Sí! ¡El nuevo desarrollo! He oído que muchos pocionistas están experimentando con esa planta, especialmente en el área de las pociones contra la licantropía, aunque es una poción muy difícil, por lo que experimentar con ella es muy peligroso... ¡esta nueva especie podría ser la clave que han estado esperando!" Neville estaba tan emocionado, que se había olvidado con quién estaba hablando.
"Ciertamente... me sorprende que usted, con un historial tan desastroso en pociones, esté al tanto de eso" Su profesor parecía perplejo y Neville se sonrojó.
"M-me interesa mucho la herbología, señor, he estado intentando conseguir esa especie en particular desde hace un mes"
"Ya veo" y había un atisbo de sorpresa y admiración en los ojos de su profesor que, por un momento, pensó que estaba soñando. Neville, por ese instante, sintió que podía pararse más erguido y con firmeza.
El profesor Snape se despidió, no sin antes intercambiar otra mirada con su abuela. Neville sabía que había algo más en la visita de su profesor, pero no le correspondía a él preguntar aquello. Guardando sus pensamientos para sí mismo, volvió al comedor con su abuela y se dispuso a desayunar tranquilamente, ese día le esperaban unas visitas interesantes y se sentía emocionado. No notó que durante todo el camino su andar fue más derecho y expresaba confianza, ni la mirada de orgullo que su abuela le dio al notar tal cambio de actitud.
Severus suspiró mientras se aparecía afuera de la casa de Harry. Había ido a averiguar si la fiesta de cumpleaños de Longbottom era real o no y se sentía más tranquilo al comprobar que no era una trampa y que el joven Longbottom sí había enviado esa carta. Augusta Longbottom era una mujer severa que había sospechado de su visita en el momento en el que se presentó y, tras la pequeña conversación, notó enseguida que no estaba ahí por órdenes de Dumbledore. La astuta mujer sospechó enseguida sobre su conocimiento del asunto y Severus tuvo que informar escuetamente su familiaridad con Harry, aseverando que solo velaba por su seguridad. Severus sabía que la mujer era de fiar y no revelaría la información ante nadie, además sus escudos de oclumancia eran incomparables. La información estaba segura con ella.
"¡Profesor! Llego un día antes" Harry corrió a saludarlo con una sonrisa de oreja a oreja.
"He averiguado lo que me pediste, la invitación es segura"
"¿En serio? ¡increíble! ¿qué debería llevar? Ahora siento que el regalo que le iba a enviar no es suficiente ¿cómo debo ir vestido? ¿debo llevar comida?"
Las preguntas empezaron a salir de la boca del niño sin parar y Severus entendió que esa invitación era importante, era obvio que era la primera vez que el niño era invitado a un evento como ese y todas las reservas que todavía tenía por dejar ir al niño desaparecieron. Ya había comprobado las barreras del lugar y eran seguras... si alguien buscaba escabullirse, le esperaba un destino nefasto.
"No es necesario que vayas formal, pero intenta ir presentable" Se acercó al armario del niño "Esto estará bien" dijo mientras sacaba un pantalón negro, una camisa manga larga crema y una chaqueta marrón. Lo dejó en la cama mientras invocaba las botas marrones que hacían juego con la chaqueta de cuero. Hace un par de semanas habían ido de compras nuevamente, ya que Harry había pegado un estirón el último año. "¿Qué es lo que le ibas a regalar?"
Harry se sonrojó y le murmuró algo.
"¿Qué?"
"Había un libro nuevo sobre herbología del que estaba hablando... pero ahora simplemente no parece suficiente"
"Al pareces el joven Longbottom es un herbolario aficionado, estoy seguro de que el libro le encantará" Severus pensó por un momento... el niño había mencionado que había estado esperando el nuevo espécimen esa mañana... y un nombre como Harry Potter seguro que aceleraría el proceso. Además, pensó, el ciertamente podría beneficiarse con una muestra... especialmente si el director todavía seguía con la loca idea de contratar a Lupín para el puesto de defensa.
Severus sintió que un dolor de cabeza se avecinaba. El día anterior había estallado en las noticias mágicas, Sirius Black había escapado de Azkaban y el director creía que tener a Lupín como maestro podría ayudarlos en caso de que Black decidiera aparecerse por el castillo. En su opinión, era una pésima idea tener a un lobo enseñando en el castillo y, además de todo, él tendría que estar preparándole la poción matalobos. Eso había estado en su mente cuando le dio la excusa rápida a Longbottom sobre la planta que buscaba.
El escape de Black lo había alertado también a asegurar las barreras de la pequeña casa muggle en la que vivía el niño. Con el traidor rondando por ahí, tenía que ser muy cauteloso con Harry. Esa era una de las razones por las que se había alarmado al recibir la nota del muchacho, aunque se había sentido orgulloso de él por comunicarle aquello. Sin embargo, aunque le gustaría que Harry se quedase en casa hasta que empiecen las clases, no podía negarle el evidente deseo de asistir a la fiesta de su amigo. Se tranquilizó recordando que las barreras en la casa de Longbottom eran formidables.
"Tengo una idea de lo que le podrías regalar junto con el libro" Severus le comunicó al muchacho su idea.
"Pero, si hay una lista de espera tan larga para esa planta... ¿cómo la voy a conseguir para hoy?"
"Te sorprenderías del poder que tiene tu apellido"
"Espera... ¿quieres que use mi fama como el 'niño que vivió'?" preguntó el niño horrorizado.
"Ya tienes la fama, aunque no la quieras, así que debería aprovecharla en estos casos" respondió simplemente. Era algo muy Slytherin que podría beneficiar a Harry en el futuro.
"Bueno... si lo pones así... tienes razón"
"Si escribes ahora y funciona, puede que te envíen el espécimen antes de que tengas que partir"
"¿y si no funciona?"
"Al menos lo habrás intentado"
"Bueno... gracias, señor"
"Me tengo que ir, no te olvides de avisarme antes de que actives el traslador, vendré para asegurarme de que todo salga bien"
"Esta bien, gracias" el niño sonrió y lo abrazó. Severus devolvió el abrazo que ahora se sentía natural y se fue.
Unos minutos después, Severus se encontraba caminando por el callejón knockturn. Muchos magos y brujas de poco fiar rondaban el lugar, era cierto, pero entre todas aquellas tiendas de dudoso origen estaba una en particular que ofrecía los mejores accesorios de protección que se podían encontrar. Era probable que el dueño consiguiese todos los materiales de contrabando y a un precio increíblemente más barato del que lo vendía, pero ofrecían justo lo que necesitaba Severus en ese momento. Encontró la tienda y entró. Un pequeño cascabel sonó al abrir la puerta.
"Bienvenido, ¿en qué lo puedo ayudar?"
"Necesito esto" Severus le tendió un dibujo con el diseño de lo que estaba buscando "¿crees que me lo puedas conseguir?"
"Ah, un diseño personalizado, ya veo, eso costará un poco más, me temo" El vendedor sonrió mostrando todos sus dientes puntiagudos. Severus asintió secamente. "Muy bien, entonces ¿los desea con todos los encantamientos de protección disponibles, me imagino?"
"Me gustaría que le añadan un hechizo localizador potente y que este de acá esté ligado a este, de modo que se active ante el peligro"
"Interesante, sí, podemos conseguirlo... por un poco más podemos añadir un hechizo traslador, para casos de emergencia, claro"
"Hágalo..." Severus lo consideró un momento antes de añadir "Póngalo en ambos, que se active ante una palabra clave"
Discutieron los detalles un poco más antes de que Severus quedara satisfecho. El encargado le dijo que regresara a las cuatro de la tarde a recoger su pedido y Severus se sintió aliviado. Estaría todo listo dos horas antes de que Harry tenga que partir. Sintiéndose más tranquilo, se marchó al castillo.
Harry estaba emocionado, ya era la hora de partir. Se miró al espejo y quedó satisfecho. Su cabello no parecía un desastre gracias a su nuevo corte y sus lentes le daban cierta gracia que él mismo tenía que reconocer. La ropa que Snape le había elegido le quedaba muy bien también, con un suspiro nervioso, escribió la nota y la envió por Vulpis.
No había podido conseguir el espécimen de la planta que quería Neville, pero no dejó que eso lo desanimara, todavía le quedaba el libro. 'tengo que aprender a ser persuasivo' decidió. Snape tenía razón, su fama era algo que podría aprovechar en un futuro y tendría que aprender a jugar bien sus cartas. Sentía que todavía le faltaba práctica en el arte de la política y el dominio del discurso... le pediría ayuda a su profesor más adelante.
El sonido familiar de aparición lo alertó de la presencia de Snape. Harry volteó de inmediato hacia el punto donde oyó el ruido y, como esperaba, no vio a nadie. Rápidamente sacó su varita y se puso en posición de combate.
"Sé que estás ahí"
"Muy bien" Snape se hizo visible. Durante esas vacaciones habían estado practicando aquello y Harry se había vuelto muy bueno. Su profesor se negaba a que Harry siga corriendo por la vida sin percatarse de los peligros a su alrededor, según sus palabras, y le había estado enseñando técnicas de defensa y combate que ya debería haber aprendido si no tuviese tanto profesor inepto – nuevamente, según sus palabras – Harry estaba de acuerdo plenamente.
"No conseguí el regalo"
"Mmm... luego reviso la carta que enviaste, para ver qué pudiste haber mejorado al redactarla"
"Sí, señor"
"¿Estás listo?"
"¡Sí!"
"Bien, primero quiero darte algo" Snape sacó algo de sus bolsillos y se lo entregó. Harry recordó por un momento cuando el pocionista le dio su regalo de cumpleaños el año anterior.
Abrió el pequeño paquete con cuidado, curioso, y se encontró con un collar interesante. La cadena era plateada y parecía hecha de un material resistente, pero era increíblemente suave al tacto y sumamente delgada. El dije era de un cuervo que parecía a punto de emprender vuelo. El adorno era plano, completamente negro, pero de un obvio origen mágico, ya que los pequeños detalles de las plumas parecían moverse. Era casi como flamas negras que le añadían un toque especial. Harry lo amaba.
"Quiero que uses este collar en todo momento, una vez que te lo pongas nadie más te lo podrá quitar. Está unido al mío" Snape le mostró el collar que tenía antes oculto debajo de la camisa. Su dije era un pequeño zorro plateado y su cadena era negra. Harry estaba asombrado... eran Corvus y Vulpis. Tener aquella cadena se sentiría como tener siempre a su profesor cuidando de él. Se sintió conmovido ante el gesto, pero se negó a llorar.
"Es hermoso" Snape sonrió, pareciendo entender sus emociones.
"Si estás en peligro, el mío se calentará, así que lo sabré e iré a buscarte. Tiene hechizos de protección contra algunos maleficios básicos, pero no te confíes, es muy poco de lo que te puede proteger. Si estás a punto de ingerir algún veneno sentirás un zumbido de alerta. Por último, si te encuentras en algún lugar desconocido, tiene un traslador que se activará ante la palabra 'Corvus', siempre y cuando no haya barreras antiaparición te llevará hacia un lugar seguro"
"Wow... esto es... gracias, señor, en serio" Harry estaba sin palabras ante tal regalo, aunque en el fondo de su mente se preguntó si algún peligro en particular se acercaba pronto... bueno, teniendo en cuenta sus antecedentes, no parecía tan descabellado.
"Póntelo"
Harry se puso con cuidado el collar, pero no lo guardó debajo de su camisa. Tal vez cuando llegue a Hogwarts lo esconda, pero por ese día, sentía que lo debía llevar con orgullo. Snape asintió una vez que se lo vio puesto, murmuró unas palabras y Harry vio como ambos collares brillaron brevemente. Una vez hecho eso, Snape le indicó que agarre bien su moneda y el regalo de Neville. Abrazó a su profesor por última vez, sostuvo sus cosas, murmuró las palabras y todo se volvió borroso.
Cuando recuperó el equilibrio, lo único que pudo pensar fue 'odio los medios de transporte mágico' Abrió los ojos, se acomodó la ropa y se acercó a la inmensa puerta que estaba frente a él.
"Wow, Neville tiene una mansión" suspiró y tocó la puerta. Era hora de tener su primera fiesta de cumpleaños.
¡Lamento la demora! he estado muy ocupada con los trabajos de la universidad. Espero que les guste el capítulo y gracias por leer, como siempre.
