Capitulo 8
— Tu otra vez — Abrió la puerta con desdén.
— Vine a ver a Kaede no a ti.
— La hermana Kaede está durmiendo en este momento.
— La esperare — afirmo sentándose sobre un cojín con las piernas cruzadas.
— Vas a esperar bastante, suele dormir por lo menos tres horas. Y hace apenas media que se durmió.
— Ya te dije que la esperare.
Este hombre sí que era terco. Kagome siguió preparando los medicamentos que le administraría a su paciente en el resto del día. Inuyasha mientras tanto seguía sentado sin inmutarse.
— Te dije que se tardaría — dijo Kagome al ver que Inuyasha se revolvía en su asiento buscando comodidad.
— Y yo que la esperaría. ¿Eres lenta o qué? — Esta mujer le ponía los nervios de punta.
La verdad es que no había venido a ver a Kaede, había venido a verla a ella, tenía que asegurarse de que era una mujer distinta, tenía que definir las diferencias. La observo con cuidado mientras hacia su trabajo, ella era un poco mas pequeña que Kikyo, su rostro era más juvenil, más relajado, Kikyo no era vieja, pero, tenía un semblante más maduro, por el contrario de Kagome que derrochaba inocencia. Su pecho sin embargo era definitivamente el de una mujer, o eso era lo que dejaba apreciar el traje de enfermera con dibujos de Mini que llevaba puesto.
— ¿Por qué me miras de esa manera? — pregunto Kagome extrañada.
Inuyasha no se había dado cuenta de que ella lo estaba mirando mientras que hacia su observación.
— Solo estaba viendo lo fea que eres — fue lo primero que se le ocurrió en su defensa.
— ¿Cómo dices? — Kagome estuvo a escasos segundos de lanzarle el frasco de remedio que tenía en su mano, solo la detuvo el hecho de que si lo rompía tendría que salir a comprar más. — Eres un maleducado sin nada de modales ni de respeto hacia una mujer — las mejillas de Kagome estaban rojas de la ira. — Si no quiere morir será mejor que te disculpes ahora mismo — sus ojos llenos de furia.
Su reacción causo en él un efecto que no esperaba, se estaba divirtiendo demasiado haciendo enojar a esta mujer. Ella no era como Kikyo, ella jamás lo amenazaría de muerte, a decir verdad nunca había visto a Kikyo enojada.
— ¿Cómo vas a matarme? — pregunto seductor acercándose a ella.
— Tu… aléjate de mí — dijo poniéndose nerviosa.
— Si no lo hago que ¿Me vas a asesinar con la inyectadora? — se burló.
— Pues podría clavártela en…
No termino su frase porque luego de levantar su brazo para atacarlo Inuyasha lo sostuvo haciendo que todo su cuerpo se debilitara entrando en un trance hipnótico en el que lo único que podía hacer era mirar esos ojos ámbar que brillaban ante ella.
Inuyasha no fue consciente de que estaba a punto de besarla hasta que fue capaz de percibir el aliento de la joven sobre sus labios. A cualquiera que le preguntara porque lo había hecho sería incapaz de responderle, no podía ni siquiera responderse él mismo.
El sonido de unos pasos seguido de unas voces hizo que Rin se despertara de su sueño, algo confundido recordó porque estaba durmiendo en un mueble de la planta alta situado justo en la entrada del pasillo que daba a las habitaciones principales. Las luces fueron encendidas dejándola a la vista de las persona que llegaban a la sala que ella ocupaba.
Una señora de edad media la saludo, era la cocinera, esta llevava una bandeja en sus manos — es para el Sr. Sesshomaru, no me gusta que se vaya sin desayuno — dijo en respuesta al rosto interrogativo de Rin.
— ¿Puedo llevársela yo? —pregunto.
— Oh, serias tan amable, aunque no se si al señor le guste — dudo.
— Claro, no creo que le importe. Ademas estoy tan agradecida con él que me encantaría llevársela — mintió.
Sin más Rin tomo la bandeja y se dirigio a la habitación de Sesshomaru. Toco dos veces como le había indicado la cocinera y entro tras oír la voz de pase. La habitación de Sesshomaru era mucho más grande que la de ella. En la entrada había una especie de sala de estar adornada por un juego de sillones de estilo victoriano beige con toques dorados, en la sala contigua una pequeña mesa con cuatro sillas del mismo estilo se apoderaban del centro. Sesshomaru no se veía por ningún lado.
— Déjala en la mesa — Dijo Sesshomaru desde el otro lado.
Rin no podía saber donde estaba exactamente. Camino hasta donde estaba la mesita redonda y se dispuso a colocar la bandeja, esta tembló un poco en sus manos antes de dejarla sobre la superficie plana debido a que después que cruzo la estancia con el recibidor se encontró con una cama tamaño King con doseles del mismo color que los muebles, pero eso no fue lo que la hizo temblar. A la derecha de la cama salió Sesshomaru de una puerta, Rin supuso que debió ser el baño, pero, la hizo temblar no el hecho de que estuviera allí parado, Rin tembló porque nunca en su vida había visto a un hombre en el estado que se encontraba él en ese momento. Llevava solo un paño blanco amarrado a su cintura, que cubría solo la parte de su vientre hasta sus rodillas, dejando todo su torso y parte de sus piernas al descubierto. Con otra toalla se secaba la melena plateada aun sin percatarse de su presencia. Rin por otro lado se había paralizado al verlo de esa manera tan… tan íntima.
— ¿Qué haces aquí? — fue la pregunta de Sesshomaru al ver a la joven en su habitación.
— Yo… yoo... — no sabía que decir. Ella estaba allí para reclamarle por sus amigos, pero el verlo de esa manera la altero en sobremanera.
Sesshomaru arqueo una ceja.
— Si no vas a decir nada, sal — dijo en su habitual tono sereno — ¿O acaso quieres ver cómo me cambio? — no supo en que momento dijo eso, ni mucho menos por qué. Solo se dio cuenta de lo comprometedora de su pregunta cuando el rostro de rin adquirió un tono carmesí.
— No quiero verte desnudo — se defendió en tono muy agudo — pero tampoco voy a salir — dijo recuperando su compostura — estoy aquí para hablar contigo.
— No tengo tiempo para tus niñerías.
— No son niñerías — Rin se ofendía cada vez más. ¿Quién se creía este desgraciado? — Ahora mismo tú me vas a explicar por qué enviaste a mis amigos a la cárcel.
— No voy a explicarte nada.
— Claro que sí me vas a explicar — dijo acercándose peligrosamente a él — me tienes aquí con la condición de no tomar represarías y lo primero que haces es enviar a la cárcel a mis amigos.
— ¿Tus amigos? — Bufó — llamas amigos a quienes te envían como chivo expiatorio directo a una trampa — arqueo una ceja — déjame decirte que para mí esos no son amigos.
Sesshomaru tenía razón, pero eso no le daba derecho a hacerles daño. De ninguna manera ella permitiría que siguiera con ello. Si sus amigos hablaban estaban muertos, pero sino decían nada pasarían toda su juventud en la cárcel.
— Teníamos un trato.
— El trato era contigo.
— ¿Qué?
— No te envió a la cárcel si permaneces aquí por caridad de Jaken. Que te quede claro que no me hace gracia tu presencia en esta casa y mucho menos si vienes a hacer escenas como las de este momento. Ahora ten la amabilidad de salir de mi habitación.
— Entonces ¿por qué no me dejas ir?
— Porque de alguna manera u otra tienes que pagar por tu crimen.
— Te odio. Eres un Maldito bastardo. Ojala te mueras muy pronto para poder irme de aquí y no volver a verte más.
Y salió.
