Capítulo 10

Muchas veces los días más esperados se transforman en los más odiados, y se vuelven inolvidables por razones totalmente distintas a las que esperamos.

Kagome termino de colocar el último bucle de cabello en su lugar.

Te vez hermosa con ese vestido le dijo su madre quien la observaba con una profunda admiración.

Gracias mamá respondió al tiempo que se unía a ella en un cálido abrazo.

Hermana hay un joven abajo esperándote grito un niño de unos diez años de edad.

Inuyasha ya llego se dijo a sí misma.

La verdad estaba muy nerviosa por salir esa noche, tenía mucho tiempo dedicándose solo a su carrera que se le había olvidado cuando fue la última vez que salió a divertirse y mucho menos recordaba cuando fue la última vez que salió con un chico. Si bien su relación con Inuyasha tuvo un comienzo intrincado, poco a poco iba naciendo una amistad entre ellos, tal vez ese fue el motivo por el que Inuyasha decidió invitarla a ella a acompañarlo esa noche. En este preciso momento le gustaba la idea de que él estuviera en su vida, aunque no sabía si en verdad eran amigos, el solo hecho de estar a punto de ir a la boda de uno de sus amigos hacia que existiese la posibilidad de serlo.

Se miró por última vez en el espejo y tras un largo suspiro bajo hasta el salón donde para su sorpresa el joven era interrogado por su hermano y abuelo.

Por favor abuelo no lo asustes lo regaño Kagome.

Eso fue todo lo que Inuyasha alcanzo a escuchar debido a que en los minutos siguientes se encontró examinando a la muchacha que acababa de llegar. Ella tenía un vestido de satén color azul, de escote en v, el cual dejaba ver un poco la cima de sus pechos para luego perderse entre unos ribetes hasta la cintura y extenderse a lo largo de sus piernas haciendo unas suaves ondas mientras caminaba.

¿Verdad Inuyasha? pregunto Kagome.

Las miradas de todos en la sala estaban puestas sobre el esperando una respuesta de la cual no tenía idea que decir puesto que no había escuchado nada.

Si seguro dijo con duda.

El rostro de Kagome se ilumino con una sonrisa y lo tomo del brazo para conducirlo a la entrada

Ya podemos irnos le susurró al oído Adiós mamá, abuelo, sota se despidió.

Llegaron a Catedral Santa María de Tokio a las 5 y 49 minutos de la tarde, Inuyasha tomo su mano y la condujo a la entrada, a decir verdad no era muy común encontrar personas católicas en Tokio, esa pareja debía ser muy popular. En el camino Kagome le había preguntado a su acompañante por su religión a lo cual este respondió que no creía en una en específico. En lo único que tenía el firme convencimiento era en que la ciudad era una selva se cemento en la que solo sobrevive el más fuerte.

Un hombre de mirada cínica y algo despiadada atrapo su atención, este estaba vestido de blanco recibiendo a los invitados.

No me digas que ese es tu amigo comento con recelo.

No es algo así como mi peor enemigo.

¿Cómo? pregunto sorprendida.

Se vieron interrumpidos por la inevitable bienvenida del novio. El cual miraba a Kagome de hito en hito. Como si la conociera de otra parte y no pudiera creer que estuviese acompañando a Inuyasha.

Bienvenido joven Inuyasha Déjeme decirle que es muy grata su presencia saludo el hombre con la mirada más perturbadora que Kagome hubiese visto antes. El solo mirarlo hizo que se le erizaran los cabellos de la nuca y sus brazos. Este hombre despedia maldad.

Gracias Naraku Inuyasha respondió su saludo con ironia.

Kagome se dispuso a responder las gracias pero Inuyasha la halo hacia adentro antes de que pudiese decir algo.

¿Por qué vinimos a la boda de tu peor enemigo? le recrimino.

Porque quería fastidiársela.

Ese hombre me causa una sensación de peligro, no me gusta.

A mí tampoco.

Llego la novia dijo Kagome con emoción.

Tomaron asiento en las filas del medio. Había muy poca gente. Como si cada invitado hubiese sido seleccionado con cuidado.

La novia entro al compás del Canon in D de Pachelbel, era hermosa, aunque su rostro no se distinguía bien bajo en velo su anatomía lucia perfecta dentro de ese vestido de corte sirena de escote de corazón, seguido de una malla de encaje que se unía a un collar en su cuello, la espalda estaba cubierta por la misma malla de encaje y toda su columna estaba adornada con delicados botones forrados de organza, la cola aunque no era larga daba la apariencia de que estaba flotando.

— Hermosa susurro Kagome.

La ceremonia transcurrió como de costumbre, nadie hizo nada vergonzoso y nadie se levantó a la hora de hable ahora o calle para siempre. Lo único que percibió Kagome fue que Inuyasha estuvo mudo desde que entro la novio hasta que el sacerdote los declaro marido y mujer. Por mas comentarios que hizo ella sobre los novios o la ceremonia en si, el no respondio ninguno. Un ápice de dolor se infiltro en su pecho ante la sospecha de que quizás, Inuyasha estaba enamorado de la novia. Sopecha que confirmo en el momento que los novios caminaron hacia fuera y la mirada de la novia e Inuyasha se cursaron. Él se estremeció y el rostro de ella cambio. También se dio cuenta de la razón por la que él la había invitado. La novia se parecía bastante a ella, tanto que una sensación de terror erizo todos sus cabellos.

Con un deje de decepción salieron de la estancia sagrada, todas las ilusiones de Kagome estaban por el suelo. No tenía por qué sentirse, ella no tenía nada con Inuyasha y tampoco se había dicho nada para pensar lo contrario, pero, simplemente se sentía triste.

Kagome dio gracias a Dios de que Inuyasha decidió no ir a felicitar a los novios, o por lo menos no todavía, y se fueron directamente a su auto para trasladarse a la recepción. Como era de esperarse llegaron mucho antes que los novios. El salón estaba decorado con colores blanco y negro, si bien daba un toque elegante, carecía totalmente de calidez. Como si le faltara el toque de magia que impone la novia a la decoración.

Un joven de traje los llevo hasta su mesa y poco a poco fueron llegando los demás invitados, hasta que unos quince minutos después llegaron los novios. Tras unas palabras de algunos invitados y los propios novios realizaron el brindis por los novios, luego bailaron su primer vals de casados y comenzó la fiesta, o eso fue lo que pensó Kagome, sin embargo ni la música ni la compañía estaba siendo de su agrado, a ese punto se había arrepentido totalmente de estar allí. Inuyasha continuaba con su mirada sombría respondiendo solo con monosílabas a sus preguntas. Estaba aburrida e Inuyasha no daba señales de querer irse. Este hombre era realmente masoquista.

Después de su tercer bostezo decidió levantarse a dar una vuelta por el salón, con suerte conocería a alguien a parte del despechado que la había traído.

Inuyasha en cambio aprovecho su ausencia para hacer lo que había venido a hacer. Con sigilo siguió a Kikyo hasta una pequeña terraza. Ella se encontraba apoyada sobre la baranda y respiraba profundamente, como si le costara conseguir llenar sus pulmones de aire.

Felicitaciones Kikyo dijo Inuyasha con desprecio, consiguiendo sorprenderla conseguiste lo que querías, un marido rico.

Inu yasha parecía sorprendida ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo entraste?.

Tu me invitaste enviaron una tarjeta con mi nombre a mi casa aclaro ante su rostro de confusión.

Yo no te invite

Ya me voy. Solo vine a felicitarte por tu logro. Y a advertirte que dejes en paz a mi familia amenazo provocando que Kikyo quisiera defenderse.

Yo no tengo nada con tu familia.

Tu marido quiere llevarme a la quiebra Como no pudieron quitármelo esa vez, ahora quieren que otros me lo quiten.

No entiendo de lo que estás hablando dijo con cautela.

Traidora Inuyasha emanaba fuego puro.

Yo no soy ninguna traidora se defendió si hay alguien aquí que merece ese apodo eres tú.

¿Yooo? ¿Acaso fui yo quien se acercó a ti por dinero? agito sus manos en el aire ¿Fui yo quien te utilizo para sus propósitos?.

Yo nunca estuve contigo por interés, fuiste tu quien me engaño, fuiste tú quien jugo conmigo unas gotas saladas comenzaron a salir de sus ojos ¡!TUUU! grito.

No vengas con tonterías, no quieras justificarte. Yo te amaba Kikyo.

Claro, me amabas tanto que te acostaste con otra.

¿Qué? no se esperaba que ella lo acusara de eso.

Sin embargo ninguno de los dos pudo responder nuevamente, ya que ya no estaban solos. Dos jovencitas de cabello oscuro estaban observando a la pareja con cautela

Señorita, digo señora Kikyo por favor venga con nosotras, la están esperando para cortar el pastel

Voy Kikyo camino hasta la puerta rosando a Inuyasha quien bloqueaba su camino.

Esta conversación queda dijo Inuyasha cuando estuvo a su altura.

No tenemos nada de qué hablar respondió tajante.

Cuando Kagome volvió a la mesa unos veinte minutos después se sorprendió al no ver a Inuyasha allí. Cuando volvió por fin, estaba peor que al principio. Solo se limitó a decirles que se iban. Si Kagome no hubiera estado tan enojada quizás se habría dado cuenta de que no estaban solos en la entrada donde esperaban que trajeran su auto. Si tan solo no hubiera estado perdida en sus pensamientos de Inuyasha y Kikyo habría notado que había otro auto cerca, quizás también hubiese notado a la persona que venía corriendo hacia ellos. En cambio cruzaba la calle detrás de Inuyasha, quien iba por su auto que le entregarían del otro lado de la acera, y todo lo que pudo percibir fue un grito, cuidado le pareció escuchar, otro auto, una luz y un golpe.

Ella estaba estampada en el suelo, alguien había arrojado a Inuyasha sobre ella, este a su vez se levantaba para ver quien lo había empujado a él recibiendo para sí el impacto del auto que Kagome veía alejarse.

Inuyasha se quedó paralizado frente a ella y cuando por fin se pudo levantar supo porque. El hombre que estaba tirado en el suelo por el impacto del auto era su hermano.