Capitulo 18

Durante los últimos días Rin casi no había visto a Seshomaru a pesar de vivir en la misma casa lo sentía cada vez más distante, era como si un abismo impuesto por el mismo seshomaru se hubiera instalado entre ellos. Un fuerte sentimiento de tristeza se apoderó de ella, al pesar en la razón del por qué él se había alejado de ella. Ayer había estado leyendo un libro literatura clásica debido a que tenía que escribir un resumen desde su punto de vista, como sabía que en la casa de Kaede no iba a poder concentrarse decidió quedarse en la mansión, se instaló en una pequeña terraza en el segundo piso con vista a la piscina. Era discreta, desde abajo solo podías verla si sabías que existía, era el lugar ideal para disfrutar de la visita sin ser advertido, un doble propósito, haría sus deberes y podría observar a Seshomaru ese día sin que nadie se diera cuenta, ya que ahora los ejercicios eran en la piscina.

Rin se relajó a leer hasta que la voz de una mujer llamó su atención, no había escuchado esa voz antes. La mujer bromeaba sobre algo, un golpe en el pecho la atravesó sin contemplación cuando por fin escucho a su acompañante, era Seshomaru. No podía escuchar muy bien lo que decían, pero parecían muy a gusto. La mujer se paró frente a él y se quitó la ropa para dejar ver un cuerpo casi perfecto cubierto solo por dos minúsculos retazos de tela color turquesa que a penas y cubrían sus partes íntimas, luego se acercó a él y madre mía lo estaba desistiendo. Rin ardió por la llamarada de los celos. Esa mujer lo tocaba de una forma muy personal, se tomaba libertades y bromeaba con él y el muy maldito le correspondía.

Estaban en el agua Sesshomaru mantenía su cuerpo a flote agarrado del borde de la piscina, mientras que ella lo "ayudaba" a mover las piernas, ella acariciaba su cuerpo de una forma nada profesional, ella estaba tratando de seducirlo, lo sabía. Rin quería matarla, quería gritarle que quitara sus sucias manos de su... Rin apretó las manos en su estómago. Seshomaru no era su nada, no era de ella, pero, aún así quería bajar y reclamarlo. Siguió torturándose durante las dos horas siguientes, Kana, escucho que así llamaba Sesshomaru a la mujer que no daba su brazo a torcer, aprovechaba cada oportunidad para tocarlo o acercarse a él, le hablaba sumamente cerca y a Seshomaru no parecía importarle. El corazón de Rin dio un vuelco cuando vio lo que habría querido no haber visto nunca, las lágrimas se derramaron sin control por sus ojos hasta que aparto la vista y salió corriendo hacia su habitación, ya no pudo soportarlo más, esa imagen se había quedado guardada en su mente la imagen de Seshomaru y esa mujer... besándose.

Ahora ella sabía porque él se había alejado de ella, quizás pensaba que ella sería un estorbo en su relación, era de entenderse quien querría que su novio tuviera una pupila entrometida. - basta de llorar- se dijo así misma - hoy es un día especial y nada ni nadie va a arruinarlo- y así lo pensaba.

Busco entre su ropas un lindo vestido color lila, era discreto pero ceñido al cuerpo, se colocó unos zapatos de tacón medio a juego, quizás Sesshomaru se divertiría hoy con su nueva amiga, pero ella también tenía como pasarla bien.

Inuyasha la esperaba en el estacionamiento con su auto.

–Qué guapa te ves. –le dijo mientras se subía al asiento del copiloto.

– Es un día especial después de todo.

–Sí, feliz cumpleaños Rin. A partir de hoy eres mayor de edad.

– Gracias Inuyasha, estoy feliz de poder pasar este día junto con mis amigos más queridos.

Inuyasha condujo por la ciudad hasta la casa de Kaede, dentro estaba Kagome esperándolos. La casa estaba especialmente silenciosa, cuando entraron un Feliz cumpleaños se escuchó de la multitud, Kaede, Kagome, Kohaku, su hermana Sango y su novio Miroku estaban allí para celebrar el cumpleaños de Rin.

La sala estaba llena de globos de todos los colores, Sango y Kohaku habían

traído un pastel de cerezas, mientras que Kagome había preparado una receta de galletas que la hermana Kaede le había dado, Miroku había traído las bebidas. Pasaron la tarde entre risas y cuentos de su juventud.

– Todavia recuerdo el día en que llegaste a esta casa, eras tan pequeñita que me daba miedo de que pudieras romperte – dijo kaede.

– Yo también lo recuerdo – dijo Kohaku – te vi y pensé que eras un ángel.

– Y la realidad es que aún lo piensa – bromeo Sango ganándose una mirada de reproche de su hermano.

Continuaron contando anécdotas y comiendo galletas, Inuyasha parecía querer comérselas todas y le dijo a Kagome que la secuestraria y la obligaría a hacerle galletas todos los días.

Rin trataba de reír y olvidar pero le era imposible apartar a Sesshomaru de su mente, de seguro en este momento estaría con Kana dejándola tocarlo y besarlo y quizás hasta le dejaría hacer más cosas..

– Rin… ¿te sucede algo? – pregunto Kohaku preocupado.

– No es nada, es solo que tenía tanto tiempo sin estar todos juntos que me parece que fuese mentira.

– ¿Estas segura que solo es eso? – pregunto incrédulo.

– Si, no te preocupes – dijo sonriendo.

– Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras – le dijo cariñosamente. Sus manos tocaron suavemente las de Rin apretándolas ligeramente en una señal de que podía confiar en él. – Si te hace algo te juro que lo mato.

Como responder a eso, Rin sabía a quien se refería, si Kohaku supiera que Sesshomaru la acababa de hacer muy infeliz y que a su vez había sido culpa de ella misma. Él no la sedujo ni hizo nada para que ella se enamorara de él.

Kagome dijo que ya era de partir el pastel – gracias a Dios – pensó Rin, si hubiera seguido pensado habría terminado llorando y muriendo en el intento de explicar por qué se había puesto a llorar.

Cantaron el cumpleaños y Rin soplo las velas, todos le gritaron que pidiera un deseo, su deseo uno tan tonto que hasta a ella misma a avergonzaba. Decidió no pedir ninguno. Tras besos y abrazos de felicitaciones y comerse su porción de torta, Sango y Miroku se despidieron.

– Espero verte de nuevo pronto.

– Creo que es hora de que nosotros también nos vayamos – Dijo Inuyasha recogiendo las llaves de su auto.

– Que rápido pasa el tiempo cuando estas en buena compañía – se quejó Rin.

– Sera mejor que se den prisa, ya casi son las 5 – Kagome le guiño el ojo a Inuyasha, gesto que pasó desapercibido para todos.

Aun no estaban listos para declarar una relación entre ellos, mas por Inuyasha que por ella, y así estaba bien. Por los momentos le daría tiempo, Inuyasha tenía secretos que aún no se había atrevido a compartir con ella y ella no lo presionaba, cuando llegase el momento sabía que él que abriría ante ella. – Cuando estés listo puedes hablar conmigo, mientras tanto, solo seamos buenos amigos- le había dicho un día en su auto de camino a su casa. Inuyasha se había echado a reír diciéndole que los buenos amigos no se daban besos, pero ella no había podido responder ya que en ese momento Inuyasha la cubrió de besos hasta que ya no pudo respirar correctamente.

Inuyasha y Rin abandonaron la casa, dejándola sola con Kohaku y Kaede, esta última se disculpó diciendo que estaba cansada, les dio las gracias por hacer un bonito cumpleaños para Rin y se fue a dormir.

Kagome observo como el muchacho moreno observaba a la muchacha que se iba – Te gusta mucho cierto – no fue una pregunta.

– Si – Kohaku metió su cabeza ente sus manos – sabes, yo la amo – suspiro – Rin es lo más importante para mí y siento que la he perdido.

– No es así del todo – lo animo – Rin viene todos los días y…

– Si ella viene pero no me permite acercarme a ella – la interrumpió.

Kohaku sonaba desesperado.

– Tengo una idea – Kagome corrió hacia su morral y saco cuatro papeles rectangulares.

– ¿Qué es eso?

– Son unas entradas para un concierto de música japonesa.

– No entiendo.

– Ahh, – Kagome ladeo su cabeza – Voy a decirle a Rin que vayamos al concierto.

– No funcionara, ese bastardo no la deja abandonar la casa.

– Si eso lo sé pero…

– ¿Pero…?

– Si Inuyasha también va…

–…si Inuyasha no tendrá escusas para no dejarla ir.

– ¡Exacto!.

– De verdad harías eso por mí.

– Claro, no creo que Inuyasha diga que no.

Seshomaru se encontraba sumido en la oscuridad de su habitación, estaba cansado y no tenía ganas de hablar ni de lidiar con nadie. Maldijo para sí mismo otra vez, ya había perdido la cuenta de cuantos juramentos había lanzado. Apretó sus dedos contra el vaso de cristal que sostenían y lo llevo a sus labios, sorbió el líquido caliente sintiendo como quemaba su garganta al recorrerla. No sabía cuánto tiempo llevaba así, ni cuánto tiempo más tardaría en salir de su aislamiento.

– ¡Maldita sea! – Dijo de nuevo, no entendía que le estaba pasando, no entendía como había llegado a ese estado y no entendía porque maldita razón no podía sacársela de la cabeza. Maldijo el día que se habían metido a su casa, maldijo a Jacken por interceder por ella y se maldijo a sí mismo por haberse dejado convencer. En ese momento se había dejado llevar por su orgullo y ahora lo estaba pagando caro. Debió haberla dejado en su casa o en la cárcel, pero no, se la había traído a su casa había traído la oveja a la casa del lobo, aunque en ese momento pensara que en realidad la oveja había sido él.

Sorbió de nuevo el dulce líquido rogando que el caliente lo calmara. No se había sentido así desde… no, no quería mencionar su nombre.

Había pensado que solo necesitaba estar una mujer, desde que su proyecto se vio amenazado por Naraku él realmente no había sentido la necesidad de estar con ninguna mujer, se había convencido de eso y por eso cuando Kana, su terapeuta, intento seducirlo el día anterior no opuso resistencia. La mujer llevaba insinuándosele desde hacía varios días, sin embargo, no le había prestado atención. No fue hasta el día que se había comportado como un adolescente con hormonas revueltas en la sala de estar por Rin que se convenció de que necesitaba tener sexo con una mujer y Kana era la más cercana y dispuesta. Estaba decidido, se la llevaría a la cama ese día, a juzgar por su espalda que aún le dolía, no sería su mejor desempeño, pero supuso que funcionaria para calmar sus hormonas de adolescente virginal, lo que encontró sin embargo, lo dejo horrorizado.

Kana lo había besado y él… él no había sentido nada, o si, si había sentido algo. Asco, una mujer guapísima, con un cuerpo perfecto lo había besado y él solo había sentido asco y ganas de que la mujer que estaba besando fuese otra. Por eso la había detenido inmediatamente después diciéndole que eso no funcionaría y por eso le había pedido a su médico que por favor cambiara la terapeuta y por eso estaba esa tarde encerrado en su habitación.

Ese día no tenía terapia.

Su teléfono sonó sacándolo de sus pensamientos, era su secretaria.

Rápidamente contesto, Mayu no lo llamaría si no fuese algo realmente urgente.

– Diga– escucho atentamente – entiendo – su rostro reflejo preocupación – No, iré yo mismo.

Se cambió de ropa solo y bajo por las escaleras de servicio cuidadosamente para que no lo viesen, cuando había dicho que no quería lidiar con nadie, lo había dicho en serio y más aún si sabían que tenía intenciones de salir. Anduvo con las muletas lo más rápido que pudo hasta llegar al patio donde guardaban los autos, solo para darse cuenta de que el auto de Inuyasha iba entrando al gran estacionamiento. Se escondió como pudo dentro de un cuarto donde se guardaban las cosas de jardinería, dejo la puerta entre abierta para ver a su hermano.

Inuyasha abrió la puerta del auto y para su sorpresa la puerta del copiloto también se abrió, su hermano se bajó y acto seguido Rin, su pequeño instrumento de tormento salió por la puerta del acompañante, sonriente.

Desde donde estaba Sesshomaru no podía escuchar lo que se decían, pero parecían muy cómodos el uno con el otro. La llama de los celos lo consumio y un impulso animal lo llevo a querer salir a exigir respuestas de porque estaban juntos, porque demonios su personal había dejado salir a la mocosa de la casa, pero se controló. Si salía Inuyasha se opondría a lo que estaba pensando hacer – más tarde – se prometió a sí mismo. Más tarde averiguaría que demonios estaba pasando allí.

Espero cauteloso a que se fueran para salir de su escondite, fue hacia su Toyota automático, lo encendió y podre del desgraciado que se atreviera a detenerlo. Salió de la mansión dejando a cinco guardias asustados y se dirigió a ese lugar.

Rin e Inuyasha entraron en la mansión por la entrada principal. bien

– ¡Sorpresa! – gritaron las gemelas.

La Sra Lee también estaba allí y con un pastel color rosa.

– Felicitaciones por tu cumpleaños – la abrazo Ayame, mientas que Ayumi esperaba su turno, la Sra. Lee, más convencional, se limitó a arrojarle una sonrisa.

– Perdón por interrumpir – uno de los guardias entro corriendo, tenia la cara palida y su expresión delataba un miedo profundo.

– ¿Qué sucedió? – advirtió Inuyasha.

– Es el Señor Sesshomaru.

El corazón de Rin comenzó a latir precipitadamente.

– Acaba de salir solo en su auto.

–¿Qué? Maldita sea – refunfuño Inuyasha – ¿Cómo demonio permitieron que sucediera? Tienes idea del estado de mi hermano, si algo le pasa.

– Amenazo con atropellarnos a todos si nos quitábamos de su camino.

– ¡Maldita sea! ¿Por qué aun sigues mirándome como tarado? Vamos a buscarlo.

– El Señor bloqueo la puerta.

Inuyasha se llevó las manos a la cabeza.

– ¿Cómo puede bloquear la puerta? – pregunto Rin exasperada.

– Él maneja el control principal – le explico Inuyasha – Tiene una clave, si la cambia desconfigura todos los dispositivos que hayan estado conectados antes. Es una medida anti-robo.

–¿Y qué podemos hacer ahora? —pregunto Ri

– Ya nuestro técnico está trabajando en volver el portón manual pero como fue cambiado por el propio Señor será bastante difícil.

El teléfono de Inuyasha sonó.

– Sesshomaru, maldita sea ¿Que se supone que estás haciendo? –

– Estoy bien tranquilo. Solo hay algo que debo resolver personalmente. – respondió al otro lado de la línea. Y tenía razón. Este era su asunto y solo le pertenecía a él resolverlo. – Por favor diles que no dañen mi portón.

Y colgó.

Bonita forma de arruinar mi cumpleaños.