Capitulo 19

Sesshomaru llego a su destino con una rapidez extraordinaria, a pesar de su condición el auto le permitirá poder manejar casi con total normalidad. Abrió la puerta del auto, tomó sus muletas y se dirigió hasta el ascensor privado, aunque las odiase aún no podía permitirse caminar sin ellas. Marcó la clave y luego el piso 46 correspondiente a su oficina e inmediatamente comenzó su ascenso. Este llevaba hacia la parte de adentro de sus oficinas y estaba reservado sólo para los pisos más exclusivos.

Un tono agudo le indicó que ya había llegado y enseguida se abrieron las puertas dejando entrever un corto pasillo, camino hacia la puerta y de nuevo la abrió con una clave inmediatamente después estaba en la Salita que comunicaba su oficina con la de su secretaria. Entró en la amplia sala, aún conserva su olor a pesar de que en los últimos cuatro meses había sido Inuyasha quien la estaba ocupando.

Todo estaba exactamente como lo recordaba, se sento en la cómoda silla de cuero negro y se permitió relajarse por primera vez desde que había tenido el accidente. Eso le recordó lo que había venido a hacer y de inmediato presiono el botón que se comunicaba al teléfono de Mayu.

—Dígame señor — hablo su secretaria a través del aparato.

— Dile que pase. — Ordenó.

— Enseguida.

— Buenas tardes Sr Seshomaru. — Saludo un hombre joven extranjero, de no más de 30 años, alto de cabello negro, se movía sigiloso como un gato, su mirada destacaba un brillo felino como si estuviera a punto de cazar a su presa y en cierta forma eso no distaba mucho de la realidad y a su vez justificaba con creces su nombre. Lion.

—Dime que son buenas noticias.

Lion era un detective privado, uno de los mejores. Solo trabajaba en los casos que le interesaban y no media sus actos a la hora de conseguir su objetivo. Era alguien peligroso pero fiel a sus principios, o a los que el consideraba como tal, uno de ellos era la lealtad y por eso confiaba tanto en él, era incapaz de traicionarlo.

—Lo son, aunque tenemos que ser cuidadosos.

El recién llegado se sento frente al escritorio colocándose un maletin en las piernas, acto seguido sacó una carpeta de color morado oscuro y se la extendió a Seshomaru. este último la tomó entre sus manos y comenzó a ojearla.

Inmediatamente después el extranjero comenzó a explicar su contenido.

— Las primeras fotos son de auto que atento contra la vida de Inuyasha. No tienen muy buena calidad pero nuestra técnica pudo hacercarla lo suficiente para ver su placa.

Seshomaru asintió.

— ¿Ya saben quien es?

—En efecto. El auto es de alquiler, fue rentado por BigWales, la compañía de Naraku, pero pudimos averiguar quien lo conducía ese día. En las listas de empleados del día de la boda había uno en especifico que no era parte del protocolo, sino más bien es su empleado directo.

—y sospechan que puso ser él.

—Si, su nombre es Onigumo. Nuestros hombres ya lo están vigilando.

—Onigumo, el de los desalojos — hace unos años Naraku se había visto implicado en la construcción de un puerto en un lugar que era mayormente residencial de familias de bajos recursos. Les ofreció una miseria como pago por sus hogares y los obligó a aceptar con amenazas. En su momento Seshomaru cuestiono y reprendió sus actos a lo que Naraku le había dicho que heredó lo más patético de su padre, la compasión.

—El mismo. Hasta los momentos no hemos visto nada sospechoso, con una excepción.

—¿Cuál?

— Es la sombra de la esposa de Naraku. No como un protector, sino más bien pareciera que la vigila.

— Kikyo es una interesada, se caso con el por dinero. Quizás ya tiene un amante y Naraku lo usa para que no le ponga los cuernos.

— Quizás sea así — no sabía porque pero su intuición le decía que en eso había algo más.

—¿Inuyasha ha estado yendo a la casa de Kade? —Preguntó al ver una foto de su hermanos frente a la casa de la monja que había estado cuidando de Rin.

—Si de hecho va casi todos los días.

—¿Para qué?

— Va a ver a la enfermera que cuida a la anciana.

Sesshomaru alzó una ceja.

— Tiene una relación con la srta Kagome Higurashi. Lo hemos visto en repetidas ocasiones juntos fuera de la casa.

Eso era nuevo. No sabía que Inuyasha tuviese un nuevo lio amoroso. Quizás por eso estaba con Rin esa tarde. Sintió alivio al saber que Inuyasha no tenía interés en ella.

La siguiente foto lo dejo en seco. Era Rin, estaba también afuera de la casa y se iba en uno de sus autos. Pasó la foto y de nuevo era ella, vestida diferente, la imagen se repetía varias veces y todas correspondían a días diferentes.

—Ella — la señaló en la foto mostrándosela a Lion en señal de que quería información.

— La muchacha va todos los días en la mañana a la casa, dura al rededor de hora y media a veces con Inuyasha y otras veces con uno de sus chóferes. pensé que estaba al tanto por eso reparamos mucho en ella.

—¿Desde hace cuanto tiempo?

—Desde que estamos allí. Tres meses.

El tiempo de su terapia pensó.

Rin había estado yendo a la hora de su terapia a la casa que le prohibió. lo había desobedecido.

—¿A quien está buscando? —Lion se dio cuenta que Sesshomaru buscabaa alguien entre las fotos.

— Un joven, de unos veinte años, moreno, de la altura de Inuyasha.

— ¿Este? — señaló después de buscar entre las fotos el joven que encajaba con la descripción que le acababa de dar.

Asintió.

—Tiene como 3 semanas yendo a la casa a la misma hora de Rin, espera a que ella llegue para ir y luego se va inmediatamente después de ella.

—¿Los han visto con actitudes más íntimas?

— En las fotos no se evidencia nada, pero podría preguntarle a Myoga. El es quien esta vigilando la casa.

— Bien. —Fue su respuesta.

Paradójicamente Sesshomaru no estaba feliz. A pesar de tener muy buena información y de tener el nombre de quien había atentado contra sus vidas tenía una sensación rabia y un instinto asesino amenazaba con apoderarse de él. Rin lo había estado engañando, se había visto con el bastado a sus espaldas. Aún sabiendo que eso repercutiría en la anciana. Aún así, se había arriesgado. Todo por ver al bastardo. Rin iba a pagar muy caro el burlarse de él.

—Hay algo más que quizás deba saber.

—Dime Lion.

— Pues...

Desde la partida de Seshomaru de la mansión no les había quedado de otra más que quedarse encerrados en el salón principal, desde allí podrían saber cuando llegará.

Inuyasha, Rin, la Sra Lee y las gemelas estaban sentados en los lujosos muebles de color blanco. El hermoso pastel de flores de Rin adornaba la mesa de café ubicada en el centro. Rin e Inuyasha estaba parado frente al ventanal que daba hacia el frente.

Estaban esperando la llamada de Jacken, hacia más de tres hora que les había avisado que Seshomaru estaba en la oficina con un hombre, Inuyasha se habían puesto de acuerdo en que Jacken no permitiría que su hermano manejara de regreso y que lo obligaría a traerlo en su auto.

El sonido en trepidante de un teléfono anuncio una llamada. Inuyasha contestó rápidamente

—Dime, ¿ya vienes con él? — todos observaban atentamente mientras Inuyasha escuchaba a su interlocutor — ¡Que! — exclamó fuertemente — Por Dios Seshomaru va a hacer que nos de un infarto a todos... esta bien, avísame tu también si sabes algo más.

—¿Que paso? — preguntaron todos cuando colgó el teléfono.

—Seshomaru salió de la oficina si que se dieran cuenta.

—¿Como? —pregunto Rin con preocupación.

— La oficina tiene un ascensor privada, se fue primero y cuando Jacken entró ya se había ido.

— De nuevo no sabemos donde está. — Rin abrazo con más fuerza el cojin— ya se está haciendo de noche.

Regresa pronto, pensó.

— Esperemos que ese tonto regrese pronto.—Jacken también le había dicho que habló por teléfono con Seshomaru hacia más de una hora sin embargo este último lo le había querido decir a donde pensaba.

Todos iban a volver a sus lugares cuando el guardia de la puerta entró. —Ya volvió.

Todos saltaron de la alegría e Inuyasha corrió a la puerta a recibir a su hermano.

Seshomaru estacionó el auto y le entregó un paquete junto con un billete y un mensaje a uno de los guardias antes de que todos llegarán a buscarlo.

Cuando se disponía a bajarse utilizando las muletas Inuyasha se lo impidio diciéndole que el le ayudaría. Seshomaru estaba bastante cabreado por la actitud sobreprotectora que tenían todos.

—Estoy bien —afirmó mientras lo empujaba —no fastidies.

— Nos tenías a todos preocupados, por lo menos ten un poco más de consideración.

— Bien ya estoy aquí. De nuevo encerrado en esta maldita casa. ¿Felices?

Todos retrocedieron ante la actitud del recién llegado. Al parecer había regresado encarnando a la bestia.

Rin que se había quedado en el fondo trago grueso y se escondió aún mas temiendo que descargará todo su humor en ella como siempre lo hacía. Seshomaru sin embargo opto por rodear la casa y entrar por la puerta de servicio.

—Bien ignoremos a la bestia — dijo Inuyasha tratando de mejorar el ambiente pesado que había dejado Seshomaru.

Camino hacia el rincón donde estaba Rin y se sintió mal por ella. Sabía por qué estaba allí escondida así como también sabía que la muchacha tenía un cariño especial por su hermano. Lo había notado por como se ponía cuando hablaban de él y sobre todo por como se comportaba ella cuando el estaba presente.

Eran totalmente diferentes, sin embargo quizás Rin podría traer de vuelta a su viejo hermano. Pero Seshomaru se comportaba como un tarado con ella. Al principio estaba convencido de que el carácter de Rin podía poner a Seshomaru en su sitio, pero hasta ahora había entendido que la herida que había dejado esa mujer era mucho más difícil de sanar.

Todos en el salón le cantaron el cumpleaños a Rin, la felicitaron y repartieron el pastel, Rin trato de sonreír todo el tiempo que le fue posible pero a la primera oportunidad después de la cena se escabullo hacia su habitación. Estaba cansada y aunque pensaba que ese día sería un día muy feliz Seshomaru se encargo de arruinarlo. Quizás quien lo había llamado era Kana y se había ido a ver con ella en otro sitio donde pudieran tener más intimidad, o más bien era otra mujer a quien no podía traer a la mansión.

-Que tonta soy - dijo para si misma - no soy nadie para él así que no debería preocuparme o sentir celos por lo que hace.

Abrió la puerta sin ganas y se introdujo en la oscuridad de su habitación, no encendió las luces y se fue directo al baño. Tomó una ducha rápida y se coloco una pijama de pantalón y franela de manga larga, se puso sus medias de colores y se fue a la cama.

Un objeto pesado hizo resistencia cuando intento alzar el edredón de flores de cerezo. Encendió la lámpara y se vislumbro una cajita cuadrada doblada arriba para formar una flor, la tomó con cuidado y abrió sus cuatro pestañas para dejar ver un sencillo pastel color blanco, decorado con unos bombones de chocolate. Era pequeño pero fino, la caja era hermosa. Debió costar una fortuna, no era nada comparado a sus dos pasteles anteriores. - ¿Quién lo habra dejado aquí ?- Se preguntó a sí misma sin poder obtener una respuesta coherente. Nadie en la casa se podría gastar la fortuna en lo que costo ese pequeño trozo de dulce. Volvió a examinar la caja troquelado con rosas doradas y cintas de saten color morado. Eran del mismo color de su vestido. Se preguntaba si sería casualidad o quien lo hizo había escogido esa cinta a propósito. Se sentó en la cama y una tarjeta que había estado debajo de la caja llamo su atención. Cuando la tomó en sus manos su corazón se desboco en señal de reconocimiento, a penas leve pero aún tenía su olor. Abrió la tarjeta blanca, troquelada del mismo modo que la caja y leyó su contenido.

"Rin...

Feliz Cumpleaños numero 18

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