Capitulo 21
La luz del día se colaba por las ventanas perturbando cada vez más su sueño, no tenía ganas de levantarse, se sentía terrible, la sensación casi podía compararse con la de un camión arrollándole. Le dolía terriblemente la cabeza, sentía un cansancio atroz y sin contar las nauseas tremendas que la invadían. Se removió de nuevo en su cama tratando de ocultarse de la luz que la quemaba. Estuvo así por un largo rato hasta que unos leves golpes en su puerta la despertaron. Eran suaves pero sin embargo los sentía como martillazos en su cabeza.
Ayame entro con delicadeza hasta que la vio y fue a saltos hasta su cama.
– Por dios Rin ¿Te sientes bien? – pregunto mientras tocaba su frente – Luces terrible, pobrecilla – la abrazo con ternura – no tienes fiebre.
– La verdad es que me duele un poco la cabeza – dijo para discimular. ¿Qué se supone que iba a decirle? Ayame tengo más bien una resaca increíble por andar tomando Wisky con Sesshomaru
Ayame hizo una mueca de incredulidad.
– Bueno, me duele bastante — admitió esta vez.
– Ayer tuvimos una tarde terrible, quizás se deba a eso—se levanto – voy a decirle a la Sra Lee que te prepare un caldo, siempre funcionan. Y te buscare unas pastillas para el dolor.
Rin asintió agradeciendo poder estar de nuevo en soledad. La situación de las gemelas en esa casa era parecida a la de ella, tenían habitaciones en la parte de arriba, su único trabajo era estudiar, aunque ayudaban en todo a la Sra lee, solo que, ellas no tenían una amenaza de Sesshomaru sobre ellas.
Decidió que esa mañana no se levantaría de la cama, sus clases siempre eran por las tardes asi que no tendría nada que hacer hasta las 2, sintió remordimiento de no ir a ver ese día a la hermana Kaede, pero se sentía tan terrible que no quería salir de su cama. No entendía como las personas podían seguir tomando alcohol después de sentir una resaca. Trato de justificar una y otra vez la razón por la que se quedaba en cama hasta que por más que lo intento no pudo seguir negándolo mas. Se quedaba encerrada porque no quería verlo.
Sus mejillas tomaron un color carmín al recordar lo que había hecho la noche anterior, había sido una tonta imprudente por besarlo y mas aun por permitir todo lo que paso después, se había aprovechado de que estaba borracho. El alcohol no era un buen consejero, la impulso a cumplir su deseo oculto y ahora se moria de vergüenza de que él pudiese recordarlo. Él le había correspondido, si, pero solo se debía a los efectos del alcohol, el solo le permitió quedarse por eso. Aun podía recordar como el besaba a Kanna, desde luego que jamás la abria besado a ella si hubiese estado cuerdo, él las prefería mucho más maduras y muchísimo más voluptuosas. Rogo de nuevo porque Sesshomaru no recordara nada de lo que ella había hecho, pero, en un rincón al fondo de su corazón quería que realmente lo recordara y que no le hubiera correspondido solo por el alcohol.
Si prestaba atención aun podía sentir su olor y si era aun mas detallista podía sentir sus manos sobre ella y su sabor en su boca. Ya no importaba si la rechazaba de nuevo, ahora tenia algo de él y no importaba lo que hiciera no podría quitárselo.
Minutos después llegaron las gemalas, la mimaron hasta que se cansaron y la obligaron a tomar mil pastillas para el dolor, luego la obligaron a bañarse y al final se encontró sentada en el jardín con ambas quienes se basaron en que, quedarse acostado empeora las enfermedades, para llevarla hasta allí. Rin rogaba que Sesshomaru no apareciera por allí y al parecer Dios la estaba oyendo. Almorzaron en el jardín y para cuando le permitieron subir a buscar sus cosas para sus clases Sesshomaru seguía sin aparecer. Se fue a sus clases como de costumbre, aunque no podía concentrarse bien se las apaño para prestar atención.
Ceno en la cocina como de costumbre y se fue a su habitación a la hora de siempre ya sintiéndose mucho mejor. Tomo un baño y se sentó con su cajita troquelada, saco el pastel y corto un pedazo, no tendría su boca pero esta noche también se dormiría con un sabor que venía de él.
La mañana de ese no fue muy diferente que la del anterior, a pesar de que ya no le dolia la cabeza seguía sintiéndose terrible, No había visto a Sesshomaru el dia anterior y pedia a Dios para que su suerte contunuara. Se preparo como de costumbre y bajo a desayunar, desde el accidente ella y las gemelas comían justas siempre que fuese posible. Se quedaron charlando un rato después de terminar la comida, le preguntaron como se sentía a lo que Rin contesto que estaba mejor y que por favor no se preocuparan. Ambas le tomaron la palabra y abandonaron el lugar poco tiempo después.
De nuevo estaba sola, y de nuevo estaba pensando en ese beso. Sentía la cara roja, estaba realmente mal. No podía dejar de pensar en eso, por más que tratara el recuerdo era recurrente y mas real de lo que a ella le gustaría que fuese. Tras un largo suspiro recogió sus cosas, pronto llegaría la terapeuta sexy y ella podría irse a su casa.
Cuando estuvo segura de que la terapia había comenzado salió de la casa hacia el estacionamiento, vio a Hoyo, el chofer que siempre la llevaba y fue hacia el. Este le hizo una seña un tanto extraña. Si no hubiera estado tan distraída pensando en la terapeuta Sexy y el hombre borracho que había besado hace poco menos de 48 horas se habría dado cuenta de que Hoyo no estaba solo y más aun de que su seña era para que se desapareciera. Pero allí estaba ella, parada frente al pobre chofer con cara de sufrimiento quien le decía que mirara hacia dentro.
– No sabía que quisieras acompañarme – le dijo Sesshomaru.
El corazón de Rin subió y bajo y se perdió en su intento por regresar a su lugar.
– Vamonos Hoyo – Ordeno mientras se subia dentro del auto – Subete, no tengo todo el día.
Bien eso ultimo era con ella o con Hoyo o quizás con la persona imaginaria que estaba a su lado o… – Rin.—Okey si, era con ella.
Sus piernas temblaron durante todo el trayecto al auto y continuaron temblando aun después de llevar dos minutos en el. Ninguno de los dos dijo nada. Estaban cada uno a un lado del auto, el del derecho y ella del izquierdo. A pesar de que no se tocaban ella podía sentir cada parte de su cuerpo, su olor era mucho más real ahora, de repente ese rache de su mochila resulto particularmente entretenido hasta que unos minutos después Hoyo le indico que habían llegado.
Mierda, estaban en la casa de Kaede. Ella abrió la boca para decir algo pero Sesshomaru fue quien hablo primero. – A las 10 te pasare buscando, esta lista a esa hora.
Si hubiera estado en una cinta animada de seguro la habrían mostrado con un color blanco o quizás le hubiesen puesto los ojos como platos y la boca grandísima. Pero estaban en la vida real y ella solo pudo bajarse con torpeza y entrar al recinto que le era tan familiar. El auto no se puso en marcha hasta que ella cerró la puerta, eso no había pasado antes con Hoyo, el solo la dejaba allí y se iba sin importarle a donde iba ella después.
Kaede y Kagome la recibieron con una sonrisa, se saludaron y tras pasar un rato preguntándole a la hermana como se sentía, si se había tomado sus medicinas y que tal había estado la comida les dio un pedazo de su pastel especial a ambas, quería que fuese solo de ella pero en verdad quería compartir algo tan divino con la persona que ella mas quería en el mundo. Tras comerse el pastel fue con Kagome a la cocina para lavar los platos donde habían comido pastel.
– Ayer no viniste, me preocupaba que hoy tampoco lo hicieras—dijo Kagome haciendo una mueca.
– Es que no fue un muy buen dia – se excuso.
– Lo sé, Inuyasha me conto lo que paso con su hermano. Qué gran idiota.
– Si, nos preocupo mucho a todos.
– Entonces necesitas diversión.—le indico una muy sonriente Kagome.
Rin la miro sin entender a lo que se refería.
– Veras, tengo unas entradas a un concierto de música japonesa. Suelen ser muy bonitos, hay bailarines y hacen un espectáculo – Kagome hacia señas con sus manos para representar todo lo que había dicho.
– Suena interesante pero no creo que pueda ir – dijo con un deje de tristeza— mi tutor piensa que soy propensa a cometer crímenes recuerdas.
– Si, lo recuerdo perfectamente pero… y si vas con el hermano de tu tutor.
– ¿Inuyasha?
Kagome asintió.
– Iria solo para que yo pudiese ir.
– Si, de hecho ya se lo comente y acepto. Sera esta noche. Vamos, di que si.
– ¿Tengo otra opción?
– No realmente.
Y sonrieron.
Que tan malo podría ser, además el mismo la había traido asi que no pensaba que fuese tan malo ir a ese concierto, quizás hasta podrían convencerlo para ir y…
Oh diablos Rin, ya estas pensando tonterías otra vez.
Quince minutos para las 10 el bonito auto de Sesshomaru estaba estacionado frente a su casa, Rin se despidió con prisas, Hoyo había llegado antes de la hora y en el auto que usaba Sesshomaru cuando iba solo, que raro quizás a este ultimo extrañaba su auto y por eso lo habían cambiado y … error. Los descubrió tan ponto como cuando intento subir al asiento de la parte trasera y el vidrio del lado del conductor se bajo dejando ver una figura bastante conocida para ella que le indicaba que se subiese en el asiento delantero, ella obedeció inerte.
Sesshomaru llevaba alrededor de media hora conduciendo sin un rumbo fijo, Rin estaba inmóvil en su asiento. Estaba claro que estaba nerviosa, no habían dicho nada y en verdad no tenia idea de que decir. Vamos, que se supone que le dices una jovencita que se mete en tu cuarto mientras estas colado de alcohol y te besa. El había reaccionado primitivamente y se había lanzado contra ella, estaba claro que ella lo recordaba. Que se supone que debería decir, discúlpame por besarte. Al demonio con las disculpas, no quería hacerlo, porque tenía que disculparse si ella había sido la que fue hasta donde él estaba. Miro nuevamente a la muchacha y esta estaba temblando.
Tenía que decir algo, maldijo para si, no iba a disculparse en lo absoluto, condujo hacia el estacionamiento de un edificio, dio unas cuantas vueltas y se estaciono en lo que parecía el lugar reservado.
– Rin – su voz terciopelada fue como una caricia para su alma atormentada.
– Si.
– Cielos, no sé cómo comenzar esto.
– Se lo que vas a decir – quería salir rápido del asunto y evitar prolongar el sufrimiento.
Y no mentía, sabía perfectamente que se disculparía y le diría que no volveria a pasar y que tenía una relación con su terapeuta sexy que besaba mucho mejor que ella.
– Te equivocas – la corrigio – no tienes ni la menor idea de lo que te dire.
– Si, si lo sé y está bien – jugó de nuevo con el rache de su morral.
– No, tu respuesta me deja claro que no sabes lo que te diré – apretó el volante con ambas manos
– Si lo sé, y tranquilo. Evitemosno este embarazoso momento y olvidemos todo y…
– Y si yo no quiero olvidar.
Mierda, había escuchado bien. La Bestia le estaba diciendo que no quería olvidar. Su estúpido corazón dio un brinquito de alegría. Que fácil se dejaba conquistar.
– No, no quiero olvidar y tampoco voy a pedirte disculpas.
– ¿Qué? – su voz sonaba muy lejos.
Ya estaba hecho, ahora él solo tenía que terminar lo que ella había empezado. Y que se fuera al infierno el que intentara impedírselo.
– Eso es lo que esperabas, que te pidiera disculpas y te dijera que no volveria a pasar y todas esas demás sandeces que dicen los estúpidos. No voy a hacer eso Rin.
Ella lo miraba cada vez mas confundida, que se supone que era eso.
– Esa noche me dijiste que sentías que quería seducirte para llevarte al infierno y no estás del todo equivocada. – dirigió su vista hacia ella – Quiero seducirte, al principio pensé que podría controlarlo pero después de lo que hiciste no creo que pueda controlarlo mas.
– Yo…
– Rin – la cayo al colocar un dedo en su boca – No, te disculpes – acaricio sus labios – no quiero que lo hagas.
Rin asintió.
– Lo cierto es que tienes dos opciones,
– ¿Cuáles?—pregunto.
– Hoyo está estacionado en el piso de arriba. Puedes regresar con el y me obligare a pedirte disculpas y te prometeré no volver a molestarte o puesdes quedarte aquí y voy a seducirte, no se a donde nos lleve esto al final si al cielo o al infierno. Pero, por lo pronto, vamos a ir al cielo.
– ¿No hay más opciones? Y si digo que no estoy lista y que …
Sesshomaru negó con la cabeza.
– Está bien – suspiro.
– Voy a contar hasta 10…– inmediatamente cerro los ojos y comenzó la cuenta regresiva – 10…9…8…7….3…2..1.
Rin se había quedado pasmada en su asiento escuchando la tortuosa cuenta, trato de levantarse y salir corriendo pero no pudo. Seguía allí cuando el llegó hasta Diez. Incluso cuando abrió sus ojos y le indicó que se acercara más a él seguía inmóvil
Sabia que lo que hacia estaba mal, sabia que el la intimidaba, sabia que quizás ella se había quedado solo por temer a su reacción si huia, pero se justificaba a si mismo diciéndose que era ella quien había tomado la decisión de quedarse, no él.
—Rin, no va a pasar nada que no quieras, —la tranquilizó — a demás no es que tengamos mucho espacio aquí.
Rin sonrió. La bestia sabía cómo calmarla. En cierto sentido tenía razón, sólo que era en ella misma en quien no confiaba, era muy probable que el seducido terminase siento él.
Rin se estremeció cuando sintió los dedos de sesshomaru en su rostro, bajo por su mejilla hasta tocar sus labios entre abiertos —Muero por besarte — reconoció Seshomaru —Desde el día en que Jacken te trajo he deseado hacerlo.
Continuaba acariciándola. Comenzó a masajear su cabeza, luego bajo por su cuello —Quiero que te relajes.
Una nueva caricia hizo que su mente se colocara en blanco, el estaba muy cerca de su cuello y había depositado un suave beso en la sensible carne desnuda. A Rin se le escapo un gemido de placer haciendo que se ruborizarse por completo, Sesshomaru en cambio pareció tensarse, sin embargo, beso su boca lenta y delicadamente, deteniéndose para saborear cada parte de sus labios.
Ella abrió su boca para decir algo y él aprovecho para introcucir su lengua en su cavidad, ella gimio nuevamente haciendo que Sesshomaru estuviera cerca de perder el control. Aun así mantuvo la compostura, esta vez no la iba a asaltar como un loco borracho. Queria que ella se sintiera comoda con él, la deseaba, ya no valia la pena intentar ocultarlo. Esta vez no iba a arruinarlo, no iba a permitir que ella se alejara de su lado.
Ella correspondía sus besos con energía, y no pudo evitar rodearla con sus brazos, ella hizo lo mismo y comenzó a acariciarlo a él también.
Estuvieron por mucho rato abrazados besándose y saboreándose el uno al otro, tanto que parecía irreal, Rin sentía que volaba en una nube. Si no fuese porque Sesshomaru se detuvo para responder el celular que desde hace rato no dejaba de sonar, debía de ser algo importante puesto que no había llamado la misma persona, la melodía de la última vez fue diferente.
– Dime – respondió – ¿Por cuánto tiempo? – El tomo una de sus manos que se dirigía hacia el rache de su mochila, ahora estaba hablando por teléfono con ella de la mano – No, está bien – breve respuesta – Has lo que tengas que hacer pero no permitas que salga del país.
– Lo siento pero debía contestar.
– Esta bien – no pregunto quién había llamado, aun había un abismo entre ellos.
– Maldición – señalo el teléfono que sonaba de nuevo – es Jacken.
– Puedes responderle a él también – Jacken llevaba rato llamando, pero no había sido a el al que le había respondido sino a ese otro número desconocido, al principio pensó que podía ser una mujer, pero después de lo último que le dijo cerro por completo esa posibilidad. Lo que le hacía recordar a alguien, se soltó de su agarre.
Tras decirle a un preocupado Jacken por quinta vez que estaba bien colgó el celular.
El intento besarla de nuevo pero ella se aparto.
– No – se negó.
Sesshomaru la miro inquisitivo, Rin no iba a ser tan infantil como para molestarse por contestar un celular o si…
– Kana—dijo sin mas. Aun continuaba con su idea de ahorrarles momentos incomodos.
–¿Qué demonios para con la terapeuta?
– La terapeuta sexy a la que besas en la terraza, que podría pasar con ella sino.
– Yo no la bese, ella me beso a mi.
– Ya veo, las mujeres parecemos propensas a besarte. – estaba enojada.
Solto un bufido, maldición, No se imagino que ella estuviera viéndolos en ese momento.
– Me imagino que te quedaste para ver la escena completa o me equivoco.
– Vi lo que tenía que ver para darme cuenta de seduces a todas las mujeres por igual.
– ¿Viste cuando la rechace? ¿Viste cuando le pedí que se fuera? O acaso decidiste investigar y preguntaste porque lleva varios días sin ir a la mansión. No, no lo hiciste.
– ¿Por qué?
– Porque no voy por la vida seduciendo a todas las mujeres.
– Solo a mi. – no fue una pregunta.
– Si, solo a ti.
– ¿De verdad la despediste?
– Si, el próximo lunes llegara alguien nuevo.
– Entiendo.
– No tengo idea de a dónde nos lleve esto, pero puedes estar segura de que no pretendo engañarte o jugar contigo y quiero lo mismo de ti.
– Lo tienes, yo no estoy con nadie.
– ¿Ni siquiera con Kohaku?.
De donde había sacado ese nombre, lo había subestimado.
– Ni siquiera con él, entre nosotros no hay nada. Por mi parte solo es un amigo.
– Pero no por la de él.
– Por la mía solo me gustas tú – rayos, truenos y centellas. Genial, ahora se le había escapado que le gustaba. Desventaja total.
Él sonrió, muchas sonrisas en un día y la última se la había regalado ella con una bonita imprudencia.
– Por eso me besaste, porque te gusto.
Se había acercado de nuevo a ella.
– Si – respondió quedamente.
– Por los momentos no voy a estar con ninguna mujer que no seas tú y tu no vas a estar con ningún hombre que no sea yo, lo demás lo resolveremos después.
– Lo prometo.
Y de nuevo lo beso. Sin miedo, sin arrepentimiento. Solo con la firme convicción de que daría su mayor esfuerzo porque funcionara y sintiéndose la mujer mas feliz por ello.
