Bajo pesarosamente las escaleras de la que ahora era su casa, su casa, sonrió con ironía. A decir verdad no le tenía el más mínimo aprecio a la propiedad y si por ella fuera hace mucho tiempo se habría ido. Pero no podía hacerlo, su marido se encargaba de mantenerla bajo estricta vigilancia por otra parte ella necesitaba saber que era lo que él estaba tramando, sabía que no era algo bueno, tras la última reunión relacionada al proyecto de Sesoko, reunión que Inuyasha había vuelto contra su marido, su orgullo había sido herido. Durante los últimos días había estado distraído con algo y no tenía idea de porqué pero algo le decía que esto iba más allá de dañar el proyecto, había algo más y ella tenía que averiguarlo.
Escucho unas voces provenientes del pasillo, la luz del despacho de Naraku estaba encendida, la puerta estaba entreabierta, si se acercaba podría tratar de escuchar la conversación. Esa voz era de…
Imposible, Onigumo. Como demonios era posible que estuviera aquí, a menos que…
– El pez mordió el anzuelo, a estas horas Inuyasha debe estar dando un bonito paseo al Infierno.
… Fuese una trampa, inclusive a ella la había engañado. A esta hora, era mas de media noche, necesitaba hacer algo pero que.
– Kikyo querida por que no entras de una buena vez, es de muy mala educación escuchar las conversaciones ajenas.
¿Qué se suponía que decías luego de romperle el corazón a alguien a quien querías mucho? Si, le acababa de romper el corazón a uno de sus mejores amigo, se atrevería a decir que incluso desde que lo conoció Kohaku ha sido más que un amigo para ella, sin embargo sus sentimientos hacia él no eran más que de amistad. Él lo sabía y aun así se atrevió a confesarle sus sentimientos, ella nunca había alentado sus sentimientos y ahora se había visto en la obligación de decirle que ella no albergaba en su corazón más que cariño fraternal hacia él. Le dolía, Rin podía ver en sus ojos como estaba sufriendo y se sentía terriblemente mal por ser ella la causante de ese dolor y más aún por dejar claro que nunca podría cambiar sus sentimientos. No le dijo que estaba enamorada de otra persona, lo hizo principalmente porque no estaba segura de que tanto hablara el con Kagome o Sango y aún no estaba segura de hasta donde llegaría lo que Sesshomaru y ella tenían, pero si le pidió que por favor permaneciera abierto a otra mujer que no fuese ella, y que buscará su felicidad en un camino distinto.
Inuyasha y Kagome caminaban detrás de la pareja manteniendo la distancia para darles intimidad.
—Creo que me equivoque.
— ¿Que dices? — Inuyasha estaba bastante distraído.
—No debí invitar a Kohaku y Rin juntos. — Se encogió de hombros — A Rin parece que no le gusta ni un poquito. Pobre Kohaku — Suspiro.
—Lo superará.
Era casi media noche cuando se despidieron con un abrazo al llegar al estacionamiento donde habían dejado el auto, Kohaku insistió en irse por su cuenta a pesar de que Inuyasha se había ofrecido a llevarlo. Al final regresaron como llegaron.
— ¿Pasa algo? — le pregunto Kagome al ver que inspeccionaba el auto como buscando algo.
– No, debe ser solo mi imaginación – respondió.
No era así, parecía como si hubieran intentado abrir el auto sin embargo no quiso preocupar a las dos mujeres que lo miraban inquisitivamente.
Subieron al auto y al ver que encendía con normalidad y ver que todo estaba como lo había dejado Inuyasha se relajó.
Primero condujo dentro de la ciudad a la casa de Kagome, mientras se despedían Rin no pudo evitar sonrojarse al verlos compartiendo un beso, lucían tan bien juntos.
– Gracias por esta noche – dijo Inuyasha después de darle un beso.
– Repitámosla pronto – sonrió.
Luego de que Kagome bajara Rin tomó el lugar del acompañante y partieron a su casa. A partir de ese momento enfrentarían un desafío de vida o muerte.
Las calles de la ciudad estaban con una mediana afluencia de autos por lo que el auto nunca paso de 80km/h, Tokio era bastante estricto con sus normas, sin embargo no sucedería lo mismo al tomar el elevado que comunicaba con la autopista. A Inuyasha de hecho le gustaba bastante el camino hacia la mansión puesto que por esa autopista podía permitirse disfrutar un poco de la velocidad y en ese momento la tenía casi completa para él solo.
Si Rin no hubiese estado tan absorta pensando en cómo se estaba sintiendo su amigo en ese momento y considerándose una terrible persona se habría dado cuenta de que se habían pasado el elevado donde tenían que haber salido de la autopista.
—Rin— la alertó.
Inuyasha tenía una expresión diferente en su rostro, nunca antes lo había visto así eso que veía en sus ojos era ¿Miedo?
— Si – susurro
— ¿Tienes el cinturón de seguridad puesto?— pregunto.
— Si, me lo coloque al subir.
— Bien.
— ¿Pasa algo malo?
—No quiero que te asustes pero vamos a tener que pasar un rato más en el auto voy a tener que hacer una maniobra y para eso necesitamos salir de la ciudad.
Rin abrió los ojos y permaneció en silencio, tenía miedo de preguntarle que ocurría.
– Quiero que estés tranquila — agrego al ver que ella no decía nada – ayúdame a permanecer tranquilo yo también.
Varias luces rojas se veían delante de ellos, Inuyasha apretó el volante. No podía hacer más que tocar la bocina para que se hicieran a un lado esquivarlos sería una tarea difícil, hacía rato que había quitado el pie del acelerador y solo pisaba el freno que ya no respondía. Afortunadamente ambos autos se hicieron a un lado, si continuaban así podían llegar a la parte arbolada de la carretera y de esa manera poder hacer que el auto se detuviera, rogaba a Dios porque funcionara solo faltaban como quince minutos de camino.
Rin, permanecía inmutable en su asiento, faltaba poco menos de 200 metros para llegar a la parte despejada del camino, había pocos árboles, más que todo pequeños Inuyasha pensaba usarlos para aminorar la velocidad hasta que finalmente se detuvieran. Tras pasar un túnel el camino se abrió ante ellos, la carretera era plana.
– Bien Rin, llego el momento.
Rin asintió y cerró los ojos.
Inuyasha empujo el auto hacia la arena, de inmediato comenzó a retumbar, el primer impacto fue turbulento, pero no los detuvo. El interior retumbaba y amenazaba con terminar deforma estridente, por favor quería salir de esto, en su interior tuvo miedo, mucho miedo, quería volver a la mansión quería ver a Sesshomaru una vez más.
Sesshomaru continuaba despierto en su habitación, hace rato se había dado otro baño caliente tratando de aliviar un poco el dolor, los últimos días se había sobrepasado bastante y ya era hora de que le permitiera a su cuerpo descansar. El bajo junto con los calmante menguaron bastante el dolor hasta convertirlo solo en una pequeña molestia sin embargo aún no se podía permitir dormirse, estaba esperando dos cosas; primero, que su hermano trajera a Rin y segundo, la llamada de Lion.
Esa tarde le habían confirmado que un boleto de avión hacia Jakarta fue comprado a nombre de Onigumo, salía a las 8:00pm. El contacto de Lion en el aeropuerto haría que lo revisaran y sembrarían mercancía ilícita para conseguir anular su pasaporte impedirle de esa forma salir del país. No podía permitir que el ejecutor de Naraku se le escapara. Aunque el delito era menor lo mantendría dentro del país a su alcance.
Se dejó caer en el sillón frente a la ventana desde allí tenía una excelente vista hacia la entrada. Miro el reloj de su celular y marcaba las 12:48am ya era hora de que Inuyasha hubiese llegado, quizás habían ido a otro lado pensó.
Sus ojos se cerraban en contra de su voluntad y sonido del móvil hizo que se despabilara de un brinco. "Lion" vio en la pantalla.
– Dime.
– Nada.
– ¿Qué intentas decir con nada?
– El maldito no apareció.
– Pudo haberlos visto
– No — negó – imposible.
– Maldición. Brindar
–Al principio apareció un auto con una placa de Naraku estuvo un tiempo estacionado pero después de eso se bajó otra persona, estuvimos esperando por si aparecía para buscar otro vuelo pero el ultimo internacional salió hace 10 minutos.
– Nos tendió una trampa.
– Definitivamente, nos quería a todos aquí.
– Inuyasha – brinco a la ventana pero no vio nada.
– Ya voy en camino a la casa de Kagome – pareció entender que no había llegado a la casa.
– No está allí – maldijo una vez más – Rin también está con ellos.
Maldita sea, había caído como un estúpido en la treta de Naraku, el muy maldito sabía que tenía a su hermano vigilado y lo manipulo para que lo dejara desprotegido. Y ahora Rin también estaba en peligro por su estupidez.
Jacken y Sesshomaru salieron en autos distintos, a pesar de los regaños del hombre para que se fuesen juntos, Sesshomaru se había negado rotundamente convenciéndolo además de que separados abarcarían más espacio. Llamo una vez más al teléfono de Inuyasha, de nuevo lo había enviado al buzón de voz. Maldijo una vez más, estaba a pocos centímetros de entrar en desesperación, la ira se estaba apoderando poco a poco de él y si no los encontraban pronto terminaría yendo a la casa de Naraku y sabrá Dios que sería capaz de hacer.
Su teléfono repico y lo cogió enseguida.
La voz de Lion sonó al otro lado, lo que temía se había hecho realidad.
– Reportaron un accidente a las afueras de la ciudad.
– Son ellos.
– Aun no se han confirmado sus identidades pero según la persona que lo reporto eran un hombre y una mujer jóvenes y el caballero tiene la melena plateada.
– No.
