Rin descansaba en el sofá de la terraza que escondía la segunda planta, esa misma desde de la que hacía unos días había visto a Sesshomaru besándose con Kana, ahora eso no importaba, sabía que a quien él quería era a ella.
Ese día fue un tanto decepcionante despertar y ver que Sesshomaru no estaba, cuando pregunto por el Ayame le había dicho que salió junto con Inuyasha. Ese dia sus profesor tampoco había ido a darle su clase y cuando intento salir Hoyo se negó rotundamente a llevarla a ningún lado. Ordenes de Sesshomaru le había dicho. Le esperaba un largo y aburrido día.
Ayame se sentó junto a ella, no había ido a la universidad por quedarse cuidándola.
— La señora Lee nos está preparando el almuerzo, solo estamos nosotras tres.
Rin sonrió.
— Comeremos delicioso entonces.
—Si.
Se quedaron en silencio observando la piscina.
—Sabes, estoy algo preocupada.
— ¿Por el accidente? — pregunto Rin.
— Sí, es como si alguien estuviera tratando de hacerle daño a Inuyasha – así que Ayame pensaba lo mismo.
—No te preocupes, no creo que sea eso.
— Quisiera creer eso pero cuando Ayumi se fue esta mañana Sesshomaru le dijo que se fuese con Hoyo y que cuando saliera lo llamara para que la fuese a buscar, el nunca hace eso. Normalmente no le importa con quien andemos, solo le interesa que saquemos buenas calificaciones.
Estuvo a punto de decirle que a ella tampoco la había dejado salir pero no quería alentar su preocupación.
Almorzaron en el comedor de la cocina y luego se fueron a la habitación de Ayame a ver películas, antes de que esta terminara su compañera se había quedado dormida. Rin decidió dejarla descansar y se fue a la cocina a tomar agua.
La Señora Lee estaba allí.
— ¿Te sientes mejor? – le pregunto maternalmente. Las gemelas una vez le dijeron que ella era la mamá de todos en la mansión.
—Sí, solo me molesta un poco la herida.
—El joven Sesshomaru se preocupó bastante por ustedes.
— Lo sé, él se quedó en la clínica hasta que nos dieron de alta.
— Sabes, él ha perdido muchas personas importantes. Primero fue sus padres se separaron cuando él estaba muy joven, su madre dejo esta casa y se lo llevo con él, a veces creo que aún no ha podido perdonarme el que lo abandonara.
—Como pudo usted abandonarlo si fue su madre quien se lo llevo.
— El me condeno por no irme con ellos. Al principio me quede por su padre, luego nació Inuyasha y a los pocos meses llegaron las gemelas. El piensa que los preferí a todos ellos por sobre él.
— ¿Eso es cierto?
—No por completo, me habría gustado mudarme con ellos pero la señora Irasue no es una dama fácil con el tiempo creo que él logro comprenderlo, aunque no perdonarlo. Fui su primera perdida, la segunda fue su padre. A pesar de todo él lo amaba y respetaba como a nadie, lamentablemente falleció obligando a Sesshomaru a asumir las riendas de esta familia. Inuyasha era apenas un adolescente y al ser él su único familiar paso a estar bajo su custodia, lo mismo para las gemelas que a su vez estaban bajo la custodia de su padre.
— ¿Qué edad tenía cuando todo eso sucedió?
— Cuando sus padres se divorciaron tenía cinco, su padre murió cuando tenía 19.
— Un año más que yo.
— Sin embargo la perdida más dolorosa la causo una mujer, nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que paso con ella. Él estaba bastante feliz con ella, muy pocas veces venia por aquí.
— No, él tiene un Penhouse, antes de ella Sesshomaru vivía solo. No le gustaba mucho venir por aquí. Pero cuando lo hacia podías ver su felicidad.
— ¿Estaba enamorado de ella?
— Sí. Pero un día el llego y se encerró en la que ahora es su habitación y desde ese momento cambio hasta convertirse en lo que es ahora.
— ¿Hace cuánto tiempo fue eso?
— Poco más de cinco años.
— Señora Lee, usted cree que él la haya olvidado.
— Mi querida Rin, ese mi mayor deseo. Desde que llegaste a esta casa tengo esa esperanza.
— ¿Por qué desde que yo llegue?
— Porque me doy cuenta de cómo te mira, las cosas que hace para provocarte, como te busca. Yo estoy segura de que le gustas. Y si te estoy diciendo todo esto es porque no quiero que alguien más lo lastime. En todo este tiempo me has parecido una buena muchacha. Rin, estaría mal de mi parte pedirte que por favor intentes hacer feliz a mi pequeño niño. Sé que es una petición egoísta pero…
— Créame cuando le digo que es la cosa que más deseo en este mundo – admitió Rin con una sonrisa – créame cuando le digo que daré todo de mi para hacerlo.
— Acaso es posible que tu…
— Sí, yo estoy enamorada de él.
— Oh, ven acá y dame un abrazo.
De todas las formas del mundo jamás se imaginó que se toparía con Kagura de esta manera. Ya se habían visto y era imposible retrasar más lo inevitable, ella se acercó a ellos y los invito a tomar un café, Inuyasha la había rechazado cortésmente, el también pudo hacerlo pero no lo hizo y allí estaba con la mujer por la que llevaba años sufriendo casualmente tomándose un café.
Ninguno de los dos se atrevía a iniciar la conversación, hasta que por fin ella hablo.
—Lo siento – sonaba sincera – yo no quería desaparecer de la manera en que lo hice pero es que tuve miedo.
— Lo sé – sonar arrogante no había sido su intención – tenías miedo de que te convenciera de aceptar, lo habría hecho sino hubieras desaparecido.
— Durante toda mi vida mi padre me controlo a tal punto de no tener una identidad propia, yo era como una extensión de él, fue realmente terrible.
— Yo no era como tu padre, por Dios, no soy para nada como él – su voz sonó más alta de lo que quiso.
— Tú más que nadie sabe el abuso por el que pase, la música, mi violín fue lo único que me mantuvo viva, lo que me dio mi identidad.
— Y crees que te iba a obligar a dejarla.
— No, por Dios no. Yo no estaba segura de mi misma. Temí perderme de nuevo. Temí no poder amar a nuestros hijos – ella había comenzado a sollozar – para cuando pude aceptar mi error mi cobardía me impidió regresar a ti, pensé que ya era demasiado tarde y no podrías perdonarme.
— Si me hubieras buscado te habría dado el mundo.
— Pero no lo hice, soy una cobarde después de todo.
— ¿Por qué regresaste?
— Estoy en una gira y…
— La verdad.
— Yo, no lo sé.
—Bien— si hubiera querido podría obligarla a decirle todo, ella era fácil de leer, fácil de manipular. En cierto sentido ella había hecho lo correcto al alejarse como lo hizo.
Sesshomaru pidió la cuenta, coloco un billete y se levantó.
— Fue bueno verte – le dijo antes de abandonar el lugar.
Ella corrió tras de él – respóndeme algo.
— Si – le dijo sin voltear.
— ¿Es demasiado tarde?
— No lo sé.
Y abandono la cafetería.
Después de hablar con la señora Lee, Rin había vuelto a la terraza, le gustaba bastante estar allí. El atardecer se veía hermoso. Sesshomaru ya se estaba tardando demasiado. Después de todo lo que había conversado con la Sra Lee esta tarde podía darse una mejor idea de porque la bestia era así, no pudo evitar sentir un poco de celos hacia esa otra mujer, se le había olvidado preguntar su nombre. Y si él aun la quería y solo estaba jugando con ella. Se deshizo rápidamente de esa idea, no. Ella confiaba en él, no era el tipo de persona que iba engañando mujeres, y si ella lo había dejado porque él la engaño. Basta, se dijo así mima. Tengo que concentrarme en solo una cosa, ser feliz con él.
Se preguntaba si Sesshomaru llegaría muy tarde cuando sintió la presencia de alguien junto a ella, al principio pensó que era Ayame pero rápidamente se dio cuenta de que era.
—Volviste – se lanzó en sus brazos.
Sesshomaru se tambaleo un poco.
— Lo siento no quise…
El la cayó con un beso. Por Dios alguna vez dejaría de sentir que volaba cada vez que el la besaba esperaba que no. Sin despegarse de ella le dijo
— Te traje algo – hizo sonar la bolsa.
El rostro de Rin se ilumino como el de una chiquilla.
— ¿Qué es? – pregunto tratando de agarrar la bolsa de forma vergonzosa.
— Te lo daré cuando me des otro beso.
— Con mucho gusto señor Taisho.
Y lo beso, intento imitar lo que él había hecho antes y supo que iba por buen camino cuando Sesshomaru soltó un gruñido, unos segundos después él la alzo y se dejó caer con ella en el sofá, ahora era él quien tenía el mando del beso, ya no era suave ahora era voraz, pronto dejo sus labios para ir a su cuello, Sesshomaru se deleitó con su olor y saboreo cada parte del pasaje que lo invitaba air más abajo. Rin gemía y se arqueaba debajo de él, una neblina había cubierto su mente dejándola sola con sus sentidos que pedían más de él. Quería más así que con sus manos guio su boca hacia sus senos justo allí donde quería sentirlo. Ella soltó un grito cuando el atrapo el suave muro en su boca por encima de su ropa. Sesshomaru le tapó la boca con su mano y se detuvo.
— Ssshhh— respiraba con dificultad—no queremos que todos se enteren.
Rin se puso como un tomate ante su comentario.
— Me gusto tu beso — aún estaba sobre ella – me gusta tu olor.
— A mí también me gusta besarte – admitió.
— Lo sé – dijo arrogante – tu cuerpo me lo demuestra.
No tenía como refutar su declaración. Su cuerpo estaba caliente y mojado por él.
— Debería levantarme, si continuo así terminare haciéndote mía en este lugar.
— Tanto confías en tus habilidades — Él arqueo una ceja — ¿Qué te hace pensar que no opondré resistencia?
Él sonrió. Últimamente sonreía bastante.
— ¿Quieres que hagamos la prueba? — volvió a meter su cara entre sus pechos
—No — a duras penas pudo ser capaz de responder.
— Eso pensé.
Se obligó a levantarse de mala gana y se sentó junto a ella parándole la bolsa que le había traído. Rin agradeció que se hubiera levantado, él tenía razón. Si quería ella seria de él en cualquier lugar.
Saco la caja con energía y cuando vio lo que era no lo podía creer.
— Ayer casi me vuelvo loco buscándote y justo me di cuenta de que no tenías un celular y…
Rin se lanzó sobre él.
—Te gusta.
Ella asintió.
— No tenías porque.
— Considéralo como una indemnización por el susto que te hice pasar anoche.
Rin estuvo a punto de corregir su error, no había sido su culpa, pero lo dejo así. En otro momento hablarían sobre eso. Se dedicaron por un rato a configurar el teléfono, Rin jugo un rato con la cámara y obligo a Sesshomaru a tomarse varias fotos con ella.
— Rin – volvió a estar serio—hay algo más que quiero decirte.
