Tomo el vaso de café y lo llevo a sus labios. Hubiera podido delegarle la vigilancia a alguien más, pero no lo hizo. Algo en ese momento le decía que podría encontrarse con algo importante. Desde la noche anterior, donde había sido engañado tontamente, sentía su orgullo herido. Después de todo, él era el mejor cazador de la ciudad. La gente se aglomeraba por contratar sus servicios. Por supuesto, él solo aceptaba aquellos casos que le interesaban y este era uno de ellos.
Sabía que Onigumo regresaría con su amo, estaba allí para esperarlo. Escondido en el bosque trasero de la casa del magnate, con una excelente visión de la casa y su cámara lista, esperaba que aquel bandido apareciera. Sin embargo la persona que apareció en su vista estaba lejos de parecerse a ese ser vil. Al principio se puso alerta al ver a una persona salir a urtadillas por una de las ventanas. Pronto se dio cuenta de que era una mujer. La delicada figura femenina atravesaba el jardín trasero como si de un ladrón se tratase. Estaban cerca, aunque no lo suficiente para saber quién era.
Lion trato de acercarse lo más que pudo. Ella a su vez se acercaba sin saberlo a él. El brillo de la luna le permitió ver la cabellera azabache. No tenía dudas, era ella. Los vigilantes de la mansión parecieron darse cuenta de que la mujer quería escapar. Si no intervenía en ese momento la atraparían.
De un salto se lanzó hacia ella, la atrapó en sus brazos y cubrió su boca con una de sus manos.
—Shhhh — susurró — voy a ayudarte.
Ella estaba temblorosa le permitió guiarla. Aunque hubiera querido luchar, Lion le sacaba una cabeza de altura por no decir que pesaba casi el doble de ella.
La llevó a su escondite y tras recoger sus cosas la llevó con el al auto que tenía estacionado a unos metros del lugar.
— ¿Quién eres tú? —pregunto finalmente.
—En estos momentos soy tu amigo.
— ¿Cómo sé que no eres uno de los hombres de mi marido?
—No podrás saberlo
Tenía razón, no había manera de que pudiera comprobarlo. Ahora tenía una decisión que tomar, confiar o no en él. Al final decidió subir con el al auto. Si se quedaba Naraku volvería a encerrarla, empezó cambió si se iba con el, tendría por lo menos, por unos cuantos minutos, un brote de esperanza.
Su nuevo amigo arranco el vehículo a toda velocidad diciendo:
—Salgamos rápido de aquí.
Kikyo se sentía muy adolorida, su cuerpo estaba cansado. Tras ver que se alejan del lugar que había ejercido como su prisión. Una vez lejos él le preguntó :
—¿Quien fue? —ella mantuvo el silencio —Kikyo, necesito que me digas quien te golpeó.
Sabía su nombre.
—¿Qué te hace pensar que alguien me golpeó? —pregunto defensiva.
—Fue Naraku— ¿Quien era este tipo y porque sabía tanto de ella?
—No— negó
—Y entonces quien más lo haría.
—Naraku no tiene las agallas para hacerlo el mismo.
—Y mando a alguien para que lo hiciera— apretó fuerte el volante — Onigumo.
Kikyo se estremeció al solo escuchar ese nombre.
—¿Fue él verdad?
—Si — admitió finalmente.
No le hizo más preguntas. Paro frente a una farmacia—Voy a comprarte un analgésico y una pomada para los golpes. ¿Quieres que te traiga algo más?
Ella negó.
—Bien ya vuelvo.
Kikyo no tenía idea de quien era ni de por qué la esta estaba ayudando. Pero, algo en su mirada la hacía sentir que podía confiar en él.
Lion volvió al rato con medicinas, vendajes y unas cosas para comer. Le entregó las bolsas y enseguida volvieron a estar en marcha. Esta vez entraron en un estacionamiento subterráneo. Kikyo conocía el lugar, era el hotel que pertenecía a la madre de Sesshomaru, había estado allí varias veces antes con Inuyasha en el Penhouse que le pertenecía a su entonces cuñado, Sesshomaru. Lo que le pareció extraño fue que entraron al estacionamiento privado y no al de los huéspedes.
Lion le indico que se bajaran y fueran hasta el elevador. Sacó una llave magnética, tras colocarla sobre el panel y marcar una clave y entraron al elevador, Lion marcó el piso y enseguida comenzaron el ascenso. El movimiento se detuvo cuando la pantalla mostraba PH. Kikyo apretó fuerte sus manos contra su pecho. Las puertas se abrieron y el recibidor que muchas veces había visto antes estaba de nuevo ante ella. Se quedó paraliza.
—Entra— Lion le ordenó.
Ella seguía estática.
—Kikyo necesito que entres—el pareció ver lo que ella temía y agregó —no hay nadie aquí—encendió las luces —ves.
Ella asintió. Desde donde ella estaba no se veía a nadie. Tras tomar una bocanada de aire se arriesgó a entrar. Él no le había mentido. A menos que hubiera alguien en la planta de arriba.
—Hace mucho tiempo que no viene nadie por aquí—señalo con sus brazos la sala.
—¿Para quién trabajas? —pregunto con recelo.
—Sesshomaru—admitió.
—No lo entiendo. ¿Por qué me está ayudando?
—Mejor pregúntaselo a él, mañana por la mañana vendrá. Este es un lugar seguro, Naraku no podría entrar aunque quisiera.
—Nosotros entramos— trato de contradecir.
—Nosotros tenemos la autorización y las llaves del dueño. También tengo la clave para entrar. Además yo me quedaré aquí contigo para protegerte.
Eso último la sorprendió. ¿Qué es lo que quería Sesshomaru de ella?.
—Ven, déjame curarte.
y eso hizo. Se dedico a colocarle pomada en cada uno de sus golpes, maldiciendo cada vez que encontraba uno nuevo. Ella no sabía por qué lo había dejado hacerlo, pudo decir que lo hacía ella misma, pero, no lo hizo. En cambio, allí estaba dejándose cuidar por un hombre extraño del que ni siquiera sabía su nombre — Mi nombre es Lion— le dijo como si estuviera leyendo su mente.
—Lion — repitió.
Tal y como dijo Lion, Sesshomaru llego a primera hora de la mañana. Era un verdadero reto para ella estar allí, sentada frente a él. Primero; porque se parecía endemoniadamente a Inuyasha, y segundo: porque la miraba con desdén, convencido de su culpabilidad. En cierto sentido era cierto. Ella también era culpable.
— Y bien – soltó impaciente el recién llegado.
Bien, ya estaba aquí. Lion le había dicho antes de que el llegara que lo mejor sería hablar totalmente con la verdad y en ese momento era exactamente lo que pensaba hacer.
Tras tomar una larga inspiración comenzó.
— Conocí a Naraku cuando tenía 14 años, cuando mi padre comenzó a trabajar para él. En ese entonces las finanzas de nuestra familia estaban mal, mi madre había enfermado y no teníamos dinero para su tratamiento. Naraku llego como un ángel a nuestras vidas, aunque por desgracia mi madre no pudo salvarse, pudimos estar tranquilos porque hicimos todo lo posible por salvarla. Naraku pagó todas las deudas de mi familia a cambio de la lealtad de mi padre, tristemente él nunca pudo recuperarse de la muerte de su esposa y termino yéndose a vivir a otra ciudad. Cuando él se fue Naraku se quedó junto a mi como un amigo fiel hasta que conocí a Inuyasha y las cosas cambiaron totalmente. Ambos se odiaban y cuando Inuyasha me conto todas las infamias que hizo con su padre decidí alejarme de él aunque me costase creer todas esas cosas.—Kikyo hizo una larga pausa antes de continuar, lo que estaba a punto de decir ahora le dolía aun en lo profundo de su alma—Tres días antes de mi matrimonio con Inuyasha recibí una llamada de su teléfono, no hablo, solo se escuchaban voces y música. Unos minutos después llego un mensaje diciéndome que fuera a ese sitio y viera por mí misma como mi futuro esposo me engañaba. Pudo más la curiosidad, así que fui a ese lugar. Y lo vi, vi a Inuyasha con esas mujeres y no pude soportarlo – las lágrimas habían inundado sus ojos.
— Kikyo no es necesario que nos cuentes lo que viste – Lion trato de tranquilizarla.
—Está bien, no te preocupes—se limpió las lágrimas y continuo – Inuyasha estaba en la zona Vip del club, en ese momento no pensé ¿cómo había sido tan fácil entrar? O ¿por qué nadie me detuvo? Ellas casi no tenían ropa y las tocaba, mientras se besaban. Fue desgarrador
— me cuesta creerte – opino Sesshomaru – fui testigo de cómo te amaba mi hermano. Inuyasha es un hombre fiel.
—Eso mismo pensaba yo, hasta ese día. Naraku me llamo un día después pidiéndome que nos encontráramos y no pude evitar contarle todo y a él se le ocurrió ese plan. Hacerle creer a Inuyasha que yo también lo engañaba dejándolo plantado el día de nuestra boda.
— Y así fue como terminaste casada con ese ser despreciable.
Kikyo asintió
— El día de nuestra boda yo descubrí que él le había pagado a esas mujeres para que lo sedujeran y para que me contactaran desde su teléfono. El me amenazo y dijo que si no seguía con él mataría a Inuyasha, yo no le creí y me fui de ese lugar y allí fue cuando decidió…
—Enviar a Oigumo a que acabara con él.
—Pero a quien hirió fue a ti. Desde entonces he permanecido a su lado. Pero últimamente él ha querido más de mí. Anoche el trato de…
— Basta – ordeno Sesshomaru— si lo que dices es cierto entonces tienes que denunciarlo. No por intento de asesinato sino por violencia doméstica. Si lo haces estará en la mira pública y le será más difícil intentar algo en nuestra contra.
— Sería un buen comienzo para su castigo.
— Hoyo por favor, solo será un momento – suplico la joven – di que sí.
— Rin, no puedo. El señor Sesshomaru me cortaría la cabeza si sabe que te volví a llevar sin su consentimiento.
— Necesito ver a la hermana Kaede, ella debe estar muy preocupada por mí. Solo me bajare, le diré que estoy bien y regresamos.
—No, el señor Sesshomaru dijo que nadie podía salir de la mansión hoy.
—Inuyasha salió.
— Inuyasha nunca le hace caso.
—Hoyo, por favor. Llévala—la Sra. Lee intercedió por ella.
— Pero…
— Yo le diré al joven que fui yo quien te lo ordeno.
—Pero que sea solo un momento.
—Lo prometo. Muchas gracias Sra. Lee.
Rin llego a su antigua casa y entro rápidamente, su plan era solo ver a Kaede, decirle que estaba bien y luego irse. Pero no se esperaba encontrarse con el rostro preocupado de Kagome.
— ¿Pasa algo malo? ¿Dónde está la hermana Kaede?
— Está en su habitación, tiene fiebre desde ayer.
—¡Que!—rin corrió hacia donde estaba la hermana—¿Por qué no me habían dicho nada?
— Inuyasha y yo no quisimos preocuparte. No creo que sea algo grave.
Rin entro y vio a la que era como su madre acostada en su cama respirando dificultosamente por la fiebre.
— Hace rato le di su medicina, la fiebre comenzara a bajar dentro de poco—aclaro Kagome.
Sabía que le había prometido a Hoyo que solo entraría y se iría pero ella no podía dejar a Kaede así. Esperaba que Sesshomaru pudiera entenderla. Ese diera domingo después de todo, no tenía clases a las que faltar. Hoyo casi se la lleva en brazos hasta el auto, pero al final desistió. La Sra. Lee se llevaría u buen regaño.
Rin paso el resto del día al cuidado de Kaede, para cuándo fue la hora de que Kagome se fuera, ella ya estaba consciente y veía televisión en su habitación. Rin se dispuso a preparar la cena para tres, puesto que Sango llegaría en cualquier momento.
—Bienvenida—grito al ver que Sango entraba.
No era Sango
— Kohaku.
—Rin, ¿Has vuelto? – fue hasta ella emocionado.
— No, solo me quedaré aquí hoy.
— Yo vine porque Sango tiene muchos deberes para mañana – dijo decepcionado.
— Que egoísta soy – dijo con tristeza – tú y Sango tienen una vida y no tienen por qué abandonarla por Kaede.
—Te equivocas, la hermana Kaede también es importante para nosotros.
— Aun así, soy egoísta.
— Eres el ser más dulce y bondadoso que he conocido – declaro – no eres para nada egoísta.
— Yo me quedare hoy así que no es necesario que te quedes también.
— Pensé que era Bienvenido. ¿Era eso solo con Sango?
— Por supuesto que no, pero, si yo me quedo no creo que sea necesario que tu también.
—Basta de tonterías, ¿Qué cenaremos? Por nada del mundo me perdería uno de tus platillos.
— Solo nos envenenaremos.
Kohaku soltó una carcajada
— Envenenémonos juntos entonces.
Rin y Kohaku cenaron justos, mientras que Kaede aun debilitada comió en su habitación.
Tras recoger los platos se fueron a sofá a ver tv, Rin agradeció que Kohaku no le hubiese dicho nada sobre sus sentimientos, pronto averiguo que había dado las gracias demasiado pronto.
— Sabes, será muy feliz si todas mis noches fueran como esta.
—Kohaku, sabes que eso no puede ser.
— Lo sé, pero no quiere decir que no te desee – en todo ese tiempo era la primera vez que Kohaku mencionaba la palabra deseo.
Rin se estremeció, sabía perfectamente a quien deseaba ella.
— Yo lo siento tanto –Rin se disculpo
— ¿Es por él verdad? No lo niegues.
— Que no niegue que, de que estas hablando – se estaba poniendo nerviosa, tanto por sus preguntas como porque él se había acercado más a ella.
— El hermano de Inuyasha, te gusta. Vi como lo mirabas ese día. A mí nunca me has mirado de esa manera.
— Kohaku yo…
— Dime, acaso ese es el tipo de hombre que te gusta. ¿Cómo podría besarte ese tipo?
—Kohaku me estás dando miedo
Él estaba muy cerca de ella. Rin intento levantarse del sofá pero él el halo haciendo que cayera sobre su regazo.
—Voy a demostrarte que yo también puedo ser un hombre como él.
Y la beso de una forma agresiva.
Rin intento separarse de Kohaku pero era mucho más fuerte que ella.
—Suéltame, me lastimas – Rin intentaba hacerlo entrar en razón pero el parecía no oírla.
Kohaku la empujo hacia los cojines y se dejó caer sobre ella. Rin continúo forcejeando en vano. —No por favor – continuaba suplicando. Él sabía que mientras Kaede estuviera cerca ella no gritaría, así era su Rin. No haría nada que preocupara a la anciana.
— Eres tan hermosa – Rin vio la lujuria en su mirada y comenzó a llorar, si él quería podía hacer lo que quisiera con ella. Trato de esquivar sus besos pero solo consiguió que se enfocara en su cuello
—No—lloro. Estaba manchando su cuerpo.
La puerta de la entrada se abrió con un golpe estridente. Rin suspiro de alivio Sango había llegado. Kohaku se levantó de un brinco y se volvió a ver a su hermana. Se quedó pasmado observándola. Rin cubrió su rostro con sus manos, Sango debía pensar lo peor. Viéndolo bien pareciera más bien como si hubiera interrumpido otra cosa, si no fuera por sus lágrimas cualquiera podría pensar que era algo consensuado, debido a que ella en ningún momento había gritado pidiendo ayuda. Tendría que inventar algo, tampoco quería manchar la imagen de Kohaku con su hermana, pero no podía dejarle pensar que ella y Kohaku tenían algo.
Rin se incorporó tras secarse la última de sus lágrimas. Miro primero a Kohaku quien seguía paralizado mirando a su hermana, luego, aun sentada en el sofá volteo su mirada hacia su amiga.
— Rin, me puedes explicar que está pasando.
Rin sintió como un escalofrió recorrió todo su cuerpo al escuchar esa voz, no era Sango.
— No – susurro volviendo a dejar salir sus lágrimas — Sessh…. — su garganta se secó al tratar de pronunciar su nombre. Había arruinado todo.
