Capitulo 29
Kikyo entro a la habitación principal mientras que los dos hombres seguían en la mesa hablando. Encendió las luces y fue al vestidor tal y como Sesshomaru le había indicado, se encontró con ropa femenina. La noche anterior ella y Lion se habían abstenido de entrar en ese lugar por respeto a sus dueños. Reconoció algunos de los vestidos casi de inmediato y entendió que era lo que pretendía Sesshomaru con ello. Se cambió la blusa por una franelilla blanca y se colocó encima el abrigo fucsia con blanco, se dejó sus jeans y se recogió el cabello en una cola alta colocándose unos adornos con forma de plumas. Como toque final se pintó los labios de rojo. Cualquiera que la viera salir o entrar del edificio pensaría que era la antigua novia de Sesshomaru.
Bajo las escaleras y ambos ya estaban listos esperándola.
Sesshomaru guardo su teléfono cuando dijo:
—Vamos a salir juntos, hay cuatro Penhouses en total en el edificio incluyendo el mio. Uno pertenece a mi madre y los otros dos son para alquiler. Uno lo tiene un político y el otro un doctor. No confío en ellos, pueden murmurar que hay una mujer mueva aquí, pero si te ven así solo pensaran que eres Kagura y que volvimos.
—Cada Penhouse tiene su propio ascensor así que no hay problema una vez estemos dentro, pero es solo por si los vemos en el estacionamiento —agregó Lion.
—Vamos a ir al teatro, una vez allí te cambiaras la ropa por algo menos llamativo y saldrás con Lion.
Kikyo asintió. Estaba temblando de miedo, pero estaba decidida. Tenía que hacerce.
Llegaron al auto sin problemas, por suerte el estacionamiento estaba vacío. Sesshomaru paro el auto en una estación de servicio.
—Dame un segundo— se disculpo mientras estaciona a el auto para entrar en la tienda.
Una vez dentro encontro a quien estaba buscando—Jacken —lo llamo —¿Tienes lo que te pedí?
—Aquí esta —le entrego un morral —pero no entiendo para que quiere.. —lo dejo hablando solo.
—Sigamos— le paso el morral a Kikyo —allí esta la ropa por la que te vas a cambiar.
Llegaron al teatro y se adentraron en él. Sesshomaru la condujo por los pasillos con destreza, saludando a uno que otro trabajador por el. camino. Se detuvo frente a una puerta — Te cambiaras aquí, nadie va a molestarte, deja el morral con todo dentro aquí mismo. Por nada del mundo permitas que te vean con el. Si Naraku lo reconoce sabrá que estás conmigo.
—Si, se muy bien que debo ocultarme.
Tras una larga inspiración entro en el camerino. Rápidamente se deshizo de su disfraz y se cambió por la ropa que Sesshomaru le había dado. Un jean negro, con una franela rosa pálido, unas zapatillas plata y un abrigo azul claro. Le venía bien para el frio que hacia en esa época. Si dar más vueltas recogió todo y salió. Lion la estaba esperando en la entrada y disimuladamente comenzó a caminar detrás de ella, subieron a su auto y se encaminaron hacia la comisaría.
—Quiero hablar con el detective Mioga—informo una vez dentro.
—Detective Mioga a sus servicios querida señora—un hombre de unos 50 y tantos años la saludo—¿Podría decirme con quien tengo el gusto?
—Kikyo. Mi nombre es Ajatsuji Kikyo y vengo a poner una denuncia en contra de mi esposo Naraku Yamada y su empleado Onigumo.
El detective casi se desmaya de la sorpresa. Esto en verdad iba a darle un vuelco al caso protagonizado por los hermanos Taisho.
—Acompañeme a mi oficina por favor.
Junto con ella fueron dos personas más y acto seguido comenzó a contarlo todo.
Tras pasar por un examen físico para dar aún más validez a su acusación le entregaron una hoja con su declaración, la firmo tras leerla minuciosamente. Habían puesto fotos de ella y sus golpes.
—Señora Ajatsuji permitame ponerme a su disposición, si desea protección puedo colocar a mis hombres a su servicio.
—No es necesario, solo encarguese de enviar a mi marido a la cárcel.
—Será un placer señora.
Kikyo abandono el lugar tan pronto como le fue posible, Lion la esperaba al otro lado de la carretera. Caminaron cada uno por su lado hasta llegar al vehículo, una vez allí volvieron al teatro y repitieron la operación de esa mañana. Sesshomaru estaba allí cuando ella salió nuevamente vestida como Kagura. Tras la mirada de curiosos él la tomó de la mano y caminaron juntos hasta su auto.
—¿Como fue todo? —preguntó sereno.
—Bien, el detective Míoga se comprometió a hacer su trabajo.
—Perfecto, probablemente te llamen en un par de días para volver a declarar. Vas a llamar a este número y le dirás que quieres que sea tu abogado. El te defenderá.
Ella tomó la tarjeta y la guardo en el abrigo. Pronto llegaron al hotel, igual que en la mañana estaba vacío.
—No hay mucha gente por aquí.
—No, no es común encontrarse con alguien en este piso. pero hay cámaras —señaló al techo— y mi. madre las ve de cuando en vez
—Entiendo.
—Si, es mejor mantenerla alejada, suele ser molesta algunas veces.
—¿Cuál es el siguiente paso?—pregunto Kikyo una vez dentro del Penhouse.
— Por lo pronto tendremos que esperar por Míoga, buscarán a Naraku y a Onigumo y los llevarán a presentar declaraciones, les pondrán una fianza que seguramente pagaran. La buena noticia para nosotros es que tendremos sus huellas. Sólo haría falta que encuentren algo que los incriminen en el auto de Inuyasha.
—¿Cuanto tiempo crees que le den por esto? —pregunto refiriéndose a sus golpes.
—A Onigumo, no más de cinco años. A Naraku en cambio no lo se. Podría valerse de sus artimañas para librarse de ello. Lo que necesitamos es incrimirarlo con el accidente.
—Espero que esto sirva de algo.
—Yo también.
Lion llego con unos paquetes de comida. Sesshomaru se negó a comer con ellos y abandono el lugar inmediatamente después. Necesitaba irse de allí.
Aunque no fue tan difícil, ni doloroso volver a ese lugar, necesito de mucha fuerza para hacerlo. Ali estaban todos sus recuerdos con Kagura, desee que ella se fue no se había atrevido a volver, por dentro seguía intacto. Su madre se encargaba de que su personal lo mantuviera limpio, en el fondo ella tenía la esperanza de que el volviera un día. El sin embargo no había entrado allí hasta ahora. Al principio los recuerdos cayeron como una lluvia pesada, pero no fue hasta que Kikyo bajo con la ropa de Kagura que necesito parar para respirar. No pudo evitar compararla, Kikyo era más alta y su rostro era más sereno, el cabello era mucho más largo. Sin embargo eso no lo tranquilizo. Acompañarla al teatro fue igual, no era doloroso, era más bien extraño. Como si esa vida no le perteneciera más. Luego dejarla allí se fue casi corriendo, no quería encontrarse a la verdadera Kagura. Pensó en ir a la mansión pero de una vez lo descartó, necesitaba estar cerca por si Lion y Kikyo llamaban. Decidió irse a su oficina un rato, así aprovechaba de revisar algunas cosas. Al ser domingo el lugar estaba vacío, así había sido mejor para el.
Dio gracias al. cielo de poder irse a su casa ya. Quería llegar rápido, nunca imagino que tendría tantas ganas de llegar a la mansión algún día. ¿Qué estaria haciendo Rin en ese momento? ¿Lo estaría esperando? Sonrió ante la idea de que así fuera. Quería besara. Se refugio en ese pensamiento para olvidar lo pesado que había sido ese día.
Para cuando logro llegar a su casa eran más de las cuatro. Estaba todo tranquilo, lo extraño no encontrar el típico alboroto. Subió instintivamente a buscar a Rin, no estaba, ni en el salón ni en la terraza, cuando entró noto que la cocina también estaba vacía. Seguro estaba en su habitación o con las gemelas. No le quedaba de otra que esperar. Se fue a su habitación y enseguida le envió un texto.
"¿Donde estas?"
Dejo el aparato a un lado para ir a tomar una ducha. Cuando salió busco de nuevo el teléfono. Nada. No había respuesta. Se impaciento y sin ninguna precaución la llamo. Buzón de voz. ¿Por qué demonios Rin tenía el teléfono apagado? Se vistió con lo primero que encontró y fue a la cocina, de seguro Lee sabía en donde estaba.
Una vez en la cocina la Sra Lee apareció, casi adivinando su presencia.
—¿Quieres que te prepare algo de comer?
—Por favor —el ya había comido, pero necesitaba una escusa para quedarse allí.
Lee cocinaba un tanto nerviosa, como si le pasara algo. Sesshomaru no pensó mucho en ello, sólo quería saber dónde estaba Rin. El siguiente con actitud rara fue Jacken, pero el que se delató fue Hoyo, quien lo miró como él fuera un fantasma.
—¿Me perdí de algo? —preguntó fastidiado por la actitud de todos
—¿Va a comer aquí o en su habitación? —le preguntó mientras acomodaba la comida en el plato.
El entrecerro los ojos y dijo melodiosamente —Lee...
Ella entendió que ya se había acabado el tiempo y dijo:
—Le di permiso a Rin para quedarse hoy en su casa.
Sesshomaru cerró los ojos y trató de contar hasta mil no quería hacer una escena frente a todos. Cuando por fin abrió los ojos estaban llenos de furia. Se levantó diciendo —Guárdala para cuando vuelva. Tú y yo hablaremos luego. —miro a Hoyo— tu también.
Y salió.
Así que allí estaba Rin. Maldición si tan solo ellos supieran el peligro que corrían. ¿Qué sería capaz de hacerles Naraku si se enteraba que su mujer estaba siendo protegida por él? Un solo descuido y sería fatal. Debería hablar con ella y decirle por qué no quería que saliera, no, no podía preocupara. No quería ver su rostro preocupado. Rin era dulce y una fiera al mismo tiempo. Aún recordaba como lo reto la primera vez que se vieron. El no tenía derecho a arruinar eso.
Llegó a la casa de la monja casi a las 8, se quedó un rato dentro del vehículo, era la primera vez que se estaba planteando entrar. Volvió a mirar su teléfono, no entendía porque ella no le había avisado que iba a quedarse, ¿por qué no se lo había preguntado a él mismo?. Apago el motor y salió decidido a preguntárselo.
Pasó el pequeño portón y se paro en la puerta. Por la ventana se veía que la luz estaba encendida y... tuvo que entrecerrar los ojos para ver bien la figura que se veía en el pasillo, debía de ser la monja, ¿eso que tenia en la mano que era?, parecia como si se preparará para atacar a alguien. El miedo subió por su cuerpo y abrió la puerta de un busco a Rin con la mirada pero a quien vio fue al mocoso del otro día, este junto con la mujer al fondo lo miraban con una cara llena de terror. Cuando Rin se levantó del mueble de donde había salido el mocoso sintió la sangre hervir.
—Rin, me puedes explicar que esta pasando—sonó más calmado de lo que pensó.
Rin murmuró algo mientras que la anciana atrás lo veía suplicante. El verla apretar el jarrón que tenía en la mano hizo que tratara de calmarse. Sin embargo no se espero lo siguiente.
—Rin no tenemos que darle explicaciones—dijo Kohaku trato de tocarla pero ella se aparto —nos queremos y eso es todo lo que necesita saber.
—Si le vuelves a poner una mano encima, te mato —Sesshomaru lo amenazó parándose frente a él.
Estaba tratando de controlarse solo por la monja, pero si volvía a tocar a Rin lo mataría.
—Lárgate de aquí— le ordenó apretando los dientes.
—El que se tiene que ir eres tu, ella y yo estábamos en algo antes de que llegaras.
Si no se iba por las buenas se iría por las malas, antes de que Kohaku pudiera siquiera pensar estaba siendo arrastrado por Sesshomaru quien lo había inmovilizado poniéndole los brazos hacia atrás. Kohaku se defendió causando que la mecita de café se rompiera.
—No— Rin estaba aterrada de que Kaede pudiera darse cuenta —basta— trato de detenerlos—Kohaku vete por favor.
—Ya la escuchaste —Sesshomaru se puso por delante de Rin haciendole de escudo.
Kohaku se resigno y se fue.
Sesshomaru se volteo y diviso a la monja quien tras brindarle una mirada de agradecimiento desapareció. Rin se encontraba aún en el mismo lugar, estaba temblando.
—Tengo que ver a Kaede, si se despertó y se dio cuenta de esto...
—Shhhh —Sesshomaru la abrazo —silencio.
Trataba de tranquilizarla, pero tuvo el efecto contrario. Ella comenzó a sollozar en sus brazos. Permanecieron en silencio por un largo rato.
—Gracias —dijo ella aun enterrada en su pecho.
El la abrazo aun más fuerte.
—¿Te hizo daño?—Ella negó, entendiendo a lo que el se refería—Bien.
—Kaede.
—No creo que se halla dado cuenta —mintió. Así lo había decidido la propia monja.
—Voy a verla.
Se obligó a separarse de él para ir a comprobar como estaba la hermana, su habitación tenía las luces apagadas y dormía plácidamente. Eso la tranquilizo.
—¿Todo bien? —le preguntó Sesshomaru una vez que volvió.
—Si.
El le ofreció un vaso de agua— Es fácil saber donde están las cosas —dijo en respuesta a su mirada.
—Es una casa pequeña en comparación a la tuya.
—¿Mejor? —le pregunto una vez que se terminó la bebida.
—Si, un poco.
En ese instante recordó la historia de Kikyo, si el no hubiera llegado en ese momento quizás a ella le habría pasado lo mismo. Con eso en mente acaricio su rostro e hizo que levantara su mirada hacia él. Trató de leer en sus ojos la verdad.
—Yo no dejaré que nada te pase —declaró —mientras estés a mi lado, voy a protegerte. No importa quien sea, no dejaré que nadie te haga daño. Incluso tú misma.
—¿Como?
—La próxima vez que estés en peligro quiero que grites tan fuerte que todos los que estén cerca puedan oírte. No importa quien pueda salir lastimado. Quiero que me prometas que vas a gritar y que vas a luchar.
¿Podía prometerle eso?
—Rin, prometelo.
—Yo no puedo —bajo la mirada.
El le tomó la cara con ambas manos y la obligo a mirarlo a los ojos.
—Rin.
—Lo prometo — sus ojos le decían que su respuesta tenía que ser más larga —prometo que gritaré con todas mis fuerzas.
—Perfecto, empezaremos solo con eso. Ahora vamonos.
—No puedo irme, la hermana Kaede tiene fiebre y no puedo dejarla sola. Kohaku vino a quedarse con ella pero..
—No voy a dejarte aquí.
—Pero Kaede no puede quedarse sola. Me necesita
Sesshomaru intento buscar una solución rápida. Pero no sabía a quién podía dejar allí por ella.
—Quédate —le propuso ella—quédate conmigo hoy—ella pareció saber lo que el estaba pensando puesto que agregó —tengo una habitación aquí. No era tan nómada. —lo agarro de la mano—ven te la mostraré.
Entraron en la pequeña estancia, no tenía muchas cosas. Solo una cama individual y un escritorio al lado.
—No se quita —Rin se frotaba el cuello tratando de limpiarse.
— ¿Quieres darte un baño? —
Ella asintió.
—Ve te esperare aquí.
—Gracias—de nuevo se abalanzó sobre el —eres lo mejor que me ha pasado.
Él se quedó inmóvil ante su declaración.
—Ya vuelvo —le dijo con una sonrisa.
Rin entró al baño y se sintió cómoda, está era su casa después de todo. Hacía tanto tiempo que no tomaba un baño allí. Tras desvestirse corrió la cortina y entró en la ducha, dejó que el agua fría la mojara y recorriera su cuerpo. Agarro una esponja y se froto hasta sentir dolor, pero no importaba cuánto jabón tuviera o que tan fuerte se lavara, la sensación no se quitaba. No entendía por qué Kohaku se había comportado de esa manera, él era un buen chico, respetuoso, amable. Dejó de frotarse cuando el ardor fue insoportable. Era mejor el dolor en cualquier caso.
Salió de la ducha y se envolvió en una toalla. Su cabello estaba mojado salpicando todo el suelo, se le había olvidado traer una toalla para el cabello. La ropa que llevaba puesta también se había mojado. Llevaba tanto tiempo en la mansión con puertas de vidrio en la ducha que se le había olvidado que si la cortina quedaba del lado de afuera todo se mojaba. Recogió la ropa y se fue resignada a su habitación. Allí había quedado algo de su ropa así que debía haber algo que se pudiera poner. Pero también estaba él.
Rin abrió la puerta con nerviosismo, no planeo volver desnuda, envuelta en una toalla, con el cabello mojado y titiritando de frío. Él estaba acostado en su cama con los cerrados. Parecía como si se hubiera quedado dormido, por todos los cielos era tan atractivo. El pareció darse cuenta de su escrutinio puesto que abrió los ojos para mirarla directamente.
— ¡Por Dios! —exclamó. De un brinco estuvo frente a ella — ¿Te duele mucho? —pregunto mientras acariciaba su cuello
Ella dio un brinco y respondió —Solo un poco, no me di cuenta de cuando debía parar.
—Está muy rojo —le informo refiriéndose a su cuello — ¿Tienes algo aquí que pueda colocarte?
Ella negó.
—No se quitaba — en la escuchaba atentamente — quise quitarlo pero pensé que si arrancaba la piel.
El la abrazo—Todo está bien ahora.
—Quiero pedirte algo —ella lo miro a los ojos.
—Lo que quieras —respondió él con devoción.
—Bórralas, borra las manchas con tus besos. No quiero seguir sintiéndolo encima de mí.
Sesshomaru no necesito otra invitación para besarla. Fue tierno y cariñoso. La beso con delicadeza, adorándola. Bajo por donde ella le había indicado, ella tembló al sentir los labios en su cuello y lo envolvió con sus brazos atrayéndolo aún más hacia ella. El gruñó y se apartó tratando de calmarse.
—Rin, no creo que sea conveniente que sigamos. No podré controlarme si te sigo besando.
—No quiero que te controles —fue su respuesta mientras que la toalla que envolvía su cabello cayó al suelo.
—Acabas de pasar por un trauma y no creo que estés preparada para ir más lejos. No quiero ser como él y aprovecharme de tu debilidad.
—No lo estás haciendo, yo quiero sentirte a ti.
— ¿No llevas nada debajo de ese paño verdad?
—No.
—Bien, será mejor que salga mientras te vistes—se alejó de ella— ¿tienes ropa aquí?
—No quiero que salgas. Quiero tus besos. Sentirte a ti.
—Y me tendrás, pero no hoy.
Rin tenía clara una cosa el agua y el jabón no borrarían los besos de Kohaku en cambio Sesshomaru, el sí podría hacerlo. Solo su presencia la tranquilizaba, quería impregnarse con su olor y su sabor, solo así se sentiría tranquila. El problema es que él estaba decidido a salir. Tenía dos opciones o lo dejaba ir o hacia "eso", y "eso" fue precisamente lo que hizo.
—Sesshomaru —lo llamo y cuando el volteo su mirada hacia ella dejo caer la toalla que cubría su desnudez —Hazme tuya.
