Capítulo 30
El corazón de Rin latía fervientemente mientras observava a Sesshomaru. Este permanecía inmóvil, con una mano pegada al pomo de la puerta. Pareciera como si intentará romperlo. Rin era plenamente consciente de lo que acababa de hacer, aunque ya no contaba con la misma valentía de hace un rato. No sé imagino que Sesshomaru se quedaría paralizado, quizás había sido demasiado atrevida. A decir verdad, hasta ella se sorprendía de su comportamiento. Pero, no había vuelta atrás. Dirigió su mirada al piso, había apostado demasiado alto. Por un momento creyó que el no podría resistirse a ella si se mostraba completamente. - Demasiada confianza-pensó. El calor comenzaba a disiparse y un breve escalofrío la asalto. Un nudo comenzó a formarse en su garganta. Bonito ridículo acababa de hacer. Pero, no era su culpa. Fue más bien culpa de Sesshomaru por decirle tantas veces que la deseaba y que...
Oh por Dios.
Levantó la vista hacia donde se suponia que estaba Sesshomaru para confirmar que, en efecto, se había movido. El escalofrío fue reemplazado por una corriente de calor. El estaba detrás de ella. No la había tocado, sin embargo, era claramente consciente de su presencia.
—Si estuvieramos en otra situación, no te haría esta pregunta — la voz aterciopelada de Sesshomaru había cambiado por una voz ronca— pero debido a lo que paso esta noche, me veo en la obligación de hacerlo.
Ella trago saliva.
El estaba hablando muy cerca de ella.
—Lo cierto es que te deseo —continuo —. Te deseo a tal punto que me resulta doloroso. No quiero que lo dudes. Pero, necesito saber si haz hecho esto antes.
Rin negó con la cabeza sintiendo aún más avergonzada. Ya fuera que se refiriera a desnudarse de esa forma o al acto sexual en sí. En ambos casos, la respuesta era negativa.
—Eso pensé —dijo con pesar —. Si te toco, no seré capaz de detenerme. Si te beso, no seré capaz de detenerme. Si sigo respirando tu aroma, no seré capaz de detenerme. Incluso con sólo verte no estoy siendo capaz de detenerme.
—Ya te lo dije, no quiero que te detengas—mustio. no sabía de donde saco el valor para decir eso.
—Y yo no quiero hacerlo—devolvió a su cuerpo la toalla que había recogido del suelo hace unos segundos cubriendo así una parte de su desnudes—pero no es el momento.
El le dio la vuelta para que quedara frente a él.
—No voy a dejar que nuestro primer recuerdo se vea manchado por otra persona—le rozo brevemente los labios y abandono la habitación dejándola con una sensación de abandono y al mismo tiempo de alivio.
Sesshomaru necesito de toda su fuerza de voluntad para dejar a Rin. Lo cierto es que lo había sorprendido. Nunca se imagino que ella se ofreciera a él de esa manera. Y estaba seguro de que eso había ocurrido solo por lo que Kohaku le había hecho unas horas antes. Podría haber aceptado, su cuerpo moría por hacerlo, pero, hacer eso no lo habría diferenciado mucho de este. Hacerla suya en ese momento era sinónimo de aprovecharse de su debilidad, lo mismo que intento hacer Kohaku. El no lo haría, le había prometido que la protegería y eso lo incluía a él mismo. Ella era su tesoro más puro y no sería él quien lo mancharia.
Por supuesto, eso no significaba que practicará el celibato para siempre. Sólo significaba que buscaría un lugar más correcto y un momento muchísimo más apropiado.
Cuando volvió a la habitación quince minutos después Rin ya estaba vestida. Llevaba una pijama mangalargas de cuadros, había secado su cabello y se mantenía pegada a una esquina de la cama. Sesshomaru se sentó a su lado.
—¿Quieres que te ayude? —pregunto Rin al darse cuenta de que le costaba quitarse los zapatos.
El hizo un gesto de asentimiento y dijo:
—Si no te importa.
Ella salto de la cama y se dispuso a ayudarlo, él hizo una mueca de dolor en cuanto ella levanto una de sus piernas.
Oh rayos, su espalda. La había olvidado por completo.
—¿te duele mucho? —preguntó en cuanto terminó de descalzarlo.
—Solo un poco —mintió.
La verdad era que en los últimos días a penas había conseguido descansar y la espalda le dolía como mil demonios.
—Cuando estuve afuera me tome unos calmante —se echo en la cama —ven—le hizo un gesto para que se acostarás junto a él.
Rin lo obedeció y se acostó sobre su pecho. Agradeciendo silenciosamente que hace rato hubiera salído. No había pensado bien lo que estaba haciendo y probablemente no habría sido capaz de entregarse a él ese día. Ahora más que nunca se sentía feliz de estar a su lado. Su corazón no se había equivocado al enamorarse de él.
—Gracias — susurro antes de cerrar sus ojos y relajarse por completo en sus brazos.
Definitivamente lo amaba.
Rin se despertó al sentir que su acompañante la abandonaba.
—Buenos días —dijo él con su típica voz derrite corazones.
—Buenos días —respondió tratando de incorporarse—.¿Te vas? —pregunto tratando de no sonar pesarosa.
—Nos vamos, tienes clases a las que asistir.
—Pero Kaede...
—Podrás volver después de clases.
El rostro de Rin adquirió una nota de tristeza, pensaba que el la dejaría quedarse.
—Si llegase a ir un supervisor social hoy a la mansión y resultará que tú no estas en tu clase de ese momento podrían apelar que yo sea tu tutor.
—Pero hasta los momentos no ha ido ninguno—replicó —. Además...
—Han ido cinco veces— la corrigió —. Tu no sabes quienes son, pero ellos saben quien eres tu. Llegan, se cercioran de que estés en tus clases y luego hablan conmigo si estoy en la casa —silencio —. Te prometo que te traeré de nuevo más tarde.
—Esta bien —respondió ella no muy convencida de irse.
Sesshomaru espero en la sala a que Rin se cambiará. Cuando salió, tuvo una vista al pasado, a ese primer día que la había visto.
—Creo que es lo más decente que encontré — dijo ella en tono de disculpa.
Se había colocado unos Jean's negros desgastados y una franela morada que le quedaba ancha.
—Me recuerdas a ese día, es todo.
—El día que entre a tu casa a robar.
—Si.
—Al principio me arrepentía de haberlo hecho, supongo que me deje llevar. Quería hacer todo por proteger a Kaede y no me importo robarle a un par de ricos. Lo que nosotros tomáramos ellos no lo echarían de menos y a Kaede y a mi nos daría unos cuantos días de holgura—Sesshomaru la escuchaba atentamente —. Sabía que estaba mal, pero, ¿Qué otra cosa podría hacer alguien como yo? Al final fui arrestada en tu casa. Pero, gracias a eso te conocí.
Rin, lo único que ella no sabía era que no sólo había entrado a su casa, sino también a su corazón y, con este último, estaba teniendo un éxito rotundo robandolo.
—Me alegro que lo hicieras—se acerco a ella—. Así te conocí yo también a ti.
Tras asegurarse de que Kaede estaba mejor Rin se fue con Sesshomaru a la mansión. Aún era temprano cuando llegaron. Corrió a su habitación para cambiarse de ropa. Sus clases comenzabs a las 9.
Esa semana transcurrió tan rápido como un chasquido. El cambio más drástico fue el nuevo terapeuta de Sesshomaru, era un hombre. Eso la hizo sentir feliz, no tendría que preocuparse por otra sexy terapeuta tratando de conquistarlo. Luego estaba Hoyo que siempre que visitaba a Kaede no se le despegaba de encima. Supuso que eso se debía al regaño que debió darle Sesshomaru por dejarla en casa de Kaede. Esta última, para su tranquilidad estaba mucho mejor y ya no le había vuelto a dar fiebre.
Solo la entristesia el hecho de que no había podido ver a Sesshomaru, solo estaba en la mansión por las mañanas y después de que terminaba las terapias se iba. El día anterior le había dicho que tenía que presentar su proyecto pronto ante la prensa y que eso lo tenía ansioso y por eso estaba trabajando tanto. Eso ocurriría en tres días. Y que luego podían verse un poco más, como lo hacían antes. Sin embargo no contaba con lo que sucedería más tarde.
Era viernes y su profesor había cancelado la clase por asuntos personales. Así que tendría la tarde libre. Las gemelas no llegarían hasta las ocho. Inuyasha estaba trabajando con Sesshomaru y la Sr Lee solía descansar por las tardes. Estaría sola hasta entonces. Pensó en descansar ella también, pero al final opto por leer la lección que le tocaba ese día, de esa forma, no perdería una clase completa.
Rin iba camino a la terraza de arriba cuando lo vio. Al principio dudo un poco de que fuese él. Pero, de todas formas fue a comprobarlo.
La carpeta con los informes. ¿Donde la deje? - Se preguntó. No sólo le faltaba eso, también tenia que buscar la maqueta del restaurante.
—Esto es realmente gracioso —Inuyasha tenía un tono burlesco —. Sesshomaru Taisho, se te olvidaron los informes.
El aludido lo fulmino con la mirada.
Inuyasha tenía razón, había dejado la carpeta en la mansión.
—Iré a buscarla.
—¿Por qué no sólo le pides a alguien que la traiga?
—No, también tengo que buscar la maqueta de papá. Aprovecharé para dejarla en el hotel.
Por primera vez en su vida estaba conduciendo de regreso a su casa a buscar un papel olvidado y todo por culpa de ese traicionero sueño. La verdad era que desde el día en el que durmió con Rin, su cuerpo no había podido olvidar la sensación de tenerla cerca. Todas las noches se despertaba sudando a causa de los sueños en donde le hacía el amor de todas las formas posibles. Esa mañana no había sido la excepción, estaba tan concentrado en controlarse que había olvidado por completo los informes que tenía que llevar.
A esa hora Rin estaría en clase, por lo que no podría verla. o eso era lo que el pensaba mientras buscaba la carpeta azul en su escritorio.
—¿Quieres que te ayude? — la voz de Rin llego como una caricia a través del viento.
Sus sentidos se agudizaron en respuesta.
—¿No deberías de estar en clase?
Ella se encogió de hombros.
—El profesor cancelo por un problema personal.
—Yo vine por esto— señaló la carpeta azul que acababa de encontrar.
—¿Te iras? —preguntó.
El asintió.
—¿Quieres venir?
—Si—respondió rápidamente. Al segundo se sintió avergonzada por su entusiasmo.
El sonrió.
—Vayamos primero a buscar otra cosa y nos vamos.
Salieron por la puerta que daba al jardín y rodearon la casa hasta encontrar otra entrada.
—No había estado aquí antes —dijo Rin.
—Era el lugar de trabajo de mi padre— respondió al tiempo que sacaba una llave para abrir la cerradura—. No muchas personas han entrado aquí.
Sesshomaru abrió la puerta y le indico que entrará. El lugar se iluminó mostrando una espectacular exhibición de maquetas de toda clase de estructuras.
—Te presento la colección de mi padre.
—Es impresionante—Lo decía en serio.
Aquello era como un museo. Reconoció al instante varios edificios de la ciudad y otros que sólo había en televisión o en revistas. En las paredes colgaban las fotos de los proyectos terminados.
—Vinimos por este.
—¿Qué es? — preguntó ella.
—Un restaurante. Unos amigos de mi madre presentarán un proyecto sobre este tipo de construcciones y querían tener una maqueta de calidad profesional. No es que ellos no puedan hacerlo, pero ahora se usan mucho más los programas de diseño y por eso me pidieron el favor.
—Tu papá era realmente bueno.
—Era muy quisquilloso.
—Ya lo veo. Es perfecto. Todo esto es perfecto.
—Sabes, no le gustaba que le dijeran eso.
—¿Por qué?
—Decía que no era bueno para su ego alimentarlo tanto.
—Tu en cambio actúas con si fueras perfecto.
El entrecerro sus ojos.
—¿No te parece que lo sea?
—No—replicó.
El se acercó a ella haciéndola retroceder hasta quedar contra la mesa.
—Podría demostrarte lo perfecto que puedo llegar a ser— su voz y sus palabras llevaban una carga sexual implícita.
Rin se estremeció al sentirlo tan cerca.
—Supongo que tendrás que hacerlo—lo reto.
—Nada en este mundo me gustaría más que eso — Rozo sus labios en una tormentosa caricia—. ¿Estas mejor?—pregunto haciendo referencia hacia como se sentía con respecto a lo que paso en casa de Kaede.
Desde el día que salieron de casa de Kaede no habían vuelto a hablar sobre lo que paso con Kohaku, ni mucho menos de lo que ella había hecho. Ella lo agradeció profundamente. Inclusive ahora, él la respetaba. Sesshomaru era un caballero de los pies a la cabeza.
—Si —afirmó —. Yo...—vaciló.
—Shhhh— sello sus labios con su indice—. no tienes por qué decir nada que no quieras.
Rin respondió con una sonrisa y dijo:
—Estas haciendo que me enamore de ti— entrelazo sus brazos al rededor de su cuello.
—Entonces voy por el camino correcto —dijo con orgullo.
—Ves, estas actuando como si fueras perfecto.
El soltó una carcajada.
Ella lo miró con sorpresa.
—¿Qué pasa?—preguntó ante la mirada de asombro de Rin.
—Es la primera vez que te escucho reír.
El siguió observándola con la sonrisa en sus labios.
—Supongo que es gracias a ti.
Y la beso.
Rin y Sesshomaru llegaron al hotel de Irasue, el Ascott Marunouchi Tokyo, donde dejarían la maqueta. La exposición sería una semana después, pero al tratarse de su hotel confiaba en dejarla allí. Tras darle unas últimas indicaciones a los empleados abandonaron el salón.
—Hay otra cosa que tengo que hacer aquí, acompáñame.
Ella lo siguió a través de los lujosos pasillos hasta llegar a un ascensor privado, tras subir al piso 6 llegaron a unas oficinas. Sesshomaru le había dicho que ese piso era administrativo.
La oficina a la que iban estaba compuesta por dos habitaciones, una que funcionaba como recibidor y la otra con el escritorio y un montón de archivos cuidadosamente acomodados.
Sesshomaru saco unas llaves para abrir unas gavetas, reviso el contenido de varias carpetas hasta encontrar la que quería.
—Listo —dijo al mismo tiempo que guardaba todo lo que no necesitaba y se colocaba a su lado.
—¿De quien es esta oficina? —pregunto desconfiada.
—Mía, por supuesto.
—Entonces este es el hotel de la Sra Irasue.
—Si, uno de ellos —respondió relajado.
—¿Uno de ellos? —repitió con asombro —¿Cuantos hoteles tiene tu madre?
Sesshomaru se encogió de hombros
—Diseñados por mi padre —hizo una pausa para contar—Cinco, creo. Aunque tal vez sean seis. No sé si ese otro cuente.
Sesshomaru parecía divertido con su asombro. Ella sabía que la Sra Irasue era dueña de un hotel, pero jamás se imagino algo como eso.
—¿Quieres hacer un recorrido?
—No lo sé. ¿No se supone que tienes que entregar esos documentos?
—Vamos.
La tomó de la mano y durante la hora siguiente se dedico a mostrarle el hotel. Primero la llevó a las piscinas. Sesshomaru disfrutaba de ver las expresiones de Rin cada vez que le mostraba algo nuevo. Parecía una niña. El sintió una punzada de dolor al comprender que la niñez de Rin se había cortado y que había sido obligada a ser una mujer antes de tiempo. Aún así allí estaba ella, sonriendo y disfrutando de la vida. Definitivamente ella era mucho más valiente que él.
—¿Quieres ver las habitaciones? —le preguntó cuando ya habían terminado de ver todas las áreas públicas.
La mirada de Sesshomaru estaba sobre ella esperando una respuesta. Lo cierto es que era tan consciente como él de lo que sucedería si decía que si. Debería decir que no, deberían esperar un poco más pero su cuerpo la traicionó asintiendo con un leve temblor. El lo percibió pero no le dijo nada.
La habitación era simplemente espectacular, incluso mucho más que la que tenía Sesshomaru en la mansión. Contaba con dos estancias, una de ellas era una sala con un mueble beige y un TV colgado a la pared, también tenia un comedor. Una puerta comunicaba con la habitación, provista de una cama King colocada frente a un ventanal que ofrecia una vista magnífica de la ciudad.
—¿Qué te parece? —pregunto colocandose detrás de ella.
Ahora ambos miraban por el ventanal que mostraba la ciudad comenzando a iluminarse.
—No tengo palabras para describirlo.
—A mi madre le encantaría esa respuesta.
Ella sonrió un tanto nerviosa.
El le deslizó el abrigo por los hombros y lo arrojo al mueble al lado de ellos. Ella llevaba un vestido corto con unas medias panties gruesas y unas botas altas.
—Rin, quiero que me mires.
Ella se volvió tímidamente. No había sido así antes, pero incluso cuando estaban en la habitación de Sesshomaru sabía que tendrían que parar, incluso esa noche en su propia casa lo sabía, pero, ahora, no había nada que los detuviera. Y ella misma estaba deseando que sucediera.
El se había quitado el abrigo y el saco en cuanto entraron y se había quedado con su camisa y su corbata anudads de forma impecable.
El acaricio su rostro deteniendo su pulgar donde tenía los puntos causados el día del accidente.
—Prometo que te cuidare mejor.
Rin estuvo a punto de de replicarle que eso no había sido su culpa cuando sintió sus labios sobre ella. Le había dado un beso donde estaba la pequeña marca.
—Si quieres que pare este es el momento.
Ella negó con la cabeza. Y lo beso.
El correspondió al instante con un beso feroz, diferente de aquellos tiernos y delicados que le había dado antes. Este en cambio estaba lleno de lujuria y ella se descubrió besandolo de la misma forma. Las manos de Sesshomaru vagaban por su espalda apretandola contra el. Necesitaba sentir más de ella y encontró la punta del cierre de su vestido, con destreza lo bajo dejando ahora la piel de su espalda expuesta. Ella se estremeció, a pesar de que el ya la había visto desnuda, ahora era diferente.
Sesshomaru deslizó el vestido hasta dejarlo caer al piso, la abrazo de nuevo y ahueco sus manos sobre sus nalgas alzandola. ella enrollo sus piernas en su cadera de forma instintiva. El le quito las botas con una habilidad que la sorprendió.
—¿A cuantas mujeres has desnudado antes? —no pudo evitar preguntarlo.
—Eso no importa —respondió al tiempo que le quitaba las medias, dejandola en ropa interior—. Lo único que importa es que a partir de ahora solo serás tu.
Y planeaba cumplirlo, no importaba quien haya estado en el pasado. Ella era ahora su presente y muy probablemente su futuro.
—Pero...
—Hablas demasiado.
La cayó con un beso. Rin se dejó llevar por él abandonandose ante el mar de placer que le producían sus caricias. Justo en el momento que comenzó a jadear, él bajo por su cuello hasta llegar a sus pechos liberandolos de su aprisionamiento.
—Eres hermosa —dijo con voz ronca antes de llevarse las cumbres a su boca. Rin gemia y se aferraba a él mientras que chupaba y mordía sus pezones.
Él se detuvo diciéndole —Tu turno— Ella entendió a lo que se refería y con manos temblorosas lo ayudó a quitarse la camisa y la corbata, titubeo un poco cuando le quito el pantalón. Trago saliva. Podía sentir su ereccion a través de su ropa interior. Sesshomaru se tendió boca arriba y la sento a horcajadas sobre mientras que recorría todo su cuerpo con sus manos y boca.
Rin se deleitó tocando el torso esculpido de Sesshomaru, tenía el abdomen marcado —Quiero tocarte —le dijo. Rin imito los movimientos que él había hecho hace unos momentos.
—Te quedan 30 segundos — mascullo.
Ella continuo su travesía por su pecho hasta toparse con uno de sus pezones, hizo ademán de llevarlo a su boca pero Sesshomaru la interrumpió de golpe con un rápido movimiento haciéndola quedar de nuevo debajo de él. —Se acabó el preludio — La beso de muevo de forma desesperada haciendo que ella se arqueara restregandose vergonzosamente contra su cuerpo. No podía detenerse. Las sensaciones de su cuerpo se habían apoderado de ella.
Sesshomaru deslizó sus bragas dejandola completamente desnuda — ¿Qué me histe? — mustio. Nunca antes había estado al punto de perder el control con ninguna mujer. Pero en ese momento en el Rin lo besaba estuvo cerca de perderle. Tenía que bajar la intensidad, esta era la primera vez de ella y no quería hacerle daño. Se levantó para tomar un respiro y se deshizo de su ropa interior. Se acomodo entre sus piernas.
—Ábrete un poco más... así... ¿Confías en mi?.
—Si —respondió en un jadeo.
Seshomaru deslizó un dedo por el suave monticulo y comenzó a trazar círculos lentamente. Rin comenzó a gemir y a mover sus caderas contra su mano. El atrapaba sus gemidos con su boca. —Quiero más... Necesito... — Él sonrió y deslizó un dedo experto por su entrada y siguió acariciando el suave botón hasta que Rin comenzó a gemir y aferrarse a él con fuerza. Una oleada de placer recorrió todo su cuerpo y se relajo bajo la sonrisa de su amado.
El aprovecho su clímax para colocarse en su entrada. —Mirame—le ordenó.
Ella centro su mirada en esos ojos dorados. Él comenzó si entrada empujando lentamente, permitiéndole a su sexo adaptarse a él. Ella hizo una mueca de dolor cuando traspasó su virtud.
El le cogio la cabeza entre sus manos y entrelaso sus dedos en su cabello.
—¿Te hago daño?.
Ella lo miró asombrada antes de responder.
—No—jadeo—. Por favor. Por favor continúa.
El obedeció, siguió con su camino, sin dejar de mirarla, hasta, quedar completamente dentro de ella. Cubrió nuevamente su boca con la suya sin salirse de ella. Rin se aferro a él y sin poder controlarse movió sus caderas haciendo que la penetracion fuese aún más profunda. Ella rodeándolo con sus brazos se rindió ante la invasión. Sesshomaru soltó un gruñido y comenzó a entrar y salir tratando de que sus movimientos resultarán suaves y delicados, dando tiempo así que el cuerpo de Rin se acostumbrara a el. Ella cerró los ojos mientras que se aferraba a su espalda y envolvía sus piernas al rededor de su cadera instintivamente. Todo en lo que ella podía pensar era en el cuerpo de Sesshomaru haciéndola suya con un ritmo decidido que le causaba dolor y placer al mismo tiempo.
Cuando el placer se hizo más intenso ella no pudo evitar comenzar a jadear frenéticamente. Él, en respuesta, la penetrante con más fuerza. Un placer indescriptible la inundó al tiempo que repetidos espasmos recorrían su cuerpo. Con unas pocas embestidas más Sesshomaru también alcanzó su liberación salvaje y vertiginosa. Rin emitió una protesta cuando se salió de ella. El la atrajo por la cintura y la coloco sobre su pecho al tiempo que cubría sus cuerpos con la sabana. Luego se dedico a acariciar perezosamente su hombro mientras que con su otra mano jugueteaba con sus dedos y le susurraba lo hermosa que era y lo perfecta que había sido.
Rin se abandono a sus caricias y comprendió que nunca podría amar a alguien más. No importa lo que pasará, ella, lo amaría por el resto de su vida.
