—¿Cómo les fue? —preguntaron Rin y las gemelas al mismo tiempo.
Estas habían interceptado a Jacken e Inuyasha cuando se bajaban de su auto.
Inuyasha con una gran sonrisa levanto las latas de cerveza.
—Digamos que podemos celebrar.
Las tres mujeres soltaron un aullido de felicidad.
La Sra Lee les lanzo una mirada reprobatoria.
—No creo que a Sesshomaru le agrade que se formen una juerga aquí.
—Querida Lee, no seas aguafiestas. Si la celebración es en su nombre.
Sin hacerle mucho caso los cuatro jóvenes y el no tan joven Jacken se fueron al jardín trasero, tras acomodar las bebidas y colocar música comenzaron a repartirse las cervezas.
Al principio Rin dudo si aceptar o no aquella lata, todavía sentía nauseas al solo recordar la terrible jaqueca que le produjo emborracharse con Sesshomaru. Pero como su buen hermano, tenían las mismas mañas y la obligo a beberse el contenido de la lata, o por lo menos a intentarlo.
—Sabe horrible —se quejó.
—No es tan malo— replicó Ayame.
—Prueba esta —Ayumi le paso un coctel.
—Este delicioso. Sabe a fresas.
—Los cocteles son mucho mejores —dijo Ayame.
—Yo me quedo con la cerveza — se mofo Inuyasha.
Jacken también estuvo de acuerdo con él.
Después de un rato todos se distrajeron entre chistes y cuentos de su infancia. Ayame e Inuyasha habían bailado unas cuantas canciones, Lee se había resignado a sentarse con ellos y Rin se preguntaba cuando iba a llegar Sesshomaru, eran casi las ocho y el aun no aparecía. Se supone que había salido un poco después de Inuyasha y Jacken. Apretó su teléfono con ambas manos mientras que veía la pantalla, hace casi una hora le había escrito un mensaje y él aun no respondía.
Sesshomaru camino junto Kagura por los pasillos del hospital donde la madre de esta estaba internada, por lo que sabía su padre estaría allí. Efectivamente el hombre estaba ahí.
Kagura se escondió instintivamente detrás de él.
—Reed— saludo con desdén.
—Taisho —respondió con altanería.
—Hemos venido a ver a Hitomiko— declaro Sesshomaru.
—Me temo que eso no será posible.
Sesshomaru se paró frente a Reed.
—Kagura entra— le ordeno mientras le hacía frente al hombre que era incapaz de moverse.
Sesshomaru le sacaba más de diez centímetros de altura. El tipo de hombres abusivos como Reed, se creían superiores ante los más débiles. Pero cuando se encontraban con alguien más fuerte que ellos, se volvían unas completas gallinas. Cuando vio que Kagura cerraba la puertas tras ella, se recostó a está impidiéndole el paso a cualquier persona que quisiera entrar a interrumpirlas. Reed lo miraba con furia, pero seguía paralizado al otro lado del pasillo.
Kagura salió casi dos horas después. De nuevo Sesshomaru repitió su acción y se colocó como escudo entre ella y su padre.
—Necesito tomar algo— dijo ella con voz entrecortada.
— ¿Te apetece la cafetería o quieres algo más?
—La cafetería está bien.
Entraron en la cafetería del hospital, para la tranquilidad de Kagura estaba casi vacía. Tras pedir unas sodas. Ella por fin hablo.
—Gracias.
—No tienes que agradecer nada.
—Sí, yo me comporte horrible contigo y tú aun viniste aquí por mí.
Él se quedó en silencio. Había ido porque siempre le han molestado los hombres abusivos y no le gustaba ni un poco el padre de Kagura.
—Éramos amigos antes de ser algo más y con lo otro, admito que yo te lleve al límite.
—Yo fui una tonta por irme y más tonta aun por no volver su arrepentimiento era sincero.
—No ganamos nada con lamentarnos por el pasado— dijo a sabiendas de que hasta hace unos días se había metido una buena borrachera por ella.
—Supongo que nuestro futuro ya ha sido dictado —Kagura sabía que su relación era algo irreparable.
—Cada quien es libre de buscar lo que quiera para su futuro. Eso no significa que se tenga lo que se desea o que tenga que aceptar lo que ha conseguido —sus palabras se referían a ella. Él la escogió y ella huyo.
— ¿Tú haz…? —Kagura fue incapaz de terminar su pregunta.
—¿He qué?
—¿Encontrado lo que quieres?— formulo su pregunta consiente de que él sabría que se refería a una mujer.
¿Lo había hecho? Hasta hace un tiempo todo lo que deseaba era que ella regresara y ahora que lo había hecho solo podía sentir un cariño sincero por ella. No tenía la necesidad de besarla ni mucho menos de hacerla suya. No se veía obligado a verla feliz ni compartir su propia felicidad con ella. Ya no quería recorrer el mundo a su lado. En ese momento todo lo que quería era llegar a la mansión y ver como hacía para meter a Rin en su habitación y hacerle el amor toda la noche. La respuesta era clara.
—Si— había encontrado justamente lo que necesitaba, o más bien, a quien necesitaba para su futuro.
Ella sonrió.
—Es algo agridulce escucharlo, una de las cosas que deseo es que seas feliz —trato de que su voz no se quebrara.
—¿Tu lo encontraste? —pregunto queriendo saber si la agonía de ella también había valido la pena.
—Yo no he podido tener una relación con alguien más admitió ella . Hace más de un año en Edimburgo, conocí a un hombre, su nombre es West, él es increíble sus ojos se iluminaron al nombrarlo pero no puedo tener una relación. Siento que en mi eso es imposible.
—Lo invitas a quedarse y lo echas en la madrugada. Revoloteas a su alrededor y corres cuando intenta capturarte —casi podía escribir una novela sobre el sufrimiento que debía tener el pobre hombre en ese momento, después de todo así había comenzado su propia relación—. ¿Por qué no dejas que simplemente se quede en tu vida? ¿O acaso quieres esperar a que te manipule para que permanezcas tú a su lado? —Exactamente eso era lo que él había hecho No tiene por qué ser de esa manera—. No tienes que dejar que el mal nacido de Reed siga influyendo en tu vida.
—Sé que tienes razón.
—Deberías intentarlo. ¿Sabe de mí?
—Sí, sabe todo.
—Entonces debe estar sufriendo como un desgraciado. Olvídate de todo y vete a Escocia. Toca el violín allá. Se libre, a su lado.
Kagura sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Gracias— musito—. Una vez que mi madre...— no era capaz de pronunciar esas palabras —, cuando se haya ido, regresare.
Sesshomaru llevo a Kagura a buscar su automóvil en el estacionamiento del hotel donde habían hecho la conferencia. Él se bajó con ella.
Si necesitas mi ayuda para ver a tu madre, llámame.
—Lo haré —ella le dio un abrazo —. Gracias por todo.
Sesshomaru no respondió. Kagura sonrió, se subió a su auto y se fue.
Cuando llego a la mansión eran casi las 9, probablemente ya todos habían cenado y ¿Qué era ese ruido? Inuyasha, pensó. Cumpliendo con sus sospechas se encontró con un Inuyasha bastante alegre bailando con Ayame en la terraza del fondo, Ayumi y Rin estaban sentadas en las tumbonas, mientras que Jacken y Lee estaban en el comedor. Estos últimos se paralizaron al verlo. El sin embargo no pudo evitar quedarse detrás de la puerta observando como su hermano hacia el ridículo.
—Sesshomaru —grito Inuyasha bastante contento— . Te estábamos esperando para hacer un brindis.
Él arqueo una ceja.
—Por lo que veo, el brindis comenzó hace mucho rato —dijo sarcástico.
—Vamos, deja lo amargado —Inuyasha le paso un brazo por los hombros— . Rin, sirve las copas y le das una a mi hermano el gruñón.
Sesshomaru no pudo evitar que se le escapara una mediana sonrisa, Inuyasha estaba hasta atrás y aun así maquino el utilizar a Rin para hacerlo participar.
Rin le entrego la copa un poco temblorosa, sus ojos brillaban más que de costumbre. Conclusión, ella también tenía una buena dosis de alcohol en su cuerpo. Bien, así no tendría problemas para convencerla que pasara la noche con él. La última vez que estuvieron juntos ella salió corriendo a su habitación cuando terminaron. Esta vez él quería, o más bien necesitaba que se quedara toda la noche.
—Por Sesshomaru Taisho, el mejor arquitecto de Japón que construirá el mejor hotel de toda Okinawa.
Todos aplaudieron y se arremolinaron a su alrededor para felicitarlo. Rin, se puso especialmente nerviosa cuando fue su turno y él no la ayudo al decirle al oído que le encantaba su olor.
Y para sorpresa de todos, por primera vez en mucho tiempo, Sesshomaru se quedó bebiendo con ellos. ¿Por qué lo hizo? Quizás él también debería seguir sus propios concejos y permitir que las personas que lo querían se acercaran a él. Esa era una muy buena ocasión para comenzar.
—¿Nadie les ha dicho que son unos terribles bailarines? —pregunto Sesshomaru, refiriéndose a Inuyasha y Ayame.
Rin negó con la cabeza. Sesshomaru ocupaba ahora el lugar de Ayumi, quien había desaparecido de repente y ahora estaba con Jacken y la Sra Lee.
—Nadie quiere herir sus sentimientos.
—No deberían ser tan condescendientes.
Ella se inclinó para coger su trago de la mesa, en ese momento Sesshomaru aprovecho para meter su mano por debajo de su chaqueta. Ella dio un brinco en respuesta.
—Pueden vernos— le dijo tratando de librarse del brazo que la agarraba fuertemente por la cintura.
—Esta oscuro —replico él en su defensa.
—No tanto y...
—Rin, si no te callas. Voy a besarte.
Ella se paralizo y lo miro de hito en hito.
—Están todos aquí.
Él se encogió de hombros.
—Ya que importa, se darán cuenta tarde o temprano. Por si tu lo notaste Ayumi nos dejó solos apropósito, Inuyasha te utilizo para hacerme aceptar el brindis y Lee bueno Lee es Lee, ella siempre se da cuenta de todo.
—¿Quieres decir que ellos tres saben que tú y yo?
—Saben que me gustas y saben que te gusto. Lo demás son solo sospechas.
Rin sintió sus mejillas arder.
—¿Ayame también?
—No, Ayame nunca sabe nada.
En ese momento, como si la aludida los hubiese escuchado, soltó un grito. Ha comenzado a nevar.
Rin se levantó jalándolo con ella y corrió hacia el jardín dando vueltas como una chiquilla.
—Nuestra primera nevada juntos— susurro para que solo él pudiera escuchar.
Tres horas después Rin estaba con Ayumi acostando a su gemela que ya no podía con su alma.
—Voy a quedarme a dormir con ella— dijo Ayumi.
— Sí, creo que necesita compañía.
Ambas se echaron a reír y tras darle un beso en la mejilla de despedida salió de la habitación, para irse a la suya que estaba justo al lado.
—¿Se durmió? —Rin dio un brinco al escuchar a Sesshomaru detrás de ella.
—Me asustaste— él, no pareció arrepentido— . Si, Ayumi se quedara con ella. ¿Inuyasha se quedó tranquilo?
—Sí, esta como un bebe.
—Sera mejor que también nos vayamos a acostar.
—Es la mejor idea que has tenido.
Ella lo miro confundida y él sin más la alzo en sus brazos y se la llevo a su habitación. Ella protesto un poco, pero cuando estuvieron dentro y el comenzó a besarla todo lo que quiso fue que él jamás se detuviera.
Sesshomaru la desvistió con destreza, ella un tanto mareada por el alcohol no pudo hacer nada para ayudarlo. Antes de que pudiera reaccionar estaba en la cama con él sobre ella recorriendo con besos su cuerpo. Él se detuvo en su vientre y separándole las piernas con sus hombros comenzó a besarla en la cumbre de su pasión. Su lengua la saboreaba mientras que sus labios la succionaban. Rin sentía que iba a desmayarse hasta que el introdujo un dedo en su interior sin dejar de chuparla, en ese momento estallo con sonoros gemidos. Él, satisfecho con su trabajo la puso boca abajo y la penetro de esa manera, Rin se arqueo haciendo que la penetración se hiciera más profunda. Sesshomaru marco un ritmo sin piedad que hizo que Rin volviera a estallar de placer ante su orgasmo. Él busco su propio placer inmediatamente después. Ambos cuerpos se entrelazaron el uno con el otro y Sesshomaru perezosamente se aferró a ella.
—Tengo que irme.
Él se negó a soltarla.
—Van a enterarse que pase la noche contigo.
—No me importa —decía la verdad.
—Sesshomaru, por favor suplico.
—Si te quedas, te daré una sorpresa en la mañana.
—¿Qué cosa?
—Solo si te quedas lo sabrás.
—Te han dicho antes que eres un manipulador— dijo en tono de broma.
—Una que otra vez —admitió sonriente.
—Me quedare, pero solo por hoy.
—Mañana también te quedaras— ella estuvo a punto de replicar— .Pero eso lo discutiremos mañana.
Rin se acomodó en sus brazos, después de todo esa era la sensación más maravillosa que conocía. Estar en los brazos del hombre que amaba.
Sesshomaru abrazo a Rin y supo que la quería a su lado por el resto de su vida.
Gracias por leerme.
Besos.
