El bombeo en su corazón se hacía cada vez más rápido, a medida que el vehículo avanzaba acercandolos hacia aquella mansión. Rin, no sabía hasta qué punto era prudente traer a Kogan con ella. El joven moreno de ojos azules estaba claramente enamorado de ella, y aunque el tenía claro que ella no le correspondía, haberlo invitado al compromiso le brindaba ilusiones que ella no podía cumplir.
La mansión tan imponente como siempre, tenía un camino con luces hasta la entrada. A pesar de estar en verano, la noche estaba bastante fría. Entraron en aquel recibidor y Ayame estuvo encima de ella casi de inmediato.
—¡Por Dios estas hermosa! —exclamó casi haciéndola sonrojar. Sin embargo no lo demostró.
—Ayame te presento a Koga, un amigo.
Koga tomó la mano de la joven entre la suya
—Es un placer conocerla.
Los tres permanecieron en el salón por un rato. Los novios estaban arriba, Ayame le había dicho que bajarían en un rato. Entretanto se quedaron conversando cerca de la ventana que daba al jardín. Rin, estaba intranquila y totalmente alejada de la discusión, no escucho cuando Ayame le dijo que su hermana y la Sra Lee estaban arriba con Kagome. Ella se dio cuenta de su estado y trató de prestar atención a las ocurrencias de sus dos acompañantes. Su nerviosismo había sido en vano, Sesshomaru no estaba allí. Nunca espero que le restutase tan decepcionante. Sinceramente ella esperaba poder decirle unas cuantas cosas en su cara de palo.
Kagome e Inuyasha bajaron un rato después, para ese entonces ella se encontraba junto con las gemelas y la Sra Lee en el lado de los familiares, eso para ella era un privilegio, había perdido muchas cosas si, pero se había ganado una gran familia. Koga estaba a su lado por supuesto, su brazo descansaba en su cintura. Los novios bajaron las escaleras, Kagome llevaba un vestido azul de corte imperial. Inuyasha iba en un traje gris plata impecable.
Tras unas palabras de agradecimiento a los invitados, anunciaron su compromiso. Sirvieron las copas para hacer el brindis en honor a la pareja recién comprometida. Un mesero paso la bandeja con copas, Koga retiro la mano de su cintura para coger dos copas. Ella se giro hacia la mano que le ofrecía aquella copa y un escalofrío recorrió su cuerpo. Se quedó inmóvil por un segundo antes de reaccionar y volver su mirada hacia la pareja, Koga regreso su mano izquierda a su cintura. Se estaba volviendo loca. La entrega de copas continuo por lo menos por un minuto más. Rin, sentía como si alguien la estuviera mirando fijamente.
—Tu amiga es muy bonita — dijo Koga, se acercó a su oído para susurrar—. Claro, no tanto como tu. Tu eres hermosa— enfatizó.
Su respuesta se perdió ante las palabras de Inuyasha hacia su futura esposa. El aire romántico de la sala se impregnó en ella.
—Por los futuros esposos— los presentes alzaron sus copas y las chocaron, Kogan choco su copa con la de ella. Rin, bebió aquel líquido dorado buscando alivio, necesitaba algo más fuerte. Aquella voz barítona hablo de nuevo—. Se me hizo tarde — escucho que decia. Ella no se estaba volviendo loca, su cuerpo había sido completamente consciente de él momento en el que Sesshomaru había llegado. Ahora estaba parado detrás de ella siendo interrogado por Ayame.
Ella no iba a huir, trayendo a Kogan con ella se giro para quedar frente a él. Tuvo que poner todo su esfuerzo para mantener su postura, con la cabeza en alto y el cuerpo erguido lo miró. Los ojos más dorados que alguna vez hubiera visto, estaba allí, frente a ella, mirándola con la intensidad con la que un tigre miraba su presa. No aparto su mirada ni se sonrojo. No bajo la cabeza y su mirada se mantuvo altiva ante la de él. La mujer que el tenía al frente era muy diferente a la que dejó hace casi tres años.
—Iremos a felicitar a los novios— Rin, de dirigió a los otros miembros de la familia.
—Yo también voy —Ayumi se unió a ellos.
Rin, suspiro de alivio. Ya lo primero estaba hecho. La pareja recién comprometida, era rodeada por la multitud, todos querían darle sus felicitaciones.
Ellos por fin quedaron delante de fila —Felicitaciones —les dijo a ambos haciendo una reverencia. Kagome les devolvió una amplia sonrisa.
La sensación de ser observada no se iba de su cuerpo.
—No te quita los ojos de encima — dijo Koga.
—¿Que dices?
—Era él verdad. El otro tipo de cabello plateado. Apuesto a que en este momento quiere matarme solo porque tu vas colgada de mi brazo.
Rin, le había contado a Grace y a él quien era Sesshomaru y lo que le había hecho. Koha se ofreció a ir a la fiesta con ella utilizando eso como escusa. Dio otra mirada en dirección a donde estaba Sesshomaru, seguía parado con Ayame. Kagura no estaba por ningún lado. ¿Habrá venido solo?
La pareja inicio el baile con un vals. Ellos se deslizaban por la pista causando el suspiro de más de una de las mujeres allí presentes
—¿Quieres volverlo loco? —le susurro Koga al oído. No espero su respuesta para agregar —¿Baila conmigo esta pieza?
Rin sonrió por lo exagerado de sus movimientos—¿Por qué no iba a querer hacerlo?
Koga no espero más y la condujo de su brazo a la pista de baile la cogio por la cintura y comenzaron a moverse al compaz de las notas de Vivaldi —. Los ricos y su gusto por la música clásica — a pesar de su comentario Koga se movía perfectamente por el salón como un bailarin experto. Era muy fácil dejarse llevar por él. Con cada vuelta su vestido se arremolinaba en sus piernas, y la abertura del vestido dejaba al descubierto su pierna. Ella era plenamente consciente de que más de uno de los hombres volteaban a verla.
Sesshomaru fue plenamente consciente de cada paso dado por Rin durante el maldito baile, cada vez que daba una vuelta si pierna quedaba al descubierto. El maldito con el que estaba bailando la tocaba demasiado personal. Quería ir y arrancarsela de los brazos. Quería ser él quien bailará con ella. Se bebió la copa de vino de un solo golpe. Sus puños apretados. Quería matarlo.
La pieza de música terminó y Rin fue con Koga a la mesa de las bebidas, Ayumi estaba allí con un joven que no había visto antes.
—Bailaron increíble —le dijo la muchacha.
Los dos hombres se saludaron con una leve inclinación. Después de las debidas presentaciones los cuatro jóvenes salieron al jardín, congeniaron inmediatamente. El grupo estaba sentado en los muebles del jardín, una copa de vino tras otra. Rin estaba comenzando a marearse cuando Koga le pidió que bailar de nuevo.
No fueron a la pista de baile, en cambio se quedaron bailando allí mismo, Koga sonreía cuando le dijo — Mira hacia la derecha — ella alzó su Cabeza por encima de sus hombros, Sesshomaru estaba recostado a la pared. Su vista sobre ella. ¿Qué derecho tenía él de mirarla así? ¿Por qué no estaba en el salón bailando con Kagura? ¿Dónde estaba Kagura? —Cierra los ojos — no tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió los labios de Koga sobre los suyos. Un beso suave, a penas rozando sus labios. El sonido de un cristal rompiéndose los sobresalto. Miraron hacia donde se había producido el sonido. Sesshomaru desaparecía por la puerta mientras que un mesero recogía los cristales.
—Perdón, creo que se enojó —Koga no parecía nada arrepentido.
La única razón por la cual aún seguía en esa fiesta era el presentimiento de que algo iba a salir mal. Lo primero en lo que se había fijado Sesshomaru era en Rin, su belleza destacaba con creces. El maldito vestido era casi una segunda piel, sus pechos estaban casi afuera y lo que le molestaba más era la abertura del muslo. Cada hombre en esa maldita fiesta podía tener una visión completa de su pierna. Luego estaba ese otro mocoso que la acompañaba, la trataba con demasiada familiaridad, bailaba con ella como si estuviera acostumbrado a hacerlo. El vestido era una desgracia para él. A decir verdad en lo único que podía pensar era en como castigarla por atreverse a usar ese vestido delante de tanta gente. Quería llevarsela a su cuarto y hacerla suya sin quitarle el vestido. Quería que ella supiera que el era era su dueño. Rin era suya, no importa si era otro el que estuviera bailando con ella.
No supo si fue por másoquimo o curiosidad que terminó saliendo al jardín donde estaba ella. De nuevo estaban bailando, tan juntos. La sensación de algo quemandose lo invadió. Ahora lo único que quería era matar al maldito que se atrevía a tocar a su mujer de aquella forma. El beso fue la gota que derramó el vaso. No se dio cuenta de que estaba apretando la copa hasta que se partió en su mano.
— Debo felicitarte por tu buen gusto, es una mujer hermosa.
Sesshomaru volteo su mirada para encontrarse a la cara con Naraku. Maldición, ¿Quién demonios lo había dejado entrar? Otra vez se había descuidado y había dejado que Naraku lo descubriera observando a Rin. Tenía que alejarlo de ella lo más rápido posible.
Inuyasha llegó tras Naraku, Sesshomaru dejó caer los pedazos de cristal al suelo antes de entrar de nuevo a la mansión arrastrando a Naraku con el.
—¿Qué demonios haces aquí? —Inuyasha preguntó con desprecio.
Naraku se encogió de hombros —Vine por curiosidad, quería ver encontraba algo que es mío. Pero Sesshomaru es tan egoísta.
Inuyasha lo miro buscando una respuesta. Naraku claramente los estaba provocando, quería que se peleasen entre ellos.
—Si lo que quieres es que Inuyasha y yo discutamos pierdes tu tiempo.
—Como sea, me apetece disfrutar de esta fiesta un rato. A menos que estés en contra Sesshomaru — se acerco para susurrarle — a menos que quieras que Inuyasha se entere de que eres el nuevo amante de Kikyo.
—Vas a lárgate ahora mismo —bramo Inuyasha.
—Cálmate, no quieres un escándalo en tu ceremonia de compromiso.
—¿Te has vuelto loco? ¿Piensas permitir que este tipo se quede?
—Si no se ha ido en una hora yo mismo lo sacaré.
Rin se sentía un poco mareada por el vino, la última copa se había visto obligada a rechazarla. Su risa brotaba de ella casi a carcajadas por el último chiste del novio de Ayumi. Una jovencita llegó de nuevo con un par de copas. Rin la rechazo pero la muchacha ya tenía el brazo extendido hacia ella, en consecuencia el líquido de color vino cayó sobre su vestido, mojando la parte del escote. Ella casi sintió como si la mujer lo hubiera hecho a propósito.
Se levantó con una maldición — Iré al baño. No, Ayumi quédate, conozco el camino de memoria.
Si ella no hubiera estado tan mareada habría notado que no estaba sola en el camino al aquella habitación. Una vez dentro abrió el grito e intento secarse la piel. Pronto descubrió que no tenía toallas, tendría que ir al baño de arriba. Subió por las escaleras de la cocina y fue hasta el baño de la salita que iba a dar a la terraza. Cogio una toalla y la humedecio, luego la paso por sus pechos. Una vez estuvo satisfecha salió.
Rin se sobresalto al ver aquella figura masculina, al principio pensó que podría ser Sesshomaru pero rápidamente se dio cuenta de que estaba ante un desconocido.
—Eres una flor bastante hermoso—la voz de aquel hombre le provocó escalofrios—. Ahora al verte de cerca puedo entender porque Sesshomaru te mira tanto. Una noche entre tus piernas debe ser la gloria.
Rin deseo poder cubrir su cuerpo de aquella mirada lascivia, era repugnante. Sin embargo el hombre no se acercó a ella, con una sonrisa casi diabólica se giro sobre sus talones y abandono aquella habitación. Rin aún desconcertada se negó a salir de esa sala. O por lo menos en dirección a la habitación, salió a la terraza donde nadie de los que estaban abajo podrían verla. Se sentó en el sofá y su mente se perdió entre sus recuerdos y una pregunta fue lanzada a su cabeza.
¿Si Sesshomaru estaba con Kagura por qué no la había traído con él?
El humor de Sesshomaru estaba hecho jirones. No soportaba ver a Rin con ese tipo y tampoco podía hacer nada por evitarlo, no con Naraku pisandole los talones. Si de algo estaba seguro era de que su enemigo estaba allí con la final de descubrir quién era su verdadera debilidad. Subio por las escaleras de servicio, iria al balcón de la salita de estar, desde allí podría observar a Rin sin que Naraku lo notase.
El que la puerta estuviera entreabierta le dio mala espina, el que la puerta del balcón tambien lo estuviera lo afirmó. Sigilosamente entro en aquel recinto. Las puertas francesas reflejaron en sus vidrios un bulto negro. Su respiración de detuvo ante su visión.
Rin yacia dormida de medio lado sobre los cogines de tela, su pecho subia y bajaba, su pierna ligeramente inclinada sobresalia de su vestido. Cualquiera pensaría que estaba frente a un angel. Con cuidado de no hacer ruido cerro las puertas y se sento frente a ella. El calor se filtro por su ingle, no había nada mas tentador en este mundo que ella. Se apretó la mano que se había vendado hace un momento, el dolor fue poco en comparación con el deseo de poseerla allí mismo. Se veía tan tranquila, tan indefensa. En apariencia había cambiado un poco, eso era algo que ya el sabía. Algunos días no podía evitar pasar en su auto por los lugares donde él sabía que ella estaría. No pudo evitar tampoco que su mano fuera hacia la mejilla de Rin, su piel sedosa se impregno en sus dedos. Se mordió los labios ante la necesidad de besara. Sus dedos fueron hasta su cuello y cuando le comenzó a quemar se obligó a cortar el contacto. Si ella hubiese estado consciente, seguramente lo habría golpeado.
Nadie podría culparlo por estar tirado en el suelo observándola, ni por querer grabarse su olor, ni por sentir su respiración. Estuvo considerando besarla por un largo rato. Maldijo cuando el tiempo se le acabó, ella comenzó a moverse y a murmurar, tal y como lo hacía siempre que él la despertaba.
Rin se despertó mareada, sentía casi como si viajara en el interior de un barco. En algunas partes de su cuerpo sentía más calor que en otras, como si alguien hubiera dejado un rastro de fuego en ella. Sintió que se estaba volviendo paranoica cuando pensó que ese rastro tenía el olor de Sesshomaru. Poniendo todo su esfuerzo en ello logro sentarse. Estuvo a punto de volver a tirarse el mueble cuando lo vio, parado en el barandal mirando hacia la fiesta, su idea de volver a echar a dormir se disipo de inmediato. Con la cantidad de ruido que ella había hecho era seguro que el ya había notado que ella estaba despierta.
— No debias beber mas alcohol del que puedas tolerar – le dijo sin ni siquiera voltear a verla.
Vaya y eso lo decía quien una vez la había emborrachado.
— No es de tu incumbencia si yo bebo o no mas de lo que pueda tolerar – respondió ofendida.
— Tienes razón – se disculpo. Rin, se preguntó, ¿Cómo demonios podía hablar con esa calma?
Sesshomaru se volteo y ella se encontró con esos ojos. No, no iba a volver a caer en eso. Ella se enderezo. El estiro su mano delante de ella.
— Puedo levantarme sola – dijo rezachando su mano.
El se encogio de hombros – Como quieras.
Hizo todo lo posible para no tambalearse mientras se levantaba, la mirada dorada sobre ella tampoco ayudaba. Era profunda, como si quisiera ver a través de ella, como si quiera decirle todos sus secretos.
Se odio por trastabillar un poco, lo odio a el por sostenerla. Se odio por ser consiente de su brazo en su espalda, por su respiración sobre su cabeza, por la visión de su cuello, por la tela de su pantalón rozando su pierna desnuda. Se odio aun mas por disfrutar su olor y su calor. Se odio a si misma por querer besarlo, lo odio a el por no hacerlo.
Sesshomaru lo considero, ella estaba mareada por el vino, lo estaba mirando de aquella forma sublime. Si la besaba podía echarle la culpa a ella. Sus respiraciones era agitadas. Anhelo aquellos momentos donde ella había estado desnuda en sus brazos, cuando se habían acariciado y hecho el amor hasta la madrugada. Al diablo con todo, la besaría.
Y en ese momento ella recobro su cordura. Se aparto de él bruscamente.
— Creo haberte dicho que no necesitaba tu ayuda— su voz tembló un poco al hablar
—Lo siento, ibas a caerte— ¿una disculpa?
—Intentaré no caerme por mi misma.
—Dile a Lee que te de algo para mejorarte.
Eso fue la gota que colmó el vaso
—No, necesito de tu ayuda, ni de tus consejos, ni de tu dinero. No quiero nada de ti. ¿Puedes dejar de hacerte el bueno y comportarte como lo que realmente eres?
—¿Qué crees tu que soy?
—Un maldito manipulador— su voz era dura y su cuerpo seguía rígido, nunca en su vida lo habían insultado con aquella dignidad —. Me utilizaste para satisfacerte y luego cuando tu novia volvió te largaste sin darme la cara.
—Te recuerdo que no fui yo quien se encerró como un niño malcriado en su habitación —eso fue un reclamo desde el fondo de su corazón.
—¿Qué querías que hiciera, te vi con ella. No sólo yo. Todos te habían visto con Kagura — le dolió pronunciar ese nombre —. La acompañabas al teatro, tu... —tuvo que parar para tomar aire. No iba a llorar delante de él.
—¿y eso que? — su pregunta tenía cierto deje de dolor —. Yo te vi con Kohaku encima de ti, besandote —las pupilas de Rin se dilataron—, no me fui a encerrar como un maldito niño malcriado. Me quedé ahí y al ver tu rostro vi que le tenias miedo, vi que querías abrazarme— la voz de Sesshomaru volvía a ser melodiosa.
—Yo no me fui con Kohaku a la playa un día después.
—No, no lo hiciste. Yo tampoco lo habría hecho si me hubieras escuchado— no pudo evitar aquella melancolía. Se suponía que esa semana en Okinawa la pasaría con Rin.
—¿Por qué no la trajiste?
—Mi familia no la quiere, iba a ser incomodo para todos —claro, y mas porque Kagura y West se habían casado hace seis meses y ahora ella estaba embarazada.
—Que considerado de tu parte. Yo en cambio debo regresar a la fiesta, no se por cuanto he dormido y mi compañero debe estar buscándome.
Y tras decir eso salio, no se detuvo a ver si el la había seguido.
— Te he estado buscando como loca—le dijo Ayumi.
— Estaba mareada y después de limpiar el vestido me quede para serenarme un poco.
— Vamos con los chicos.
La velada de la que se había perdido solo diez minutos transcurría plácidamente, los bailarines se arremolinaban en la pista de baile, los hombres bromeaban en una esquina alrededor de una mesa, tenían un juego de cartas y mucho alcohol. Las parejas mas conservadoras estaban en el jardín, La familia Taisho estaba reunida cerca de la pista de baile, Rin fue hasta allá.
—¿Pasó algo? —le preguntó Koga una vez que estuvo a su lado —. Luces un poco... acalorada.
—Me quedé dormida —no le contó su encuentro con Sesshomaru.
—Las chicas quieren bailar, ¿Te importaria?
Ella negó —Adelante.
Koga fue con Ayame a la pista de baile, Ayumi hizo lo mismo con su novio, incluso la sra Lee había ido con Jaken. Rin se vio sola en aquella mesa. Si hubiera sabido esto no habría bajado.
—Si, yo fuera ese jovencito no la dejaría sola ni un segundo— de nuevo aquel hombre que vio en la salita—. ¿Me permite? —el hombre le extendió la mano, ella lo pensó un poco antes de tomarla.
—No me gusta bailar con desconocidos — respondió más cortante de lo quiso. Ese hombre le daba mala espina.
—Naraku Yamada a su servicio—Rin sintió su estómago revolverse. Ese era el enemigo de los Taisho. ¿Qué hacía aquí?
El seguía con su mano extendida, más por curiosidad que por cualquier otra cosa cosa acepto aquella mano y dejo que la condujera al centro del salón. Aquel hombre poseía un tipo de elegancia aristocratica a la hora de bailar, sus movimientos fluidos y desenvoltura le aseguraban que estaba acostumbrado a aquello.
—¿Puedo saber que le trajo a esta fiesta? —Naraku sonrió ante su pregunta.
—Tenía la sospecha de algo y vine a comprobarlo—Rin frunció el señor ante lo ambiguo de su respuesta.
—¿Lo ha comprobado usted? —indagó.
—Digamos que estoy a un vals de hacerlo.
¿Qué?. En ese momento lo vio. Sesshomaru estaba bajando las escaleras, su vista fue a ella casi de inmediato. Su expresión dejó de ser imperturbable, por un instante cambió, fue diferente. Por un segundo ella pudo ver una expresión de miedo. No era más que eso. Su rostro se había transformado en la viva expresión de pánico.
El hombre con el que bailaba le sonrió cinicamente. —Ya apareció —le dijo observando el mismo lugar que ella había estado viendo hace un segundo.
—¿Quién?
—Su tutor, por su puesto. Me causaba curiosidad como un hombre como él terminó cobijando una ladronzuela sobre su techo. Al verla lo comprendí de inmediato, es usted una belleza. No me extraña que el haya caído a sus pies.
—Nadie cayó a mis pies — no planeo aquel recentimiento en su voz—. No se de que habla.
Y antes de que él pudiera responder fue arrancada de su brazos con brusquedad, ella perdió el equilibrio y fue atrapada por la pareja que estaba tras de ellos.
—Aléjate te ella— bramo con furia Inuyasha— .Ya agotaste mi paciencia. Vas a largarte de aquí ahora mismo.
El su vida Rin había visto a Inuyasha comportarse de aquella manera. Todos en la pista de baile se habían detenido para observar aquella escena.
Las personas de seguridad aparecieron casi al instante.
—Acompañen al señor a la salida — ordenó con autoridad.
Naraku le lanzó una mirada burlona.
Si su intención era provocar a Inuyasha lo estaba logrando. Kagome lo cogio por los brazos, un agarre sutil que lo hizo calmarse un poco.
Rin sintió de nuevo aquel choque eléctrico y supo que era ahora Sesshomaru quien estaba tras ella.
—Terminate de largar — su enojo había bajado pero su tono autoritario seguía.
—Yo solo vine a buscar algo que me pertenece — se justificó Naraku —. Si Sesshomaru hubiera sido tan amable de traermelo ya me habría ido.
Rin volteo en ese momento y vio como Sesshomaru respiraba como si mil agujas se clavaron en su cuerpo. Estaba haciendo un gran esfuerzo por controlarse.
—Levenselo —habló Sesshomaru.
El personal no necesito otra orden para empujar a Naraku hasta la salida. Inuyasha, Kagome y Sesshomaru caminaron con los guardias. En busca de respuestas Rin fue tras ellos. Los hombres le quitaron las llaves del automóvil de Naraku y lo estacionario en seguida en la salida. No iban a dejarlo conducir dentro de la mansión.
Este sonrió de nuevo al ver como era empujado hasta la rejas de la salida.
—Sesshomaru—lo miro de frente —. O me devuelves lo que me pertenece o voy a tener que buscar un reemplazo— eso último lo había dicho mirando a Rin directamente a los ojos.
Rin, experimento una sensación de miedo con la misma intensidad de la maldad de aquellos ojos. Sesshomaru se puso delante de ella cortando el contacto.
—No tengo nada que sea tuyo.
—Ya lo oíste. No tenemos nada que devolverte — Inuyasha parecía más calmado con Kagome agarrada de su cintura.
—Si ese es el caso entonces tendras que compensarme. Estaba resignado a viajar a Edinburgo. Pero he encontrado una flor mucho más valiosa— el triunfo era reflejado en su voz —. Si en siete días no has regresado mi flor a jardín vendré a buscar una del tuyo.
—No te atrevas — fuera advertencia de Sesshomaru antes de que Naraku se fuera.
Inuyasha se volteo hacia su hermano.
—Vas a explicarme que demonios esta pasando ahora mismo.
