Capitulo 40
Diez, veinte minutos, tal vez treinta. No estaba segura de cuánto tiempo llevaban allí, todo lo que había en ella era una profunda sensación de vacío, como si su mente no estuviera dentro de su cuerpo. Y no es como si tuviera miedo, ya que en realidad lo único que había visto de Naraku eran su mirada y sonrisa macabra en la fiesta de compromiso, lo que sentía era algo más, como si tuviera la certeza de que estaban a punto de caer en una trampa para ratones, no, se sentía como si en realidad ya estuviera dentro de la trampa, sin escapatoria, sin posibilidad de sobrevivir.
Las cámaras del edificio continuaban sin mostrar nada, inclusive los huéspedes del hotel habían regresado hace rato a sus habitaciones. Ella permanecía en una esquina de la habitación mientras que los dos hermanos estaban sentados frente a los monitores, Kikyo estaba sentada justo a su lado, sin decir una palabra, sin mantener algún contacto.
La situación carecía de sentido para ella, incluso en ese momento cuando su libertad -y su vida- estaba terriblemente en peligro. Todo por un amor no correspondido y una supuesta traición que al parecer el menor de los Taisho y la mujer a su lado debían de resolver, o por lo menos intentar aclarar.
Metió la mano en su bolsillo para silenciar su teléfono por cuarta o quinta vez. Si alquilen mas se había dado cuenta de la insistencia de su llamante, no dijo nada. Ni siquiera Sesshomaru que no dejaba de mirar a las pantallas se había volteado a decirle algo. Por su puesto ella sabía quién estaba llamando y él debía saberlo también, solo por eso no se atrevía a responder. No porque temiese lo que el hombre pensara sino porque no quería arriesgarse a que le arrancara el celular para lanzar acusaciones en contra de Koga.
De nuevo se escuchó un celular pero esta vez fue el de su ex-tutor.
— ¿Qué tienes? —preguntó. Se quedó en silencio un largo rato escuchando por el auricular — ¿Cómo? — si de por si Sesshomaru era frio, escucharlo preguntar de esa manera le helo la sangre — Dame la dirección — le ordenó. Acto seguido se levantó con Inuyasha pegado a él tratando de escuchar la conversación que estaba teniendo lugar al otro lado del aparato — Voy para allá — le escucho decir antes de cortar la llamada.
Los tres lo miraron expectantes. Las miradas de los hermanos se encontraron y compartieron una especie de complicidad, como si estuvieran haciendo un acuerdo que nadie más entendería. Luego se dirigió a ella, hizo el intento de tocarla a lo que ella retrocedió.
— ¿Qué te dijo tu agente? — preguntó arisca.
Sesshomaru desvío la mirada.
— Capturaron a la persona que hizo encender las alarmas. En estos momentos están interrogándola y voy a ir a presenciarlo.
— ¿Es una mujer?
—Sí, es una de nuestras trabajadoras. Quiero saber que tanto conoce sobre nuestra familia. Volveré lo más pronto que pueda.
El no volvió a intentar tocarla y salió de la habitación junto con Inuyasha quien al parecer no había quedado satisfecho con su historia.
— ¿Vas a decirme la verdad o me mentiras a mí también? — Inuyasha lo acusó.
Sesshomaru marcó el botón del ascensor, introdujo la clave y las puertas se abrieron.
—Hay tres personas vigilando la salida del edificio. Una oficial está abajo, ella se hará pasar por una de las chicas y saldré con ella. La intención es tenerles una trampa para que nos lleve a Naraku.
—Te volviste loco. No voy a dejar que hagas semejante cosa.
—Baja la voz maldita sea. Si no lo hago será imposible obtener el paradero de Naraku.
— ¿Qué harás si su intención es matarlos?
—Naraku es un cobarde, pero también le gusta alardear de sus logros. Crees que va a dejarme morir sin restregarme que ha conseguido quitarme a mi mujer.
Inuyasha lo pensó un poco, él tenía razón. Pero eso no significaba que dejara de ser peligroso. Si algo salía mal... Maldición no quería pensar en lo que podría pasar.
—La agente es excelente en su trabajo, no estaré solo.
—Debería ser yo quien vaya.
—Claro, y Naraku sabría de inmediato que es una trampa. Él sabe que jamás te dejaría salir de aquí.
— ¿Saben quién encendió las alarmas?
—Sí, esa persona está vigilándonos — un mensaje llegó a su celular —. Me voy — dijo después de leerlo.
Inuyasha se llevó las manos a la cabeza. Cuando se volteo vio dos pares de ojos femeninos examinándolo detenidamente.
Kikyo habló primero — ¿Te dijo a dónde iba?
—Al interrogatorio — respondió.
— ¿Y necesitaba que le pasará la dirección de la comisaría? — preguntó con las cejas arqueadas.
— Si, bueno... Creo es otro lado.
—Inuyasha—lo reprendió Rin—. Sesshomaru me ha mentido ya demasiado como para que ahora lo hagas tú también. Creo que a estas alturas tengo derecho de saberlo todo.
—Rin, por favor... No...— ella lo miraba de forma reprobatoria y tras una maldición no le quedó otra que contarle la verdad a ambas.
Rin no podía creer lo que estaba pasando, ¿hasta qué punto era capaz de llegar Sesshomaru? ¿No le importaba acaso lo que las personas a su alrededor pudieran sentir?
—No entiendo por qué es tan borde. De la misma forma en la que una agente tomó mi lugar, alguien más podría tomar el suyo.
—No creo que sea fácil copiarlo— repuso Kikyo.
—Es un estúpido orgulloso. Y no entiendo por qué no lo detuviste — agregó acusando a Inuyasha.
—Lo intente, además no iba a dejarlas solas. No sé si Naraku sepa o no si estoy aquí y tampoco iba a arriesgarme para comprobarlo.
Kikyo vacilo un poco antes de decir —Tal vez fue buena idea, desde hace tiempo Sesshomaru ha estado tumbando sus planes, como sea él es la mejor carnada.
— ¿Cómo puedes hablar así? — Reclamó Rin—. Todo esto es tu culpa, Sesshomaru me mintió por ayudarte, se ganó el odio de Naraku y ahora él quiere hacernos daño. Si tu no hubieras... — se interrumpió al sentir la mano de Inuyasha en su hombro.
—Siento mucho que hayas quedado metida en medio de todo esto y no solo tú, sino también Sesshomaru. Esto es algo en lo que soy igual de culpable que Kikyo, ambos nos dejamos arrastrar por Naraku y en mi caso me traje conmigo a mi hermano y en consecuencia a ti también.
En ese momento se sintió avergonzada por haber lanzado lo primero que se le vino a la mente.
— Sé que te preocupa Sesshomaru — agregó Inuyasha —. A mí también me preocupa, pero Kikyo tiene razón, él es lo mejor que tenemos para llegar a Naraku. Además, es un adulto y tiene muy claro lo que hace y las consecuencias que pueden acarrear sus actos.
—Lo siento, yo... de verdad no quise... — era una muy mala interpretación de disculpa.
—No importa — intervino Kikyo —. Yo tampoco debí decir eso abiertamente.
—Será mejor que vuelva, alguien debería vigilar las cámaras.
Sesshomaru, ¿Por qué siempre tenía que actuar de esa manera? Si algo le pasaba... Si algo le pasaba ella moriría.
—Todo listo — habló la mujer de cabello negro a la persona al otro lado del micrófono.
La agente estaba perfectamente camuflada con el estilo de Rin. Ambos estaban dentro del auto deportivo de Sesshomaru y al confirmar la orden desde la base abandonaron el edificio.
Casi al instante notaron que una camioneta negro los estaba siguiendo, cinco cuadras adelante un volvo verde oscuro se unió a ellos. Se estaban limitando a seguirlos y eso tenía a Sesshomaru cabreado. No quería siquiera pensar en qué eso podía ser una trampa para él, tal vez lo que Naraku quería era alejarlo del pent-house tal y como el día del teatro. Respiro profundo y se obligó a mantener la calma, Inuyasha estaba con Rin y como fuera el la protegería, luego estaba Lion que estaba justamente dentro del hotel.
—Tengo un mal presentimiento— dijo mientras cruzaba a la avenida menos concurrida
—El jefe me está indicando que hay alguien tratando de entrar al edificio — el auto se tambaleó por unos segundos de la misma forma que su concentración —. No se preocupe— se apresuró a decir —, la situación está controlada. Nosotros debemos seguir.
Sesshomaru maldijo en su interior, realmente esperaba que la policía hiciera su trabajo. Pensando en que algo así podría suceder decidió dejar a Lion en el hotel. Sólo le quedaba confiar en que ambos equipos hicieran bien su trabajo.
Se detuvo frente a un semáforo, su mente aún ida en los pensamientos sobre el peligro que Rin estaba corriendo en ese momento. Por un segundo miró a su izquierda. La luz cambió a verde, movió la palanca y piso el acelerador, volvió a mirar a la izquierda. Un par de ojos rojos lo miraron antes de pasarlo. Ese color de ojos solo se los había visto a una persona.
Naraku.
Las luces ligeramente amarillas iluminaban la mitad del rostro del hombre, su cabello plateado resaltaba en contraste. Él se había quedado mirando hacia el pasillo por donde había desaparecido la joven hace algunos minutos. Durante ese tiempo ninguno había dicho una sola palabra.
Y es que bueno... ¿Qué se supone que le decías a la persona que creías que te había engañado y por ello tú lo habías engañado de vuelta? Un "lo siento "no le parecía suficiente. Pero de igual forma no tenía las agallas para decirle algo más. No después de todo lo que había pasado.
Inuyasha seguía sin poder mirar a Kikyo, el solo imaginar todo lo que había pasado le provocaba náuseas. Y más aún por pensar que él también había parte de la culpa en eso.
—Iré a donde esta Rin— anunció ella después de un largo rato.
—Espera— dijo antes de pensar en las palabras.
Ella se detuvo.
—Yo...
—Está bien Inuyasha, no tienes que decir nada. No hay ninguna obligación entre tú y yo.
—No quiero hablar por obligación, simplemente es algo que necesitamos aclarar. Yo no te fui infiel.
—Y yo tampoco o por lo menos no de verdad— giro sus talones para poder mirarlo de frente—. Yo te vi en ese club rodeado de mujeres y pensé lo peor.
—Yo fui al club pero no estuve con nadie, solo pensaba pasar un rato e irme. Y eso fue lo que hice. Esas mujeres se acercaron a nuestra mesa diciendo que venían de parte de un amigo. Cuando vi lo que pretendían me fui.
—Yo no me acosté con Naraku el día de nuestra boda. Yo le conté que te había visto en ese club y él me propuso hacerte creer que también te engañe. Fue por eso que nos viste juntos ese día, después de eso él se portó realmente bien, tú sabes todo lo que anteriormente hizo por mí familia. Confíe en él. Nos casamos y cuando... cuando—apretó los puños —... se volvió loco porque no pude.
— ¿Llego a golpearte?
—No personalmente, siempre le ordenaba a Origino que lo hiciera.
Inuyasha respiro profundamente antes de continuar. Si había algo que no podía perdonar era el que abusara de una mujer. Que esa mujer fuese Kikyo le hervía la sangre. Ahora mismo quería encontrar a Naraku y golpearlo hasta que suplicara por su vida, luego se reiría y lo seguiría golpeando hasta que no le quedara ni un solo hueso sin romper.
—Ese maldito merece morir, pero no de una forma rápida.
—La policía está haciendo su trabajo para detenerlo. Sesshomaru ha estado trabajando en ello también.
—No debieron ocultármelo.
—Yo le pedí que lo hiciera. Tú estabas con alguien, no tengo el derecho de interrumpir tu vida después de lo que hice.
—Pensabas que yo te había engañado.
—Pero aun así no justifica el que yo también te engañara, debí haber hablado contigo en ese entonces.
—Al igual que debiste hablar conmigo antes. Pudimos haberles ahorrado un infierno a ellos — con ellos se refería a Rin y Sesshomaru.
— Yo trate de que Sesshomaru hablara con ella, incluso Kagura...
—Kagura también lo sabía — bufo. Pasó sus manos por la cabeza ante la incredulidad —. No puedo creerlo.
—Lo supo porque Naraku quiso matarla. Ese fue el día en el que Sesshomaru decidió alejarse de Rin. Creyó que algo podía pasarle a ella si la tenía cerca.
La respuesta de Inuyasha quedó guindada en el aire ya que un pitido agudo hizo que se volviera. El ascensor se abrió y una figura masculina apareció ante ellos.
—Lion —musitó Kikyo.
— ¿Qué haces aquí? —Preguntó Inuyasha con brusquedad—. Se supone que estarías con Sesshomaru.
El investigador permaneció callado y le dirigió una mirada de súplica a Kikyo. Ella asintió con la cabeza dándole a entender que estaba bien y qué podía continuar con lo que sea que le pensará decir.
—Hubo un ligero cambio en los planes.
Rin que había salido del cuarto de las cámaras preguntó: — ¿Dónde está Sesshomaru?
—Verán...
—Habla de una buena vez — ordenó Inuyasha.
—Habían varias personas tratando de entrar al edificio, queríamos saber cuántas eran y quién era su líder, así que los dejamos continuar. Justo cuando pensamos que los teníamos a todos la policía recibió una llamada de la agente que estaba con Sesshomaru. Tuvimos que proceder de inmediato con la captura de los infiltrados. En este momento el edificio y sus adyacencias están limpios.
— ¿Y Sesshomaru? —volvió a preguntar Rin en un hilo de voz.
—Naraku estaba tras ellos.
El corazón de Rin dejó de bombear con las palabras de Lion.
— Justo antes de subir nos llamaron desde tránsito diciéndonos que tres automóviles se vieron envueltos en un accidente dentro del Tokio jate. Uno de ellos era un Audi RS5 gris plomo.
La temperatura de Inuyasha se volvía tan fría como el hielo. Ese era el modelo del automóvil de su hermano.
Odio este capitulo con todo mi corazón, estuve al rededor de tres meses tratando de escribirlo. Tanto así que alcanzó a la otra plataforma y termine actualizando aquí primero.
Se que es horriblemente corto, pero no quería ligar las cosas. En el proximo capi - que ya esta adelantado - notaran el por qué.
Gracias por leer y gracias a las que me dejan sus bellos reviews... Besos! Nos leemos pronto.
