Hola, siento un montón no haber podido actualizar en los días que prometí, tuve problemas con el internet y ayer en la noche cuando iba a publicar me quede dormida. Soy horrible.

Espero que disfruten este capítulo...


Capítulo 44

Con una fuerza casi sobrenatural la alzó, giro con ella dejándola de frente al imponente faro. Luego hizo que se volteara pegando su espalda a la edificación y utilizando sus brazos para contenerla.

Su altura la sobresapasaba, su fuerza, ni para que nombrarla. Sin embargo cuando la acaricio, fue dulce, suave y endemoniadamente placentero. Su cuerpo tembló, el se pego más a ella, al punto de que sentía su calor a través de su cuerpo. Su cabeza bajo hasta quedar a su altura, se quedó quieto, como si estuviera absorbiendo cada partícula de ella.

—¿Qué... estas...? — musito en un intento de pregunta, sintiendo su cuerpo temblar porque sabía con certeza cuál sería su respuesta.

—Voy a besarte.

Y lo hizo, no de forma delicada ni suave. La beso con hambre y necesidad y, en el momento en que consiguió que ella separa sus labios introdujo su lengua, explorandola, saboreandola. La estaba devorando solo con sus labios y lengua.

Un gemido se escapo de su garganta, sin control. Él la sintió y la levantó para que quedara a su altura. Rin, no lucho, no hubiese podido ni que lo intentase, no por él o su fuerza sino por ella misma quería que continuara. Se dejó llevar por el beso, movió sus labios y lengua al compás de la suya, después de todo ella tenía casi la misma hambre de besarlo que él.

Sesshomaru gruñó cuando ella lo rodeo con sus brazos, intensificó el beso, como si eso fuera posible. Sin palabras, la guió con sus manos para que rodeará su cadera con sus piernas. Ella obedeció porque también lo deseaba. En cuanto sintió su agarre, él empujó su cadera contra su sexo. Otro gemido salió de su boca, esta vez más agudo. Sus manos se aferraron a la tela de sus hombros.

Él bajo por su mentón y se quedó un rato sobre su cuello, la forma en la que lo hacía era diferente de las veces anteriores, cuando en repetidas ocasiones hicieron el amor en la habitación de él en la mansión. Si aquello le había gustado, esto estaba amenazando con su cordura, nunca había sido así, salvaje, primitivo, con hambre y, ella estaba respondiendo de la misma manera.

Su cadera tenía vida propia y se movía sobre su ereccion claramente palpable a través de la ligera tela. Sintió sus manos sobre los nudos de su bikini, quería soltarlos. Ella no iba a impedirlo, en ese momento, no era más que una mujer reducida a la lujuria y la carne, el deseo podía más que su razón. La necesidad de tenerlo, de sentirlo dentro llevaba por mucho la delantera ante la racionalidad.

El bikini se soltó, su boca volvió a ella y sus dedos fueron a su parte más sensible. Para su frustración, sus movimientos fueron lentos, claramente lo hacía para torturarla.

Su mano la abandono centrándose ahora en su escote.

Se aferro a él con más fuerza en el momento en que sacó uno de sus senos de su vestido, sin darle tiempo para pensar se llevó el montículo rosa a la boca, en respuesta se arqueo llevando su cabeza hacia atrás, lo que ocasionó que se diera un sonoro golpe en la cabeza.

Si hace un momento se sentía mareada, ahora estaba a desmayarse, solo que ahora era de dolor. Sus pies volvieron al piso y la mano experta de Sesshomaru estaba sobre su cabeza buscando alguna herida, la otra mano estaba en su cintura impidiendo que se cayera.

—¿ Estas bien? — pregunto, aunque Rin ya sabía que se había cerciorado de que no se había roto nada.

—Si— alcanzó a responder mientras recuperaba la poca cordura que le quedaba.

Se llevó las manos al pecho y acomodo su escote donde debía de estar. Quizá hacer lo mismo con su bikini, claro que eso no le fue posible porque ya no lo tenía puesto.

—¿Buscas esto? — señaló con su mano la tela en forma de dos triangulos.

—Si, por favor.

Ella debió saber que el no se la daría.

—Es mio— afirmó guardandolo en su bolsillo.

—Sesshomaru, no puedo regresar sin nada debajo. Llevo un vestido — repuso afirmando lo obvio.

—¿Y quien dijo que vas a regresar?

—¿Como...?

Su pregunta quedo en el aire, o más bien en sus labios, ya que él volvió a besara, hasta dejarla sin aire. Y ella le correspondió.

—Te necesito — susurro en su boca.

—Esto...

—Vamos — ordenó con voz gutural.

La cogio de la mano y comenzó a caminar.

—Espera un momento.

Para su sorpresa, obedeció.

—No voy a ir contigo — su lado racional, o lo que quedaba de él habló por fin. No se iria con él a ninguna parte. No podía hacerlo y, menos aún sabiendo que había venido al hotel con una mujer.

—Rin, voy a hacerte mía. Tu decides si es aquí o en la suite — declaró, demasiado seguro, demasiado orgulloso. Tanto que a ella le heló la sangre que tuviera esa certeza, como si ella estuviera muriendo de ganas por acostarse con él.

—¿Y si no quiero? — lo desafío, no dispuesta a perder su orgullo.

El sonrió. Maldita sonrisa. Levanto su mano y le señaló sus dedos. Su cara se puso como un tomate.

—No necesitas que recuerde lo mojada que estás.

Malditos juegos sucios, no quería ver, oler, sus dedos. Su marca estaba impresa, aquella que decía cuanto disfrutaba y ansiaba sus caricias. Tres años sin sexo, deseándolo, le habían pasado factura y él se estaba aprovechando vilmente de ello.

—Bien, si quiero —admitió, no quería que se aventurase a ofrecerle alguna otra prueba de su deseo. Pero agregó —. Es solo lujuria, hace mucho tiempo que no...

—El mismo tiempo que yo, se perfectamente como te sientes.

Eso no se lo esperaba. El mismo tiempo que ella, ¿quería decir eso que él tampoco había estado con nadie más? Un brinquito de orgullo la invadió. Se detuvo solo cuando sintió que él la halo de nuevo. Había comenzado a caminar llevándola con él.

—Detente — le ordenó, pero él no hizo caso —. Sesshomaru, la intimidad para mí va más allá del deseo o la lujuria — debatió en vano —. Si no te detienes voy a gritar.

—No vas gritar y vas a venir conmigo por el simple hecho de que también te estas muriendo por el deseo.

—Ya te dije que para mi no funciona de esa manera. No quiero solo sexo.

Él se detuvo, como si estuviera pensando que responderle, se giro y clavo su mirada dorada sobre ella, sus ojos reflejaron la luna cuando dijo:

—Mis sentimientos por ti siguen siendo los mismos, mi amor por ti es incluso más grande que el día en que te dije que quería casarme contigo. Tu sigues siendo la mujer con la quiero envejecer, la que sea la madre de mis hijos, aquella con quien comparta mi vida.

La respiración de Rin se detuvo, no se espera una declaración como esa.

—Un amor lleno de orgullo y superficiencia, un amor altivo. No gracias, prefiero algo más sencillo. Uno que sea capaz de admitir cuando se equivoca.

—Ya te dije que lo hice por tu bien.

—¿Mi bien? Maldita sea Sesshomaru, te parece saludable hacerle creer a tu pareja que estás con otra. Venir al viaje que le prometiste cuando le pediste matrimonio con otra. No, eso no fue por mi bien. Fue un maldito acto de crueldad justificado con algo absurdo.

—Quería que tuvieras una vida normal— masculló mirandola peligrosamente a los ojos.

—No piensas decirlo nunca — concluyó. Un deje de dolor se escucho en su voz, su rostro se apagó y su cuerpo busco separarse de él.

—¿Decir que? — inquirió impidiendole zafarse de su agarre. Por nada del mundo permitiría que ella se escapara.

—Dilo — insistió.

—¿Qué más quieres que diga? — alzó la voz, más de lo que había querido. Sin embargo su frustración había emitido su opinión sin consultarle.

—Qué lo sientes — respondió ella aún más alto, sintió que su muralla se rompía.

—Rin...

—Disculpate de una malita vez — ordenó —. Que sea sincero.

—Lo siento —pronunció, instintivamente la rodeo con sus brazos, ella no puso resistencia. En su mente busco todas las conversaciones que habían tenido después de la fiesta de compromiso; en todas le había expresado sus razones y, en ninguna pedido una disculpa —. Lamento lo que hice, lamento mentirte, no dejarte escoger lo querías hacer, siento el no estar a tu lado cuando Kade murió.

—Promete que nunca más volverás a apartarme.

—Rin... — ¿como prometer algo que no estaba seguro de poder cumplir? Para él su vida era más importante que cualquier otra cosa, haría lo que fuera para protegerla.

—¡Prometelo!

—Lo prometo, no más mentiras, te contaré todo... — después de decirlo se maldijo a si mismo por prometer le una mentira.

—No más Naraku, vigilancia, viajes extraños...

Él cerró los ojos.

—Esa es mi condición — afirmó ella.

—Vas a ser mi esposa, independientemente de Naraku, necesitarás protección —intento razonar.

—No he dicho que seré tu esposa.

—Mi novia, mi pareja, lo que sea te pondrá en el foco de la prensa. Necesitarás al menos un guardaespaldas.

—Solo uno. No los más de cinco que me vigilan a diario. No necesito que entre conmigo a la universidad, no pongas esa cara, se que hay uno que siempre entra. Puede simplemente tener una copia de mi horario y buscarme a la hora de salida — cedió dando por perdida la batalla.

—Bien— gruñó. Malditos los que estaban de encubiertos por dejarse descubrir por ella.

Por lo pronto se conformaría con ese avance.

La suite de Sesshomaru era más grande que la de ella y Kagome, la sala estaba limpia, tal y como si nadie se hubiera estado hospedado allí. Rin dejó su celular sobre la mesita de café después de enviarle un mensaje a Kagome de que no volvería esa noche. Entró con él al área de descanso, una cama King reinaba en el centro.

Sesshomaru se dejó caer en la cama sin gracia ni belleza, solo se echo ahí rebotando.

—Ven aquí — pidió estirando su brazo hacia ella.

Tomó su mano e hizo que se acostarás junto a él. Por un largo rato se dedico a acariciar su brazo y espalda consiguiendo que ella se relajarse por completo. Su mano se tornaba cada vez más lenta, como si estuviera entrando en el estado de sueño.

—Duérmete —susurro poniendose de lado frente a ella, le paso el brazo por la cintura y acomodo su cabeza cerca de ella.

—¿No querías...?

—Si, aun quiero —musito en su oído, haciéndo que el aire le causará cosquillas —. Solo que no es el momento. Para mi es suficiente dormir contigo.

—Para mi no — respondió ella empujándolo hasta que su espalda tocase el colchón y sentándose a horcajadas sobre su regazo.

Hacer el amor con Sesshomaru en el pasado había estado bien, su experiencia con él fue magnífica, incluso su primera vez él la volvió mágica. Sin embargo, nunca había entendido porqué el decía que el dolor hacia que se contuviera o que no podía hacerle lo que él quería.

Esa noche, Rin comprobó cada una de sus palabras en el pasado.

Al principio la dejo tomar el control. Sobre él, ella sentía su ereccion, marcaba el ritmo de los besos y lo que él podía o no tocar. Su orgullo femenino rugia de placer cuando él empujaba su cadera hacia arriba buscando su contacto o cuando de su garganta salía un suave gemidos a duras penas audible. Rin besaba su boca, su mandíbula, mordisqueo su oreja, su manzana de adán. Era música para sus oídos escuchar su respiración, como si se estuviera conteniendo.

Con su ego en alto bajo más, se detuvo por un momento para desabotonar su camisa, siempre vistiendo impecable. Paso sus manos por su duro pecho, exploro sus formas y se excito aún más al ver la forma masculina que descendía y se perdía en el borde de sus pantalones. Sin pensarlo quito los botones que la separaban de lo que quería ver.

Aún orgullosa dejo su rastro de besos mojados hasta el lugar donde su bóxer mantenía oculto su miembro. Rin, con un atrevimiento desconocido lo liberó de su encierro. Su ereccion se irguió imponente, prometiendo placer.

Segura que lo que quería, la tomó en sus manos. Sesshomaru soltó un respiro profundo, tan audible que por un momento ella pensó que lo había lastimado. Al ver que solo era placer comenzó a mover la mano de arriba abajo. Después de un minuto decidió probar cuanto cabía en su boca.

Sesshomaru lanzó un gemidos gutural y empujó su cadera hundiendose así más dentro de su boca. Ella decidió mover su lengua y combinarla con una subida y bajada de sus labios en su miembro.

Cómo si le hubiera quemado, Sesshomaru la aparto, la tumbo de espaldas y le dijo :

—Un poco más y esta noche se habría acabado demasiado temprano —su voz no parecía la suya.

Con parsimonia, se dedico a desvestirla. Acariciaba cada parte de su cuerpo y no dejaba por nada sín atención.

Sus besos se tornaban cada vez más salvajes, primitivos.

Se besaron hasta quedar sin respiración. Aunque en una parte sabían que se necesitaban el uno al otro más que al propio aire.

Él se acomodo sobre ella y comenzó a empujar en su entrada, apretó los puños a ambos lados de Rin para controlarse, la deseaba demasiado y quería hundirse lo más pronto posible pero, sabia que después de tanto tiempo de abstinencia su carne se había vuelto a contraer. Intentaba ser suave solo que escucharla gemir y arquearse de esa manera lo estaba volviendo loco. El mometo de su caída fue cuando Rin clavo sus talones en el colchón empujando su cadera hacia arriba habiéndolo entrar más, respondiendo con un gruñido, se enterró por completo en ella.

Rin gritó y lo aferro con las piernas.

Sesshomaru movió sus caderas en un baile frenético por el placer. Rin se movía al compás de su danza, sus bocas se encontraban de tanto en tanto, las manos de ella se apretaban en su espalda y nalgas, las de él masajeaban sus pechos y caderas. Y, cuando Rin sintió que estaba a punto de alcanzar el órgasmo, él se detuvo saliendo de ella y levantándose de la cama.

Rin le lanzó una mirada de confusión, él sólo sonrió y la halo para que quedara en el borde de la cama, le puso unas almohadas debajo de su cadera para elevarla y que quedara a la altura de la suya.

Comenzó a penetrarla de nuevo, lento y fuerte, haciéndola gemir más alto de lo que hubiese podido controlar. Cada embestida le proporcionaba un delicioso cosquilleo, las manos de Sesshomaru mantenían sus piernas abiertas, el verse de esa manera y ver el poder que estaba ejerciendo sobre ella elevo su excitation al punto de no poder retenerlo más. Alcanzó el órgasmo sonoramente, sus piernas se volvieron gelatina y su pecho subía y bajaba frenéticamente. Se sentía como si hubiera aterrizado sobre una nube, estaba cansada y creía que no podría moverse hasta dentro de un mes.

Sin embargo, ese no era precisamente el plan de su acompañante. De la misma forma que al principio hizo que se volteara pegando su pecho al colchón, las almohadas quedado ahora sobre su vientre, las puntas de sus pies en el piso, las manos de Sesshomaru masejando sus nalgas. Volvió a entrar en ella, rápido, duró, endemoniadamente delicioso. Se mordió los labios para no gritar, sus manos arrugaron las sábanas. Él iba cada vez más rápido y luego descendía hasta casi salirse y cuando estaba casi inmóvil, apretaba sus nalgas y volvía a hundirse duro y fuerte.

Rin estaba mareada, jadeante. Sesshomaru le cogio una de sus piernas y la monto en la cama, de esa manera con sus embestidas tocaba su punto más sensible. Un segundo órgasmo la golpeó, más fuerte que el primero, más duradero, más agotador. Él gruñó detrás de ella y lo sintió quedarse quieto dentro. Su sexo palpitaba por el placer recibido acariciando su miembro inmóvil, todavía lo sentía duro, aunque ella sabía que él también había llegado al órgasmo.

Él se dejó caer en la cama llevándosela con él. Acariciando su cabello, sus brazos. Ella se recostó sobre su pecho sintiéndose llena, segura. Sabía que lo amaba y que nunca podría hacer eso con nadie más, que tonta había sido al quererse engañar.

Sabía que para él esto también había sido mucho más que sexo. Se había entregado a ella de la misma forma.

—Eres un salvaje — lo reprendió en broma.

—No tienes idea desde hace cuanto tiempo quería hacerte eso —confesó, sonriendo y apretandola más a él.

—Me alegra de que lo hayas hecho — al decir eso, dio gracias a al cielo de que las luces estuviesen apagadas y fuese incapaz de ver su rubor. Esa noche había hecho cosas que nunca se había imaginado hacer y, en definitiva cosas que solo podía permitirle y disfrutar con él.

Se quedaron en silencio por un largo rato, cada uno saciandose de la presencia del otro, sintiéndose, aspirando su aroma, llenándose el vacío de no haberse tenido por tanto tiempo.

Rin se despertó en medio de la madrugada, o por lo menos fue lo que sintió cuando abrió los ojos. Estaba un poco desorientada y somnolienta. Un fuerte brazo descansaba sobre su abdomen, el rubor subió a sus mejillas al recordar lo que había sucedido unas horas o minutos atrás. Después de terminar la primera vez, lo habían vuelto a hacer no una, sino varias y, habían utilizado prácticamente toda la habitación y sus "accesorios" incluido el piso.

Ella se obligó a levantarse aunque era lo último que deseaba, su vejiga jugaba sucio y todo lo que quería era hacer pis. Fue al baño cuidándose de no hacer ruido, una tarea difícil para los dolores que llevaba su cuerpo, la evidencia de la actividad física que había tenido lugar. al salir no pudo evitar ver la luz de su teléfono en la otra sala, lo cogio y vio la pantalla.

Tenía 7 llamadas perdidas de Kagome, un mensaje:

"Rin, lo siento. ¿Dónde estás? He discutido con Inuyasha. ¡Te necesito!"

2:49am

Las llamadas eran de unos minutos antes al texto.

El celular marcaba las 4:16 puede que aún estuviera a tiempo.

Respondió:

"Aquí estoy, dime, ¿Cómo estás?"

La respuesta de Kagome llegó de inmediato.

"Estoy en el estacionamiento, me dijeron que dentro de poco comienzan a llegar los taxis. Por favor, ven. Te necesito amiga"

"Voy para allá, espérame"

Se mordisqueo los labios antes de comenzar a vestirse. No era la manera de terminar esa noche. Probablemente Sesshomaru se enfadaria, no, de seguro iba a enfadarse, enojarse, molestarse y todos sus demás sinónimos. Pero, si se arriesgaba a despertarse podía ir a decirle a Inuyasha y ella quería hablar primero con Kagome. Tal vez y su ex cuñado, bueno, ya no tan ex, había hecho una de sus tonterías y Kagome solo se estaba ahogando en un vaso de agua. Debía hablar con ella antes.

Terminó de vestirse y no se arriesgo a dar un beso de despedida, con cuidado abrió la puerta, se deslizó a través y la cerró suavemente.

El estacionamiento estaba vacío, al igual que casi todo el hotel, a esa hora solo estaban dos personas en la recepción y dos más por allí cerca. Vio al personal de seguridad y les hizo señas de que iba por su auto.

Kagome no se veía por ningún lado, busco su celular para textearle de nuevo.

—¿Por qué?

Esa definitivamente no era la voz de Kagome.

—¿Por qué Rin? ¿Por qué? — gruñó la vos detrás de ella.

Antes de que pudiera reaccionar, su teléfono quedó estrellado contra el pavimento. Sus pulmones comenzaron a trabajar a toda velocidad. Las manos del hombre estaban sobre sus brazos, estrujadola de tal manera que sabía que le dejaría marcas.

—Me estas lastimando.

—Eso quiero, lastimarte como tu lo haces conmigo.

—Koga, en verdad me estas asustado. Ya sueltame.

—Eso no es posible, gracias a ti — su agarre se hizo más fuerte —. Le dije que estaba enamorado de ti, que me permitiera tenerte y, ¿Sabes que? Dijo que si. Pero ahora, ya eso no es posible.

—No entiendo de qué hablas— repuso sin comprender de quién estaba hablando —. Sueltame, por favor —suplico al borde del llanto.

—Sólo mírate las marcas que te dejo.

—Dejame ir.

—No palomita, eso ya no es posible.

En la confusión ella lucho, contra sus manos, sus brazos. Lo pateó, rasguñó e hizo todo para librarse de la opresión que le quitaba cada vez más oxígeno.

Pronto la luz se apagó.

Cuando Sesshomaru se despertó la luz del sol iluminaba la habitación. Busco la dulce presencia que lo había acompañado durante la noche.

No había nadie a su lado, ni en la habitación o en la suite completa.

Rin no estaba allí y él estaba a punto de descubrir que su peor pesadilla se había convertido en realidad.


Y llegamos al punto final... Espero que este capítulo haya sido de su agrado. Me costó bastante escribir el lemon, quería que fuese fogoso y real en el sentido de que tenían mucho tiempo sin hacerlo, deseando e imaginando hacer cosas que buscaron hacer a la primera oportunidad...

Estoy nerviosa por leer sus comentarios.

Besos.

Cuídense!