- Bueno, pues ya sabemos dónde ir, ¿no? - pregunto.
- Pues sí... -responde ella.
- ¡Pika! ¿Pika Pika Pika Pika? - preguntó Pikachu, señalándose a sí mismo y a la puerta de la casa.
- Sí, claro que puedes venir con nosotros, Pikachu - dijo la señora.

MEDIA HORA MÁS TARDE

- Así que estaba en Pueblo Paleta, y esto es Ciudad Verde... Qué fuerte... Igual que en los videojuegos... - digo.
La señora sonríe.
- ¡Ostia, pero si esto también es clavado al de los juegos! - Exclamo cuando nos acercamos al Centro Pokémon.

El edificio era relativamente grande, con las paredes exteriores de color blanco y el techo de color rojo. Arriba, justo debajo de donde empieza el techo, una Pokéball y la inscripción "CENTRO POKÉMON".

Entramos y llegamos a la sala principal, de paredes y suelo de un color entre beis y amarillo, con sillas y mesas alrededor de la sala y un mostrador blanco al fondo. A la derecha de éste, un PC (que alguien estaba usando) y encima de éste, un mapa (que era clavado al de Kanto). A la izquierda del mostrador se encuentra una puerta. Detrás del mostrador, una cristalera, otra puerta, y dos chicas atendiendo: una Enfermera Joy y una Agente Mara.

- Buenas tardes, Agente.
- Bienvenida, señora. ¿Qué desea?
- Verá, me he encontrado de repente a este chico en la cama de mi hijo, y he visto la noticia esta de que están buscando a alguien que han teletransportado recientemente, y creo que es a él a quien están buscando.
- Bien. Pues él tendrá que pasar conmigo a comprobar que los datos que tenemos coinciden.
La Agente abre una compuerta del mostrador y la puerta que hay detrás y me dice:
- Adelante, pasa.
Paso con ella por la puerta, saludando a la señora y a Pikachu, que se quedan esperando.

Pasamos a un pasillo de paredes blancas con un montón de puertas a derecha y a izquierda, y entramos en una puerta que pone "DESPACHO Nº3".
Llegamos a un pequeño despacho con una mesa, tres sillas y un ordenador portátil.
- Vamos a ver si eres tú o no... - dice mientras gira el portátil. - Tú escribe aquí tus datos personales, y el ordenador irá comprobando que éstos coinciden con los datos que tenemos nosotros, ¿de acuerdo?
- Entendido.

15 MINUTOS MÁS TARDE

- Pues ya está. Ya he comunicado que te hemos encontrado.
- Vale... ¿Y ahora qué?
- Ahora te voy a llevar a Isla Canela para que se decida qué vas a hacer a partir de ahora – dice mientras cierra la tapa del ordenador portátil y lo guarda en un maletín.
- Ah, bueno. Pues vale...
- ¡Pero no te preocupes, que no te vamos a forzar a hacer nada malo! - dice sonriendo mientras se levanta - Venga, vámonos.

Volvemos al pasillo y, cuando se abre la puerta que da a la sala principal, veo a la señora y a Pikachu llorando.
- ¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? - pregunto, preocupado.
- Nada, nada, no te preocupes... - dice ella entre sollozos – Es que te pareces tanto a mi hijo adoptado, y lo hecho tanto de menos que...
- ¿Qué está su hijo muy lejos de aquí o algo?
- No... Está muerto...
¡Joder!- pienso, absolutamente sorprendido y con las manos en la cabeza.
- Mi hijo murió hace dos años – continúa – tras caer en un barranco que se desplomó. Los servicios de emergencias llegaron enseguida, pero no pudieron reanimarle...
- Pika pika... - dice Pikachu, con los ojos llenos de lágrimas.
- Joder, pues... lo... lo siento mucho, de verdad... - digo mientras acaricio al Pokémon.
- No te preocupes. Venga, ve con la Agente a Isla Canela.
- Muchas gracias por todo – digo.
Abrazo a la señora y me dirijo a puerta de salida.
- No hay de qué. Que te vaya muy bien... ¡Ah! ¡Y saluda de mi parte al Profesor Oak! - dice mientras nos saludamos.

Cuando ya estoy fuera, pienso:

- Un momento... ¿cómo ha sabido que me iba a Isla Canela?

CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE ISLA CANELA, 1 HORA MÁS TARDE

Tras pasar los controles de seguridad y recorrer unos cuantos pasillos, la Agente Mara y yo accedemos a una gran sala. Ésta está llena de mesas con un ordenador y varias pantallas cada una, y una gran pantalla (que está apagada) que ocupa toda la pared del fondo de la sala.
- ¡Mira! – dice la Agente, señalando a un grupo de cuatro o cinco personas que estaban a la izquierda de la sala – allí está el Profesor. Ve hacia él; yo tengo que irme.
- De acuerdo. Muchas gracias, Agente Mara – respondo.
- A su servicio – dice, despidiéndose.
Avanzo hacia dicho grupo y saludo al Profesor Oak, que estaba hablando con otra gente. Todos iban vestidos de bata blanca.
- ¡Hombre, mira a quién tenemos aquí! ¡Te estábamos esperando! - me dice.
- Encantado de conocerle, Profesor - digo, dándonos la mano.
- ¿Cómo estás? - me pregunta.
- Alucinando todavía.
El grupo, yo incluido, empieza a reír.
- ¡Es verdad! todavía no me lo creo... pienso que estoy dormido, o en coma, y que todo esto es un sueño...
- Es normal. Las diferencias entre tu mundo y el nuestro son significativas.
- Sí... - digo, sonriendo.
- Teníamos pensado un plan para ti. ¿Qué te parece si te ofrecemos ser un entrenador Pokémon?