Y tal y como prometí aquí tienen su capítulo de Año Nuevo, no es ningún especial. Para comprenderlo recomendaría leer la historia desde el primer capítulo porque he ido dejando pistas como si nada, parece que solo era para darle belleza y un mayor número de palabras, pero recuerden esto, mi creatividad no tiene límites y una vez que se me ocurre una idea de oro la guardo y aprovecho al máximo en el mejor momento... y ¿qué mejor momento que ahora? Y sin más dilación pueden leer una de mis obras maestras jaja.
Todo parecía tan irreal, al fin podía sentir los labios con los que tanto había soñado contra los suyos, le resultaban muy familiares, esa forma y suavidad y la manera en la que se acoplaban a los suyos era única, esa sensación tan indescriptible no era la primera vez que la experimentaba, si no recordaba mal algo casi idéntico sucedió durante una de sus apariciones frente al público, eso es, ella era inconfundible, solo había una manera de comprobarlo, separarse levemente, en ese momento lo sabría todo. Desde el interior de su alma deseaba que no se estuviera equivocando.
Gohan se separó de ella con suavidad, un gruñido de desaprobación se escapó de los labios de la joven y mientras la miraba a los ojos pudo afirmar que ella había sido su primer amor. Esos ojos de zafiro reflejaban el mismísimo fuego que ardía en su cuerpo debido a la pasión que experimentaba, la expresión en su rostro era idéntica a la de aquella misteriosa joven que conoció en la noche del baile de máscaras de hacía varios años. Puede que él se olvidara de ella, pero su instinto la reconoció en el mismo instante en el que sus labios rozaron los suyos.
FLASHBACK
Era un día cálido de primavera, el sol brillaba con intensidad y el suave viento traía consigo el aroma de las flores que acababan de florecer. Yo me encontraba recostado en uno de los pastos algo alejados del castillo, un hermoso y gigante cerezo en flor me cobijaba del sol mientras contemplaba y escuchaba el maravilloso curso de las aguas que se precipitaban por la cascada formando una laguna coronada por nenúfares, juncos y diversos anfibios que nadaban a sus anchas en las cristalinas aguas.
Ese era mi lugar favorito de toda la zona, allí me sentía en paz y equilibrio conmigo mismo, nada ni nadie podría molestarme en esos momentos. A pesar de que solía utilizarlo como un anti-estrés, ese día era distinto, simplemente había ido porque me apetecía y para mentalizarme y prepararme para la noche, en esa noche se celebraba el cumpleaños del príncipe heredero al trono, es decir, su cumpleaños. Para celebrar su cumpleaños número catorce su abuelo, el rey del Reino del Fuego había convocado a los mejores, más ricos e importantes magnates de todo el mundo, al igual que a la otra parte de su familia.
Contrastando con el entusiasmo de su abuelo y su madre, él se mantenía neutral, casi indiferente, para él no era un cumpleaños especial, solo quería pasar tiempo en familia como todos los años, lo bueno de ello es que podría conocer a personas interesantes y diferentes a lo que estaba acostumbrado, y con un poco de suerte, quizá conociera a alguien de su misma edad o cercano.
— Creo que va siendo hora de regresar a palacio, tengo que probarme el traje real y escoger otra máscara, la verdad, me molesta la actitud tan protectora de mi madre y mi abuelo, no entiendo por qué no me permiten mostrar mi rostro cuando Goten está harto de salir en revistas y reportajes. ¡Estoy cansado de ser una marioneta que hace todo lo que le ordenan! — decía molesto mientras iba caminando y pateando algún que otro guijarro que se interponía en mi camino.
— Gohan, ¿dónde estabas? ¡Estaba tan preocupada! No deberías desaparecer cuando te plazca— mi madre me volvía a regañar, tal y como era habitual. La verdad es que la comprendo, la adolescencia me había vuelto bastante rebelde y ella apenas me veía debido a su trabajo, entiendo que cuando está en palacio quiera verme y asegurarse de mi bienestar.
— Estaba dando un paseo mamá, no hace falta que te preocupes por mí, sabes que nadie puede tocarme, soy invencible.
— Si yo no me preocupara por ti como madre tuya ¿¡quién lo haría!?, tu padre no, eso es seguro, tiene una confianza ciega en ti y está demasiado centrado en su trabajo y entrenamiento.
— Hermanito— me dijo mi hermano pequeño tan adorable tirando de mi pantalón, con sus ojos me pedía a gritos que lo subiera a caballito.
— ¡Ven aquí, Goten! — exclamé sonriente estrechándolo entre mis fuertes y desarrollados brazos para mi edad, era todo un consentido y yo no era quien le quitaría sus manías. — Te tengo demasiado mimado, pero te sigue gustando, granujilla— bromeé mientras le hacía todas las cosquillas que me eran posibles en esta posición, el niño estaba seguro porque jamás lo dejaría caer, pero aun así experimentaba chutes de adrenalina cada vez que fingía soltarlo. Era todo un diablillo.
— Cuidado Goten, no le quites la máscara a tu hermano, y Gohan, no lo dejes caer, por favor— nos miró con dulzura y con una bella sonrisa para después alejarse y perderse entre las distintas dependencias de la inmensidad del castillo.
La comida llegó y junto con ella, toda mi familia paterna y los mejores amigos de mis padres, todos estaban felices de volver a verme, incluso Vegeta tenía una sonrisa en su rostro, probablemente fruto del conocimiento de los banquetes que serían servidos durante ese día. Bulma y mi madre eran tan ruidosas como siempre, peleándose en cada momento y reconciliándose para golpear al maestro Roshi después de que dijera cualquier cosa verde.
Mi abuelo Bardock se aproximó a mí con una sonrisa cálida y familiar, me abrazó con fuerza y afán paternal y protector y para finalizar me despeinó todo lo que pudo y más.
— ¡Feliz cumpleaños, ya mismo te veo trabajando en la comisaría y peleando con tipos malos y peligrosos! — me felicitó tras haberme zafado de su abrazo, una sonrisa se dibujó en mi rostro al pensar en un yo adulto, con un aire guay, fuerte y seguro. Tendría una gran sonrisa vacilona y terminaría con los criminales, aunque debo decir que algunos de ellos son muy divertidos e ingenuos, después de haberme iniciado en el mundo de las peleas clandestinas no me parecían tan malos.
La comida fue bastante divertida, ver las caras de los sirvientes con unas expresiones tan sorprendidas y extrañas después de ver todo lo que éramos capaces de comer no tenía precio. Después de un banquete digno de un séquito de más de doscientas personas nuestros estómagos de saiyans estaban calmados. Ahora llegaba la hora de la pelea anual de mi padre contra Vegeta debido a quien se comería la última ración del postre. Siempre tenía el mismo final, iban a un lugar alejado a pelear como hombres, bueno, mejor dicho, como saiyans y yo aprovechaba para comérmela.
— ¡INSECTO!
— ¿¡CÓMO HAS PODIDO COMERTE LA ÚLTIMA PORCIÓN DEL PASTEL!? — decían ambos horrorizados, había conseguido enfadarlos, se acercaron a mí dispuestos a pelear conmigo, pero una mirada afilada y amenazante de color esmeralda fue suficiente para pararles los pies y congelarles la sangre. Se habían olvidado de quien era el más fuerte de todos, parecen idiotas cuando pelean por la comida, pero no son tan tontos como para enfrentarse a mí.
Todos reían contemplando la escena, era algo tradicional y que nunca faltaba en nuestras reuniones, los más jóvenes jugaban con sus juguetes y los más mayores compartían ciertos cotilleos verdes.
Me encontraba algo cansado debido al entrenamiento tan intenso que había recibido esa mañana por parte de mi padre y de Piccolo, todo mi cuerpo estaba algo adolorido, aunque creo que no se podía comparar con el suyo. Decidí tumbarme un rato para descansar, mi madre me despertaría para que me diera un baño y me preparara para la fiesta.
Tal y como sospechaba así fue, para las cinco y media ya estaba despertándome, mi mayordomo personal llevaba mi atuendo, una camisa de seda blanca, una corbata burdeos, pantalones, chaleco y chaqueta crema, las tan conocidas hombreras con flecos de color oro, un cinturón marrón oscuro con el escudo del reino, una banda burdeos con los filos crema y una flor de pedrería color amatista y centro azul. Solo pensar en que tenía que ponerme todo me daba pereza.
Salí de la cama dirección a mi cuarto de baño privado, cerré la puerta y por fin pude liberarme de la máscara, la dejé con cuidado sobre un estante y comencé a sumergirme en el agua cálida para relajar mi cuerpo, sumergí mi cabeza tal y como cuando era niño y enjaboné todo mi cuerpo. Según la gente de palacio estaba demasiado desarrollado para mi edad, mis músculos eran dignos de un joven adulto y mis facciones marcadas me daban un toque de madurez, supongo que todo se debía a mi entrenamiento intensivo prácticamente desde que nací.
El olor de mi jabón y de mi champú inundaba la habitación, salí de la bañera envuelto en mi albornoz y comencé a secar mi cabello con el secador, normalmente dejaba que se secara naturalmente, pero debido a que era un día especial tenía que arreglarlo a la perfección. Me contemplé unos instantes en el espejo, me perfumé, cogí la máscara y salí dejando todo recogido.
En ese momento llegaba lo más pesado, la hora de vestirse. Comienzo obviamente por la ropa interior, pantalones, camisa, cinturón, corbata, chaleco, chaqueta, banda y broche, por último, los zapatos a juego con el atuendo. Mirando el reloj descubrí como había logrado vestirme al completo en menos de media hora, era un nuevo récord digno de recordar. Me pongo el reloj de oro blanco que me había regalado mi abuelo y la máscara que solía vestir en las apariciones públicas, cubre hasta mi nariz y es de color blanco con decoraciones doradas, imita la forma de un zorro.
La hora del baile había llegado, me encontraba saludando a todos los invitados con cordialidad y educación, además de con mi mejor sonrisa forzada, parecía que ya había terminado de saludar a todo el mundo cuando una joven de cabello negro como la noche llamó mi atención, estaba siendo acosada por el hijo de alguno de los invitados, estaba a punto de estallar y como buen anfitrión no podía permitir que hubiera conflictos, además, mis modales de caballero me incitaban a socorrerla. Me acerqué rápidamente, esquivando hábilmente a todos los presentes y me posicioné a las espaldas de la joven, posé mi mano en su hombro y con una voz autoritaria alejé al pesado acosador, ya sabía de quién se trataba, era Sharpner, hijo de un deportista de élite que aspiraba a lo mismo que su padre; su cabello rubio, lacio y largo junto con sus ojos avellana eran los causantes de ese enorme ego, creía que cualquier chica que lo viera tendría que estar a sus pies. Se equivocaba.
— Está conmigo, aléjate, la estás incomodando— le ordené con una mirada segura y serena, me había costado mantener la educación en mi orden, pero lo había conseguido.
La joven al sentir como una mano grande y cálida se posaba en su hombro con suavidad se tensó esperando lo peor, otro pretendiente, jamás imaginó que se trataba de la persona por la que habían sido invitados a la fiesta. La presencia y el aura del dueño de esa mano era magnética e intensa y estaba comenzando a hacer efecto en ella.
— ¿Por qué debería hacerte caso? — preguntó vacilón y con aires de superioridad, parece que no vio mi traje tan ornamentado.
— Quizá porque tengo el poder y la influencia necesaria para ponerte de patitas en la calle, ¿por qué no observas mi atuendo con atención? Sé que mantener tu atención en un hombre es pedirte demasiado, pero inténtalo— le devolví la jugada con unas palabras cargadas de sarcasmo y una sonrisa ladeada, su rostro cambió inmediatamente y se arrodilló frente a mí.
— No pretendía ofenderle, su alteza. Si me disculpa debo irme, mi padre me estará buscando— contestó con suavidad y respeto, acababa de comerse su orgullo.
— Ya eres libre de ese pesado, pero me preocupa que alguien más intente algo contigo, ¿me concederías tu mano hasta el fin de la noche? — pedí con delicadeza y mi mirada y sonrisa dulce y principesca tendiéndole una rosa blanca y mi mano, ella volteó y pude contemplarla tanto como las máscaras lo permitían.
Sus ojos eran dos zafiros, tenía una mirada preciosa que se acentuaba con la luz de la luna, su piel era tan pálida como ésta y sus mejillas estaban teñidas de un leve rubor rosado, sin saber por qué, el corazón del joven príncipe dio un vuelco y comenzó a latirle con fuerza. Ella había llamado su atención.
¿Estaba escuchando bien? El príncipe la había salvado y ahora la quería escoltar durante toda la noche, sus ojos no le mentían, el chico era muy apuesto, de altura elevada, hombros anchos y complexión musculosa, sus facciones masculinas no podían ser vistas completamente debido a la máscara, pero aun así podía afirmar que el príncipe enmascarado era uno de los chicos más guapos que iba a conocer, y sus ojos…sus ojos eran dos ónix misteriosos y profundos que reflejaban la noche estrellada y su cabello, oscuro y desordenado, enmarcaba su cara.
— Supongo que no puedo negarme a una orden real— contestó con una sonrisa tímida tomando la mano del joven, para después sentir como colocaba la rosa tras su oreja, sus dedos la estremecieron levemente.
— No era una orden, jamás obligaré a nadie a hacer algo que no quiera, si no entendiera eso no podría llegar a ser un buen rey, ¿no crees? Por cierto, me compadezco de la rosa, tu belleza opaca la suya, pero cuando complementamos ambas consigues verte como una diosa— elogié consiguiendo que su rubor aumentara y que apartara sus ojos avergonzada— Hey, mírame, tus ojos son tan bellos que no poder contemplarlos es tan duro como un castigo divino— llevé mi mano a su mentón y con suavidad la obligué a mirarme, su piel tan tersa y suave aceleraba mi pulso.
— …— estaba sin palabras, las acciones de su escolta la estaban haciendo enloquecer, la química entre ambos era palpable.
— Si no fuera un baile de máscaras te pediría tu nombre, pero no puedo ir en contra de las reglas, así que te llamaré princesa hasta el fin de la noche— susurré con suavidad, un escalofrío recorrió su cuerpo en el momento en el que mi cálido aliento rozo su oído, me alejé y le guiñé un ojo.
— No te acerques tanto a mí, se siente extraño— protestó inútilmente, si me decía eso, solo conseguiría mi acercamiento.
— ¿Extrañamente bien, princesa? Es una pena, no voy a poder cumplir tu deseo porque para bailar hay que estar pegados, vamos, no seas tímida, bailemos— volví a susurrarle, esta vez más despacio.
— Es inútil, no sé bailar…
— Princesa, estás frente a un príncipe, déjate llevar al ritmo de la música, yo te guío— tras eso, aprovechando el inicio de un nuevo vals comencé a bailar con ella, mezclándome entre la multitud.
La proximidad en la que nos encontrábamos no nos hacía ningún favor, teníamos los nervios y el deseo a flor de piel, su perfume me hechizaba y su voz era la más bella canción jamás cantada. Tras varias canciones ella había mejorado notablemente.
Por desgracia, mientras bailábamos vi como una copa llena de champagne se dirigía a ella, por lo que la protegí, quedando completamente empapado.
— ¡Cuidado! — le advertí poniéndome frente a ella y envolviéndola en un abrazo, si la copa caía al suelo y se hacía añicos los fragmentos de cristal podrían dañarla.
— ¡Estás empapado y te has cortado en la mejilla con un cristal! — me dijo con preocupación reflejada en su voz y mirada, con rapidez sacó un pañuelo de su bolso y comenzó a secar mi rostro con cuidado, deteniéndose dudosa si tocar la herida después de que el pañuelo absorbiera todo el alcohol, a lo que yo sonreí enternecido.
— Lo que escuece cura, ¿no?, no temas, no voy a morderte por ello— bromeé para rebajar la preocupación, ella sonrió y comenzó a frotar con cuidado y delicadeza el corte de mi mejilla. Normalmente soy inmune a cualquier cosa, pero debido a que mantenía mi atención en ella y en el baile mi ki no estaba activo.
— Gracias por protegerme, no tenías por qué— agradeció avergonzada.
— ¿Sabes? Eres una gran aprendiz, si nos volvemos a ver te enseñaré a bailar. No te preocupes por esto, no tiene importancia, si un príncipe no protege a sus ciudadanos no merece ese cargo— susurré y no sé por qué mi voz adoptó un tono meloso y hechizante y me sentí tentado a besar su mejilla, la tentación venció y mis labios besaron su rostro fugazmente.
— Eres admirable, no todos dicen lo que tú.
— Soy único princesa, único e inimitable, una especie en extinción— bromeé, tomándola de la mano— Vamos a un lugar algo más alejado, veo que comienzas a agobiarte.
La llevé a un lugar desierto de personas, la música se escuchaba tenue y desde nuestra posición podía escucharse el vaivén de las olas y contemplarse el mangata (no he encontrado si es masculino o femenino, porque es una palabra sueca, es el reflejo de la luna sobre una superficie acuosa, he encontrado esta palabra por casualidad y me apetecía innovar) junto con el cielo estrellado.
— Parece que la fiesta está terminando, me molesta saber que probablemente no vuelva a ver a una chica tan maravillosa como tú, y que cuando te marches no conozca tu nombre— mientras decía eso la miraba a los ojos y posé mi mano en una de sus mejillas con delicadeza, ella puso su mano sobre la mía para reconfortarme.
— Como has dicho antes, son las normas, no podemos hacer nada.
— Juro que no te olvidaré jamás, aunque no te prometo que al verte recuerde que eres tú, debido a la máscara todo es mucho más difícil.
— ¿Cerrarías tus ojos si te lo pidiera? — su melodiosa voz me estaba pidiendo algo que inmediatamente cumplí, cerré mis ojos y sentí como sus delicadas manos me quitaban la máscara, no opuse resistencia, tenía curiosidad por saber lo que haría.
— Tal y como supuse, eres incluso más guapo de lo que imaginé— me susurró con una voz traviesa, sentí como se alejó de mi oído, pero se aproximaba a otro lugar, mis labios. En el momento en el que nuestros labios se rozaron sentí como me recorría una descarga eléctrica, era un beso dulce y corto— Feliz cumpleaños mi príncipe azul, esta noche ha sido apasionante, es una pena que no nos volvamos a ver— este susurró era triste y entrecortado, volvió a colocarme la máscara y comenzó a alejarse.
— ¡Espera! — la tomé por la muñeca y esta vez fui yo quien la besó con pasión quitándole la máscara con habilidad— Gracias por permitirme verte en estos momentos, grabaré esta imagen con fuego en mi mente. Prometo que te encontraré, hasta entonces, espera por mí, yo haré lo mismo— prometí antes de besarle en la frente y volver a colocar su máscara, tras eso la escolté hasta el lugar en el que había quedado con su padre y me despedí de ella con el corazón en un puño.
— Princesa…— susurró el pelinegro con emoción en su voz— Te encontré tras diez años y no pienso dejarte ir, pase lo que pase, no te alejes de mí— suplicó aferrándose al cuerpo de la inspectora.
— Ya decía yo que tu magnetismo y atractivo me parecían demasiado familiares, es normal que me haya enamorado tan rápido, tú eres mi príncipe azul, el único chico capaz de hacerme sonrojar tantas veces en cuestión de una noche.
— Nunca pongas en duda mis habilidades de seductor, soy todo un imán— bromeó pícaro, atrayéndola por la cintura y besándola mientras sonreía.
