Hola queridos lectores! Sé que ha pasado mucho tiempo desde que no actualizo este fic, y créanme, no era por gusto. Este fic se lleva todo el tiempo que tenga y más, por algo es una de mis obras maestras jajaja, por ello he conseguido tantos reviews y seguidores. Soy una escritora despiadada, lo sé, pueden martirizarme, no me resistiré XD. Y sin más interrumpiones por mi parte, disfruten de este capítulo que va dedicado a todos ustedes como disculpa. Ha sido escrito con mucho amor y cariño.
La mañana llegó acompañada de un radiante sol que iluminaba toda la espaciosa y lujosa habitación del joven pelinegro. En la cama se encontraba profundamente dormida su bella compañera de trabajo, totalmente desnuda, tapada solo con una fina sábana de seda blanca.
Gohan estaba en su baño privado dándose una ducha fría, aún sentía descargas eléctricas por todo su cuerpo, el recuerdo de las ardientes y apasionadas caricias que ella le propinaba mientras eran un mismo ser, los profundos arañazos en toda la inmensidad de su espalda y las marcas que cubrían ciertas partes de su cuerpo. Salió envuelto en su albornoz, contemplándose al espejo durante unos momentos, pensando si dejarse la barba de pocos días o afeitarse y si tapar su cicatriz o no. Sus reflexiones fueron interrumpidas por el sonido de su estómago furioso, por lo que tuvo que posponer su debate interno y preparar el desayuno.
No sabía qué preparar, pero una cosa estaba clara, debía ser rápido, faltaba poco más de una hora para entrar a trabajar en la academia. Finalmente, se decidió por una tortilla con queso, zumo de naranja y café. Una vez que todo estaba terminado, subió directo a su habitación, encontrándose con un cuadro bastante divertido, la joven de ojos azules estaba incorporada en la cama e intentaba ponerse en pie, siendo incapaz de ello, quizá se pasaron la noche anterior, pero lo hecho, hecho estaba.
—Parece que alguien no puede dar un paso. — saludó burlón, provocando un sonrojo explosivo en ella al recordar los eventos de la noche anterior con todo tipo de detalles. —Tómate el desayuno, te dará la fuerza necesaria y si no lo hace, yo puedo ayudarte a bañarte y vestirte. — sugirió con una sonrisa ladeada.
—Me temo que rechazaré tu oferta, porque entonces ni nos bañaremos ni nos vestiremos. —dijo antes de llevarse un trozo de tortilla a la boca, la sensación del queso derritiéndose en su boca era muy placentera.
—Podríamos hacer varias cosas a la vez, ¿no crees? —hablaba mientras se acercaba a ella para robarle un beso.
—Sé en lo que estás pensando, pero tenemos que trabajar.
—¿Así que si no tuviéramos que trabajar no dirías que no? —se estaba divirtiendo bastante con esa conversación.
—¿Y tú qué crees? Sería un pecado divino negarse a eso contigo, ¿crees que no me apetece verte bajo la corriente de agua de la ducha con las gotas de agua destacando cada parte de tu perfecto cuerpo, devorándome con la mirada y haciéndome enloquecer? —una sonrisa pícara se dibujó en su rostro, estaba devolviéndole todas sus bromas e indirectas multiplicadas por mil.
El joven tragó saliva mordiéndose el labio, acababa de imaginar esa escena y eso lo estaba excitando. Ella se posicionó sobre él con una sensual sonrisa dibujada en sus labios, rodeando su cuello y besándolo con pasión, para más tarde levantarse e irse directa al baño.
—¿Crees que podrías buscarme una ropa adecuada para este trabajo en el armario de tu madre? —preguntó mientras enjabonaba su cuerpo con un jabón de orquídeas blancas.
—¿Profesora sexy y dominatrix o profesora normal? —bromeaba con picardía, abriendo el armario de su madre y buscando conjuntos con su mirada.
—Me parece que prefiero el atuendo normalito. —contestó mientras reía, aquel joven era único para hacerla sonreír.
—Es una pena, sabiendo que te vas a pasar la mayor parte del curso en ropa deportiva, ¿no te apetece ser atrevida?
—Las primeras impresiones son fundamentales, señor Son, no debería olvidarse de ello. —decía en tono juguetón una vez que salió de la ducha, entrando a la habitación tal y como tantas veces la había imaginado—. Además, no vamos a estar todo el curso, no somos profesores, somos policías. Creo que con que estemos un mes tenemos de sobra para acabar con el narcotráfico en el instituto.
Una simple toalla blanca envolvía su cuerpo y su cabello azabache, largo y sedoso caía mojado y revuelto sobre su espalda.
—Supongo que tienes razón, tú ganas, escoge alguna de estas camisas que combine con este pantalón y esos zapatos de tacón. —sugirió después de echarle una ojeada, conocía los colores que más le favorecían.
—Siempre tan obediente. Creo que me quedaré con la camisa blanca ajustada, prefiero llevar algo clásico.
—¿Clásico? Eso no suena muy tú. —comentó una vez que había comenzado a vestirse con un traje completo de lino. La chaqueta, el chaleco y los pantalones eran de color gris medio y la camisa de un tono morado delicado, nada estridente, prefirió no llevar corbata porque hacía bastante calor y un cinturón y unos zapatos negros eran los que terminaban de configurar su atuendo.
—No siempre puedo ser explosiva, debo guardar mis ases, ¿no crees?
Ambos estaban listos al fin, aunque se estaban dando los últimos retoques. Videl repasaba su cabello peinado con unas ondas sueltas gracias a la espuma y Gohan estaba perfumándose y poniéndose su reloj favorito.
—¿Mi preciosa novia está lista ya?
—Podemos irnos.
Y con eso cerraron la puerta, bajaron al garaje privado del señor empresario multimillonario y la joven se quedó boquiabierta, jamás pensó encontrar tal colección de coches y motos deportivos en el mismo lugar, todos brillantes y sin una mota de polvo. Jamás entendería a Gohan y su habilidad de elegir uno de todos ellos, ella estaría pensando todo el día y debido a su indecisión, decidiría ir andando.
—¿BMW, Mercedes o Porsche? Esos son los más discretos de mi colección, el resto lo dejaremos para cuando sean necesarios.
—Es una decisión difícil, pero me quedo con el Porsche 911 Carrera S.
—No te culpo, es magnético. Verás cuando estemos en el exterior, su color plateado reflejará la luz del sol con su misma intensidad. ¿Subes o pretendes quedarte observando su majestuosidad? Lo mejor será cuando lo escuches rugir.
Jamás se cansaría de ver conducir a su guapo novio, desprendía seguridad y confianza, además, cuando conducía sus ojos obtenían un matiz de seriedad poco frecuente en él. Parecía mentira que iban en uno de los coches más rápidos y potentes, la suavidad y delicadeza que empleaba al conducir provocaba que te sintieras sobre una nube. Gohan podía ser arriesgado y loco o delicado y responsable a la hora de conducir, todo dependía de si era una carrera ilegal, una persecución o un viaje normal y tranquilo.
A pesar de todos los contratiempos matutinos, llegaron justo a tiempo y cuando sus compañeros vieron salir a Gohan de aquel coche se sintieron minúsculos ante aquel carisma que desprendía, iba perfectamente peinado con cera dejando movilidad y soltura a su cabello a la vez que llevaba cada mechón en su lugar correspondiente, no podían adivinar su mirada, pues llevaba las Ray-Ban, solo podían contemplar su sonrisa segura. Todo empeoró cuando vieron como le abría la puerta del copiloto a una despampanante y distinguida joven de cabellos azabaches ondulados y dos zafiros como ojos.
—Gohan… creo que nos hemos pasado un poco. —susurró a su oído disimuladamente.
—Creo que el Mercedes o el BMW hubieran sido una elección más acertada. —suspiró divertido mientras colocaba sus gafas de sol sobre su cabeza y mostraba sus profundos y serenos ojos negros.
—Me siento observada. —protestaba con una sonrisa complicada mientras colocaba un mechón de su cabello tras su oído y enlazaba su brazo con el masculino, comenzando a caminar sin dejar de llamar la atención.
—Buenos días, mi nombre es Gohan y espero poder trabajar a su lado todo lo bien que pueda, daré lo mejor de mí. Esa ha sido mi presentación como compañero, ahora, como policía infiltrado debo decirles que tengan cuidado y estén atentos al detalle. Estamos aquí por el tráfico de drogas, no se olviden de ello. ¿Se me olvida algo? —advirtió mirando a todos a los ojos, finalizando con una mirada dulce a la pelinegra.
—Creo que ha sido perfecto. Yo soy Videl y tal y como ha dicho mi compañero, mi objetivo principal es acabar con el tráfico de droga y no pienso descansar hasta cumplirlo. Solo estaremos trabajando un mes, cubrimos bajas. —informó con una voz y mirada decidida, por algo era inspectora, su cargo no era solo el título, sino también su actitud frente a las cosas.
—Pasemos a la sala de profesores, allí hablaremos tranquilamente. —sugirió el director.
—Bueno, quizá podríamos pensar la posibilidad de organizar un viaje de varios días para comprobar el comportamiento de los alumnos antes y durante el viaje. Los policías se encargarían de ir junto con algún profesor que inspire más confianza dentro de los alumnos. —propuso mirando a cierta profesora de Historia, la cual comenzó a reír cuando vio su mirada sobre ella.
—Vaya indirecta más directa, haré lo que pueda para ayudar.
—Es una idea interesante, me gusta, ¿qué opinas, Videl?
—Nadie sospechará nada, es perfecta.
—Ahora, respecto a nuestras funciones como profesores, sabemos cuales son las clases más problemáticas en ese aspecto y nos gustaría ser sus profesores. Tenemos espías en el instituto, las clases son 2ºA, 2ºC, 2ºE Y 2ºF, con esas clases entre los dos tendremos bastante información como para cerrar el caso.
—De acuerdo, no hay ninguna objeción. Aquí tenéis vuestros horarios, las programaciones y el temario que debéis impartir. Sabemos que cumpliréis con vuestro trabajo y contáis con todo nuestro apoyo.
A pesar de su insistencia, los del ministerio solo le concedieron el puesto de profesora de educación física a Videl, Gohan recibió el cargo de profesor de matemáticas y economía, quizá creyeron que era un desperdicio tener al director general de una de las multinacionales más importantes en algo que no fuera la economía.
Si no tuvieran contactos dentro del instituto, jamás imaginarían que ahí había problemas con las drogas. Todos los alumnos en su mayoría eran ejemplares y correctos, aunque solo era una fachada, en su interior se escondían personas con una gran dependencia a dichas sustancias, personas perversas, dispuestas a todo por conseguir su suministro.
Gohan se convirtió en el profesor estricto y serio de matemáticas, con un aspecto cuidado y un aura y físico que provocaba que todas sus estudiantes se desvivieran por quedarse después de clase con la excusa de una duda, a veces era cierto, otras solo querían comprobar cómo era fuera de las clases, pero no lo conseguirían. Tal era el interés que despertaba que incluso muchos de sus alumnos se apuntaron al viaje organizado solo para satisfacer su curiosidad y obtener respuestas. Sin quererlo se había convertido en un «reclamo turístico».
Videl también causó sensación. Su carácter fuerte y autoritario y su bella sonrisa hacían que todos sus alumnos fueran detrás de ella, elogiándola y preguntando cosas personales. Su figura atlética y cuidada, junto con sus hermosos ojos eran su marca personal, todos suspiraban y babeaban por ella, a pesar de la dureza que mostraba durante las clases.
Kate actuaba en las sombras como siempre, siguiendo a los grupos señalados y grabando fragmentos de conversaciones que podrían ser considerados como pruebas valiosas, e incluso fue capaz de fotografiar los intercambios y que se vieran sus rostros. Aquella adolescente tenía el potencial necesario para hacer lo que quisiera, su mayor problema era la falta de interés que demostraba en todo lo que no fuera música, historia, arte o algo relacionado con la policía.
Ellos fueron recopilando pruebas, para la fecha del viaje tenían todo lo necesario para meterlos entre rejas, pero prefirieron tener un mayor número que llevar a juicio. Pobres alumnos ajenos a todo lo que se enfrentaban. Ilusionados por el viaje, deseosos por satisfacer su curiosidad.
Todo el plan estaba estudiado a la perfección, María sería la que pondría el ambiente acogedor repleto de confianza y ellos actuarían aprovechándolo, cuando menos lo esperaran.
Se encontraban en una discoteca, bailando, bebiendo y disfrutando de la música. Gohan se encontraba solo sentado en uno de los cómodos sillones mientras disfrutaba de su whisky con hielo, saboreando cada trago al notar todos los matices de aquella bebida, su mirada estaba perdida entre el gentío, fija en su princesa que hablaba con María, se habían hecho grandes amigas en muy poco tiempo. Ya entendía por qué Kate se sentía de esa forma a su alrededor, ella era una persona maravillosa y única, cuya aura te envuelve en calidez.
Las chicas lo vieron solo y con esa aparente mirada melancólica y se acercaron para hacerle compañía, sentándose junto a él sin dejarle espacio personal.
—Vaya, el serio profesor parece ser un duro bebedor.
—¿No te gustaría pasar el rato con nosotras?
—Te envuelve un aura magnética y misteriosa, queremos conocerte.
Lo que ninguno de ellos sabía era que estaban siendo contemplados por la inspectora de ojos marinos, bebió lo último que le quedaba de su copa de vodka con naranja y se acercó a aquel rincón donde algunas estaban intentando ligar con su hombre. Generalmente no se consideraba celosa, pero tratándose de Gohan, su cuerpo actuaba instintivamente. Confiaba plenamente en su amante, pero las estudiantes eran unos monstruos hormonados y descerebrados que suspiraban a cada movimiento que hacía el pelinegro. Iba a salvarlo y, de paso, a demostrar su propiedad.
—Chicas, ni yo mismo me conozco. ¿Por qué no intentáis ligar con alguno de los chicos? No tengo interés en vosotras, tengo novia y jamás la dejaría por nada en el mundo. Lo siento, pero no quiero problemas. —hablaba mientras giraba su copa, centrando su mirada en el giro de los cubitos y sintiendo como ciertas manos femeninas que conocía a la perfección se posaban sobre sus hombros.
—Gohan, tengo frío, ¿me prestarías tu chaqueta? —la joven comenzó con su ataque. Gohan era suyo y tendría que demostrárselo a todas esas chicas que babeaban por él. No podía culparlas, ese semi-saiyan era un cóctel de facetas, comportamientos y sentimientos irresistible.
—Por supuesto, toma, espero que sirva para que entres en calor. —contestó con caballerosidad, quitándose su chaqueta americana negra y poniéndola con suma delicadeza sobre los hombros de la joven que llevaba un precioso vestido rojo de noche que realzaba su figura.
—Gracias… ¿qué haría yo sin ti? —preguntaba acercándose peligrosamente a sus labios, desviándose y besándolo en la comisura de sus labios, haciendo que la mente y el corazón del moreno dieran un vuelco e instintivamente la tomara con delicadeza por la muñeca mientras la sujetaba con suavidad por su cintura y la besaba con pasión—. ¡Vamos a bailar, estamos en una discoteca! —no le dio tiempo a opinar, se lo llevó a la pista de baile, dejando a las alumnas estupefactas por lo que acababan de contemplar.
Los policías eran el centro de atención, quién se hubiera imaginado que el aburrido profesor y la misteriosa profesora serían una pareja tan explosiva. Ahí se encontraban, bailando pegados, dejándose llevar por la música y por sus sentimientos.
—¿No crees que deberíamos guardar las apariencias? — decía la joven envolviendo sus brazos tras el cuello de Gohan mientras que él posaba sus manos en sus caderas.
—Estamos infiltrados, disfruta del momento, déjate llevar, libérate. —susurraba apasionadamente junto a su oído, recorriendo su espalda con unas ardientes caricias, haciendo que leves suspiros se escaparan de sus labios.
Para la sorpresa de ambos, comenzó a sonar Halo de Beyoncé cambiando de un ritmo rápido y libre a un ritmo lento, íntimo y romántico.
Remember those walls I built
Well, baby, they're tumbling down
And they didn't even put up a fight
They didn't even make a sound
I found a way to let you win
But I never really had a doubt
Standing in the light of your halo
I got my angel now
—Parece que esta canción fue hecha para nosotros. —susurraba amorosamente, llevando su cabeza al pecho del joven para escuchar el ritmo de su corazón. Era acelerado, ella sonrió porque sabía que era la causante.
It's like I've been awakened
Every rule I had you break it
It's the risk that I'm taking
I ain't never gonna shut you out
Everywhere I'm looking now
I'm surrounded by your embrace
Baby, I can see your halo
You know you're my saving grace
You're everything I need and more
It's written all over your face
Baby, I can feel your halo
Pray it won't fade away
—Tienes razón. Siempre me gustó esta canción, pero ahora que me doy cuenta de la letra se convertirá en una de mis favoritas.
—Eres mi ángel. —dijeron ambos al unísono, chocando sus frentes con ternura y sintiendo como la música los transportaba a momentos pasados que reflejaba la canción.
I can feel your halo (halo) halo
I can see your halo (halo) halo
I can feel your halo (halo) halo
I can see your halo (halo) halo
Hit me like a ray of sun
Burning through my darkest night
You're the only one that I want
Think I'm addicted to your light
I swore I'd never fall again
But this don't even feel like falling
Gravity can't forget
To pull me back to the ground again
Al mismo tiempo que finalizaba la canción, ellos se fundieron en un tierno beso lleno de amor y sinceridad. Eran felices por haberse conocido.
Después de aquella pieza sentimental, salieron al callejón a tomar algo de aire y pillando in fraganti a todos aquellos que traficaban, era su oportunidad perfecta. Estaban todos reunidos, contando dinero e intercambiando material.
—Parecía que jamás íbamos a pillaros en el momento perfecto, habéis sido cuidadosos, pero no lo suficiente. Os felicito.
—Quedáis detenidos por tráfico de drogas. —terminó Videl comenzando a esposar a uno de los alumnos más influyentes.
—Al igual que por posesión de armas sin licencia. Ni se te ocurra disparar, si tú lo haces, yo podría hacerlo y créeme, si alguien daña a lo que más amo, no vacilaré en apretar el gatillo. —advirtió el pelinegro arrebatando una de las armas de una patada y otras utilizando sus puños, llevando a todos al suelo golpeados. Allí sería más fácil esposarlos.
—Parece que habéis olvidado que todo lo que digáis o hagáis puede ser utilizado en vuestra contra delante de un tribunal. Tenéis derecho a permanecer en silencio y a contratar abogados, si no podéis pagarlos se os asignarán abogados de oficio.
Kate había salido momentos antes de ese espectáculo de golpes y se había mostrado imparcial, había visto como salían y quería ver como terminaba aquella corta, pero importante misión. Había sido todo un éxito, gracias a su información, el triunfo estuvo asegurado. Ahí estaba, oculta aprovechando las sombras que creaba uno de los muros de ladrillo, atenta a todo lo que sucedía a su alrededor.
Los detenidos protestaban e intentaban liberarse de las esposas, llegando incluso a probar a golpear a ambos detectives, algo demasiado arriesgado, pues terminaron inconscientes al intentar resistirse.
—Llamaré a la comisaría, la operación ha terminado.
—No creo que puedan llegar aquí en poco tiempo. Recuerda que estamos a más de cinco horas de automóvil. —opinó la joven, olvidando con quien estaba tratando.
—Tranquila, llegarán en menos de lo que piensas. Nunca te he fallado ni mentido, ¿por qué debía hacerlo ahora? —contestó con una sonrisa desafiante. Esa parte de él seguía siendo igual que cuando comenzaron a trabajar juntos—. Papá, abuelo, venid aquí lo más rápido posible. Tenemos a los camellos y muchas pruebas, ¿verdad Kate? Sal de tu escondite, puedo sentir tu ki y sé que has inmortalizado los intercambios en tu teléfono móvil.
—Danos medio minuto. —decían ambos comisarios desde la otra línea mientras cogían sus armas y sus placas, para que más tarde Goku los teletransportara al mismo callejón donde todo había sucedido.
—¿Nos llamabas? Pues aquí estamos. —informó Goku apoyando su espalda contra los ladrillos en una actitud despreocupada.
—Os veo bien chicos, podéis seguir divirtiéndoos, nosotros nos encargamos del resto. —saludó Bardock aproximándose a ellos con su típica sonrisa ladeada de aspecto seguro, algo que había heredado su nieto—. Parece que nos será sencillo llevarlos a todos ya que están inconscientes, un trabajo impecable tal y como siempre. Vaya Kate, estás hecha toda una belleza, me gusta ese cambio de look, las mechas plateadas y tu color natural te dan un aspecto interesante y enigmático.
—Me cansé del morado y tenía ganas de experimentar, nada más. —contestó ignorando el resto del cumplido, mentiría si dijera que no se sintió feliz.
Tras eso, todos regresaron al local y siguieron disfrutando de la bebida, música y compañía mutua. La noche se hizo más corta de lo esperado y regresaron al hotel cuando estaba amaneciendo, probablemente tendrían problemas para despertar a los muchachos a la hora de desayunar, era el último día y debían regresar para su pesar.
Tal y como supusieron, nadie estaba abajo a la hora del desayuno y todos los policías se miraron con complicidad y una sonrisa maliciosa. Vampiresa, semi-saiyan y humana, todos irían a despertar al resto. Se repartieron cada una de las plantas del hotel que ocupaba el alumnado y por petición de la joven de ojos grises, ella se quedó con el piso donde se encontraba la profesora de Historia.
—Chicos, dejadme a María a mí. Normalmente está de muy mal humor si no descansa lo suficiente. Vosotros podríais correr peligro, yo no.
—Haz lo que tengas que hacer para despertarlos. Nos vemos aquí en un cuarto de hora. ¡Qué comience la Operación Despertar!
Con esas palabras comenzaron a subir las escaleras a un ritmo vertiginoso, golpeando puertas y poniendo marchas militares como despertador. Una vez que conseguían despertar a los de una habitación, el resto era mucho más sencillo. Teniendo una puerta abierta y aprovechando que todas sus habitaciones tenían balcón, era bastante obvio que ellos harían «balconing» Puede que no fuera lo más seguro, pero sí lo más efectivo y juzgando que todos eran agentes de élite entrenados y dos de ellos podían volar y levitar, el peligro era inexistente.
Los rostros de sorpresa combinada con somnolencia de todos los que eran despertados no tenían precio, simplemente eran dignos de un Óscar o un Grammy a la mejor expresión. Nadie pensaba que estarían tan locos para llegar a esos extremos y técnicas. Un profesor entrando por la ventana y comenzando a cantar, eso asustaría a cualquiera.
Pobre de Kate, despertar a su profesora favorita fue lo más arriesgado que había hecho en mucho tiempo. Llamó a la puerta varias veces y no encontró respuesta, la llamó y tampoco, tragó saliva pensando en la última alternativa que le quedaba, entrar por el balcón. Dicho y hecho, entró por la ventana con sumo cuidado y dejando ambas hojas abiertas para que la luz y el viento la despertaran. Se aproximó a su cama llamándola con dulzura, consiguiendo que fuera arrastrada a la cama, siendo presa de sus brazos y teniendo su rostro contra sus senos, una posición bastante incómoda. Tuvo que emplear alguno de sus poderes para liberarse y recuperar su respiración normal, jamás imagino que la figura de aquella mujer se conservara tan bien, casi seguro iba al gimnasio.
—María, han preparado un café especial para ti en el hotel, con un aroma exótico, suave y acaramelado que te envuelve. Ah, tienes un angelote en tu habitación, más concretamente sobre tu cama. —la vampiresa la conocía a la perfección, sabía de su amor por el café y de su odio incondicional a aquellos angelotes tan típicos del Renacimiento y de Rafael Sanzio.
El efecto fue inmediato, se despertó al momento totalmente horrorizada, buscando con una mirada desnortada el cuadro que tanto odiaba, suspirando aliviada cuando comprobó que era mentira y quedándose boquiabierta cuando vio quien se encontraba allí.
—¿Qué haces aquí y cómo has entrado? —preguntó frotando sus ojos mientras se levantaba de la cama.
—Te has dormido y como no contestabas ni a la puerta ni a llamadas he tenido que entrar por la ventana. Por favor, ¿podrías ponerte algo? —explicó apartando su mirada. Sería difícil mirarla mientras siguiera en ropa interior, sentía un gran respeto por ella y en esos momentos solo le venía a la mente la imagen de ella contra sus pechos. ¿Por qué tenía tan mala suerte?
—No tengo nada en contra de ningún tipo de gustos, pero jamás pensé que te gustarían las MILFS. Sabía que eras pervertida, pero no tanto. —bromeó con una sonrisa burlona, ni ella sabía por qué la había provocado de aquella manera, necesitaba su café de la mañana.
—¡María! —protestó totalmente roja, sus palabras provocaron que volviera a mirarla—. ¡Ese no es el problema! ¡Me has abrazado contra tu pecho mientras dormías! ¿Quieres que te mire como si no hubiera pasado eso?
—Así que te ha gustado, ¿eh? —continuaba burlándose de ella, era tan divertido verla totalmente sonrojada y buscando excusas. Sabía que todo eso era por el respeto y afecto que le profesaba, pero su actitud bromista no podía reprimirse.
—¿Sigues borracha? ¿Recuerdas quién tuvo que traerte a tu habitación y acostarte? Incluso perdiste la llave y tuve que bajar a recepción.
—No recuerdo nada de las tres últimas horas. Recuérdame que nunca te rete a rondas de chupitos de tequila y vodka. Eres una bebedora resistente. Me va a explotar la cabeza, necesito tomar agua.
—Prometo que no diré nada de lo que pasó anoche. Ven aquí, voy a aliviar ese dolor de cabeza y malestar que tienes.
La morena posó sus manos gélidas en la frente de su profesora, maravillándola con su suavidad y fresquito, se sentía demasiado bien en aquel estado. No solo lo hizo por el frío de su piel, sino que al mismo tiempo que compartía su temperatura corporal, utilizaba sus poderes vampíricos y la aliviaba de la resaca matutina. Lo menos que necesitaban era a una profesora medio ebria y con resaca, vomitando durante el trayecto.
—Me siento como nueva, no sé lo que habrás hecho, pero te lo agradezco. Voy a vestirme. —agradeció besando su mejilla en un acto maternal. Ella sonrió con completa felicidad, realmente era como su madre.
Ese día era el último que trabajarían como profesores, el tiempo volaba y dar clase no era tan pesado como recibirla. Se encontraban en la sala de profesores tomando un café de máquina, que más que café parecía agua de fregar, las muecas que hacían Gohan y María al beberlo no tenían comparación. Nadie decía nada, esos extraños que llegaron dando la nota se irían siendo unos de ellos. Sufrían y se sentían felices por sus alumnos, ayudaron para mejorar las instalaciones y las relaciones.
—Sé que sabéis que este es nuestro último día aquí, pero es un día normal. Alegrad esas caras, solo somos personas que se mueven en las sombras sin dejar más rastro que nuestras relaciones. Esto no es un adiós, es un hasta luego. No prometemos nada, pero quizá vengamos a visitaros. —se despidió mientras recogía sus cosas en una caja y Videl lo imitaba.
—Ha sido un placer trabajar con personas tan profesionales y capacitadas como vosotros. —habló el director, siendo seguido por un asentimiento de todos y un aplauso general.
El presidente ejecutivo tenía razón, solo era un hasta luego, pues al día siguiente les llegó un paquete con una nota escrita con una caligrafía cuidada, cursiva y elegante.
«Queridos compañeros, tanto Videl como yo les agradecemos su hospitalidad y paciencia con nosotros. Este mes ha sido una experiencia inolvidable y como muestra de agradecimiento aquí tienen un pequeño regalo de mi parte. Me preocupa vuestra salud si seguís tomando ese café tan horrible. Disfrutad de la máquina expreso que os he comprado. No acepto devoluciones»
Ese era el mensaje que había dejado Gohan, tan bromista y detallista como siempre. Nada se escapaba a sus sentidos, no importaba a lo que se dedicara, siempre triunfaría.
¿Qué opinan del Gohan detallista? Su paladar refinado no pudo aguantar ese café mucho tiempo. Videl celosa y defendiendo con uñas y dientes a su hombre y un toque cómico. Creo que es completito jaja. Debo advertirles que en el próximo capítulo todo dará un giro inesperado. ¿Tienen alguna idea de qué será? Comenten y especulen, ya saben cuál es la recompensa, una información jugosa y exclusiva para el ganador.
