El joven Gohan estaba inmerso en una de las reuniones más importantes que había tenido desde que era el director ejecutivo de la empresa, una reunión asombrosa y totalmente hipnotizante, tanto que le era imposible apartar su atención del portavoz.

La habitación en total silencio, todos los presentes parecían haber quedado mudos, nadie decía nada, lo único que podía escucharse con claridad era el sonido de la lluvia fuerte y la voz del conferenciante.

El cielo cubierto de cúmulos negros en la inmensidad y majestuosidad de la noche se iluminó, al mismo tiempo que un enorme estruendo se hizo presente. Un rayo acababa de caer acompañado de un trueno, que provocó un corte de electricidad general en toda la ciudad.

—Guarden la calma, señores, no hay nada que temer. —tranquilizó el pelinegro con una voz serena—. Lo mejor será quedarnos en nuestro sitio.

—Me alegro de haber terminado antes de esto. —suspiró aliviado uno de sus socios.

No sabía si el escalofrío que recorrió todo su cuerpo al mismo tiempo que el rayo impactaba contra la tierra era producto de aquel fenómeno o quizá de su sexto sentido. Quería pensar que nada malo había ocurrido, pero su sexto sentido nunca se equivocaba. Miró la luna llena, con una mirada perdida y pensativo, rezando para que su amada se encontrara bien.

«Espero que estés a cubierto, la tormenta os habrá pillado por sorpresa, mal día para un acto público y por desgracia no estoy a tu lado para cederte mi chaqueta. Me sabe tan mal no haber podido asistir a tu discurso, espero que puedas perdonarme, eso de tener más de un trabajo y de una identidad es algo agotador.»

Mientras su mente era ocupada por esos pensamientos, algo devastador ocurrió cuando todos los policías estaban tranquilizando a los aturdidos espectadores, que temblorosos se movían de un sitio a otro, chocando unos con otros debido a la oscuridad total. Parecía que alguien esperaba la oportunidad para cumplir con su misión, portando unas gafas de visión nocturna y un francotirador abatió a la inspectora de homicidios más célebre de la Policía Z. Cuando sus compañeros se dieron cuenta era demasiado tarde para actuar, Bardock la llevó al suelo, evitando que la bala la atravesara. El disparo fue limpio y meditado, penetró tan cerca de su corazón que, sin intervención quirúrgica, moriría.

—¡Llamad a una ambulancia! ¡Videl, resiste, no puedes morir sin vengar a tu madre! —Bardock suplicaba a gritos desgarrados, llevando sus manos a la herida para evitar que la hemorragia fuera a peor.

Momentos más tarde, los tres policías restantes que conformaban junto con la recién abatida la segunda generación, sintieron como si algo explotara en su interior, Zandro, Kate y Gohan llevaron su mano al pecho, arrugando su ropa con rabia mientras las lágrimas surcaban su rostro. El semi-saiyan notó como el ki de su compañera se desplomó, no podía quedarse quieto.

—Algo malo ha ocurrido, Shinya, te dejo al mando. Mi intuición nunca falla y me dice que quien más amo está al borde de la muerte. —ordenó en un susurro casi inaudible y aprovechando la penumbra que reinaba en la sala de reuniones, saltó por una ventana y voló a toda velocidad rumbo a donde se encontraba el ki de Videl en un estado crítico.

Cuando aterrizó sobre el césped húmedo, coincidió con Kate y Zandro, contemplando una escena que rompió su corazón en tantos pedazos que serían imposibles de contar. Ella estaba tendida sobre una camilla, la transportaban al hospital y siguiendo con su mirada ya acostumbrada a la oscuridad, vio como el rastro de sangre le llevaba a un punto donde un charco de su propia sangre cubría el césped y a su lado se encontraba su abuelo, petrificado, contemplando la sangre que cubría sus manos. Jamás olvidaría el rostro de esa mujer bella y fuerte que en esos momentos era pálido y débil y se alejaba a toda velocidad.

Sintió como una ola de calor, rabia y poder invadía su ser, aquella sensación ardía e inundaba cada célula de su cuerpo, sus manos se encontraban en su cabeza y revolvían su cabello, tirando de él con fuerza y desesperación.

—¡VIDEL! —con ese grito animal, digno del rey de la sabana, todo su poder oculto comenzó a emerger de él, materializándose y atrayendo a infinidad de rayos que impactaban a su alrededor. No permitiría jamás que alguien le arrebatara lo que más amaba y atesoraba—. ¡NO SÉ SI ME ESCUCHAS CAPULLO! ¡JURO QUE TE ENCONTRARÉ Y TE MATARÉ CON MIS PROPIAS MANOS! ¡EN EL MOMENTO EN QUE MIS OJOS TE VEAN ME ABALANZARÉ SOBRE TI SIN PIEDAD!

Ese grito se escuchó por toda la ciudad, erizando la piel de cada uno de sus habitantes. Frente a un semáforo en rojo se encontraba un sujeto sospechoso de mirada pirada y una mueca sádica y siniestra, al mismo tiempo que enfadado.

—¡Maldito policía! Si no hubiera reaccionado a tiempo, la bala la hubiera atravesado tal y como ocurrió con su madre. Parece que tendré que esperar un tiempo hasta que todo se olvide y pueda volver a actuar. La próxima vez no fallaré.

—¡Hijo, tranquilízate! —advirtió Goku, temeroso de que algún rayo golpeara a un civil.

—¡No puedo! ¿Por qué no habéis actuado? ¿Acaso no sabéis que el asesino de su madre sigue suelto?

Su personalidad calmada se había esfumado, se abalanzó sobre su padre y comenzó a golpearlo con una fuerza desconocida en él. Nunca había sido rival para él, pero su fuerza aumentó, haciendo que la brecha que separaba a ambos se volviera de dimensiones interplanetarias. Kate reaccionó utilizando sus poderes, de lo contrario, mataría a su propio padre.

—¡Cálmate! Todo va a salir bien. Iremos con ella, lo que más necesita es tu apoyo. Tu padre no tiene culpa de esto, no hace falta que lo mates. —dijo Kate una vez que llevó a Gohan al suelo, no estaba más calmado, pero al menos estaba preso gracias a sus maravillosos poderes.

Lo único que consiguió devolverlo a su actitud habitual fue imaginar la sonrisa de Videl, se levantó y comenzó a correr rumbo al hospital, no esperaría a nadie, si querían alcanzarlo, que corrieran a su ritmo. Lo único que realmente le importaba estaba a punto de esfumarse de su vida. La lluvia se mezclaba con sus lágrimas y empapaba su cuerpo y su carísimo traje, pero a quién le importaba aquello, su mente solo pensaba en ella. Los vampiros lo siguieron y dieron gracias a su velocidad sobrenatural, que aun así era insuficiente para alcanzarlo y seguir su ritmo.

Llegaron donde estaba ella, a punto de entrar al quirófano, había perdido tanta sangre que el color de su piel era tan pálido como el blanco de las paredes.

Pasaban las horas y ella no salía, por mucho que preguntaba nadie decía nada. Estaba comenzando a perder la esperanza cuando el cirujano salió con una mirada tranquila, logró levantar su ánimo.

—Todo ha salido bien, aunque debido a la falta de riego sanguíneo en el cerebro puede presentar problemas tales como amnesia. Normalmente es temporal, con un poco de tiempo se recuperará.

—Muchas gracias, doctor. —expresó aliviado y estrechando su mano.

—Si no hubiera estado el problema de la bala, podríamos haberla curado con nuestra sangre o con el tanque de sanación, pero esto necesitaba una cirugía urgente.

—¿Quién hubiera pensado que en el mismo día que ninguno de nosotros estaba con ella intentarían matarla?

—¿No te preocupa su amnesia, Gohan?

—Eso es algo secundario. Saber que está bien y fuera de peligro es lo que más me importa en estos momentos. Solo tendré que volver a enamorarla, lo haré tantas veces como sea necesario.

—Gohan… si no recuerdo mal, ¿no habías comprado un anillo de compromiso? —Zandro decidió unirse a la conversación.

—No importa, ella es mi vida y mi razón. Cuidaré de ella tal y como hice y la enamoraré de una forma tan sutil que terminará recordando todo lo que vivimos. Chicos, parece que ya podemos pasar a la habitación, entrad primero, tengo que hacer una llamada.

El policía suspiró mirando el nombre que aparecía en la pantalla de su IPhone, tenía que hacerlo, no había otra opción.

—Hijo, ¿qué ocurre?

—Mamá, escucha. Renuncio temporalmente a la empresa. Necesito estar al lado de Videl, casi la matan y no pude hacer nada. El médico dice que tiene amnesia, por lo que no recordará nada de mí. —comenzó a soltar todo lo que lo atormentaba y sus lágrimas recorrían sus mejillas, tenía un nudo en la garganta.

—¿La amas?

—Claro, es mi único y primer amor. Mi vida tiene sentido gracias a ella.

—Si la amas, es más que suficiente, sé todo lo que puede hacer el amor. Solo piensa una cosa, si tú eres feliz, tu padre y yo también. Tranquilo, te cubriré y te pasaré el dinero de tu sueldo hasta que te sientas con fuerza para volver a dirigir la empresa.

—Mamá…te quiero. No cambies nunca.

—Siempre serás mi pequeño y haré cualquier cosa por ti, no lo olvides.

—Gracias. —con ese suspiro terminó la llamada y se armó de valor para entrar a la habitación.

Abrió la puerta con suavidad y allí se encontraba ella, con una vía, suero y oxígeno. Parecía haber recobrado un poco de su color y dormía plácidamente. Pensar que el día anterior la había tenido entre sus sábanas, contemplándola totalmente embobado mientras dormía, abrazándola, besándola. Esos pensamientos provocaban un nudo en su garganta, se sentó en la silla que había a su lado y tomando su mano con delicadeza comenzó a sollozar.

Ella estaba bien, no la había perdido, solo había perdido parte de su memoria, él solo era un simple desconocido, nadie importante en su vida. Ella lo era todo para él, su amada, su princesa, su vida. El amor era un arma de doble filo, te hacía el hombre más feliz o el más desdichado del mundo, te lo daba todo y en el mismo momento te arrebataba más de lo que habías recibido. No solo no había amor, tampoco había amistad, compañerismo, no se conocían.

Los vampiros se fueron dejando intimidad a la pareja, el pelinegro se durmió entre lágrimas y despertó cuando sintió un leve movimiento a su lado. Ella había despertado.

—Perdona, pero no te conozco de nada. ¿Quién eres y qué haces aquí? —preguntó con desconfianza, sus muros habían vuelto a levantarse.

—Cierto, lo siento, qué descortés por mi parte. Mi nombre es Gohan, soy tu compañero, un inspector de homicidios tal y como tú. Quizá te preguntes por qué estás aquí, si te encuentras bien, te lo contaré. —habló con suavidad, soltando su mano en contra de su voluntad. Sintió como su interior se desmoronaba al escuchar aquellas palabras. Habían vuelto a la casilla de salida.