—Es extraño, no recuerdo tener compañero, de hecho, no recuerdo nada.

—No te agobies y escucha, estoy aquí para ti, somos compañeros y puedes confiar en mí. Alguien intentó asesinarte, has pasado más de doce horas en el quirófano y como consecuencia de tal pérdida de sangre has desarrollado una amnesia temporal. —contaba mirando a través de esos ojos que lo volvían loco, los cuales comenzaban a tornarse vidriosos.

«Una policía sin memoria reciente y lesionada no sirve para nada. Soy una inútil.» pensaba y sin percatarse comenzó a llorar, su única devoción era su trabajo y acababa de fallar.

Su cuerpo se tensó, para después relajarse al sentir como aquel hombre misterioso, increíblemente guapo y que olía bastante bien la confortaba envolviendo sus brazos alrededor de su cuerpo. Ella se sintió segura y comenzó a llorar, empapando su traje.

—¿Qué voy a hacer si no recuerdo nada? ¿A qué me dedicaré? ¿Qué será de mí? ¿Sabes qué pasará conmigo cuando me recupere? —preguntó la bella policía con una mirada vidriosa. Desconocía el por qué, pero se sentía segura al lado de aquel hombre que llevaba un traje de mayor valor que toda la habitación y todos los aparatos que se encontraban en ella.

—De momento, céntrate en descansar y recuperarte pronto. Si me disculpas, debo irme, los médicos volverán de aquí a nada. —aconsejó con una sonrisa triste.

—Gohan… mantenme informada de todo lo que ocurra durante mi ausencia. Quizá eso me ayude a recordar. —le imploró, tomándolo por el puño de su chaqueta de seda.

—Te veré todos los días, es una promesa.

Y con eso, el joven salió de la habitación, derrumbando su apariencia de estar perfectamente y comenzando a sollozar, mezclando felicidad y tristeza, ella estaba viva, pero al mismo tiempo él no era nadie en su vida.

Parecía que los criminales y asesinos se tomaron un descanso mientras ella permanecía en el hospital, ningún caso llegó a sus manos, solo se limitaba a ayudar, rellenar informes e infiltrarse en los lugares más peligrosos. Aun así, conseguía sacar tiempo de su ajustada agenda para ir a verla a diario, llevando siempre un obsequio, ya fueran flores, chocolates, muñecos de peluche o hermosas fotos que había tomado.

Durante sus visitas le narraba muchas de sus aventuras, los casos que habían resuelto juntos y todos los problemas que habían superado, aunque nunca mencionó nada sobre sentimientos. No quería agobiarla y mucho menos confundirla.

Antes de lo esperado, llegó el día del alta médica y Gohan decidió llevarla con su padre hasta que terminara de acostumbrarse de nuevo a su vida, ella fue quien lo propuso, después de todo, su padre siempre amó la compañía de su pequeña y amaba pasar tiempo con él.

Allí se encontraban ambos frente a una enorme mansión con unas verjas de forja que la protegían de los curiosos. Aprovechándose de su posición, Videl abrió las rejas y la puerta principal, con un poco de suerte conseguirían sorprender al moreno de ojos grises y cabello afro.

Jamás imaginaron la escena que encontraron al entrar al salón. Satán se encontraba colgando de una soga, totalmente pálido, frío y rígido. A ojos de cualquier persona parecía un suicidio, pero ellos no eran cualquiera, se especializaban en asesinatos.

Videl cayó desplomada sobre sus rodillas, su padre la amaba demasiado como para hacerle eso, no podía creer que se encontrara sola en un mundo hostil que le arrebató a quienes más quería. Lloraba e intentaba gritar con desesperación, pero la voz era incapaz de tomar forma. Era demasiado para su frágil cuerpo.

Gohan se acercó a ella y la abrazó, temeroso por su reacción. Se veía tan afectada que pensaba que, si la tocaba con más fuerza que un simple roce, su cuerpo se rompería en añicos, trozos de cristal que cortaban si intentabas cogerlos. Le ofreció una carta que había encontrado sobre la mesa. Decía lo siguiente:

«Videl, querida hija mía, espero que puedas perdonarme. Sabiendo que al fin habías encontrado al amor de tu vida, un trabajo que te realizaba por completo y unos compañeros que te trataban como a su familia, pensé que ya no era necesario seguir a tu lado. Me dejé sucumbir a ese pensamiento que tantas veces rondó mi cabeza, pero rechacé debido a que me necesitabas junto a ti. Ese pensamiento era el suicidio, quiero volver a ver a tu madre, ver su sonrisa y sus ojos, sentir su calidez… no ha habido un solo día en el que no haya pensado en ella. Recuerda que tanto yo como mamá cuidaremos de ti desde el más allá y, por última vez, no le guardes rencor a este viejo estúpido que vivía sumido en el pasado.»

Firmado: Mark «Mr. Satán»

Extrañamente, su mirada adoptó una expresión furiosa en vez de desgarrada, y él, él conocía esa expresión a la perfección. Algo no le cuadraba, encontró algo extraño en esas palabras.

—Gohan, mi padre ha sido asesinado. Es cierto que esa es su firma, pero compara su firma con la letra de la carta, no se parecen mucho. Alguien intentó imitar su letra y obligó a firmarla antes de colgarlo.

—Puede que eso sea una prueba relevante, pero lo que más me extrañó cuando lo vi fue la posición en la que se encuentra. Es imposible colgarse a sí mismo así. Llamaré a la central.

La noticia formó tal asombro en los altos cargos que todos llegaron a la escena del crimen, observaron cuidadosamente, milimétricamente, atentos a cualquier detalle minúsculo y crucial para resolver ese misterio. Tomaron fotos del cuerpo, mandaron la carta al laboratorio para buscar huellas y cotejarlas con enemigos potenciales de Satán y, sobre todo, apoyaron a la inspectora en esos momentos de puro dolor.

El moreno se mantuvo a su lado en todo momento, tomando su mano, confortándola con su calor y compartiendo sus sentimientos, hacía mucho tiempo que no lloraba de tal forma. Desconocía si era por el caso o por verla rota frente a él

—¿No tienes a nadie que pueda cuidar de ti mientras te recuperas? —preguntó junto a su oído con una voz cálida y algo ronca debido al llanto.

—Estoy sola, no tengo a nadie. Mis compañeros de la comisaría son como mi familia.

—Sé que suena loco, pero, ¿me dejarías ayudarte a recuperar tu memoria? Yo vivo solo también y mi casa es demasiado grande para mí, somos compañeros, es mi deber ayudarte. ¿Qué dices? Juro que juntos encontraremos al asesino de tu padre y a quien te ha hecho eso, nada se nos escapará, somos el mejor dúo de la Policía Z. —con esas palabras tocó el destrozado corazón de la inspectora, quien lo miró con dulzura.

—¡Sí! Quiero decir, si no queda más remedio. —respondió inmediatamente. No sabía el porqué, pero ese hombre tenía un aura magnética que manipulaba su mente. Junto a él se sentía segura, invencible.

—De acuerdo, espero poder ayudarte. Confía en mí, no te defraudaré. —contestó divertido, llevando su mano grande y cálida al cabello de la joven, acariciándolo momentáneamente mientras sonreía con dulzura.

—Gohan, espera. —lo llamó cuando se disponía a irse a por unos cafés que los mantuvieran despiertos gran parte de la noche para avanzar en el caso, agarrándolo por la manga de su chaqueta— ¿Por qué has estado todo este tiempo tomando mi mano y llorando? ¿Qué somos, Gohan? Puedo ver que por tu comportamiento y tus miradas no éramos simples compañeros, si no mucho más.

—Veo que sigues siendo tan avispada como siempre. Si tanta curiosidad tienes, te lo diré. No pretendía decirte nada porque temía que afectara a tu situación, nosotros éramos pareja. No tienes que presionarte, esperaré por ti y volveré a enamorarte mientras te ayudo a recuperarte, porque tú me diste una razón para seguir adelante y porque pase lo que pase, siempre te amaré. Ahora, resolvamos esto y permitamos que tu padre pueda descansar en paz. ¿Cappuccino con extracto de vainilla?

—Cuando terminemos con esto, me contarás todo sobre nuestra relación y sí, me sorprende que sepas tanto de mí.

—No hay nada que se escape a mis sentidos si tiene que ver contigo. —susurró junto a su oído con fugacidad. Aquella oración le resultó muy familiar a la chica, quien se quedó pensativa y mirando como se alejaba y salía de la habitación.

«¡¿Novios?! ¿Cómo he conseguido que este hombre tan perfecto, atento y masculino se fijara en mí? Su determinación es admirable.» Una sonrisa tímida se dibujó en su rostro al pensar eso mientras jugaba con su largo cabello y contemplaba todas las pruebas que habían reunido.

—Papá, no te preocupes. Me aseguraré de que tengas un merecido descanso.

Tras pronunciar esas palabras se puso manos a la obra, fijando con imanes las fotografías y teorías que habían desarrollado en una pizarra blanca de rotulador, nada mejor para rectificar y dejar volar la creatividad.

—Tome, inspectora. Espero que le sirva para mantenerse atenta y despierta. —le ofreció su café en su taza favorita con una sonrisa sincera que desbordaba calidez.

—Gracias, inspector Son. Pongámonos manos a la obra, quiero que des todo de ti.

—Si usted es quien me lo pide, no dudaré en superar mis propios límites. Por usted seré un fénix que se quemará hasta la muerte y resurgirá de sus propias cenizas, cada vez más fuerte y perfecto.