Aquí va otro capítulo de este arco. Chicos, comentad jaja, me siento sola y se me va la inspiración porque no se lo que os está pareciendo T_T. Dejando eso de lado, ¡espero que estén pasando un buen fin de semana y que lo disfruten!
Allí se encontraban los inspectores, revisando el correo privado de Satán. El número de cartas desbordaba el saco en el que se encontraban. Estaban así por la deducción de Gohan, quizá encontraban alguna pista entre aquel sinfín de cartas.
—Me sorprende que, a pesar de ser superdotado, tengas un pensamiento creativo tan desarrollado. —confesó apartando su mirada de la carta y dedicándosela a su compañero misterioso.
—Supongo que tengo ambos hemisferios muy desarrollados. He sido educado a la perfección en cualquier ámbito. Videl, creo que esta es la carta. —informó poniéndola en el centro de la mesa para que ella también pudiera contemplarla.
«Muy pronto iré a hacerte una pequeña visita, Mark. Espera pacientemente al día de tu muerte, lo disfrutarás.» Eso era lo que más llamó la atención de ambos policías, que inmediatamente llevaron la carta al laboratorio para cotejar las huellas con las de la carta del asesinato y, efectivamente, coincidían.
—Ahora busquemos en los servidores a quien pertenecen. —sugirió, llevándola a su despacho compartido en el que, por petición de Gohan, se instaló un superordenador con funciones táctiles, de reconocimiento facial y de voz.
No le resultó nada complicado encontrar al dueño, bueno, mejor dicho, a la dueña. Lo extraño es que esa mujer estaba limpia de antecedentes y era de mediana edad, una de dos, o tenía tendencias psicópatas para meterse a la vida criminal con cincuenta años, o no era la culpable. Pero, de todas formas, sus palabras mostradas en una de las cartas tenían un significado muy ambiguo, tendrían que comprobarlo.
—Según este informe, la señora Myers vive a tres manzanas de la comisaría, ¿vamos?
—¿No crees que tendríamos que pedir refuerzos?
—Tranquila, me basto por mí mismo, parece que has olvidado cómo me uní al cuerpo, es una pena. Nuestro primer encuentro fue algo mágico y parecía que el destino había querido unirnos. Puedes verlo cuando quieras en las cámaras de seguridad, yo te llevaré, quizá eso te ayude a recordar.
—Vale, me has convencido, pero ten cuidado. No quiero que te pase nada malo.
—Vaya, esa oración me trae recuerdos, me dijiste justo lo mismo en nuestro primer caso juntos.
Charlaban mientras estaban en el ascensor y cuando bajaron subieron al coche de Gohan, esta vez tocaba el BMW 530, algo más modesto y normalito que el Porsche.
—Las señoritas primero. —dijo mientras abría la puerta del copiloto.
—Creía que la caballerosidad era algo del siglo pasado.
—Puede ser, pero es lo que me hace irresistible. —bromeó mientras guiñaba un ojo y aceleraba siguiendo la ruta libre de semáforos que había memorizado.
—También veo que la modestia es uno de tus fuertes.
—Tengo muchos dones que pareces haber olvidado, es una pena, pero no te preocupes. Volveré a grabar con fuego en tu piel y en tu mente toda la complejidad de mi persona.
—¡¿En mi piel?! —preguntó sobresaltada y ruborizada.
—Si tú supieras… —contestó burlón con una sonrisa maliciosa.
—¿También lo hicimos?
—Y no solo una o dos veces. —seguía jugando con ella, era muy divertido verla tan tímida y a la vez curiosa.
—¡Gohan!
—Solo digo la verdad, princesa. Bueno, creo que debemos dejar nuestras aventuras entre las sábanas para otro momento, hemos llegado a nuestro destino. No estás al cien por cien, si estuvieras detrás de mí en todo momento, estaría más tranquilo.
«Princesa… ¿por qué me suena tanto ese apodo? ¡Ya recuerdo, cuando tenía catorce años fui a la fiesta de un príncipe y él estuvo llamándome así toda la noche! Fue mi primer amor y mi primer beso… sé que fue una promesa de niños, pero me gustaría verlo de nuevo. Prometió que me buscaría.» pensaba para sí, siendo ajena a que el príncipe que recordaba estaba a su lado.
—¿Has sacado tu pistola?
—Sí.
—Bien, entonces, ¡entremos! —advirtió antes de patear una puerta nueva de materiales resistentes que terminó contra el suelo. Ella se sorprendió, hubiera costado trabajo tirarla hasta con el equipo profesional policial.
—¡Tenemos una orden de registro! ¡Deje de hacer lo que esté haciendo y venga a la entrada! —hablaba con un tono seguro e imponente que provocó que una mujer se acercara temerosa.
—Esperen que me pongo unos zapatos… —dijo como distracción, abriendo un armario y saltando por ahí.
—¡Mierda! Una trampilla secreta.
—¡Videl, no te separes de mí, vamos a seguirla! ¡Rápido!
Ambos se introdujeron en el armario y saltaron por la trampilla que los llevó a uno de los laterales ocultos de la vivienda, podían ver a la señora que corría en la distancia, tenía una gran resistencia para ser tan mayor. Gohan decidió que no podía permitirse perder ese sospechoso potencial, pero que tampoco podía dejar a Videl sola, así que, sin previo aviso, la tomó al estilo nupcial y comenzó a correr con su velocidad sobrehumana.
Alcanzó a la mujer en menos de treinta segundos y con una gran maestría la apresó contra un muro de ladrillo húmedo, cubierto de musgo.
—Me parece que va a tener que contestar a más preguntas que en un origen. Sus cargos pueden aumentar debido a la obstrucción a la justicia, aunque no eres un agente, podría ser considerado como uno dado tu caso. Tienes derecho a permanecer en silencio, todo lo que hagas o digas podrá ser utilizado en tu contra frente a un tribunal. —ordenaba mientras la esposaba con un poco de fuerza, no quería que se soltara, pero tampoco quería dañarla.
Una vez dentro del coche, regresaron a la comisaría de policía y durante el trayecto, llamó a su vampiresa favorita, Kate.
—Hola preciosa, ¿puedes ayudarnos con un caso un tanto especial?
—Por supuesto, después de todo, también formo parte de tu grupo. Utilizaré mis poderes para facilitaros el interrogatorio.
—¿Quién es ella? —preguntó con desconfianza, interrogándolo con la mirada, una mirada furiosa.
—Princesa, ¿estás celosa? Tú eres aún más hermosa y preciosa, además, ella es como mi hermana. No hay peligro, puedes esconder tus uñas. Recuerda esto, la única mujer que me interesa y que me hace sentir de una forma especial, eres tú, no importa tu condición. Con memoria o sin memoria, siempre te amaré. Creía habértelo dejado claro anoche, ¿quieres que te lo demuestre? —hablaba con un tono burlón, cálido y dulce, con una mirada divertida. Le encantaba ver a su chica celosa porque se veía adorable, parecía que sus celos eran por instinto, no recordaba nada de él, pero seguía marcando su propiedad y protegiéndola con uñas y dientes.
—Soy curiosa por naturaleza, no me culpes. —se excusó apartando su mirada, una vez que habían dejado a la sospechosa en el calabozo mientras llegaba Kate.
—¿Y si yo soy un adicto a tu cuerpo por naturaleza? —preguntó muy cerca de su oído, aproximándose peligrosamente a sus labios, ella cerró sus ojos esperando un beso y eso le hizo recordar a la mañana en la que cocinó tortitas para ella por primera vez.
Sonrió y besó su mejilla con ternura, pasando sus manos grandes y cálidas por su cabello largo y sedoso de color azabache.
—Tranquila, aunque parezca mentira, sé controlarme a la perfección. No pasará nada mientras no me provoques, si me provocas no puedo prometerte nada. —tranquilizó siguiendo cerca de su oído y haciéndola enloquecer con su presencia y cercanía, puede que su mente no lo recordara, pero su cuerpo jamás se olvidaría de todas las sensaciones que solo el semi-saiyan podía proporcionarle.
Kate llegó antes de que ninguno pudiera continuar la charla, sonriendo con malicia al ver su proximidad.
—Vaya Gohan, veo que no desperdicias el tiempo, tan cerca de ella cuando no te recuerda, no te entiendo. —saludó con picardía y sacando la lengua mientras se quitaba los auriculares.
—Es un malentendido.
—No me interesan vuestros juegos amorosos, estoy aquí por trabajo. Con alcohol de por medio puedes contarme lo que quieras.
—Eres menor, no puedes beber.
—Já, ¡qué gracioso! Beberé igual.
A pesar de ser policía, le encantaba jugar con la ley, era muy compleja, con un toque de rebeldía y la verdad, sus poderes eran la mar de útiles en esas situaciones.
Solo con una mirada fue capaz de meterse en su mente y sus recuerdos, eso sí, después del interrogatorio, si no, no tendría mucho sentido.
—¿Te son familiares estas cartas?
—La primera la escribí yo, pero, ¿qué tiene que ver la segunda conmigo?
—Aquí, los que hacemos las preguntas somos nosotros. Ahora responda.
—¿A qué se refería con que esperara al día de su muerte?
—¡Oh, vega ya! ¿Quién va a adelantar un asesinato por una carta? Era en sentido figurado, solo le estaba avisando de que iría a visitarlo y le llevaría su dulce favorito, el cual lo «mataría» de placer.
—¡Entonces explícame por qué tus huellas están en la carta del asesinato de mi padre! —gritó, había perdido la paciencia y terminó estampándola contra uno de los cristales templados a prueba de balas con tanta fuerza que consiguió fracturarlo.
—¿Tú eres Videl? Tu padre hablaba maravillosamente de ti, ahora lo entiendo.
—¡Contesta!
—No tengo nada que ver, quizá toqué el folio en el que se ha escrito esa carta.
—Inspectora, permítame saber si dice la verdad. —pidió la joven de cabello ahora plateado y castaño oscuro, introduciéndose en su pensamiento y sus recuerdos. La señora no mentía, la escena por la que se podía explicar la presencia de sus huellas en la carta era cuando una ráfaga de viento entró al estar las puertas abiertas y mandó a volar todos los folios de papel que se encontraban sobre la mesa auxiliar del salón. Ella ayudó a recogerlos y colocarlos.
—No miente, es inocente.
—Si es inocente, ¿Por qué huyó cuando fuimos a verla?
—Echaron mi puerta abajo e iban armados, ¿qué querían que hiciera, esperar a que me pegaran un tiro?
—¡Somos policías, jamás haríamos eso!
—Y yo estoy sorda y no había escuchado que eran policías. No me mostraron su placa e iban de paisano, es comprensible.
—Señora… ¿qué juez va a concederle una orden de registro a alguien que no sea policía?
—¿Un juez comprado?
—¡Ya basta! Puede irse, pero no vuelva a hacer algo como eso, nunca. —ordenó el pelinegro que comenzaba a alterarse. Necesitaba tomar el aire y reflexionar, estaban en un callejón sin salida.
—Tranquilos chicos, yo os ayudaré. Con las habilidades y contactos de Gohan nada se nos resistirá.
—¿Y tú qué aportarás?
—Gohan, no es la misma que cuando la conocí, es mucho más desconfiada.
—Bienvenida al club. —bromeó con sarcasmo.
Claro que no era la misma, le habían pegado un tiro, habían asesinado a su padre y había perdido parte de su memoria. ¡Como para confiar en el primero que te encontraras por la calle!
—Inspectora, yo aportaré mis poderes de telepatía, puedo leer mentes entre otras cosas, si le dijera todo lo que puedo hacer, perdería todas mis cartas en una situación real. Y no te preocupes, tengo novio.
—¿Quién me llamaba? —preguntó el susodicho, entrando a la sala.
—¡Zandro, has vuelto!
—Los comisarios nos han asignado como equipo de refuerzo por si lo necesitáis, aunque lo dudo. Me parece que voy a ir a rellenar informes, ¿me acompañas? —informó mirando a la vampiresa, la cual negó con la cabeza y fue arrastrada por la muñeca—. ¡Déjales intimidad!
—¡Pero yo quería ver como se desarrollaba la situación!
—Nunca cambiarás, ¿verdad? —preguntó resignado, la curiosidad la mataría, bueno, era inmortal así que no, pero, de todas formas, no traía nada bueno.
—Perdóname, se me fue de las manos.
—Ven aquí y no te preocupes. —le habló con dulzura, abriendo sus brazos musculosos y mostrando sus pectorales y torso para que ella se refugiara en ellos.
Aceptó sin dudarlo y hundió su rostro en ese cuerpo musculoso, de perfume embriagador que lograba acelerar su corazón y al mismo tiempo reconfortarla. Él envolvió sus brazos en su cintura y apoyó su mentón sobre su cabeza. Extrañaba la sensación de tenerla entre sus brazos.
—¿Crees que podremos encontrar al culpable?
—Sin duda alguna, ha sido lo suficientemente idiota como dejar una prueba tan enorme, por lo que es imposible que haya sido la única. Solo descansa y ahoga tus preocupaciones en mi pecho, ¿de acuerdo? Yo estaré aquí para ti, ahora y durante toda la eternidad.
—Estoy cansada, ¿podemos regresar a casa por hoy?
—Claro que sí, princesa, todo lo que desees. —susurró con dulzura y comprensión, besando su frente con ternura y levantándola con delicadeza entre sus brazos, para ir al coche y llevarla a casa.
—¿Es normal ser tan vulnerable frente a ti? —preguntaba con somnolencia.
—Tu cuerpo me recuerda, por ello reacciona así a nuestro contacto. Recuerda que no estás recuperada del todo, hace dos días que te dieron el alta médica, así que nada de excesos de trabajo.
—Gracias por preocuparte por mí…
Esas fueron sus últimas palabras antes de caer en los brazos de Morfeo. No sabía por cuanto tiempo había estado durmiendo, lo que sí que era cierto era que cuando despertó, los colores anaranjados teñían el cielo. Podía contemplar la inmensidad de la ciudad a sus pies y la belleza del cielo a la perfección, esa vista le trajo un recuerdo borroso, por lo que tuvo que sentarse de nuevo en la cama.
—¿Qué piensas? —preguntó Gohan, mirando a su bella acompañante mientras abotonaba una camisa negra que se ajustaba a su cuerpo como un guante con lentitud, parecía gustarle sentirse devorado por la mirada de zafiro femenina.
—Nada, solo que me encantan las vistas. Realmente esto es de otro mundo, gracias por permitirme estar aquí. —dijo la joven, apoyando una de sus finas manos sobre el frío vidrio.
—A mí también me encantan estas vistas, aunque prefiero el atardecer en la playa o el amanecer en la montaña. Hagamos una promesa, un día te llevaré, ¿vale? —decía con inocencia y una sonrisa radiante que lograba sonrojarla.
Ese recuerdo pertenecía a ese mismo edificio, salió algo desorientada y bajó las escaleras, deteniéndose bruscamente y sentándose sobre un peldaño al escuchar la melodía que estaba tocando el joven en un piano de cola majestuoso. Era una melodía preciosa, pero melancólica y desgarradora, parecía transmitir sus emociones a través de aquellas notas musicales. Ella posó su cabeza sobre sus brazos cruzados y disfrutó del concierto privado, cerrando sus ojos.
La música se colaba e invadía su cuerpo, tal era la profundidad y complejidad de la partitura que estaba interpretando, que las lágrimas amenazaban con salir de sus bellos ojos como dos cascadas.
En ese momento, la música se detuvo y él la miró, su mirada estaba cargada de nostalgia y melancolía, pero, aun así, sonrió con dulzura para ella.
—¿Cómo se llama esa pieza?
—No sé, se me ha ocurrido mientras pensaba en ti. ¿Quieres tocar el piano? Puedo enseñarte.
—¿De verdad?
—Nunca podría negarme a esa mirada, ven, siéntate aquí.
Y así comenzó su lección, ella sentía los perfectos y rígidos músculos del joven contra su espalda y su voz grave y hechizante contra su oído, con sus alborotados cabellos haciendo cosquillas por todo su cuello. Él intentaba enseñarle la posición de las manos a la hora de tocar y comenzó a tocar guiando sus manos por el teclado, esta vez, la música era delicada, dulce, suave y cálida. Parecía mentira todo lo que se podía transmitir con un instrumento musical y una composición.
—Esta canción también se me acaba de ocurrir pensando en ti, voy a anotarla antes de que se me olvide. Prometo terminarla y dedicártela.
Esas palabras fueron suficientes para calmar su corazón de alegría y una sensación extraña, ¿sería amor o pasión? Gohan era único para ello.
