Él sonrió enternecido al verla con esa expresión en su rostro, se veía tan adorable con ese rubor en sus mejillas que estuvo tentado a recorrer su suave piel, pero se detuvo en el mismo instante en el que recordó que en esos momentos no eran más que simples compañeros de trabajo.

—Bueno, princesa, ¿te apetece cenar algo? Seguro que tienes hambre, dime lo que te apetece y lo prepararé. —le habló con dulzura, alejando su cuerpo en contra de su voluntad, si por él fuera, estaría toda una vida con ella entre sus brazos.

—Cada vez que me llamas así, me recuerdas a un príncipe que conocí hace mucho tiempo.

—¿Y qué tal era? Guapo, caballeroso y hechizante, supongo. —preguntó con curiosidad, sabía que era él de quien hablaba y quería conocer lo que creía de él en sus recuerdos.

—No hay palabras para describir la noche tan maravillosa que experimenté junto a él. Era tan dulce, delicado y perfecto que mi corazón estuvo latiendo con fuerza todo el tiempo que pasé junto a él. Fue mi primer amor. —se sinceró mirando a su apuesto acompañante y comparando sus facciones con las que recordaba. Realmente, eran muy similares.

—Oh, parece sacado de un cuento de hadas, gracias por compartir tus recuerdos conmigo. Bueno, ¿contestarás a mi pregunta?

—¿Podrías preparar pescado y crema de verduras? Recuerdo que mi padre solía hacerlo con mucha frecuencia para cenar, bueno, el chef de la familia. —sugirió con timidez, le resultaba extraño toda esa situación y al mismo tiempo, se sentía como en casa.

—¡Por supuesto! ¿Te parece bien la merluza o prefieres atún a la plancha sellado? Ambos están frescos, los he comprado esta mañana.

—Por mucho que me guste la merluza, prefiero el atún sellado a la plancha.

—¿Hay alguna verdura que no te guste? —decía desde la cocina, una vez que se había puesto su mandil y comenzaba a limpiar y filetear el atún.

—No hay ninguna que me desagrade, puedes hacer una mezcla de todo. —contestó divertida, estaba consintiéndola como hacía tiempo que nadie hacía.

—Perfecto, puedes ver la tele, hay más de cien canales, aunque no suelo verla. Mi madre lo tiene contratado, así que no puedo tocar nada, después de todo, este edificio no es mío.

—No pienso ver la tele mientras tú cocinas, déjame ayudarte.

—Eres incorregible, ¿cómo pretendes que ponga a cocinar a mi huésped? Si tanto insistes, ayúdame a lavar y pelar las verduras para cocerlas, ¿te parece?

Ella asintió y terminó de acercarse a las encimeras de la cocina, maravillándose con la habilidad culinaria del policía y la habitación tan impoluta como los chorros del oro. Una de dos, o era un fanático de la limpieza y el orden, o alguien limpiaba para él. Cogió uno de los mandiles, el que más se ajustaba a su tamaño y se lo puso, intentando atárselo y fallando en el intento, a lo que él sonrió y después de lavar y secar sus manos, la abrazó por la espalda y la ayudó a atarlo.

—Es normal que no sepas, es un mandil profesional de cocina muy cómodo. Ya está usted lista para torturar las verduras. —bromeó en un susurro, aspirando el perfume de la joven. «Soy demasiado vulnerable a ti…»

Con ambos en la enorme y majestuosa cocina con los muebles y electrodomésticos más sofisticados que podían encontrarse en el mercado, el ambiente adoptaba semejanzas familiares, recordando a un joven matrimonio enamorado.

Él no dejaba de sonreír, sentirla junto a él lo hacía increíblemente feliz y ella no podía quitarle los ojos de encima. No solo era un policía excelente, un genio de los negocios y un príncipe encantador y comprometido con su pueblo, sino que también era muy diestro con los cuchillos y los fogones. Aunque ella no recordaba todo lo que él podía hacer, se sentía cada vez más intrigada, ese hombre tenía algo adictivo que la empujaba a conocerlo en profundidad. Con cada minuto que pasaba a su lado, sus ganas de recuperar la memoria se hacían más fuertes.

La cena estaba sumamente deliciosa, había sido cocinada por ambos y con mucho esfuerzo y cariño, todo estaba en su punto, suave y jugoso. Hacía tiempo que no lo pasaba tan bien, jamás pensó que disfrutaría tanto el tiempo compartido.

Antes de que pudieran darse cuenta, la medianoche llegó y ella comenzaba a cabecear y a dejarse arrastrar por el sueño.

—Gohan, creo que voy a irme a dormir… —hablaba mientras frotaba sus ojos y bostezaba.

—Lo que usted desee, princesa, la acompañaré a su habitación. —contestó con diversión y ternura. Era demasiado adorable para contenerse—. Tocaré el piano para ti para asegurarme que duermes genial. —se despidió una vez que la escoltó hasta su habitación, ella sonrió ante su propuesta, acababa de escucharlo tocar y ya sentía que su vida se sentiría vacía sin las melodías tan complejas que componía el pelinegro.

Tal y como prometió, una vez que bajó las numerosas escaleras, se sentó en la cómoda y mullida butaca de su piano de cola negro y brillante y comenzó a tocar la composición que él mismo había ideado, siguiendo la partitura anotada y dejándose transportar a lugares mágicas y a sus recuerdos. Ella era su musa, su inspiración, su motivación, su todo.

Videl hizo un esfuerzo sobrehumano para poder disfrutar de la música que llegaba tenue a su dormitorio, era la canción que había prometido componer y dedicarle, seguía teniendo ese matiz cálido, delicado y apasionado que la envolvía en calidez y seguridad. No le importaría dormir con esa melodía cada noche de su vida.

Una vez que había pasado algo más de una hora, él empezaba a notar el cansancio en sus párpados que le pesaban, dejó de tocar y decidió darse una ducha cálida y reconfortante antes de irse a dormir, haciendo una visita nocturna a su bello amor, quien dormía serena y con una expresión de felicidad plena. Ya no pudo soportarlo más, se aproximó con sumo cuidado y besó su frente, su mejilla y la punta de su nariz con amor y ternura y ella aumentaba su sonrisa.

«Definitivamente, demasiado adorable para mi salud. Mejor me voy ya o no sé si podré seguir besando algo que no sean sus labios o su cuello.» pensó para sí mismo con una expresión complicada antes de cerrar la puerta tras él con una delicadeza inmensa.

Se metió entre sus sábanas de lino blancas, suaves y sedosas, extrañando la presencia y la calidez de su compañera, no recordaba cuando fue la última vez que durmió solo. Un suspiro se escapó de sus labios, perdiéndose en la inmensidad y el silencio de la noche. Su único deseo era que recordara todo.

Despertó pronto, tal y como era habitual, en una habitación extraña, lujosa, luminosa y moderna, sin duda alguna, ese no era su apartamento. Miró a su alrededor e intentó recordar, llegando a la conclusión de que estaba viviendo con Gohan hasta que su situación fuera más estable y hasta que encontraran al asesino de su padre. Descubrió que su habitación tenía un baño privado y no dudó en sumergirse en una refrescante y revitalizadora ducha de agua tibia para aclarar sus ideas.

Agradecía haber traído parte de su ropa, aunque tendría que decirle a Gohan que la acompañara a por más, si iba a vivir una temporada con él, mejor no prescindir de nada necesario. Salió de su habitación y escuchó ruidos que provenían de unas escaleras que llevaban arriba, no vaciló en subir y satisfacer su curiosidad, encontrándose con un enorme gimnasio de última generación y a un Gohan sudoroso que golpeaba un saco que no había visto nunca antes, parecía muy robusto y no era de ninguna marca deportiva, quizá fue fabricado expresamente para él. Mirando bien a su alrededor, ninguna de las máquinas se correspondía con alguna marca deportiva comercial o no, todas tenían el mismo logo, Corporación Cápsula.

Se quedó cautivada por sus movimientos tan rápidos, fuertes, intrépidos e instintivos; el sudor que cubría su cuerpo y se deslizaba por todos los lugares de su cuerpo permitía resaltar aún más su perfecta musculatura, esculpida a conciencia. Estaba con el torso desnudo y la luz que entraba proveniente de las cristaleras, creaba un juego de luces y sombras en su cuerpo, dotándolo de un aspecto salvaje que rozaba lo animal e irremediablemente hipnótico, no podía apartar su mirada de todo el magnetismo que lo rodeaba.

Parecía estar descargándose con el saco, para más tarde pasar a ejercitarse con todo tipo de máquinas con la peculiaridad de que tenían todas las pesas puestas, no era de extrañar que pudiera tirar una puerta reforzada de una patada si seguía ese entrenamiento tan riguroso e inhumano. Ella probó a mover una máquina con una simple pesa y no pudo levantar ni un centímetro cuando era capaz de levantar cincuenta kilos con una mano. ¿De cuánto peso sería cada pesa? ¿Quién era ese hombre?

Llegó a compadecerse de el saco de boxeo y le intrigó su composición, no debía estar fabricado con materiales ordinarios si podía aguantar semejantes golpes. Gohan estaba tan concentrado en sus movimientos y la música de sus auriculares que se olvidó de que existía un mundo a su alrededor, lo único que le importaba era su entrenamiento, mantenerse, fortalecerse, descargar sus preocupaciones y miedos…

La joven inspectora decidió dejarlo terminar su entrenamiento y para agradecerle su hospitalidad, prepararía un desayuno rico en proteínas. Lo que más le llamó la atención al abrir su refrigerador, fue que solo consumía bebida de soja, yogures de soja… es decir, todo rico en proteínas. Viendo la cantidad de alimentos que alojaba el joven en su frigorífico, comenzó a cocinar tortilla, pechugas de pollo a la plancha, una ensalada de frutas y aguacate y unos batidos de banana con soja, además de un buen café.

Cuando el pelinegro bajó a la cocina, después de haber entrenado y haberse duchado, sintió como su boca se hacía agua al oler a comida recién hecha, era cierto que había tomado algo antes de entrenar porque no quería asustarla con su apetito de saiyan, pero oler esas delicias provocó que quisiera comer más. Mentiría si dijera que nunca deseó que ella cocinara para él.

—Tiene que estar sumamente delicioso, se me hace la boca agua solo con oler todo. —saludó con una sonrisa radiante, besando su mejilla como agradecimiento, turbando a la joven con su simple presencia.

—Hoy tienes que acompañarme a casa, tengo que coger muchas de mis cosas.

—Será todo un placer acompañarte. ¿Me concedes el honor de probar tu comida y el detalle de vestirme como dios manda?

La sonrisa tan socarrona en sus labios provocaba una sensación complicada en la joven, se sentía entre furiosa por su obstinación y muy atraída a ese hombre. Llevaba unos simples pantalones de deporte bajados para que pudiera verse su tentadora v que invitaba a algo más que contemplarla, podía apreciar la majestuosidad de su musculatura en reposo, no tenía nada que envidiar a cualquier supermodelo.

Ni siquiera se sentó para saborear la comida, sino que devoró los platos mientras se apoyaba en la encimera de la cocina, dando todo un espectáculo a su compañera, la cual comía con lentitud al no poder centrarse en su comida, la luz matutina que atravesaba el vidrio de los cristales era una de sus aliadas más valiosas. Y ya no pudo soportarlo más, cuando vio como un poco de agua se escapaba de sus labios y descendía tortuosamente por sus marcados músculos hasta introducirse por dentro del pantalón.

—¿Podrías comer como las personas normales? ¿Acaso tienes que mantener tu sensualidad hasta comiendo? —interrogó perdiendo la paciencia.

—Podría intentarlo, pero no te aseguro nada. Es una costumbre. Tampoco pido que me veas, pervertida. —provocaba con una sonrisa ladeada y recorriendo todo su torso con sus manos.

—¡No soy pervertida!

—Créeme, sé de lo que hablo. Puede que lo hayas olvidado, pero yo no. Te he visto gozar, gritar mi nombre, implorar mi atención y perder la cordura.

Ella decidió no añadir nada más, no quería continuar con ese juego que no llevaba a ninguna parte. Él comprendió que ya había habido suficientes bromas y sugerencias por el día. En cuanto terminó con su ración correspondiente de desayuno, subió a cambiarse con una camisa gris plata, unos pantalones de traje ajustados negros, zapatos y cinturón negros.

Cuando él bajó, ella ya estaba preparada, lo miró durante un par de segundos y salió por la puerta, siendo seguida por el moreno.

No tardaron demasiado en estar en la puerta de su apartamento para coger todo lo que ella considerara necesario, desde ropa, calzado y complementos, hasta recuerdos. Gracias a la fuerza sobrehumana del joven pudieron bajarlo todo de una vez y volvieron a su enorme apartamento para instalarla con total comodidad.

Gohan prefirió no decir ni una palabra referente al caso de Mark, pero su mente no cesaba de intentar conectar las pistas con algo coherente. Tenían una carta con una caligrafía parecida, pero no igual, unas fotos que reflejaban la posición del cuerpo y poco más.

Aunque algo llamó su atención en la mansión. Había muchas fotos de mujeres muy diferentes, según la pelinegra se trataban de sus madrastras, por lo que él decidió mandar a investigarlas. En ese caso había que sospechar de todo y una mujer enfadada, hay que tomarla como algo serio, más aún si de llevar una vida de lujos y despilfarro se ven en una vida llena de humildad y con un marido fracasado.

Según todos los informes, todas estaban limpias de antecedentes excepto una, a la cual Mark denunció y terminó con una orden de alejamiento.

—¿A qué esperamos para ir a hacerle una visita? Es una prueba valiosa.

—Te sigo, nunca me agradó esa mujer. Solo quería a mi padre por su dinero.

La mujer vivía en otra ciudad, así que el trayecto fue algo largo. Nadie decía nada, solo intentaban conectar las pistas y no daban con nada relevante. Llegaron frente a una casa humilde, pero bien cuidada, aparcaron frente a ella y, cogiendo sus placas y metiendo sus pistolas bajo sus ropas, se aproximaron a la puerta de roble y llamaron con decisión.

—Señora Oak, abra por favor. Somos policías y necesitamos hacerle unas preguntas.

Una mujer morena de ojos verdes no tardó en abrir y los recibió con una sonrisa. Los invitó a entrar y les sirvió unas tazas de un té delicioso.

—¿De qué querían preguntarme?

—Verá, sé que puede sonar algo complicado, pero necesitamos que conteste a nuestras preguntas.

—Hace cuatro días, mi padre fue asesinado y lo encontramos hace tres, colgado de una soga. Como simulando un suicidio.

—Ahora que recuerdo, tú eres Videl. No te había reconocido con el cabello largo, permíteme decirte que te sienta mejor. ¿Quién querría matar a Mark? Era un buen hombre que participaba en eventos de beneficencia y donaba a varias organizaciones.

—Hay un informe policial que dice que usted tenía una orden de alejamiento contra él.

—Reconozco que me enfadé mucho cuando presentó el divorcio porque uno de los motivos era que yo le estaba robando. Y yo no soy una ladrona, estuve siguiéndolo por varios días esperando el momento adecuado para decírselo, quien le estaba robando no era otra que la canguro de Videl.

—¿Mi canguro?

—Así es, ella salía con un hombre que siempre estaba en problemas y necesitaba dinero, mucho dinero para pagar sus deudas y mantener su nivel de vida tan elevado.

—¡No te permito que hables así de ella! ¡Fue como una madre para mí!

—Lo sé, querida, se casó con tu padre por puro interés y para sacarle hasta los ojos mientras su novio permanecía en prisión por tráfico de drogas. Pero ella no es la peligrosa, solo es como una sanguijuela, chupa hasta dejarte seco y nada más. El peligro es él, jamás perdonó el hecho de que tu padre hubiera estado con su mujer todo ese tiempo, porque ella le reprochaba que no le proporcionaba todo lo que tu padre.

—Gracias por su hospitalidad y sinceridad, iremos a investigarlos. Pero, por protocolo, ¿qué estuvo haciendo entre las doce y las dos del mediodía del miércoles?

—Estuve comiendo en el restaurante del hotel más prestigioso de la ciudad con mi marido para celebrar nuestro aniversario. Pueden comprobarlo con las cámaras de seguridad.

—Muchas gracias por todo, vendremos de nuevo si necesitamos nuevas pistas.

—Videl, sé que nunca te inspiré mucha confianza porque fui la primera de las mujeres después de la muerte de tu madre, pero quiero que sepas que, si necesitas una charla de madre a hija, aquí me tienes. Eres mi pequeña.

—Gracias… —solo pudo decir eso antes de que las lágrimas quemaran su rostro y se abalanzara a su pecho, para ser reconfortada con un amor maternal que había olvidado su piel.

—Llora todo lo que necesites y, pase lo que pase. Nunca te olvides de las personas que te quieren, no importa el tiempo que haya pasado.