El día había sido muy largo, después de haber interrogado a la principal sospechosa y haberla descartado, regresaron a la comisaría para poder investigar en profundidad todos los datos y pistas que le había proporcionado. Estaban tan inmersos y centrados en su trabajo que no levantaron la cabeza de sus informes hasta que Goku y Bardock entraron a su despacho y dejaron comida tailandesa sobre sus escritorios.
—Chicos, comprendo que estéis centrados, pero para mantener un buen ritmo de trabajo debéis comer bien. —habló el moreno de la cicatriz, pasando ambos brazos sobre los hombros de los inspectores de homicidios y abrazándolos cálidamente.
—Gohan, sé que te vas a quedar con hambre. Toma esta cápsula, bébela con agua y te llenará más que esta comida. Necesito que estés al cien por cien, hijo. —susurró Goku antes de pasarle una cápsula de un color extraño.
—Gracias. Papá, abuelo, voy a hacer todo lo que esté en mis manos para resolver este asesinato. Videl y yo estamos dando lo mejor de nosotros mismos. —agradeció con una sonrisa sincera.
—Oye, no sé donde están Kate y Zandro. —les dijo el comisario superior, con un semblante pensativo.
—No te preocupes, ordené que fueran al escenario para recopilar pistas que ninguno de nosotros puede hacer. —informó el sexy CEO que ahora actuaba como un policía profesional y entregado.
—¿Qué tipo de pistas no podemos encontrar nosotros? —preguntó la mayor doliente en un tono curioso.
—Son vampiros de sangre pura y sus poderes sobrepasan nuestra imaginación. No solo pueden oler a sangre a kilómetros, sino que también pueden tocar una cosa y ver qué sucedió allí, en el caso de Zandro, o ver a ciertos espíritus que rondan por aquí, si es Kate.
—¿Vampiros y fantasmas? Sorpréndeme, vosotros tampoco sois lo que se considera «normal», ¿verdad?
—Solo tienes que mirar a mi padre y a mi abuelo, ambos parecen tener mi edad. Sé que me estuviste espiando durante mi entrenamiento y hay muchas cosas que todavía no has visto. No somos normales, no.
Justo cuando iba a confesar muchas otras cosas, recibió una llamada por parte de su mano derecha de las cifras, Shinya. Eso no pintaba nada bien, probablemente estaría molesto por haberle cedido el puesto a su madre de nuevo.
Tragó saliva y descolgó.
—Gohan, ¿me harías el favor de explicarme qué mierda está pasando? ¿Por qué está tu madre aquí y no tú?
—Es una historia bastante larga y complicada. No quiero aburrirte. —intentaba escapar de entablar esa conversación con un Shinya furioso.
—¡Gohan! Tengo tiempo, mucho tiempo…
—Shinya, querido, que yo sepa, no te he dado permiso para llamar a nadie. —se escuchaba cierta voz femenina que todos los saiyans temían.
—Mierda… Pensé que tardaría más en encontrarme. —suspiró el peliazul.
—Déjame esto a mí. —dijo Goku antes de ponerse—. Pon el altavoz.
—¿Quién es usted?
—Alguien que podría enviarte a prisión si no me haces caso.
—Voy.
—Milk, creo que le debes una explicación al joven. ¿Cómo está mi bella flor?
—¡¿Goku?! Así que estás con Gohan, ¿está comiendo lo suficiente? ¿Está muy deprimido? ¿Cómo va todo con su chica?
—¡Mamá!
—Lo siento, lo siento. No puedo evitar preocuparme, soy tu madre.
—Sí, una muy pesada. Menos mal que Gine no es así… —suspiró Bardock viendo la escena.
Allí estaban un Gohan totalmente sonrojado, un Goku divertido y una Videl confusa en extremo.
—Cariño, ¿podrías poner el altavoz?
—Claro, mi amor… —habló con dulzura imaginando lo peor, seguro que había escuchado lo que había dicho Bardock.
—Bardock, sabes que te aprecio mucho y todo eso, pero… ¡VUELVE A DECIR ALGO ASÍ DE MÍ Y TE DEJARÉ MORIR DE HAMBRE EN LAS CELEBRACIONES DE PALACIO!
—No pretendía decir eso. Fue una respuesta automática. Lo siento, no me dejes sin comida. Sabes que amo saborear las exquisiteces que preparan los chefs del castillo. —se disculpaba de rodillas y llorando como un niño.
Ahora sí que estaba confusa, ver al hombre más temido de la comisaría temblar como un flan. ¿Palacio? ¿Celebraciones? ¿Chefs? Todo le resultaba extrañamente familiar. Quizá hubiera continuado con su reflexión, si no hubiera entrado Vegeta al despacho con una vena de la frente hinchada.
—¿Qué mierda estáis haciendo aquí? ¡Llevo más de media hora buscando a los idiotas de los comisarios!
—Vegeta, es una conversación familiar. ¡No te metas!
—Mujer, ¡tú no me das órdenes!
—¿Quieres que le cuente a Bulma que te acordaste de tu aniversario porque te lo dije?
—Bueno Milk, ha sido un placer hablar contigo. Debo irme a atender mis asuntos… —se despidió con una reverencia, antes de salir corriendo del despacho.
—Mamá, cuéntale eso y después hablamos. Estás perdiendo tiempo, mucho tiempo con esta conversación absurda y, ya lo sabes. En una multinacional, perder el tiempo es perder ganancias. Prometo incorporarme a partir de la semana que viene, solo quiero resolver este caso.
—Supongo que tienes razón. Ya sabes que eres el elegido para este trabajo, nadie comprende mejor a la empresa, los contribuyentes, clientes y empleados como tú. Todos te echan de menos.
Cuando escucharon como la línea se cortó, todos pudieron volver a respirar con normalidad y a relajar sus cuerpos. Una mujer con carácter era la perdición y la debilidad de los saiyans.
—¿Podemos comer ya?
—Claro, princesa. Hay suficiente comida para todos, ¿os apuntáis?
—Bueno, había pensado en pedir comida india, pero quiero saber vuestros avances en el caso.
—¿No habéis pedido tailandesa para todos?
—Digamos que tu príncipe sabe muy bien como cuidarte y mimarte. Nos mandó un mensaje para que pidiéramos comida tailandesa si no salíais del despacho.
—¿Por qué tailandesa?
—Porque sé que te encanta. No necesito nada más que verte sonreír al comer para saber que te encanta.
Fue una comida familiar bastante entretenida, contaban anécdotas, bromeaban y hablaban sobre sus respectivos papeles en la comisaría. Gracias a las cápsulas estaban llenos y rebosantes de energía.
Videl salió para prepararse un café y ambos comisarios advirtieron al joven policía de que alguien intentaba seducirla. Y si algo enfurecía a Gohan aparte de la injusticia, era que incomodaran a su novia, aunque ahora no eran nada, pero sentía como su mirada no había cambiado nada. Seguía prendada de su encanto magnético. Probablemente no hubiera intervenido para dejarle libertad, aunque, digamos que el chico estaba empleando métodos poco profesionales para tratar a una dama.
Vio como se acercaba peligrosamente a ella y la obligaba a estar presionada contra la máquina de expreso, su entrepierna estaba en contacto con ella y sus sucias manos amenazaban con subir hasta sus senos. Eso hizo que no dudara en salir y presentarse ahí, y agarrando al oficial por el cuello del uniforme, lo estampó en la pared de ladrillos.
—Parece que se te ha olvidado que estás trabajando y que es tu superiora. ¡Un poco de respeto!
—¡Oh, vamos! Siempre estáis acaramelados, con sonrisas y miradas cómplices, no me vengas con eso ahora. —protestó ofendido.
—Hay un gran cambio en su trato caballeroso, cálido, dulce y atento; respecto al tuyo, sucio y rastrero. Además, si has visto cómo nos comportamos, eso es de ser pareja. ¿Por qué has venido ahora con esas? —habló defendiendo a su hombre.
—Esa falda te hace un culo…
No le dio tiempo a terminar la oración porque él lo golpeó sin darse cuenta del control de su fuerza. Le reventó el labio y la nariz y se abalanzó sobre él con una mirada de un color azul eléctrico.
—¡Vuelve a ponerle un dedo encima, a mirarla o a pensar sucio con ella y te juro que te mato! ¡Tengo el dinero suficiente para no ir a prisión y librar al mundo de un hombre con tendencias de violador! Ahora, haré que te manden un mesecito a tu casa sin salario. ¡Atención! Este agente ha intentado violar a la inspectora de homicidios. —gritaba furioso, estampándolo varias veces contra la pared.
Bardock y Goku salieron a toda prisa al escuchar todo el alboroto, siendo necesarios ambos para poder frenar al híbrido que amenazaba con matar al oficial a base de golpes contra la pared.
—¡Gohan, cálmate! —decía su padre con dificultad, ni ambos juntos eran capaces de sujetarlo.
—¡NO PUEDO! —gritó con una mayor intensidad, provocando que su cabello comenzara a erizarse y a tornarse de un color platino.
—Gohan… estoy bien, no sigas así. Gracias a ti no ha pasado nada, vuelve a tu calma habitual, por favor. —habló con suavidad, poniendo una de sus delicadas manos sobre el fuerte agarre del joven pelinegro.
Solo su voz tuvo el efecto calmante que tanto necesitaba en esos momentos, Videl era una mujer con carácter y de decisiones rápidas y efectivas en situaciones como esas.
—Gohan, realmente eres un saiyan. Solo las palabras de tu mujer son capaces de devolverte la cordura. —suspiraba su abuelo, encogiéndose de hombros y riendo.
—Oficial Zarek, quedas suspendido de tu salario y serás trasladado a otra comisaría. Y ahora, ¡fuera de mi vista! —ordenó Goku con una voz y mirada glaciales.
—Vaya, parece que no podemos marcharnos. Siempre nos perdemos todo el salseo. —hablaba la vampiresa observando la escena de su alrededor.
—No creo que «salseo» sea la palabra más adecuada para describir lo que acaba de pasar… — intentó corregir Zandro.
El joven pelinegro ya había vuelto a la calma y se encontraba lavando su cara y contemplándose al espejo, menudo espectáculo acababa de armar. ¿Qué le estaba pasando? Él no solía perder la cordura con facilidad, pero ver a Videl en esa situación era el detonante ideal de su fuerza interior. Necesitaba centrarse, los cargos inferiores necesitaban una mente fría y calculadora, por eso se caracterizó siempre.
Volvió a su despacho compartido con la pelinegra, en el que también se encontraban Kate y Zandro, necesitaba interrogarlos para descubrir si habían visto algo que se resistía al ojo normal.
—Bueno chicos, vamos a ponernos manos a la obra. Decidme lo que habéis visto. —ordenó con una voz segura y autoritaria, al mismo tiempo que se dejó caer en su silla de escritorio y abrió un documento de texto en el que ir escribiendo todo.
También se aflojó la corbata del uniforme y desabrochó un par de botones para estar más cómodo, subiendo las mangas de su camisa a los codos para que no entorpecieran a sus dedos hábiles en el teclado.
Y la inspectora de policía se quedó totalmente embobada ante esos movimientos sencillos, que ella consideró sexys y masculinos. Desde donde ella estaba, podía observar la perfección con la que los músculos de sus antebrazos, cuello y pectorales habían sido esculpidos en mármol, para más tarde cubrirse de piel cálida y reconfortante. Jamás entendería el porqué se sentía tan atraída por un casi completo desconocido, puede que tuviera amnesia temporal, pero lo cierto es que esos movimientos y esa presencia le resultaban extrañamente familiares, casi juraría que también había estado envuelta en sus brazos hacía mucho tiempo.
—No hemos visto nada revelador o que vaya a resolver el asesinato, pero te diremos lo que hemos podido observar. Al entrar a la escena del crimen, el olor a dos tipos de sangre fresca, despertó nuestros instintos, no solo Mark fue herido, sino que el atacante también salió algo perjudicado. Pudimos ver como tu padre utilizó un abre cartas para amenazar al atacante, llegando a apuñalarlo en el hombro izquierdo cuando estaba próximo a la muerte. No murió asfixiado, murió de un golpe en la cabeza.
—Así es, probablemente lo confirme Bulma, pero pude ver que comenzaron a pelear y llegaron al suelo y, entonces, al mismo tiempo que Mark hería en el hombro al agresor, él lo golpeó con fuerza contra la esquina de la chimenea y murió al instante. No sabemos si era hombre o mujer porque llevaba ropas sueltas y un pasamontañas. Limpió los restos de sangre, lo colgó y cogió el abre cartas y lo tiró en un contenedor cercano. Hemos podido recuperarlo, lo llevaremos al laboratorio para analizarlo en busca de huellas. —ahora era el turno de Kate de continuar con el relato.
—Pero antes de afirmar algo, dinos algo, Videl. ¿A qué grupo sanguíneo pertenecía tu padre?
—Era A-, como yo.
—Pues entonces tenéis que preguntar en los hospitales por una persona preguntando por transfusión sanguínea de 0-, no sabemos si pudo ir herida también o prefirió darse los puntos a sí misma.
—Videl, estamos un paso más cerca de atrapar al asesino de tu padre. Podrá descansar cuando lo tengamos entre rejas. Vamos. —llamó su atención, ofreciéndole su mano como apoyo y acariciándola para reconfortarla. Él sería su apoyo incondicional en las buenas y las malas, de eso trataba el amor y una relación, ¿no?
—Sí… gracias por todo.
—Hey, solo aceptaré tu gratitud cuando lo atrapemos, hasta entonces, demos lo mejor de nosotros mismos, ¿de acuerdo? —susurró con suavidad, llevando una de sus manos al cabello sedoso y azabache de su compañera, colocando uno de sus mechones tras su oído.
