Tal y como habían aconsejado los vampiros, fueron a preguntar a todos los hospitales de la ciudad en busca del principal sospechoso de 0 RH-, dado que era el segundo grupo sanguíneo más escaso, no debería causarles demasiados problemas.

Después de haber preguntado en casi todos a excepción del último, estaban desolados, habían perdido casi la esperanza por completo. Era una pista excelente, pero que sin pruebas físicas sería inútil.

—Estoy revisando los informes de los médicos de urgencias. Esperen un poco, oficiales. —dijo el encargado de administración.

—De acuerdo. Gracias por todo. —agradeció la mujer de bellos ojos azules.

—He estado pensando algo, Videl. Me gustaría llevarte este fin de semana a mi casa en la playa, quizá te ayude a recordar. ¿Qué me dices?

—Estaré encantada de acompañarte, siempre y cuando hayamos resuelto esto.

—Por supuesto, Videl. Solo sería posible si resolviéramos el caso.

—Agentes, tengo un informe que se adapta perfectamente con sus requisitos. El mismo día que dicen ustedes, un hombre de mediana edad vino pidiendo una bolsa de sangre 0- para llevársela. Insistió en que se la diéramos, no quería que lo tocáramos.

—¿Tienen cámaras de seguridad?

—Sí.

—¿Nos dejarían una copia de esa noche?


Ninguno de los dos decía algo, permanecían en silencio y totalmente expectantes a resolver el caso tan especial y doloroso que implicaba el tema personal, familiar y sentimental en ambos. En ese caso, Videl era quien iba al volante, el joven no había estado durmiendo bien últimamente debido al caso y a las vueltas que le daba a la amnesia de Videl, no podía creer que para un momento en el que creyó ser feliz, todo se desmoronó.

—Gohan, te veo agotado. ¿Quieres echarte un poco y yo me encargo del resto?

—No, no es nada. Necesito estar ahí para ser tu apoyo y ayudarte a terminar con este amargo sabor de boca. Cuando todo acabe, podré descansar tranquilo.

—Respetaré tu decisión.

—Te lo agradezco…

Pensó en cerrar los ojos un segundo para despejar y relajar la mente, pero resultó todo lo contrario y cuando despertó, se encontró en la sala especial habilitada para el descanso. Se había dormido y, contemplando el reloj, más de una hora.

«¡¿Cómo puedo ser tan descuidado en esos momentos?! ¡Se suponía que tenía que apoyarla!» se regañó internamente mientras salía de ahí corriendo, dispuesto a entrar en la sala en la que estaba trabajando.

Apoyó su mano en el cristal de la puerta, desde ahí podía ver su mirada tan dedicada y concentrada en todos los informes que habían recopilado hasta el momento. Parecía que los estaba analizando en busca de algo que se hubieran podido dejar y que pudiera servir en la investigación. Se veía preciosa sin importar la situación.

Un suspiro se escapó de sus labios antes de entrar al despacho que compartían con sigilo, no quería molestarla ni asustarla. Ya había probado sus golpes durante los entrenamientos, no quería recibir alguno en esa situación.

—Oh, Gohan. ¿Has dormido bien?

—Sí, estaba agotado. Lamento haberme permitido ese lujo cuando la mayor doliente eres tú. Soy un compañero horrible. Pienso compensártelo, ¿te apetece salir esta noche a tomar unas cervezas a la cervecería de la esquina?

—No pasa nada, comprendo por la situación de estrés que debes estar pasando. No solo debes afrontarte a mi amnesia, sino que también acabas de recibir otro duro golpe.

—¿Por qué eres tan buena conmigo? No es nada sano para mi pobre corazón. —confesó algo avergonzado y mirándola a los ojos con intensidad, descendiendo a sus labios finos, para volver a subir.

—Te hemos esperado para ver el vídeo. Llama a Zandro y Kate, sus habilidades especiales nos resultarán muy útiles.

—A sus órdenes, inspectora.


Ya estaban todos reunidos, incluyendo a los más altos cargos de la policía secreta, atentos a las imágenes que se proyectaban en aquella pantalla gigante y de alta resolución. Gohan era quien estaba modificando el vídeo para aumentar la calidad y distinción al mismo tiempo que lo veían. Videl se puso pálida cuando el hombre en cuestión apareció.

—¿Lo reconoces?

—Sí, me pareció verlo varias veces con mi segunda madrastra. ¡Seguro que ha sido él!

—Videl, mente fría. Necesitamos analizar su comportamiento y patrón. No saques conclusiones sin argumentos firmes. —intentó tranquilizar el inspector de homicidios de una fortuna considerable—. Si prestáis atención, veréis como no está herido, sino que lo finge. Sería un gran actor, pero nada se escapa a mi ojo crítico. Parece estar nervioso, puede verse en sus pupilas y sudoración. ¿Lo veis? —explicaba mientras ampliaba la imagen. —Voy a proceder al reconocimiento facial. Aquí está, Takeo Watanabe, cargos menores por posesión y tráfico de drogas, pero nada más peligroso.

—¿Y si trabajara para el asesino? Pueden estar compinchados.

—Traigámoslo aquí y le preguntamos…

—A todas las unidades, buscad al hombre de la foto que acabáis de recibir y traedlo a comisaría. Es urgente. Pasen buena tarde. —habló Gohan, quien estaba acostumbrado a hacer comunicados para los empleados de su empresa.

—Solo nos queda esperar. —suspiró la mujer de cabello negro.

—De eso nada, nosotros también vamos a buscarlo. Conduzco yo, eso de haber sido un piloto ilegal me facilita muchas cosas como estas.

—Lo que quieras.


Iban a una velocidad relativamente reducida, vigilando a cada peatón y movimiento, no podían dejar escapar a ese hombre. No querían tener que recurrir a colarse en su casa, era cierto que eran especiales y no necesitaban contar con el apoyo de ningún juez, pero preferían no tener que hacerlo y dejar eso como elemento sorpresa para grandes operaciones que debieran detener.

En ese momento lo vieron meterse en un coche y marcharse de ahí, el pelinegro de intelecto superdotado, anotó la matrícula y descripción del vehículo y se encargó de distribuirla a todas las unidades. De un volantazo controlado se puso a seguirlo desde una distancia prudente que le permitía disparar si fuera necesario o huir si se tratara de una emboscada.

—Videl, todo va a estar bien. Él será la pieza que hace falta para resolver esto. De todas formas, he llamado a uno de mis contactos para que investigue la carta que escribió el asesino y nos cuente cosas sobre él.

—¿Lo conozco?

—Sí, lo conociste en el primer caso que resolvimos juntos. Quizá el hecho de verlo te traiga a la mente algunos de tus recuerdos perdidos.

—La verdad es que llevo un par de días soñando cosas extrañas en las que aparecías tú como un príncipe que me protegía, como un conductor temerario al que casi golpeo y como alguien trajeado que me rescataba de unos secuestradores. ¿Tienen algo que ver con todo esto?

—Querida, no son sueños, son recuerdos de nuestras primeras interacciones. Eso es un buen avance, ya mismo todo esto será otro recuerdo.

—¿Estás seguro de que podré recordarlo?

—Eh, nunca pierdas la confianza en ti misma. Eres perfecta, deja de preocuparte, a las malas, solo tendría que volverte a hacer caer rendida a mis pies. ¿No?

—¿Y si fuera al contrario?

—Me encantarían ambas. Pero, la verdad es que ya lo has hecho. Me estás volviendo loco y es algo frustrante. ¡Joder, sabe que lo estamos siguiendo! ¡Agárrate!

Con esas palabras pisó a fondo y acortó la distancia, rozando casi la parte trasera del otro vehículo, era algo peligroso, pero igualmente necesario. Debería hacer un placaje y dejarlo bloqueado o utilizar los PEM, aunque prefería evitarlos, podría poner en peligro a otra persona.

Cuando llegaron a una curva cerrada, no dudó en aprovechar esa irregularidad para llevar al coche contra la curva, saliendo y apresando al sospechoso, quien parecía algo distante.

—Tienes derecho a permanecer en silencio. Todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra frente a un tribunal. Si no puedes costearte un abogado, te proporcionaremos uno de oficio.


—Bueno, cuéntenos señor Watanabe. ¿Para quién era la sangre que pidió en el hospital?

—No entiendo que hago aquí, eso no es un delito.

—Tiene razón, pero el homicidio sí que está prohibido.

—Eso es, Takeo, ha tragado saliva, parece que le resulta familiar. Vamos a refrescar su memoria con las pruebas del escenario del crimen. ¿Tanta envidia le tenías a mi padre para llegar a asesinarlo?

—Videl… Tranquila, no sabemos nada con certeza.

—¡Me da igual! ¡Necesito respuestas y vas a dármelas! —exclamó furiosa, levantándose y presionando al hombre contra la mesa con fuerza, cosa que pareció resultarle divertido. Gohan decidió permanecer al margen de aquello, quizá tenía buen resultado.

—Eso es, pequeña zorra. Yo fui quien asesinó a tu padre, disfrutando con la sensación de su sangre cálida inundando mis manos.

Lo que no esperó con esas palabras era que el moreno lo agarrara por el cuello y lo estampara contra el cristal blindado especial, haciéndolo añicos.

—Vuelve a hablarle así y te pego un tiro en la lengua. ¿Seguro que lo asesinaste tú? Vaya asesino que no recuerda los asesinatos que comete, ¿no crees?

Sus ojos mostraron sorpresa y desesperación, mentía, mentía de una forma horrible.

—Yo lo maté, ¿por qué dudáis de ello?

—Veamos si eso es cierto. Según las pruebas, el asesino recibió una profunda herida en el hombro derecho, veamos si tienes alguna. —pronunció con una voz fría, antes de despojarlo de su camisa y ver que no tenia ningún rasguño ni cicatriz. Estaba claro que mentía.

—¡No hay marca!

—Ya te dije que era el compinche. Ahora dinos para quién trabajas.

—No puedo traicionarla, no me lo perdonaría jamás.

—Fue Yuki, ¿verdad? ¡Fue a quien consideré como mi madre quien me arrebató lo que más quería! ¡Dímelo!

—Señor Son, lamento interrumpir el interrogatorio. Solo vengo a decirle que, con la ayuda de los policías dedicados al peritaje caligráfico y a la carta que nos cedió Videl, hemos podido identificar que solo hay una autora.

—Gracias, Shinya, has sido de mucha ayuda.

—No hay de qué señor, ya sabes el trato. Yo ayudo y tú regresas a la empresa. Oh, señorita Videl, ¿cómo se encuentra?

Cuando lo miró con atención, todo le resultó familiar, esa camisa abierta de color azul marino, la camiseta gris suelta, los pantalones mostaza y los zapatos negros. El cabello azul oscuro alborotado y la posición en la que estaba le resultaba extrañamente familiar. La impresión provocó que todos los recuerdos regresaran a su mente como por arte de magia, terminando con un desmayo debido a todo eso.

Fue atrapada por Gohan, quien la llevó a la misma sala en la que él había dormido horas atrás. Necesitaba recuperarse y descansar. Una vez que la arropó y besó sus labios con dulzura, regresó para arrestar al hombre y para encontrar a la asesina de sangre fría. Había ido a sacar a su marido de ahí, lo que jamás esperó fue verse envuelta de lleno en el asesinato y ser llevaba entre rejas.

—Eres una persona horrible. Has hecho llorar a Videl, ella te consideraba como a una madre. —susurró con furia al mismo tiempo que apretaba las esposas y la llevaba con los encargados de su traslado.

Acto seguido regresó junto a su hermosa novia, sentándose en los pies de la cama y contemplándola totalmente embelesado, como si de un ángel o una diosa se tratara. El destino había sido caprichoso al unirlos y separarlos, pero él lucharía por ella. No sería amor si no hubiera problema de por medio.

—¿Gohan?

—El único e inigualable. ¿Cómo se encuentra mi princesa? —saludó con dulzura, besando uno de sus mechones.

No dijo nada, solo comenzó a sollozar, abrazándose a él con fuerza y hundiendo su rostro en su pecho, embriagándose de la sensación de estar entre sus brazos y de su perfume cítrico. Él correspondió el abrazo y posó su mentón sobre la cabeza de la joven. Se aferraba con tanta fuerza a su camisa que podría romperla, tenía miedo de volver a olvidar para siempre. No quería irse de sus brazos, no después de todo lo que había ocurrido.

—Lo siento… lo siento. Te olvide y has estado sufriendo por mi culpa. ¿Qué clase de novia soy?

—Eres la mujer de mi vida y mi vida entera. Es un placer de nuevo tenerte de vuelta, así que, deja de llorar y de culparte. Te llevaré a cenar para celebrarlo. ¿Te hace?

—¿Bromeas? ¡Claro que sí! —gritó de alegría para lanzarse a sus brazos y besarlo con pasión. Había extrañado esa sensación tan adictiva de sus labios y su lengua haciéndola volar con un simple roce.

Parecía que había llegado un momento feliz en un clima de tristeza e inseguridad.