Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.

Una nueva entrega. Ya todo está hecho y Pacifica y compañía vuelven al pueblo, que hará al final del domingo, que podría ser su último día del verano en Gravity Falls. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (Primero de Noviembre de 2017), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.

Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.

Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!

He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.

-A Joseph: Según una exhaustiva investigación, le pregunte a algunas primas y amigas, dada la moda de poner nombres de parejas. Ese sería el nombre de la carpeta, ya si fuera a ser una galería de fotos posiblemente le pondría '❤Dipper❤'. No creo que Grenda haga eso ella es toda una damisela, porque no se lo preguntas… ok mejor no, podría arrancarte la cabeza.

Créditos al final

Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.

16. Regalos.

Pacifica pensó que la sensación de angustia le iba a quitar el apetito. Más aun acostumbrada como estaba a restaurantes de 5 tenedores, hoteles de 5 estrellas, su propio chef personal y cenas de sociedad, creyó que no comería nada. Y por el apuro en usar el tocador, escoltada por la señora Kristen, no se fijo mucho en el local de comida rápida. Pero a salir vio y olio la comida, se sintió desfallecer, no tenía idea de que eran esas hamburguesas, papitas o aros de cebolla. Pero empezó a hacérsele agua la boca de solo pensar en ello. Tenía hambre, ya fuera porque Archivald estuviera consumiendo su 'fuerza', por la tensión acumulada, que como todos no se cansaban de decir había llegado a 'esa' edad o una mezcla de todo.

-"Señorita si lo desea puede ir al auto."

-"No Señora Kristen, este lugar me parece interesante, es un restaurant para comer 'rápido'?"

-"Pues eso depende del hambre que tanga Señorita." Dijo la mujer sonriendo. "Lo de 'comida rápida' es que no hay que esperar mucho por la comida. Debe ser parecido en algo a la cafetería donde usted fue ayer."

-"Si, ahí también tenían fotos de los latos con sus precios."

-"Bien las fotos están algo retocadas, pero igual se come bien aquí." Dijo señalando las fotografías. "Escoja que quiere."

-"Eso de hamburguesas hay muchas variedades. Son como sándwiches?"

-"Se podría decir." Pesándolo un momento agrego. "Déjeme escoger por usted, usualmente se comen con salsa de tomate, y se acompaña con alguna fritura, puede verlas ahí. No recomendaría comer esto a diario, es un poco grasoso no muy saludable, pero de vez en cuando no creo que este mal. "La señora Kristen se sentía un poco extraña, enseñándole a pacifica cosas que toda chica de su edad debía de saber. Por años había visto como la educaban para ser la perfecta dama. Era cierto que a veces le molestaban los métodos de los Noroeste con su hija, pero negarle así la infancia. De Todas formas no tenía derecho de hablar, podía criticar a los Noroeste, pero ellos eran los padres de la niña y ella una simple empleada. A veces le había dicho a Jonathan, pero el famélico ingles se abstenía de comentar sobre sus empleadores. Aunque había sido el primero en alegrarse por el cambio repentino de la señorita. Al final decidió comprar dos hamburguesas dobles y una orden de papas extra grandes para Richardson más un refresco grande, una simple con queso para ella y otra igual para la señorita, papas fritas y aros de cebolla, con un refresco mediano cada una. Aunque pensándolo mejor compro una hamburguesa de más y otra orden de papitas, al recordar la forma en que Pacifica había desayunado. La pequeña Señorita de la casa ya no era tan pequeña. De repente algo en ella se despertó y si pensarlo abrazo a Pacifica.

-"Y esto." Digo extrañada la niña. Pero igual respondiendo al abrazo.

-"Parte del disfraz." Mintió la señora Kristen cerrando un ojo. Soltándola cuando llegaron a la caja para hacer el pedido. Pacifica se sorprendió al entender que era lo rápido de la comida, mientras la señora Kristen pagaba. La comida ya estaba en el mostrador, varias bosas de buen tamaño. Ya habían metido todo en paquetes y una especie de bandeja para los vasos, mientras pacifica ayudaba con las bebidas la señora Kristen llevo lo demás.

Antes de arrancar al camioneta ya habían repartido la comida entre los tres, y mientras Tomaban el camino al pueblo. Para su propia sorpresa Pacifica le encanto la hamburguesa y sin darse cuenta acabo con sus aros de cebolla. Mientras la señora Kristen sacaba la hamburguesa extra con su acompañamiento. Sin dejar de ver a Pacifica aun temía que al no estar acostumbrad se pudieres atragantar pero ambas hamburguesas desaparecieron casi tan rápido como las de Richardson. Mientras acababan de tomar el refresco con las frituras, la señora Kristen vacio sus papitas.

-"A mi aun me quedan, desea co… co… compartir?" Dijo de repente Pacifica extrañada, la palabra y solo había aparecido en su mente, te tanto así que le había costado pronunciarla. Más aun ofreciéndole el paquete de papitas a la señora Kristen. Quien sonriendo acepto la oferta para terminar su refresco.

-"Ya estoy satisfecha Señorita, muchas gracias."

-"De nada." Dijo la rubia, acabando con el paquete, y sin dejar de pensar en los Pines. Pero extrañamente en Mabel, no en Dipper, como se había acostumbrado. Así siguieron comiendo y al terminar y guardar la basura en las misma bolsas, y alabar la comida, Pacifica volvió a sumirse en esa sensación que había tenido desde que terminada de usar la computadora como si algo le comiera el pecho. Pero afortunadamente esta vez, mas con esa sensación, no tuvo que llevar el peso de la conversación pues entre la señora Kristen y el señor Richardson empezaron a comentar cosas sobre la casa, sobre el señor Kimble, el señor Ritter, cosas comunes del manejo de una mansión de ese tamaño, pero que a la vez eras nuevas para Pacifica. Aunque Pacifica no estuvo callada durante el viaje, La señora Kristen, que había desarrollado unos sentimientos que, ella misma, no entendía bien hacia Pacifica, la notaba extraña.

Al terminar de comer, Pacifica se limpio los labios con una servilleta de papel y acabo su refresco para luego imitar a la señora Kristen, y dejar los paquetes de la comida que había vaciado, en las mismas bolsas donde los habían llevado. Satisfecha.

-"Archivald?"

-"Si mi niña?"

-"Como te sientes?"

-"Cansado mi niña pues no si bien la distancia no es problema el tiempo ha sido demasiado, y causarte problemas no deseo, por eso no sé si domar debo."

-"Mejor descansa Archivald, que de todas formas, creo que es mejor que no me duerma aun. Descansa todo lo que puedas y ya en la misión te despertare."

-"Gracias mi niña, pero sabes ya que si ocupas de mi aquí a tu lado estaré." No paso mucho tiempo antes de que Pacifica sintiera 'eso' que había asociado con los momentos en que Archivald dormía. Si bien ya se había dado cuenta que el fantasma era consciente de todo lo que pasaba a su alrededor mientras estaba 'despierto'. Al 'dormir' si no se 'despertaba' por sí mismo la única forma de hacerlo era llamarlo mentalmente Mientras cavilaba sobre las mejoradas capacidades del fantasma, Su cara volvió a mostrar la opresión que había estado sintiendo.

-"Señorita que tal si aprovechamos que tenemos que pasar cerca del pueblo, para ir a entregar el regalo?" Dijo la señora Kristen malinterpretando callada actitud de Pacifica, pensando que todo se reducía a que el día siguiente volverían sus padres, e independientemente del castigo que le dieran no podría ver a su nueva amiga o tener las libertades de los últimos días en un tiempo. Y mucho menos a Dipper Pines.

-"Como?"

-"Ir a casa de su amiga Grenda" Continuo la mucama. "Seria incomodo el ir a la mansión y luego volver al pueblo. Mejor vamos de una vez, solo debemos llamar al señor Kimble para avisarle."

-"Pero no sé donde vive Grenda, además no habíamos quedado en vernos hoy, podría no estar en casa." Dijo Pacifica sin entender bien porque intentaba evadir la visita, o al menos posponerla.

-"Pero tiene su teléfono, solo llámela. Así le pregunta su dirección y aprovecha para saber sí puede ir." Pacifica nunca había ido a casa de algún amigo. Desde que la conocía, sus salidas se resumían a ser parte de los Noroeste, ante la sociedad, y pasar el resto del año olvidada por su familia, donde lo más parecido a visitar a una amiga era ir a su habitación, en el internado.

-"Pero lo más seguro es que este donde los Pines." El mero hecho de verlo ese día, sabiendo que el día siguiente empezaría su castigo la perturbaba mas, por una parte la idea le atraía, por otra pensaba que sería una despedida y no sabía cómo reaccionaría.

-"Bien si no está en casa, solo nos dirán que no está." Le respondió, sin mencionar que también sería el perfecto momento para ir a casa de los Pines. La señora Kristen había pasado esa etapa hacia más años de los que le gustaba pensar, y sabía que la Señorita debía tomar esa decisión por si misma o, si el chico Pines era la mitad de listo que todos decían, seria él quien aparecería en las puertas de la mansión.

-"Pero no quisiera incomodar…"

-"Si es a nosotros es un gusto salir de la mansión, y si es a su amiga dudo que le incomode. Si no está en casa bien veremos qué hacer, y si lo esta se alegrara de que la visiten" Luego de ver la indecisión de la niña agrego. "Además va con el plan para hacerle el regalo, si quiere que le confeccione algo de vestir, le debe tomar sus medidas."

-"Tiene razón señora Kristen." Dijo pacifica, de nievo rindiéndose, nuevamente, ante la lógica imbatible de la mucama. Sacando su teléfono.

-"Espere señorita, mejor comuniquémonos antes con el señor Kimble." Dijo la mujer sacando el suyo. "Es mejor tener antes su aprobación así no decepciona a su amiga." Agrego absolutamente segura que podría contra cualquier objeción que tuviera Kimble.

Y, tal como pensó, Kimble tenía una serie de objeciones. Las cuales fueron hábilmente evadidas, sin que Pacifica se diera cuenta. Desde el riesgo de seguridad, que era casi inexistente, por lo improvisado de la decisión y el hecho de la presencia de Richardson. O que el disfraz de la Señorita o que sus pastillas para cambiar la voz, serian inútiles en una casa. Pero era obvio que en la casa de su amiga supieran ya de ella. Además la señora Kristen había tomado su decisión, no sin antes pensar en que era mejor y más seguro para Pacifica. Y eso fue lo que Kimble noto en su voz. Una de las pocas cosas claras para el mayordomo, era que podía confiar en la señora Kristen, además que cuando usaba ese tono no le servía de nada el negarse. Colgando el teléfono Kimble busco en la ficha de la amiga de la Señorita. Crenda Faruolo. Cinco minutos después una de las limosinas dejaba la casa con el chofer y tres pasajeros en ropa normal, para dejarlos en la afuera del pueblo, por mas confiable que fuera la señora Kristen, Kimble había despachado otro equipo de seguridad para vigilar la casa de la familia Faruolo. Estarían ahí antes que llegara La camioneta con la Señorita.

-"Hola, aquí yo, allá quien?"

-"Hola Grenda"

-"Como estas Paz todo bien?"

-"Bien gracias y tu, pensé que estarías en la Cabaña."

-"Lo estaría, pero Mabel dice que quedo muy dañada, incluso que el viejo Stan dijo que iba a estar una temporada cerrada por reparaciones. Aunque sinceramente no sé, Mabel se oía rara al teléfono. Como cuando dijo que Pato y Gompers se iban a casar. Le ofrecí ir a ayudarlos, pero se negó, que no podía ir por un negocio de su tío, y conociendo a Stan Pines podría acabar en la cárcel... Además como los padres de Candy la mandaron unos días fuera del pueblo, hasta que estén seguros de que el pueblo es seguro, estoy otra vez varara sin planes." Lo primero que pensó Pacifica fue 'la boda de quien?' y lo siguiente fue…

-"A Paz y no te preocupes por quien ya sabes, todos están bien en la cabaña." Dijo Grenda lo que provoco un leve sonrojo al otro lado de la línea... "Y antes que repreguntes los del ejercito y el gobierno desaparecieron tan rápido como llegaron, el viejo Stan se las arreglo de alguna forma, creo." Era así de fácil de leer, era cosa de ser amigas o Grenda le podía leer la mente?

-"Entonces estarás en tu casa?

-"Si, pero si quieres hacer algo solo dime, soy toda oídos"

-"Quería preguntarte si tus papas saben que somos amigas?"

-"Si, perdona si era secreto, pero tuve que decirles donde pase la tarde ayer, mas con papá, que no le gusto mucho la insistencia de Marius. Se puso peor aun cuando les explique lo del cortejo, aunque no sé si se los explique bien, me ponía nerviosa. Pero no te preocupes entendieron que si dicen algo tú y tus amigos de la mansión podrían tener problemas.

-"Gracias, entonces estarás en tu casa?

-"Hmm, si… por que la pregunta?"

-"Te incomodaría que pase un momento? Ocupo pedirte un favor." Dijo animándose un poco.

-"Para nada mi casa está abierta siempre para mis amigos." Dijo a castaña algo exaltada. "Si no te importa que solo este papá, desde que se entero de lo de Marius, bien se ha puesto un poco… sobreprotector. Y mama está haciendo doble turno en el hospital. Además s vienes de Percival, tendré que explicarle que no tienes nada que ver con Marius."

-"No exactamente como Percival, sigo disfrazada, pero no tan incómoda. Pasare en auto a tu casa, con dos amigos de la mansión."

-"Deja que le pida permiso a papá."

-"Señorita interrumpió." La Señora Kristen. "Dígale a los padres de su amiga que no se preocupen por nosotros."

-"Grenda dijo que iba a pedirle permiso a su papá."

-"Dice papá que mientras ninguno de tus amigos sea Marius está bien. Pero te sabes mi dirección?"

-"Dile que no se preocupe, son empleados de mi casa. Me la darías tu dirección por favor?"

-"Mira es…"

Unos minutos después Richardson estacionaba la camioneta en la dirección que le había dado la Señorita. En un pueblo como Gravity Falls no se podía hablar de suburbios, pero la casa estaba en las afueras del pueblo. Era una calle bonita y tranquila de casas de uno o dos pisos, con detallados jardines delanteros, sin más que una tienda de conveniencia en la esquina y, lo que parecía, un parque deportivo comunal en la siguiente calle. En vez de tener grandes jardines traseros las casas lindaban con el bosque. Un ambiente bonito según cualquier estándar. Aunque modesto para los ojos de Pacifica, que se recrimino por pensar que toda la cuadra cabria fácilmente en los jardines de la mansión.

Habían entrado al pueblo por la misma desviación que pasaba cerca de a la Cabaña del Misterio, por lo que Pacifica no pudo evitar mirar por la ventana, mientras la conversación con la señora Kristen moría poco a poco. Tras una rápida escala en una pastelería, donde compraron bocadillos para el café. La Señorita había vuelto a su estado taciturno, parecido a cuando habían salido del centro comercial, al punto de dejar de notar lo que se veía por las ventillas. Pero esa actitud era malinterpretada por la señora Kristen, que se sentía deprimida al ver el estado de un pueblo tan tranquilo como ese luego de ser asolado por lo que fuera que había pasado el día anterior. Como habían tenido que cruzar el pueblo y entre más adentraban parecía que los daños aumentaban. Aunque los destrozos eran muy localizados, como el radio de explosión de una bomba, e iban distanciándose más entre mas entraban en el pueblo. Ninguno noto que, por su dirección, entre mas se adentraban al pueblo más se alejaban de la Cabaña del Misterio.

La casa de los Faruolo estaba en las afueras. Y esa zona no había sido tan afectada como en el centro, donde los destrozos llegaban a ser graves. El chofer echo una mirada a ambos lados de la cuadra. Había un hombre sentado con lo que parecía un almuerzo improvisado en frente de la tienda de conveniencia. Y vio otros dos que parecían platicar mientras botaban una bola de basquetbol, esperando a que en el aro del parque quedara libre. Los reconoció como parte de los empleados de la mansión. Ya más confiado pues ninguno dio alguna señal de problemas, Richardson, ayudo a la señora Kristen y espero a que esta ayudada a Pacifica, para luego tomar los paquetes de la señorita. Siguiéndolas ante la puerta de la casa.

Pacifica se sentía incomoda, no por visitar a su amiga, aunque eso le daba un poco de nerviosismo extra. Después de que dejo su plan en marcha, había tenido unos momentos de tranquilidad, pero poco después esa sensación de opresión había vuelto. Así que ponía esa cara que había notado la señora Kristen. Justo estaba por decirle que se tranquilizara cuando la puerta se abrió y una sombra rodeo con sus enormes brazos a Pacifica.

-"Que gusto verte Paz." Dijo la sobra antes de que Richardson, empezara a preocuparse.

-"A mí también me da gusto Grenda." Dijo Pacifica dese algún lugar entre los brazos de la chica.

-"Dame un respiro, para presentarte." Con lo que logro sacar la cabeza del abrazo de oso de la castaña.

-"A Claro Pacifica, perdona no suelo tener muchas visitas."

-"Ni yo hago muchas visitas, parodias bajarme?" Dijo la rubia que tenía los pies a unos 20 cm del piso. Lo que por alguna razón les causo risa a amabas.

-"Bien ella es la señora Kristen. Es una de las empleadas de la mansión." Acoto la rubia luego de un momento.

-"Un placer señorita Faruolo" Dijo la mujer extendiendo la mano.

-"El placer es mío, pero díganme Grenda." Dijo estrechando suave, pero firmemente la mano de la mucama.

-"Entonces es un placer señorita Grenda, La Señorita me ha hablado mucho de usted." Dijo la señora Kristen.

-"Solo Grenda por favor." Dijo aún sonriente.

-"Esta bien Grenda."

-"Y él es el Señor Richardson."

-"Kevin Richardson. Encantado, Señorita Grenda." Mientras Grenda lo miraba y abría la boca." Es la costumbre, perdona Grenda." Dijo sonriendo.

-"Pero no se queden aquí en la entrada, o sea a idea es que no reconozcan a Pacifica." Dijo Grenda. Invitándolos a entrar.

-"Ya llegaron tus amigos Grenda." Resonó una voz que parecía hacer temblar media casa, casi por instinto y reflejos Richardson llevo su mano al lugar donde antes llevaba su arma, la señora Kristen perdió el ritmo de la voz, mientras Pacifica, que anqué esperaba algo así, casi dio un salto. Entonces vieron salir de una de las puertas hacia la sala donde estaban a un hombre no muy alto y de casi el mismo tono de cabello que Grenda.

-"Si papá."

-"Un gusto. Carlo Faruolo."

-"Un placer…"

-"Es difícil no saber quién eres, aparte Grenda me pidió permiso para que vinieras. Esta es tu casa Pacifica." Dijo el padre de Grenda mientras le daba la mano.

-"Gracias señor Faruolo." Y volteados le presento a sus amigos de la mansión.

-"Desean café, soda o algo?" Continúo Faruolo. "No seremos millonarios, pero sé cómo ser un buen anfitrión." Dijo Faurolo sin darle la mayor importancia, como si conociera al chofer y la mucama de siempre.

-"A mí me gustaría un café." Acepto la Señora Kristen. "Espero que acepte esto." Dijo ofreciendo la cajita de cartón que contenía los bocadillos que había comprado.

-"Eso parece delicioso." Pasemos a la mesa señora Kristen. "Y usted Richardson?" Mostrando casi la misma expresión que caracterizaba a su hija.

-"Café estaría bien gracias."

-"Papa…?"

-"Claro princesa. Sería aburrido para ustedes estar con unos viejos." Dijo sonriente.

-"Bien entonces estaremos en mi habitación." Respondió Grenda. "Vamos Paz?"

-"Dame un momento." Dijo Pacifica mientras tomaba la bolsa con la tela y los abalorios que había comprado.

-"No se preocupe por el tiempo Señorita. Pase un rato agradable con su amiga." Dijo sonriente la señora Kristen, mientras pasaba los bocadillos de la cajita a una bandeja que el padre de Grenda le facilitado. Mientras Richardson si saber que más hacer tomo asiento ocupando casi dos lugares del sofá. Al tiempo que Carlo anunciaba que el café estaría en unos minutos.

-"Entonces estaremos arriba Pa." Dijo mientras su padre entraba en la cocina. "Qué es eso que llevas ahí Paz?" Dijo señalando la bolsa.

-"Te dije que ocupaba un favor." Dijo alegre. La señora Kristen sonrió al notar que desde hacia unas horas no había visto a Pacifica así de animada.

Mientras las niñas se perdían subiendo las escaleras volvió el señor Faurolo. Con una cafetera plateada, varias tazas, azúcar y un recipiente con leche. Llenando la pequeña sala de el aroma a café. Colocando todo junto a la bandeja de bocadillos.

-"Espero que les guste, es una receta familiar" Dijo el dueño de casa sentándose de frente a los invitados.

-No se hubiera molestado." Dijo la señora Kristen. Mientras serbia café para los tres.

-"No es molestia, aunque disculpen que no esté mi esposa, trabaja en el hospital y ya saben lo de ayer."

-"Uno de nuestros compañeros de trabajo está en el hospital, estaba en el bosque durante uno de esos incidentes. Y se Golpeo la cabeza muy fuerte." Añadió Richardson.

-"Lamentable." Espero que este bien, al parecer increíblemente solo hubo heridos leves.

-"No sabes muchos detalles aunque tuvieron que…"

-"A creo que es el John Doe..."

-"Si anoche el mayordomo jefe lo identifico…"

-"Su compañero fue my afortunado…"

-"Dejemos de hablar cosas tristes." Corto la charla la señora Kristen. "Esperamos que esta semana el señor Ritter, pueda al menos salir del hospital y volver a la mansión."

-"Casi había olivado que ustedes trabajaban para los Noroeste." Acoto el anfitrión. "Estaban presentes el viernes?"

-"No por suerte estaba en el estacionamiento." Respondió Richardson.

-"Yo no, pero no me gusta recordar eso."

-"Imagino, pero podría hacerle una pregunta, señora? No tiene que ver con el… incidente"

-"Claro de que se trata?" Dijo la señora Kristen intrigada.

-"Conoce a ese chico alemán. Ese tal conde, barón o algo así?" Dijo de repente muy serio.

-"Se refiere al Barón Von Fundshauser?"

-"Si ese tal Marius. Creo qué ese delincuente tiene ideas muy… extrañas para mi princesa." Respondió con un tono que hizo palidecer un poco a la señora Kristen, mientras Richardson se atragantaba con el café.

La habitación de Grenda era pequeña. Una cama, un ropero, un escritorio, unos estantes con libros y revistas de todo tipo, una mesa una silla y en la esquina, muy bien iluminada, había una vieja máquina de coser y una silla. La cama estaba semi sepultada con muñecos de felpa, las paredes, pintadas de un rosa tan pálido que casi era blanco, alrededor de la cama había algunos posters de bandas de moda, en la cabecera estaba una de 'Sev'ral Timez', aparentemente autografiada. Alrededor de la máquina de coser había patrones de ropa, revistas de modas y varios vestidos, o eso parecían, en distintas atapadas de elaboración. Pacifica noto que era pequeña, pero no lo pensó, era como Grenda acogedora y dulce. Los muebles parecían nuevos y cuidados, incluso en la cabecera de la cama se podía ver escritito Grenda, junto con algunos dibujos de castillos, unicornios y princesas.

Pacifica no pensó que la habitación era pequeña, porque lo primero que pensó al verla fue en amor. Era la materialización de los sentimientos de los padres de Grenda. En comparación su habitación, allá en la mansión de la colina, con su vestidor a un, lado su propio cuarto de baño con jacuzzi era insignificante. Si, antes había pensado que toda la cuadra donde vivía Grenda cabía en los jardines de su mansión, pero, en comparación, todo el amor que tenía en su propia habitación desaparecía en la infinidad de la habitación de Grenda. Era raro para pacifica sentir envidia, al menos hasta ese verano nunca tuvo envidia de nadie. Se sintió mal con Grenda al sentirse así.

-"Anda, Paz, que haces así en medio de la habitación, ponte cómoda." El hueco que Pacifica había tenido en su corazón todo el día empezó a dolerle más allá de solo hacerla sentir mal. Fue a sentarse a la mesa, pero un oso de felpa le había ganado la silla y por alguna razón le pareció de mala educación quitarle el lugar. Grenda se había sentado en su cama, lo que dejaba como única silla libre la de la máquina de coser, pero Pacifica pensó que sentarse ahí seria como entrar con los pies llenos de barro a alguna galería de arte, se podía hacer, pero uno no se sentiría bien.

-"Grenda antes de eso quería pedirte el favor." Dijo tratando de ganar tiempo. No sabía si para estar más con su amiga o salir de ahí.

-"Y que favor querría de mi la chica más rica del pueblo?"

-"Ella no sé, pero yo quiero…" Dijo mientras le pasaba la bolsa a Grenda. "Quiero que mi amiga me haga una falda." Dijo mientras Grenda sacaba el pliego de seda y los abalorios. Mirando extrañada a Pacifica.

-"Como?"

-"Que quiero que la mejor modista que conozco me haga una falda." Dijo sonriendo, mientras miraba a la castaña.

-"Pero… pero Paz, yo sé, que siempre usas ropa de diseñador."

-"De diseñador si… pero nunca la he escogido yo, además esa ropa es solo tela, quiero algo que tenga sentimiento. No hecho a mi medida, sino hecho para mí." Decía mientras Grenda revisaba la tela, por mucho era la mejor que había sentido. Y los abalorios eran de los mejores que había visto.

-"Entonces tu quieres que yo…"

-"Si me harías el favor, como amigas?"

-"Pero esto es demasiado." Dijo tomando la tela. "Podría hacerse una tienda de campaña con esto."

-"Nunca he ido a comprar tela antes, no sabía cuando ibas a necesitar." Dijo la rubia, sonriente. Ambas sabían que eso era demasiado material. "Creo que a lo que sobre le podrás dar un buen uso." Mientras Grenda había captado la idea.

-"Pero si… es demasiado." Y tomando la caja de abalorios. "Además esto?"

-"Eso es un regalo, pensé que te gustaría."

Ya había adivinado "Esa mimada y malcriada de Pacifica" pensó mientras atesoraba las intenciones de su amiga. Pero le gustaba la tela y en verdad no era un regalo, y los abalorios no era un regalo demasiado caro, o al menos eso creía. Dijo mientras miraba de cual tienda era la bolsa.

-"Fuiste hasta Medford solo para comprar esto?" La sonrisa de la rubia desapareció.

-"Bien no solo a eso, pero comparte eso fue la parte buena del viaje." Dijo pacifica en un tono tan distinto que Grenda se asusto.

-"Paz, creo que sería mejor si te sientas dijo ando unas palmadas a la cama justo junto a ella." Casi como hipnotizada la rubia camino hasta ahí y se sentó. "Cuéntamelo." Dijo Grenda en tono tan suave que parecía el aleteo de una mariposa, pero con la fuerza de un huracán.

-"No puedo contarte, no quiero que te involucres." Digo sin apartar os ojos de alguna parte del piso.

-"Es de lo que no me querías contar ayer?"

Pacifica solo asintió con la cabeza. Con la cara oculta bajo la gorra. La presión, esa sensación como si su corazón no quisiera latir, ese hueco que sentía crecer dentro de ella. La angustia de esos días, el miedo a sus padres, el plan, el miedo a que no resultada, miedo a no volver a sentir esa amistad y esa nueva sensación, miedo de no volverlo a ver a él. La tensión de tener que hacer cada paso de su plan perfecto, pues era su única oportunidad de ser libre, el tener que ocultar la verdad y mentirle a su amigos. Todo lo que había sentido desde que pensó en el plan le lleno la mente, no la dejo pensar, no podía pensar. Se sentía sin fuerzas, sin poder aguantarlo más. Pero debía controlarse.

Aun así Grenda estaba muy cerca y lo escucho. Fuerte como una copa de cristal al romperse, un único sollozo. Era todo lo que Pacifica se había permitido, pero Grenda sabía que era demasiado, aun para la altanera de Pacifica Noroeste y mas para su amiga Paz. Se volvió y ella a seguía igual. Indiferente al resto del mundo, viendo algún punto en el piso. Era algo cruel lo que fuera que la habían obligado a hacer. No sentía lastima por ella, sentía algo mas amistad, empatía, la necesidad de no dejarla sola. La necesidad de proteger a su amiga. Ella sabía que era grande, pero no importaba lo grande y fuerte que fuera, la pequeña niña que estaba a su lado estaba más allá de toda la ayuda que le podía dar, se sintió inútil. Sin saber muy bien porque paso sus brazos por los hombros de Pacifica.

Pacifica estaba encerrada en su mundo, en ese lugar dentro de su mente, donde el dormido Archivald le había enseñado a entrar, ese espacio vacío. Apartada de todos, de todo. Pero lo sintió. Sintió como los grandes brazos de su amiga la rodeaban, el calor de la amistad, un tipo de cariño sincero que nunca había sentido la arranco de ese vacío donde se había ocultado. No se dio cuenta en qué momento empezaron a rodar lágrimas por sus mejillas, o cuando empezó a llorar y sollozar cada vez más fuerte. No se dio cuenta de eso porque lo único que podía sentir era a su amiga.

-"Llora Paz no tienes que hacerte la fuerte conmigo." Le decía mientras le palmeaba la espalda. "No digas nada. Pero déjalo salir todo… nadie te ha dicho que las amigas son para eso… para reír y para llorar juntas." Mientras ambas lloraban. Poco a poco esa presión en su pecho, ese vacío en su corazón. Dejaron de incomodarle sentía el calor humano el cariño de una amiga que la hacía imposiblemente más y más fuerte, que ya no tendría que soportar ese peso sola.

Continuara.

Gravity Falls temas y personajes pertenecen a Disney, por idea del genio de Alex Hirsch. Cualquier. Todo en esta historia está dentro del Famdom, y dedicado a los lectores y demás interesados en el Fandom de Gravity Falls. No tiene otro fin más que entretener. ¡Disfrútenlo!